Desprendimiento del Saco Gestacional: Causas y Tratamiento
El saco gestacional es una esfera que se forma alrededor del embrión cuando este se implanta en el útero. Es uno de los primeros signos de embarazo y en la imagen se observarán como dos aros concéntricos situados en el interior del útero. El aspecto que tenga el saco gestacional es importante, ya que permite evaluar la gestación en las primeras semanas. Cuando se implanta correctamente en el útero, también llamado normoimplantado.
Si acabas de quedarte embarazada y acudes al ginecólogo, es posible que el saco gestacional aparezca vacío en la primera ecografía. ¡No te asustes! Las medidas del saco gestacional varían en función del tiempo. Suelen ser parciales, por lo que el embrión continúa su desarrollo con normalidad. Las causas de estos desprendimientos son diversas.
¿Qué es el Desprendimiento de Placenta?
El desprendimiento de placenta, también conocido como abruptio placentae o separación de la placenta, consiste en un despegamiento de esta estructura de su lugar normal de implantación en la pared uterina antes de que se haya producido el parto. De forma normal, la placenta se expulsa después de que lo haya hecho el feto durante el alumbramiento.
La incidencia del desprendimiento de placenta es de 1 de cada 100 embarazos y lo habitual es que ocurra en el tercer trimestre de gestación, aunque puede darse en cualquier momento después de la semana número 20 de embarazo aproximadamente. Se trata, por tanto, de una complicación gestacional poco frecuente.
Puesto que la placenta es la responsable de conducir al feto el alimento que le proporciona la madre, si ésta empieza a desprenderse puede suponer un cuadro grave tanto para la vida de la madre como la del feto. El bebé puede dejar de recibir el oxígeno y los nutrientes necesarios; mientras que la madre puede sufrir una hemorragia que puede poner en peligro su vida.
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Síntomas del Abruptio Placentae
Las principales señales del desprendimiento de placenta son la hemorragia vaginal y contracciones uterinas de gran intensidad. La cantidad de sangrado variará según la magnitud de placenta desprendida. Por ejemplo, si se produce un desprendimiento de placenta leve, el sangrado será ligero. En cambio, si se produce un desprendimiento de placenta elevado, el sangrado será abundante.
A continuación, se enumeran otros síntomas que se asocian al desprendimiento de la placenta en el embarazo:
- Dolor abdominal.
- Caída de la presión arterial.
- Sensibilidad uterina.
- Dolor de espalda.
- Sentir menos los movimientos del bebé.
En ocasiones, las embarazadas no sienten molestias pese a estar sufriendo un desprendimiento de la placenta. En estos casos, la separación placentaria se detecta casualmente cuando se realiza una ecografía.
Causas del Desprendimiento de Placenta
Las causas por las que se puede producir el desprendimiento de placenta no son bien conocidas, pero se suele asociar a varios factores tales como: la hipertensión materna gravídica o previa al embarazo, rotura prematura de ciertas membranas de sujeción, traumatismos externos, consumo de cocaína o la presencia de miomas uterinos.
Otros factores de riesgo para esta complicación gestacional son los siguientes:
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- Desprendimiento de placenta previo.
- Infección dentro del útero.
- Edad de la mujer superior a los 40 años.
- Tabaquismo.
- Falta de oxígeno a la placenta.
Además, las anomalías en útero, los trastornos en la coagulación sanguínea y un elevado número de partos previos también incrementan el riesgo de que ocurra un desprendimiento prematuro de la placenta.
Clasificación del Desprendimiento de Placenta
El desprendimiento de la placenta puede ser total o parcial, en función de si la placenta se separa de la pared uterina en toda su base de implantación o sólo por una parte. Ante este hecho, el espacio que queda hueco es ocupado por un hematoma o acúmulo de sangre que puede quedar retenido sin generar hemorragia o salir a través del cuello uterino y dando lugar a un sangrado vaginal. Generalmente, el sangrado vaginal que se produce por el desprendimiento de la placenta suele ser de color muy oscuro.
Con todo ello, es obvio que el mayor riesgo para el feto que comporta este incidente es que con el desprendimiento placentario se interrumpa el intercambio sanguíneo con la madre, mediante el cual le llegan los nutrientes al pequeño. Por tanto, cuando el desprendimiento placenta es total se produce inevitablemente la muerte del feto.
Por el contrario, el mayor riesgo para la madre es que se produzca una gran hemorragia intrauterina que tarde en ser diagnosticada y tratada y si, además, se alteran los mecanismos de coagulación sanguínea el riego es grave.
En cuando a los tipos de desprendimientos de placenta según la severidad de los síntomas se encuentran:
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- Desprendimiento de placenta de grado 0: embarazadas asintomáticas cuyo diagnóstico se produce tras el parto.
- Desprendimiento de placenta de grado 1: caracterizado por un leve sangrado, pero sin suponer peligro ni para la vida de la madre ni del bebé.
- Desprendimiento de placenta de grado 2: se produce sangrado, pero no hay choque de presión arterial. Además, la frecuencia cardíaca del feto aumenta.
- Desprendimiento de placenta de grado 3: ocurre una hemorragia de gran intensidad, además de una caída de la presión arterial intensa y termina con la muerte fetal.
Sin embargo, el desprendimiento de placenta más habitual es el de grado 1; mientras que el menos común y que solo ocurre raras veces es el de grado 3. En cualquier caso, si la embarazada siente cambios o algún sangrado, deberá comunicarlo al especialista médico de manera inmediata.
Diagnóstico y Tratamiento
El desprendimiento prematuro de la placenta se diagnostica mediante diferentes pruebas de imagen y análisis de sangre, aunque el principal signo de esta condición es sufrir una hemorragia.
Una vez que se ha producido y diagnosticado la separación de la placenta, no se puede volver a adherir a la pared uterina. Sin embargo, existen algunas formas de tratamiento para esta complicación gestacional dependiendo de las circunstancias de cada embarazo.
Cuando el desprendimiento de la placenta ocurre hacia el final del embarazo y la fecha probable de parto está cerca, se inducirá el parto. En el caso de que sea un desprendimiento de placenta leve, se podrá llevar a cabo un parto natural. De lo contrario, el especialista realizará una cesárea.
En cambio, si el desprendimiento de la placenta no sucede hacia el final de la gestación, será necesario valorar su severidad. Si la separación placentaria es leve, la frecuencia cardíaca fetal no aumenta y el sangrado se detiene, la embarazada deberá hacer reposo. Sin embargo, si fuera necesario el nacimiento del bebé de manera prematuro, la mujer deberá tomar ciertos medicamentos para ayudar a la maduración del bebé.
Por último, cuando el sangrado es de gran intensidad y no cesa, la mujer será hospitalizada y probablemente requiera una transfusión sanguínea. No obstante, cada embarazo y cada situación es diferente, por lo que se deben seguir las recomendaciones médicas en todo momento.
Amenaza de Aborto
Varios estudios estiman que entre un 15 y 30% de los embarazos acaba en un aborto espontáneo. La amenaza de aborto es un estado de alerta que sugiere que puede ocurrir un aborto espontáneo antes de la semana 20 del embarazo. El sangrado vaginal en las primeras semanas de gestación es un síntoma frecuente de esta situación.
Además del sangrado vaginal, otros síntomas habituales son el dolor de espalda y del abdomen. Sin embargo, estos síntomas no significa que necesariamente se va a producir un aborto espontáneo. Muchas veces la gestación sigue su evolución normal.
En cualquier caso, si se sospecha que existe algún riesgo de aborto espontáneo, es muy importante seguir una serie de cuidados para disminuir las probabilidades de perder al feto.
¿Por qué se produce la amenaza de aborto?
El aborto espontáneo, entendido como aquel que tiene lugar de forma natural sin intervención médica ni quirúrgica, se produce comúnmente. De hecho, ocurre hasta en el 40% de los embarazos y es más frecuente en mujeres mayores.
Sus causas pueden ser tanto fetales como maternas, aunque en muchas ocasiones no se llega a saber el origen exacto del aborto y puede deberse a la combinación de varios factores (multifactorial).
La causa exacta por la que se produce una amenaza de aborto tampoco se conoce, aunque parece que hay algunos factores que parecen incrementar la probabilidad de que esto ocurra.
Es el caso, por ejemplo, de las alteraciones cromosómicas en el feto o la exposición a tóxicos. Además, las mujeres mayores de 40 años tienen más probabilidad de sufrir una amenaza de aborto.
Otros factores que incrementa el riesgo de aborto son la obesidad, el tabaco, los problemas asociados a la placenta (placenta previa o desprendimiento de la placenta), el estrés, las anomalías uterinas, la infecciones durante la gestación, etc.
Síntomas de amenaza de aborto
Existen varios síntomas en las embarazadas que pueden significar que hay riesgo o amenaza de aborto.
Estos síntomas o signos de amenaza de aborto son muy variados y, por ello, es importante que sea un médico, tras la valoración de la situación, quien determine si existe riesgo real de perder al bebé.
Entre los síntomas más comunes de amenaza de aborto se encuentran los siguientes:
- Sangrado vaginal: puede ser más o menos abundante e incluir coágulos. Aproximadamente la mitad de las mujeres con este síntoma en el primer trimestre de embarazo sufre un aborto natural. Una de las causas más comunes de estos sangrados son los hematomas intrauterinos (pequeñas acumulaciones de sangre en la cavidad uterina), que en los casos más graves pueden acabar en un desprendimiento de placenta.
- Cólicos abdominales: dolores o fuertes presiones en el vientre similares al dolor de la menstruación. Pueden ocurrir con o sin sangrado vaginal.
- Dolor lumbar: fuertes pinchazos en la parte baja de la espalda, en la zona lumbar.
- Síntomas de embarazo: las molestias propias del embarazo pueden verse reducidas o incluso desaparecer.
Pruebas diagnósticas
Cuando se produce una amenaza de aborto, la primera decisión que tomará el médico será realizar una ecografía vaginal o abdominal para comprobar la cantidad de sangrado, el desarrollo del bebé y su latido cardíaco. Además, el especialista evaluará el cuello uterino a través de un examen pélvico.
Otra de las pruebas ante de una amenaza de aborto será un análisis de sangre a la embarazada para determinar:
- El nivel de beta-hCG durante unos días o semanas para confirmar que la gestación sigue.
- El conteo sanguíneo completo (hemograma) para saber la cantidad de sangre que se pierde.
- El nivel de progesterona.
- La medición de glóbulos blancos para averiguar si existe infección.
En función del resultado obtenido en cada una de estas pruebas, el especialista tomará la mejor forma de proceder en cada situación.
Tratamiento frente a una amenaza de aborto
En los casos de amenaza de aborto, el médico explicará a la paciente las pautas que debe seguir. Algunas recomendaciones cuando existe riesgo de aborto espontáneo son:
- Evitar mantener relaciones sexuales.
- Reposo relativo o absoluto, según la gravedad de los síntomas.
- Evitar comer embutidos o alimentos cárnicos no procesados.
- No tomar medicamentos no prescritos por el médico.
También es recomendable que la embarazada lleve un estilo de vida saludable, con una alimentación variada que aporte todos los nutrientes necesarios. La mujer debe evitar el consumo de drogas, alcohol y tabaco durante el embarazo.
Una amenaza de aborto no significa que éste se vaya a producir. Por tanto, es fundamental estar tranquila y relajada. El apoyo emocional en estos momentos es muy importante, así como seguir las indicaciones del médico.
En algunos casos, se administra progesterona como tratamiento farmacológico para evitar el aborto, aunque en los últimos años su uso ha sido cuestionado. La controversia se debe a que no se ha visto utilidad en abortos espontáneos, aunque sí que es recomendable ante casos de aborto recurrente o de repetición (es decir, en situaciones de tres o más pérdidas gestacionales continuadas).
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