Rosa Belmonte: Biografía de una periodista mordaz y sin tapujos

29.10.2025

Rosa Belmonte, nacida en Murcia, se define a sí misma como alguien que ha visto demasiado la tele y que no se toma nada en serio, mucho menos a sí misma.

Esta es la carta de presentación que aparece en 'Sobre nosotras, sobre nada' (La Esfera de los Libros), la obra que ha escrito a cuatro manos con su compañera Emilia Landaluce.

Belmonte divierte y hace pensar a diario a los lectores con su columna 'En diagonal' y cada tres días, también cierra el periódico en su contraportada.

Comenzó su carrera periodística en La Verdad, el periódico hermano de IDEAL en Murcia, mientras se dedicaba a la abogacía. Empezó escribiendo una columna a la semana antes de hacer otras cosas. Luego, fue ampliando el repertorio, y haciendo entrevistas, crónicas, reseñas de libros...

Inicios y trayectoria profesional

Rosa Belmonte no se considera periodista. “Eso que quede claro”, rotunda. “Yo veo y cuento. Y, sobre todo, escribo en los periódicos, esa es mi profesión”.

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Es columnista desde sus inicios, cuando empezó en La Verdad porque un amigo le insistió en que se pusiera a escribir. Era 1996. Y no ha dejado de escribir ni en vacaciones: “Me da miedo, lo mismo me sustituyen o algo.

Eso decía Concha Velasco, que le recomendó a Jorge Javier que nunca dejara que le sustituyeran. Yo no dejo de escribir, pero tampoco me voy a quejar, que mi trabajo no consiste en picar piedra. Somos muchos columnistas y es un trabajo bastante mamarracho.

A mí me pagan por escribir cada día lo que me da la gana. ¡Piensa en ello!”.

“Mi profesión”, repite, “es escribir en los periódicos. Y eso no quiere decir que sea escritora. Carmen Laforet fue escritora.

No, empiezas a escribir en La verdad columnas y después de escribir columnas vas escribiendo más cosas, vas haciendo más cosas, vas haciendo entrevistas.

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Luego empezaron las críticas de televisión, los reportajes y las crónicas. Y luego, como te he dicho antes, estaba en el aula de Cultura de la Verdad, vas haciendo muchísimas más cosas y dices pues yo creo que esto me gusta más que aguantar jueces y clientes.

Luego empecé a escribir en ABC, pero todavía desde Murcia, porque Eduardo San Martín era el director de La verdad de Murcia cuando yo empecé allí y luego él se fue como director adjunto con Zarzalejos.

Entonces empecé a escribir en ABC, también columnas de televisión y luego ya fui escribiendo más y vas dejando lo otro.

Además de publicar en ABC, sus artículos se distribuyen con los periódicos regionales de Vocento.

Sobre su estilo y visión del periodismo

Escribir es una actividad solitaria y no me gusta mucho el contacto con la gente, o sea que escribir como actividad solitaria sí me gusta. Aunque ahora tengo clarísimo que -vamos al pensamiento mágico-, que si un día fuera rica yo no es que no escribiría, es que no me leería ni un periódico.

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Para mí leer periódicos en la adolescencia era un placer, me gustaba mucho la política internacional, ahora mismo es una obligación.

En general, no. Soy muy tímida y me gusta la soledad. Recuerdo que una vez le pregunté a Ana María Matute: «¿Esto de la timidez se quita con los años?».

En ese sentido es verdad que no tengo ningún prejuicio y yo sé que eso, a veces, desde fuera no se entiende bien. Creo, por ejemplo, que una periodista del corazón como Beatriz Cortázar es mucho mejor periodista que la mayoría de periodistas políticos que van de grandes comunicadores.

Pero es verdad que hay un prejuicio sobre ciertas cosas, ¿no?

Hombre, no es el caso de Aguado cuando dice: «A veces veo La isla de las tentaciones para poner encefalograma plano». No digas eso, si ya lo tienes plano.

Pero es verdad que hay que superar ese prejuicio. Además: cómo voy a hablar de una cosa cuando estoy viendo la otra, cómo no voy a relacionarlas.

Escribo viendo la televisión, con Ana Rosa, Servir y proteger o Sálvame de fondo. Es lo que decía Pla de cosas mixtas, es ver cosas y contarlas, qué más da qué sea.

¿Tú puedes contar cualquier cosa? En algún momento en ABC me han dado algún toque, pero nada extraordinario.

Todo se parece a todo. Muchas cosas que pasan en la realidad ya las has visto en la tele, en la radio o en el cine. Como decía D’Ors, lo que no es tradición es plagio.

Colaboración con Emilia Landaluce

Emilia Landaluce y Rosa Belmonte han reunido en un libro una sucesión de vivencias reales evocadoras, autoparódicas, frívolas (como solo puede serlo una niña atracándose de foie) o dickensianas que son capaces de entretener transportando al lector a mundos paralelos donde "siempre triunfan el humor y el capitalismo".

Vanitatis se ha sentado con las dos para charlar 'Sobre nosotras, sobre nada' (La Esfera), un libro que habla de amor y amistad, si acaso el tema universal que vertebra todos los relatos. Todas las vidas.

En el relato de sus vidas, ambas obvian su etapa universitaria, a la que califican de una "era de embrutecimiento".

"Solo podríamos hablar de perdición y de mala vida", descarta Emilia, que sí ha narrado el día en que la detuvieron en el aeropuerto de Roma por llevar hachís (de una amiga), con su madre delante.

Ni Landaluce ni Belmonte se toman nada demasiado en serio.

"Yo todavía creo que mi mayor obra literaria es la comparación que hice para 'LOC' de la reina Letizia y Carla Bruni, 18.000 palabras en una doble página en la que había que incluir la edad y las medidas de las dos damas por indicación de mi jefe de entonces. Como no le íbamos a pedir las medidas a la Reina, inventamos el concepto 'tallaje internacional".

Belmonte: "Luego dirán que el ascensor social no existe, pero yo soy una prueba de ello, nuestra amistad lo es. ¡Mira Letizia!"

Aunque han ido de la mano en la elaboración del libro, Emilia reconoce que Rosa le ha censurado algún episodio demasiado escatológico. "Había más caca de lo razonable", se ríe Belmonte (se ríe mucho, siempre). Concretamente, en el capítulo del marqués coprófago, de quien, por supuesto, no dan el nombre real.

Belmonte no había escrito un libro hasta ahora, pero no porque no se lo hubieran ofrecido. Cosas serias y cosas raras como aquella vez en que una editorial le pidió un libro "a favor de fumar". Ha sido mérito de Emilia que Rosa venciera el pudor.

Lo mejor de su compenetración es que no se toman nada demasiado en serio, ni siquiera a ellas mismas. Su sentido del humor es su gran superpoder. Mordaz, autoparódico, a veces frívolo, siempre inteligente.

La complicidad entre ellas es palpable y contagiosa.

En definitiva, Belmonte y Landaluce son dos plumas brillantes y libres, que han hecho de la amistad y el humor una bandera.

Pero lo importante es que, juntas, son dinamita.

Influencias y gustos personales

Belmonte nació en Murcia, entre Los Chiripitifláuticos y Torrebruno. Se licenció en Derecho.

Prefiere escribir a ejercer de abogada. Y también escribir antes que reportar el estado de las lechugas baby.

Y tiene pasión desmedida por el arte. «He llegado a ir al Prado a ver solo Las Meninas», dice: entrar, estar un rato y pa casa. El día hecho.

Cuenta que tiene carencias artísticas, pero… Pero también viaja. ¿A dónde? «A esos sitios a los que de pequeña quieres ir. Nueva York, las cataratas del Niágara, el Cañón del Colorado, la Muralla China, Machu Pichu, el Taj Majal, Las Vegas, Egipto

Aunque viajar es un coñazo. No sé qué es más vulgar si haber ido a esos sitios o decir que viajar es un coñazo. Pero quedan muchos lugares, algunos a los que no he ido adrede, por guardarme algo.

Opiniones y controversias

Cuando uno escribe opinión a diario, es inevitable (y más en estos tiempos) ofender a alguien.

"Pla decía que cuando te pones a escribir en los periódicos te conviertes en justiciable", cita Belmonte.

¿Y no será que falta mucho sentido del humor?

"Sobre todo falta comprensión lectora", se ríe.

"A veces sí, ¿eh? A veces escribes con toda la intención del mundo, yo no me escondo, soy faltona muchas veces, llamo mamarracho a quien me parece, pero vivimos en la era del 'snowflakes', de los 'ofendidos".

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