Ritmos Circadianos en Bebés y su Impacto en el Desarrollo
La vida en la Tierra se manifiesta de forma constante a lo largo del día. Los animales, las plantas e incluso los organismos unicelulares varían su actividad con un ritmo sincronizado al ciclo de rotación de 24 horas del planeta. El sistema circadiano está constituido por un conjunto de estructuras que generan, coordinan y sincronizan el ritmo de sueño-vigilia y el resto de los ritmos circadianos, tanto internamente (organizando los diferentes ritmos biológicos en el organismo y en cada una de sus células), como con el ambiente, sincronizando la fase de los diferentes ritmos con el ciclo de luz-oscuridad natural.
¿Por qué tenemos ritmos circadianos?
Porque tenemos que estar en armonía con nuestro entorno cambiante (día/noche) y conseguir así nuestra supervivencia. Los humanos somos animales diurnos. Es decir, presentamos actividad durante las horas de luz e inactividad y descanso durante las horas de oscuridad. La alternancia día y noche de las diferentes funciones del organismo supone un aprovechamiento óptimo de nuestra energía. Así, mientras estamos en vigilia nuestro cuerpo trabaja para llevar a cabo procesos como los digestivos, la actividad locomotora o la atención. Por la noche, mientras dormimos, la energía es utilizada para otras actividades como es el sueño o la activación del sistema inmunitario, el cual trabaja intensamente durante la noche.
Para que todo estos fenómenos se lleven a cabo de una forma rítmica y en perfecta concordancia con el ambiente exterior, el organismo debe disponer de un reloj biológico interno que esté permanentemente informado de lo que ocurre fuera del cuerpo. Para ello disponemos un sistema circadiano, que se basa en un conjunto de estructuras cuya misión consiste en organizar los ritmos de determinados procesos fisiológicos para que presenten una alternancia día/noche. La base de este sistema la forman 2 núcleos supraquiasmáticos (NSQ) del hipotálamo que reciben información ambiental a través de la luz que penetra en la retina. Una vez procesada esta señal, a través fibras simpáticas envían información a la glándula pineal, responsable de la síntesis y liberación durante el período de oscuridad de melatonina. Esta hormona, que alcanza su máxima concentración a las 2:00h, es responsable de sincronizar los ritmos circadianos, como es el caso por de los ritmos inmunitarios o el del sueño/vigilia.
Ritmos circadianos en el niño
El niño cuando nace duerme muchas horas pero a ratos. Es decir, cada 3 o 4h se despierta, come y se vuelve a dormir, presentando ritmos ultradianos (menos de 24h). Todo esto se produce porque los NSQ se encuentran inmaduros hasta los 3 o 5 meses y por lo tanto no es capaz de regular el sueño de los recién nacidos para que duerman de noche y estén despiertos durante el día. Incluso este tiempo en muchos casos es insuficiente, puesto que el 30% de los lactantes presentan problemas para conciliar y mantener el sueño nocturno.
Señales del entorno como la luz ambiental, los ruidos, la composición de los alimentos y sus horarios, o la hora de irse a la cama son responsables de mandar información al NSQ para que éste, poco a poco, sea capaz de regular nuestras funciones de actividad durante el día (con luz) y sueño durante la noche (oscuridad). Cuanto mayor sea la rutina a la que acostumbremos a los bebes recién nacidos (baño, alimentos, luz de día/oscuridad de noche, tranquilidad durante la noche, etc.), más posibilidad tendremos de ayudar a madurar al NSQ para que comience a hacer que el bebé duerma de 10 a 12h seguidas durante la noche.
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La Importancia de la Leche Materna en el Desarrollo de los Ritmos Circadianos
La leche materna es el alimento óptimo e inigualable para el lactante. Es un fluido vivo y cambiante que se adapta a los requerimientos del bebé para su perfecto crecimiento. Además, sus componentes nutricionales presentan variaciones según sea el momento del día o de la noche. Así, determinaciones llevadas a cabo en leche materna recogidas a lo largo de 24h han puesto de manifiesto que sustancias implicadas en el sueño como el triptófano, adenosina-5P, uridina-5P o melatonina tienen sus máximo valores durante el período nocturno. Es decir, la lactancia materna es clave para lograr que el lactante adapte sus actividades de vigilia/sueño a su entorno cambiante día/noche, consiguiendo la aparición y consolidación de los ritmos circadianos.
A partir de estos resultados, se ha acuñado el término de crononutrición para indicar que los alimentos que se ingieren, según el momento del día o de la noche, contribuyen al correcto funcionamiento de los ritmos biológicos del organismo. Hasta hace poco, sólo se consideraba el valor intrínseco del alimento, sin tener en cuenta para nada a qué hora del día se consumía. Esto es un error, ya que un mismo nutriente puede ser digerido y aprovechado de forma diferente según la hora del día en que se consume. Dada la importancia para nuestro cuerpo del momento en el que se toma el alimento, hoy en día se ha acuñado un nuevo concepto de crononutrición, el cual nos indica que la composición del alimento, dependiendo de la hora del día en la que se ingiere, puede influir en nuestros ritmos biológicos como ocurre en el caso del ciclo sueño/vigilia.
Crononutrición perfecta: la leche materna
La leche humana es un fluido que se va modificando tanto a lo largo de la lactancia como durante las horas del día, facilitando de esta forma la adaptación a la vida extrauterina del nuevo ser. El estudio de sus variaciones nutricionales circadianas no sólo ayuda a profundizar en su influencia para el desarrollo del bebé, sino que nos abrirá la puerta de lo que debe ser una crononutrición perfecta en todos los momentos de la vida.
Se ha observado en la leche materna valores máximos al atardecer del péptido inductor del sueño, cortisol, sodio y potasio, folatos y lípidos. En cambio, cobre, cinc, hierro y lactosa presentan sus máximos valores al amanecer. Por su parte, los aminoácidos aspártico, alanina, glutamina, treonina y glutamato alcanzan su concentración máxima al principio de la tarde.
Diferentes nutrientes que intervienen en la regulación de los ritmos circadianos presentan variaciones circadianas en la leche materna. Así, el aminoácido esencial triptófano muestra un ritmo circadiano con máximos niveles a las 3:00 h. Este aminoácido es precursor del neurotransmisor serotonina y de la hormona melatonina, ambas sustancias con un importante papel de actuación en la fisiología del sueño. La melatonina, principal sincronizador de los ritmos sueño/vigilia, eleva sus concentraciones por la noche en este fluido, y empiezan a decrecer al comenzar el día para mantenerse muy bajos durante todo el período de luz. Teniendo en cuenta que hasta aproximadamente los 3 meses de vida no se detectan valores de melatonina en los bebés, la presencia de esta hormona en la leche materna ayudará a los niños alimentados al pecho a alcanzar mejor los ritmos del sueño nocturno.
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Entre los distintos componentes de la leche materna que integran las sustancias promotoras del sueño se encuentran los nucleótidos. Así, la adenosina 5-P es probablemente la mólecula más importante en el inicio del sueño, la cual realiza su acción en el hipotálamo. Sustancias como la cafeína o la teobromina actúan sobre los receptores de la adenosina bloqueando su acción y dificultando el sueño. Resultados obtenidos en nuestro laboratorio muestran que este nucleótido alcanza en la leche humana sus máximos valores durante la fase de oscuridad, ayudando de esta forma al buen dormir del niño durante la noche. Otro de de los hipnóticos endógenos más importantes es el nucleótido uridina 5-P, el cual actúa con los receptores del ácido gammaaminobutírico (GABA), el sistema inhibidor más importante del cerebro. Muestras de leche materna obtenida a lo largo de 24h han revelado que este nucleótido alcanza sus valores máximos durante la noche.
También pueden actuar sobre el ritmo sueño/vigilia diferentes aminoácidos presentes en la leche materna. Así, la glicina y la taurina funcionan como un neurotrasmisor inhibidor incrementándose sus niveles en la fase REM (rapid eyes movement) y aumentando los períodos de vigilia. Otros aminoácidos presentes en la leche actúan como precursores de neurotransmisores con acción sobre el sueño, como es el caso de tirosina y fenilalalina precursores de noradrenalina y adrenalina; metionina precursor de la acetilcolina o el ácido glutámico precursor del GABA. Un análisis cronobiológico de estos aminoácidos en la leche materna proporciona una importante información sobre la crononutrición en los primeros momentos de la vida.
Desarrollo del Ritmo Circadiano en el Lactante
En la vida intrauterina hay evidencias del inicio del funcionamiento del marcapasos endógeno, así como de la aparición tanto del sueño tranquilo como del sueño activo, durante las últimas 10 semanas de la gestación. A pesar de ello, los ritmos circadianos de la madre predominan y trasmiten las variaciones al feto, de manera que desde el tercer trimestre del embarazo y las primeras semanas de vida extrauterina, el sistema circadiano inmaduro del feto y del lactante se sincroniza con el medio ambiente a través de las influencias maternas.
En general, al inicio de la vida extrauterina, los ritmos predominantemente son ultradianos. En el desarrollo de estos ritmos circadianos del lactante, son de vital importancia los patrones de actividad que constituyen la representación crítica de la sincronía fisiológica de la pareja madre-hijo, como predictores de la autorregulación posterior del lactante. Esta interacción sincrónica madre-hijo es un precursor básico de la organización e integración fisiológica, cognitiva, emocional y conductual del lactante y, especialmente, de sus ritmos circadianos.
Pocos estudios han examinado el desarrollo longitudinal de los ritmos circadianos del lactante, así como los cambios paralelos que se producen en los ritmos circadianos de la madre o la coordinación entre ambos, a pesar de que la coordinación temporal del lactante y su madre representa un claro ejemplo de sincronía biológica, un elemento básico para una adecuada interacción entre ambos y uno de los fundamentos de la capacidad de autorregulación del lactante. Así pues, los ritmos del sueño varían según el ambiente en el que se desarrolla el niño y según los ritmos trasmitidos por los cuidadores.
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Así, se ha estudiado el desarrollo del ritmo circadiano de vigilia/sueño mediante actigrafía realizada en lactantes con el mismo ambiente, pero con ritmos externos regulares o ritmos externos irregulares. A las 27 semanas, el patrón diurno de vigilia/sueño está bien establecido en los dos. Posteriormente, en el lactante, en el que desde su nacimiento se mantiene un determinado ritmo de alimentación, exposición a la luz…,aparece el patrón circadiano estable muy rápidamente, mientras que en el lactante en el que, por diversas razones, los ritmos exteriores son más irregulares, se retrasa la aparición del ritmo circadiano diario.
A pesar de que en la semana 27 ya aparece un patrón nictameral, la variabilidad de los ritmos vigilia/sueño en el lactante con ritmos exteriores irregulares es mayor. De manera que, la maduración de los patrones es diferente como respuesta a la irregularidad de los ritmos externos, si bien desconocemos la varianza de la aparición del ritmo circadiano atribuible a las diferencias genéticas y/o al comportamiento ambiental.
Los ritmos circadianos de los prematuros son menos robustos que los que muestran los controles de la misma edad cronológica, caracterizándose por presentar una menor regularidad, mayor fragmentación y menor amplitud que los controles. Si bien, el desarrollo de los ritmos circadianos es innato y endógeno, el papel materno como elemento zeitgeber durante el último trimestre del embarazo, junto con el entorno durante los primeros 4-6 meses de edad, es básico para el buen desarrollo de la ritmicidad del lactante.
Consejos para fomentar un ritmo circadiano saludable en bebés
- No despertar al niño: Durante los primeros meses de vida, el ritmo de sueño del recién nacido se rige principalmente por las sensaciones de hambre y saciedad. Aunque nos parezca que el niño duerme demasiado desde la última toma, si sintiese hambre se despertaría por sí solo. El dicho de «dormir alimenta» que tanto hemos oído repetir a nuestras abuelas, tiene mucho de cierto.
- ¡Mientras se come, no se duerme!: Para nuestro bebé, tomar el biberón, y más aún el pecho, es una sensación tranquilizadora y placentera, no solo porque sacia su hambre sino porque permanece cerca del cuerpo de la madre, siente su respiración, calor y olor, y escucha las palabras cariñosas que esta le dedica. Es fácil, por ello, que se adormezca e incluso que siga succionando mientras está dormido. Si queremos que aprenda a relacionar el acto de alimentarse con la vigilia, es preferible evitar que se quede dormido mientras come.
- Sacar los gases: Algunos niños tienen dificultades para expulsar los gases y al poco tiempo de dormirse se despiertan porque están molestos. Si esto le ocurre a nuestro pequeño, lo mantendremos despierto, en brazos y en posición vertical, hasta que los eche. Un cuarto de hora debería ser más que suficiente.
- Crear rutinas: Aun cuando durante los primeros meses los patrones de comida y sueño suelen ser irregulares, podemos ir sentando las bases para introducir una rutina previa a la hora (teórica) de ir a dormir. Un baño relajante y una canción o un cuento antes de dormir, son una buena forma de concluir la jornada. A medida que nuestro pequeño vaya mostrando sus preferencias, sabremos que le ayuda a tranquilizarse y a conciliar el sueño.
- Coger el sueño solo: Lo ideal es que aprenda a dormirse solo: que una vez que haya terminado de comer, le hayamos cambiado el pañal y sacado los gases, lo dejemos en la cuna, se quede tranquilo y que al cabo de 20 o 30 minutos concilie el sueño. A veces estamos tan acostumbrados a dormir a nuestro hijo en brazos que no se nos ocurre darle tiempo para que conciba el sueño por sí solo en la cuna. O estamos tan cansadas que lo tumbamos sobre nosotras al darle el pecho, sabiendo que al hacerlo se quedará dormido. Conocemos la teoría de «pe a pa», pero no siempre nos resulta fácil llevarla a la práctica. De lo que hemos de ser conscientes es de que al niño le costará desprenderse de aquellos rituales que rodeen al acto de dormir. Si mamá o papá acostumbran, por ejemplo, a mecer la cuna o a darle la mano hasta que se quede dormido, exigirá que lo hagan todas las noches. Y lo mismo ocurrirá si nos dedicamos a pasearlo por el pasillo de casa en brazos, a ponerle música (o la televisión) de fondo o -como me explicaban unos padres desconsolados y faltos de sueño- «a sacarlo a altas horas de la noche porque el niño se ha acostumbrado a dormir al aire libre en su carrito y no hay forma de que coja el sueño en la cuna».
- De noche, silencio y oscuridad: No importa si el bebé duerme en su propia habitación o en la nuestra o si optamos por el colecho (en este último caso, siempre con las debidas precauciones para no dificultar la respiración del niño): en la habitación debe reinar el silencio y la oscuridad. Si el niño se despierta por la noche, procuraremos no estimularlo para que vaya aprendiendo que esas son horas de descanso.
- Esperar a que vuelva a conciliar el sueño: Si durante la noche notamos que nuestro hijo está despierto, pero tranquilo, le daremos tiempo para que vuelva a dormirse: lo más probable es que dedique un tiempo a balbucear o hacer gorgoritos y vuelva a dormirse arrullado por el sonido de su propia voz. No te abalances a cogerlo en brazos o a mecer la cuna en cuanto notes que está despierto porque lo convertirás en costumbre: el niño dejará de llorar de inmediato cuando lo tomes en brazos y reanudará el llanto cuando lo devuelvas a la cuna.
Ciclos de sueño en bebés
Los ciclos de sueño son las diferentes etapas que atravesamos mientras dormimos, tanto en bebés como en adultos. Especialmente en estos primeros, los ciclos son más cortos que en los adultos y pueden durar entre 40 y 50 minutos.
Sueño ligero (REM): en esta etapa, el cerebro está más activo y pueden darse movimientos rápidos de los ojos bajo los párpados de manera involuntaria. Es completamente normal que los bebés se despierten brevemente entre ciclos de sueño. A menudo, estos despertares son parte del proceso natural de transición entre fases.
El ritmo circadiano es (para entendernos) reloj interno que regula los patrones de sueño y vigilia de nuestro cuerpo, y en los bebés, tarda algunos meses en desarrollarse completamente. De nuevo, la respuesta es sí. La falta de sueño puede tener un impacto significativo en el bienestar de los bebés, afectando su humor, capacidad de aprendizaje y desarrollo físico.
El ciclo del sueño de un bebé es un proceso fascinante y vital para su desarrollo. Comprender cómo funcionan sus fases y ritmo circadiano te permitirá ayudarlo a descansar mejor y a establecer hábitos de sueño saludables que lo beneficiarán a largo plazo. Cuando se piensa en cuánto sueño se necesita, es común pensar en horas, tanto para niños como para adultos. A pesar de que la duración del sueño es importante, no es el único elemento a tomar en cuenta. Es fundamental pensar en la calidad del sueño y si ese tiempo durmiendo fue realmente reparador. Cada estadio de sueño participa en el proceso de descanso que permite despertar fresco. En los niños, el sueño es clave, ya que contribuye con su crecimiento, desarrollo del sistema inmune, el aprendizaje y la memoria.
Los bebés, niños y adolescentes tienen requerimientos de sueño bastante distintos. De igual forma, los patrones y ciclos de sueños van a cambiar a medida que los bebés vayan creciendo. Un ejemplo de esto es que con el tiempo, los niños duermen cada vez menos durante el día hasta que queda exclusivamente para la noche. Durante esta etapa los bebés duermen de manera intermitente durante el día y la noche. Pueden dormir de 14 a 16 horas al día. Sus ciclos de sueño consisten en dos etapas: sueño activo y sueño pasivo. En la primera etapa se observa cómo el bebé se mueve, mientras que en el sueño pasivo el niño está tranquilo, durmiendo quieto, solo respirando. Los recién nacidos duermen en ciclos de 50 a 60 minutos, pasando de una etapa a otra.
Para los 3 meses, los bebés ya empiezan a desarrollar patrones de sueño de día-noche. Esto trae como consecuencia que comiencen a dormir más durante la noche que durante el día. A esta edad suelen dormir de 12 a 15 horas al día. Entre los 3 y 6 meses de edad es posible que los bebés tengan rutinas de 2 a 3 siestas de 2 horas durante el día y que se despierten un par de veces por la noche. A esta edad los ciclos de sueño se parecen un poco más a los de los adultos, ya que presentan las mismas fases de sueño, cosa que en el recién nacido no se observa.
A medida que los niños van creciendo, logran dormir más durante la noche. A esta edad la mayoría de los bebés suelen acostarse entre las 18:00 y 22:00 y les toma menos de 40 minutos quedarse dormidos. Tendrán descansos largos, de hasta 6 horas por la noche. La mayoría de estos bebés se despiertan una vez durante la noche y a veces necesitan que un adulto los calme para retomar el sueño. Igualmente, todavía duermen siestas durante el día de entre 30 minutos a 2 horas. En esta etapa se requieren entre 11 y 14 horas de sueño al día (con siestas incluidas). Esto se logra durmiendo de 10 a 12 horas durante la noche y con una siesta de 1 o 2 horas durante el día. A esta edad hay niños que no gustan de ir a dormir. Los niños de esta etapa ya son preescolares.
Finalmente, los niños en edad escolar requieren de 9 a 12 horas de sueño durante la noche. En esta etapa ya no es necesaria la siesta durante el día si duermen las horas suficientes en las noches. Como estos niños ya acuden a la escuela, es común que estén cansados y estén yendo a la cama a las 19:00 aproximadamente. A pesar de que dormir parece ser un proceso pasivo, está lleno de actividad. Durante una noche de descanso regular, el cerebro pasa por diferentes fases de actividad; esto se llama ciclo del sueño. Este ciclo es parte del reloj biológico interno del ser humano. Con ese tiempo de duración promedio, una persona puede tener entre 4 y 6 ciclos de sueño si duerme entre 7 y 9 horas por noche. Como ya se ha podido mencionar, un recién nacido tiene un ciclo de sueño que consta de 2 fases, activa/MOR o pasiva/no MOR, y el ciclo se divide de forma casi igual en ambas etapas.
Entender la evolución de los ciclos de sueño en niños es útil para los padres interesados en crear rutinas de sueño. En términos generales, el sueño puede dividirse en 2 grandes fases: la del sueño MOR y la del sueño no MOR. Durante esta última es cuando el cuerpo se recupera realmente. La fase no Mor consta de 3 fases a su vez. Durante los primeros años de vida, los niños pasan más tiempo en fase MOR y tienen sueño no MOR ligero durante la segunda mitad de la noche.
Fase 1: esta primera etapa consiste en un período de transición entre la vigilia y el sueño. El cerebro se enlentece, la frecuencia cardíaca, los movimientos de los ojos y la respiración disminuyen y el cuerpo se relaja. Esta fase dura 10 minutos aproximadamente y durante ella el cerebro sigue bastante activo.
Fase 2: se estima que esta fase ocupa el 50% del ciclo del sueño. Durante esta fase la temperatura corporal baja un poco.
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