Sectas en Canarias: Una Historia Oculta
Existe un fenómeno contemporáneo en claro auge: la creación de sectas de diversas connotaciones: políticas, económicas, religiosas, esotéricas, sexuales. Aunque inicialmente se establecía que las sectas nacieron como grupos religiosos, generalmente pequeños, llenos de entusiasmo, integrados por hombres y mujeres asociados de manera voluntaria, ahora existe gran diversidad en el fenómeno, del que existen numerosos ejemplos en España y también en estas islas.
Las islas, como territorios cerrados en sí mismos, constituyen espacios en los que las sectas pueden arraigar expandiéndose en las capas sociales. De hecho, en las últimas décadas movimientos sectarios venidos de Estados Unidos o de Extremo Oriente han “experimentado” primero su asentamiento en Canarias antes de arraigarse en el continente.
Con frecuencia los miembros de las sectas creen haber tenido una “conversión” que les permite conocer la Verdad con mayúscula, y a través de ella se involucran en la aceptación del líder. Las sectas excluyen de manera radical a quienes no pertenecen a ellas, se colocan contra el mundo, contra los gobiernos, contra las Iglesias ya establecidas.
Y sus miembros obedecen de manera ciega y fanática a sus fundadores, de tal manera que están dispuestos incluso a suicidarse si así se les ordena. Las sectas son poderosos negocios, pues exigen a sus adeptos una contribución económica importante. En principio se trata de que paguen el “diezmo” habitual en los primeros tiempos del cristianismo, pero en realidad persiguen que personas en circunstancias personales de dificultad hagan testamento donando sus propiedades.
Así, en la década de los años 70 del pasado siglo, ante el auge de las sectas religiosas en los Estados Unidos, surgió una frase definitoria: “Si quieres hacerte millonario, funda una secta religiosa”. En este movimiento crecieron muchos telepredicadores que han hecho enormes negocios, no solo en Estados Unidos y Canadá sino también en América Latina y Europa.
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Dada la actual crisis de valores, se asiste en muchos países a una especie de “supermercado” de corrientes de salvación personal, que dicen basarse en presupuestos de filantropía y autoayuda. Desde Norteamérica y Asia se exportan nuevos movimientos que arraigan con entusiasmo en diferentes zonas.
Los líderes espirituales tienen terreno abonado entre personas que padecen problemas de soledad, inestabilidad personal, pérdida de trabajo o ruptura de pareja. La filosofía de la secta es simple: dentro de la comunidad se obtiene la felicidad, fuera solo hay padecimientos, desequilibrios personales, falta de motivación, extravío de la personalidad.
Con este sencillo eslogan miles y miles de neófitos ingresan cada año en el gran negocio. Pues la secta es un refugio y solo en su seno se obtiene la estabilidad personal, la paz de la conciencia, el tránsito hacia otra vida. Y sus líderes se convierten en millonarios.
En Canarias con frecuencia los movimientos sectarios se desarrollan entre extranjeros. Recordemos por ejemplo la comunidad El Cabrito de La Gomera y otras registradas en Tenerife. Pero también hemos tenido ejemplos nacidos de gente de aquí, como el caso Kárate de Gran Canaria que trajo consigo trascendencia internacional por la cantidad de menores de edad que se vieron implicados en sexo en grupo y sexo al servicio de su fundador.
La Familia del Amor
La Familia del Amor, una rama de la peligrosa secta Los Niños de Dios, tuvo presencia en Tenerife, adonde en el año 1974 llega su líder, David Berg, huyendo de la justicia estadounidense que lo acusaba, entre otros delitos, de prácticas pedófilas así como de buscar su enriquecimiento personal exigiendo, en un entramado de corrupción, donaciones económicas a sus acólitos.
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David Brandt Berg era conocido bajo el seudónimo de Moisés David. Él fundó la secta Niños de Dios, también llamados La Familia Internacional, que estuvo instalada varios años en Canarias, más concretamente en el municipio del Puerto de la Cruz, en Tenerife, donde desembarcó en 1974. Allí llegó huyendo de EE UU y Reino Unido, donde su grupo ya era perseguido al considerarse «una secta destructiva».
«Se creía la reencarnación de Cristo y que tenía que trasladar su mensaje a la humanidad. Comenzó siendo un grupo católico bastante heterodoxo y acabó creando una secta sexual que utilizaba a las mujeres para captar a los hombres», apunta Carlos Simancas, divulgador y especialista en este tipo de movimientos delictivos. «Las autoridades de Estados Unidos alertaron a la policía española de que esta secta se había instalado en el país y que era muy peligrosa, sobre todo por sus crímenes de pederastia, pues Berg consideraba el abuso a menores como una muestra de amor a dios», apunta Simancas, que recuerda que «era muy conocido en el Puerto de la Cruz, se paseaba en una bata blanca y tenía un aspecto bíblico que llamó mucho la atención entre los vecinos, a los que su secta ofrecía dinero y ayuda a cambio de ganarse su confianza».
Durante su estancia en Canarias, Berg convencía a las jóvenes de su congregación para que acudieran a discotecas del Puerto de la Cruz y ofrecieran sexo gratis a los clientes.«Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres» (Mateo 4:19). Para Mo, uno de los seudónimos con el cual se referían a David Berg sus acólitos, quienes también le llamaban padre David o Moisés David, las mujeres debían ser esas pescadoras que, a través del flirteo, llevarían a los hombres al reino de Dios.
Durante su estancia en Tenerife, su nueva compañera, Karen Zerby, dio a luz a un niño llamado Ricky y apodado Davidito, a quien adopta David ya que había sido concebido mientras Zerby cumplía la obligada pesca coqueta. Berg, quien logró huir de las Islas cuando trascendieron sus prácticas y que durante la etapa californiana de Los Niños de Dios tuvo entre sus seguidores a la familia de los actores River y Joaquin Phoenix, murió en 1994 y fue enterrado en Costa de Caparica (Portugal).
La Comuna de El Cabrito
En los años 80 la playa de El Cabrito acogió una comuna que asimismo predicaba las relaciones íntimas. Su dirigente, el pintor austriaco Otto Mülh, apostaba por el amor libre sin ningún tipo de ataduras o limitaciones morales.
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La finca El Cabrito se hizo mundialmente famosa a finales de los años ochenta por albergar una secta cuyo cabecilla, el pintor austriaco Otto Mülh, apostaba por el amor libre sin ningún tipo de ataduras o limitaciones morales. Posteriormente fue acusado e incluso llegó a ir a la cárcel por mantener relaciones sexuales con menores y consumo de drogas. Poco después moriría en Portugal a los 72 años de un cáncer de testículos.
Las leyendas que se tejieron sobre esta finca todavía perduran en el recuerdo de los gomeros y fueron objeto de programas retransmitidos por televisiones de muchos lugares del mundo. Su secta se denominaba Organización de Análisis Accional (AAO) y mezclaba teorías sobre la libertad sexual con el psicoanálisis y la eliminación de la propiedad privada en medio de un batiburrillo ideológico que al final acabó saltando por los aires.
Para escenificar su radical forma de entender la vida llevaban a cabo extravagantes performances y movilizaciones. Fue precisamente en La Gomera donde los miembros de la comuna creyeron haber encontrado su particular paraíso después de varios de años de deambular por otros puntos de Europa. Pero en realidad ocurrió lo contrario. Aquí la secta saltó a la actualidad internacional y además en su vertiente más amarillista.
Otto Muehl era un artista muy conocido en Austria, su país natal, y uno de los fundadores y mayores exponentes del accionismo vienés, un polémico y radical movimiento artístico, donde la transgresión y la violencia de sus trabajos eran su seña de identidad. Sacrificios a animales, rituales orgiásticos, prácticas sexuales sangrientas y simulación de mutilación genital o violaciones eran algunas de las características de este movimiento, desafiando la ética establecida. Algunos de los principales artistas del accionismo vienés fueron perseguidos por la ley, además de denunciados por asociaciones ecológicas o religiosas.
Muehl fundó en Viena la comuna Friedrichshof en los años 70, atrayendo a 600 personas y que fue considerada como una secta bastante autoritaria bajo su violento liderazgo. A mediados de los años 80, el movimiento huye de Austria para, según la versión de la propia secta, huir de los peligros de Chernóbil, aunque lo más probable es que buscaran salir de un país donde estaban cada vez más vigilados y con menos capacidad de movimiento.
A partir del año 1988, la comuna tuvo otra sede en La Gomera, en una antigua plantación de plátanos llamada El Cabrito, donde se instalan con el pretexto de huir del peligro nuclear de Chernóbil, argumento que ocultaba el deseo tanto de Muehl como de su mujer de favorecer el amor libre con niñas menores de edad. Era común que el artista tuviera relaciones sexuales con chicas de no más de 15 años, hijas de los miembros de la comunidad con quienes llegó a tener hijos.
Tras salir a la luz las conductas que en la recóndita finca de El Cabrito se llevaban a cabo, Otto Muehl fue detenido por el gobierno español a comienzos de la década de 1990 y extraditado a su país natal, donde se le condenó a seis años de prisión acusado de pederastia.
El Caso de la Familia Alexander
Es, con total probabilidad, el crimen más impactante y atroz que ha vivido Tenerife. Sucedió un 16 de diciembre de 1970 en la primera planta de una vivienda de la calle Jesús Nazareno número 37 de Santa Cruz de Tenerife, cuando Frank Alexander le dice a su padre, Harald, que el mal ha entrado en su madre y que ha llegado el momento para el que se han estado preparando todos esos años.
Padre e hijo comienzan a golpearla sin piedad y con una violencia indescriptible con dos perchas retorcidas hasta dejarla inconsciente. A continuación, los dos hombres se armaron con objetos contundentes y se dirigieron a la habitación de al lado, donde descansaban Marina, de 18 años, y Petra, de 15. Tras los golpes brutales y mortales, el extraño ritual continuó mutilando los cuerpos. Frank dijo que «tiene que cortarles el nervio de la vida» para eliminar por completo al maligno y no se detienen hasta que les sacan el corazón.
Cuando terminaron el macabro suceso, ambos se ducharon y salieron por la puerta con total tranquilidad. Pero antes de continuar con esta terrible historia, es importante conocer el origen y el motivo que llevó a esta familia alemana a instalarse en Canarias.
Influenciado por el profesor austríaco Jakob Lorber quien, en el siglo XIX y a los cuarenta años, empezó a recibir supuestos mensajes proféticos dictados por el Espíritu Santo, aterrizan en Tenerife los seis integrantes de la familia alemana Alexander, compuesta por Harald, el patriarca; Dagmar, su esposa de 41 años, y sus cuatro hijos: Marina, de 18 años; las gemelas Sabine y Petra, de 16, y Frank, el pequeño de la casa a quien su progenitor, siguiendo los postulados de Lorber, consideró desde su nacimiento el mesiánico profeta destinado a salvar la humanidad, responsabilidad que en el seno de su familia le permitió incluso abusar sexualmente de sus hermanas.
En Hamburgo, la peculiar familia ya era demasiado conocida como para poder continuar con el delirio, así que iniciaron una huida hacia Canarias, concretamente a Tenerife, porque así «lo había dictado dios», como reconocería más adelante Harald. Con su llegada a la isla, la familia trató de mantener una vida discreta y alejada de polémicas, aunque los vecinos de la céntrica calle de Santa Cruz de Tenerife escuchaban con regularidad y extrañeza cánticos y y rezos fuera de lo común.
Cuando en diciembre de 1970 Frank creyó observar en su madre una mirada distinta hacia él, decidió coger una percha de madera y golpearla hasta que quedó inconsciente. A continuación, mientras su padre tocaba el armonio, asesinó a dos de sus hermanas.
En marzo de 1972 dio comienzo el juicio contra Harald y Frank ante la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. El tribunal los consideró «autores no responsables» de los tres parricidios con la eximente completa de enajenación mental, por lo que ambos fueron ingresados, sin fecha de fin, en un centro destinado a los enfermos mentales condenados. Ingresaron en el centro de Carabanchel, en Madrid, pero no permanecieron todo el tiempo que tendrían que haberlo hecho, pues Harald y Frank Alexander consiguieron escapar a prinicpios de los años 90. Pese a la orden de búsqueda que activó la Interpol en 1995, nunca dieron con el paradero de los Alexander.
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