Si Estoy Triste, ¿Puedo Amamantar? Efectos en el Bebé
Amamantar hoy en día parece más difícil de lo que muchas madres imaginan o esperan. En un estudio con 1500 madres estadounidenses que expresaban su deseo de amamantar de forma exclusiva, tan sólo el 39% lo lograba a los dos meses (Gregory, Butz, Ghazarian, Gross, & Johnson, 2015). Las que no habían logrado cumplir sus expectativas de lactancia tenían más riesgo de presentar sintomatología depresiva, lo que lleva a los autores a concluir lo importante que es que los profesionales tengan presentes esas expectativas de las mujeres en la atención que ofrecen (Gregory et al., 2015).
Sentimientos de Culpa y Frustración
Pocos estudios han analizado las experiencias de esas madres que optan por una lactancia mixta o artificial. En su estudio de seiscientas madres que alimentaban a sus bebés total o parcialmente con leche de fórmula, Fallon y col. encontraron que el 56% de ellas habían pensado durante el embarazo que amamantarían a sus bebés de forma exclusiva (Fallon, Komninou, Bennett, Halford, & Harrold, 2016). El 67% expresaban haber sentido culpa por dar el biberón. Un abrumador 76% sentían que tenían que defenderse o justificar su elección frente a otras madres o profesionales de salud. Pese a ello, el 67% se sentía satisfecha con su experiencia y 36% se sentían apoyadas por los profesionales. Sentían más culpa, y se encontraban peor, quienes querían dar el pecho y lo dejaban que quienes, desde un inicio, daban solo biberón.
Algo que no se suele tener en cuenta es que el sentimiento de culpa por no amamantar puede ser un síntoma nuclear de depresión posparto, un trastorno altamente prevalente, que se estima padece, como mínimo, una de cada ocho madres en el año que sigue al parto. Las madres deprimidas tienen más riesgo de abandonar la lactancia (Taveras et al., 2003). A nivel cognitivo dificulta el amamantamiento, al ser más probable que la madre no lo disfrute, que piense que su leche no es suficiente o que sienta dificultad para interactuar con el bebé (Dennis & Moloney, 2009; Stuebe, Grewen, Pedersen, Propper, & Meltzer-Brody, 2012; Stuebe et al., 2014).
La sintomatología ansiosa y depresiva puede hacer que la madre se preocupe obsesivamente por la salud del bebé, por la cantidad de leche que produce o por controlar las tomas con detallado registro escrito, lo que entorpece y dificulta la experiencia. También es destacable el efecto tan deletéreo que puede tener el parto en el inicio de la lactancia. Especialmente si el parto es intervenido, medicalizado o termina en cesárea, y si tras el mismo se mantiene a madre y bebé separados durante horas o incluso días, comenzar la lactancia va a ser sumamente difícil y frustrante. Esa separación del bebé en las primeras horas de vida es un estrés grande para el bebé, pero también para la madre.
En un estudio cualitativo analizando las experiencias de madres que referían haber sufrido malestar emocional significativo en el posparto, las dificultades con la lactancia eran recurrentes. Para la mayoría de estas mujeres la lactancia se convertía en una batalla tras una experiencia de parto decepcionante. Muchas describían como esperaban que fuera mucho más sencillo, una madre decía que era “lo más difícil que habían hecho en su vida”.
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El apoyo que brindan los profesionales en estos casos puede ser contraproducente, ya que pocas veces detectan o escuchan el sufrimiento materno. Algunos llegan a proponer que si la madre está deprimida deje la lactancia puesto que esto es una “carga o esfuerzo innecesario” sin comprender la dimensión del problema (Olza, Serrano Drowselsky, & Muñoz Labián, 2011). Weissinger señala que llamar culpa a lo que sienten las madres cuando no logran amamantar no es correcto. Según esta autora lo correcto sería hablar de enfado, resentimiento y arrepentimiento o lamento (Wiessinger, 1996). Recoge así el sentir de muchas madres, que sienten que con un mejor apoyo por parte de los profesionales o de su entorno seguramente hubiera sido más fácil amamantar y prolongar la lactancia tal y como deseaban.
Aunque en la promoción de la lactancia se describe esta como una experiencia íntima y satisfactoria, lo cierto es que muchas mujeres no lo viven así. Para algunas amamantar es doloroso o desagradable. Las mujeres que tuvieron abusos sexuales o emocionales en la infancia pueden tener flash-backs, recuerdos intrusivos de las experiencias de abusos, que hacen que la lactancia les resulte especialmente difícil o que directamente opten por no amamantar (Kendall-Tackett, 1998). Las madres que tienen antecedentes de trastorno de conducta alimentaria, anorexia o bulimia también expresan dificultades mayores con la alimentación del bebé que pueden ser obstáculo añadido para la lactancia (Torgersen et al., 2010). Por último, resulta importante recordar que hay un pequeño porcentaje de mujeres para las que la lactancia exclusiva va a ser casi imposible, porque tienen hipogalactia, o esta va a estar contraindicada, por ejemplo, si precisan tratamiento antineoplásico.
El Rol de los Profesionales de la Salud
Myriam Labbok analiza este argumento de los profesionales que no promocionan la lactancia para no incrementar el sentimiento de culpa de las madres. En su artículo, “Exploración de la culpa en las madres que no amamantan: el rol de los médicos”, analiza la responsabilidad que tiene los médicos y profesionales sanitarios, así como la sociedad en su conjunto, en que tantas mujeres no logren amamantar tanto como deseaban o esperaban (Labbok, 2008). Labbok señala que muchos médicos no tienen suficientes conocimientos de lactancia. Pero en vez de reconocer esta carencia con franqueza ante sus pacientes, prefieren decirles que no pasa nada por dar el biberón. Las propias experiencias personales que los pediatras y médicos han tenido con sus lactancias o las de sus parejas parecen ser un factor de peso en cómo asesoran a las madres.
Estrés y su Impacto en la Lactancia
“Del susto se le cortó la leche”. Es una frase bastante popular, sobre todo entre las mujeres de edad avanzada, cuando se habla de lactancia y maternidad. Aunque la creencia popular exagera por lo repentino, sí que está demostrado científicamente que las hormonas que generan las situaciones de estrés afectan directamente al suministro de leche de una madre. La importancia de que una madre de parto esté tranquila y en un entorno en el que se sienta segura no es cuestión de modas. Algo parecido sucede con la lactancia. Cuando una persona se encuentra en una situación de estrés, su cuerpo segrega cortisol, adrenalina y norepinefrina, tres hormonas que están diseñadas para ayudar al cuerpo a superar ese momento, pero que también tienen un efecto secundario negativo en la lactancia.
La lactancia materna tiene una gran ventaja frente a la leche de fórmula, y es que permite a la madre transmitir los beneficios de su sistema inmunitario al bebé. Si la madre está sometida a un estrés continuo, su leche también portará esas hormonas del estrés y pasarán a través de la lactancia al bebé. Controlar el estrés durante la lactancia no solo beneficia al bebé; sobre todo, beneficia a la madre.
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Rechazo del Amamantamiento
Cuando una mujer siente rechazo por su bebé, el amamantamiento puede convertirse en una verdadera tortura en la que se ponen a prueba sus nervios de una forma fatalista. Lo más perjudicial de estas situaciones es el sentimiento de culpa que puede generar en la madre el ser consciente de estas sensaciones; por eso creemos que es importantísimo que hablemos sobre lo que nos ocurre.
Una madre que sufre de rechazo del amamantamiento siente profundos impulsos de apartar a su hijo de su pecho, necesita separarse. En general no suele hablar del tema porque no le gusta sentir lo que le pasa y siente vergüenza de esas sensaciones. Pero debes saber que no hay razón para avergonzarte. Se trata de un sentimiento animal, que genera el cuerpo y no la mente; es decir, nace de las entrañas. Y la mejor forma de resolverlo es enfrentándolo con madurez.
Soluciones para el Rechazo del Amamantamiento
- Habla con tu pareja e intenta hacerle saber qué es lo que sientes.
- Busca ayuda profesional.
- Asiste a reuniones de grupos de madres que también estén pasando por eso.
- Analiza en qué toma te ocurre y cuáles son las variables que deben darse para que lo lleves peor.
- Intenta tranquilizarte y dedícate más a ti misma.
- Revisa cuál es la posición de tu niño.
- Dialoga con tu hijo.
- Si no consigues dar con una solución y continúas sintiéndote mal, puedes optar por el destete.
Emociones y Lactancia
La maternidad supone un cambio muy importante en la vida de una mujer, que tendrá que hacer frente a nuevas demandas y a muchos cambios a todos los niveles: físicos, psicológicos, económicos y sociales. Es importante recordar que a pesar de las expectativas y los deseos que las mujeres tenemos en relación al embarazo, el parto, la lactancia, la maternidad etc., algunas cosas están en nuestras manos: como por ejemplo informarnos, aclarar nuestras necesidades, buscar profesionales y personas de confianza que nos guíen y acompañen, comunicar de forma clara qué queremos y cuáles son nuestras preocupaciones. Pero también es necesario tener presente que no podemos controlarlo todo, que nuestro proceso depende en parte de nosotras, pero también de otras personas y de una serie de circunstancias imprevisibles que no están en nuestras manos.
En ocasiones va a ser necesario transitar por emociones como la tristeza, la rabia y la frustración por la pérdida de una ilusión o un deseo que teníamos y que no pudo ser. A menudo es necesario pasar por un duelo por todo aquello que pensábamos que iba a ser y no fue.
Beneficios de la Lactancia Materna
La lactancia en los primeros seis meses de vida es fundamental: la OMS recomienda que las madres inicien la lactancia materna en la hora siguiente del parto. Que la lactancia sea exclusivamente materna en los primeros 6 meses de vida para lograr un crecimiento, desarrollo y salud óptimos. Posteriormente los lactantes deben seguir siendo amantados y recibir alimentos complementarios seguros y nutricionalmente adecuados.
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- La lactancia materna protege a los niños contra las enfermedades.
- Aporta todos los nutrientes que necesitan para un desarrollo sano.
- Es inocua y contiene anticuerpos que ayudan a proteger a los lactantes de enfermedades frecuentes en la infancia como la diarrea y la neumonía.
- La lactancia materna aporta beneficios a largo plazo a los niños.
- Los adolescentes y adultos que fueron amamantados de niños tienen menos tendencia a sufrir sobrepeso u obesidad.
- La lactancia materna es un factor protector contra la obesidad en la infancia.
- La lactancia prolongada proporciona no sólo alimento sino consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo.
El Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, afirma que “no se han constatado riesgos físicos ni psicológicos en niños que toman pecho por encima de los 2-3 años de edad. Tampoco, si este es el deseo de la madre, hay ningún riesgo demostrado en continuar la lactancia del niño mayor durante un nuevo embarazo, aunque ha que individualizar y valorar el destete en caso de amenaza de aborto o parto prematuro, así como en otras situaciones especiales.
Es importante que cada familia y cada madre tome decisiones informadas. En el Centro de Psicología Canvis de Barcelona nuestro equipo de psicólogos/as te puede ofrecer información, acompañamiento y apoyo tanto si tienes dudas acerca de la lactancia ( materna, mixta o artificial) como si estás experimentando dificultades o has tenido que tomar decisiones o has vivido experiencias que te generan malestar emocional, ya sea tristeza, culpa, frustración, miedo, enfado, resentimiento o arrepentimiento.
¿Qué Papel Juegan las Emociones en las Madres Durante la Lactancia?
La adecuada gestión de las emociones durante esta etapa es fundamental porque puede suponer un éxito o un fracaso para el bienestar físico y emocional de la madre y el futuro desarrollo afectivo del bebé.
Impacto de la Tensión en la Madre y el Bebé
Las hormonas que se producen en momentos de tensión detienen todas las funciones que no son de emergencia, como la digestión y la inmunidad, y dirigen las fuerzas hacia la lucha o la huida, lo cual puede afectar negativamente a funciones fisiológicas básicas como la digestión e incluso a disminuir la capacidad del organismo para hacer frente a una infección.
Por ello, y si tenemos en cuenta que estas hormonas se traspasan a los bebés lactantes a través del plasma sanguíneo presente en la leche materna, también estos se pueden ver afectados físicamente, enlenteciendo su ganancia de peso, su maduración neuronal e inmunológica.
Estilos de Crianza y Apego Seguro
Cuando la persona que cuida demuestra cariño, protección, disponibilidad y atención a las señales del bebé, le permite desarrollar un concepto de sí mismo positivo y un sentimiento de confianza, esto da lugar a la construcción de un Apego Seguro. Los bebés con este estilo de crianza serán de adultos con más probabilidad, personas estables y con relaciones sociales satisfactorias, más positivas, integradas y más seguras de sí mismas.
Razones Comunes para No Amamantar
Son muchas las razones de por qué hay madres que no pueden amamantar o eligen no dar el pecho a su bebé. Entre las más habituales, figuran la falta de ayuda, las informaciones confusas y contradictorias al respecto y la inexperiencia.
- Problemas de salud: Tanto la mamá como el bebé pueden sufrir alguna enfermedad crónica o afección de otro tipo que hace que la lactancia materna sea complicada o incluso imposible.
- Mala conciliación: Muchas mamás tienen que recurrir a la lactancia diferida o lactancia mixta para poder reincorporarse a su trabajo.
- El bebé no se agarra bien: Algunos bebés pueden tener problemas para agarrarse al pecho o presentar una succión muy débil con la que no consiguen extraer el alimento.
- El bebé no quiere pecho: Algunos bebés prefieren el pecho y otros se encuentran más cómodos tomando biberones.
- Depresión postparto: En ocasiones esta afección no permite a la madre optar por la lactancia materna exclusiva, porque le causa malestar y desconexión de su bebé.
- Decisión personal: Hay ocasiones en las que no hay más motivo para no dar el pecho que, simplemente, que no lo desees. Si te resulta incómodo, agobiante o incompatible con tu forma de vida.
Es preferible alimentar a tu bebé con leche artificial pero hacerlo a gusto y cómodamente, disfrutando del momento y conectándote con él, que ofrecer el pecho sintiéndote a disgusto y por obligación.
El Destete y las Emociones
Cuando la lactancia se termina de golpe y de forma inesperada, una sensación terrible nos puede invadir durante semanas. Estas situaciones y emociones no siempre son fáciles de explicar o de entender. En la mayoría de casos, estos destetes tienen lugar en “bebés mayores” que tienen más de un año. Si el destete se produce de manera progresiva por parte del bebé, la madre tiene tiempo de hacerse a la idea de que la lactancia finalizará se está terminando.
Una de las cosas que no prevemos cuando pensamos en el destete es que pueda desatar tantas emociones tanto en nosotras como en nuestros peques. La ambivalencia es otra característica de esta etapa. Es habitual que haya momentos en los que tengamos absolutamente claro que queremos destetar y lo queremos hacer de manera inmediata, y luego a las pocas horas nuestro peque nos pide teta, le miramos y nos decimos: “oh, ¿cómo puedo pensar en el destete?
El miedo también aparece en este proceso en el que nos planteamos el destete, “¿cómo lo haré?” “¿Cómo se dormirá sin la teta” ¿Qué tengo que hacer primero?” “¿Y si no lo consigo?”. Y no podemos olvidar que también podemos experimentar emociones positivas y son igual de válidas. Estar feliz por destetar, con ganas, sintiendo que seremos capaces, que tenemos las herramientas y que estamos listas para ello.
Para nuestros pequeños tampoco es fácil y según la edad que tengan también se van a mostrar enfadados, tristes o nos pueden incluso llegar a ignorar. Ellos también tienen el derecho de mostrar sus emociones. Cuando terminamos el destete pensamos que las emociones serán todas positivas y es verdad que esto pasa en la mayoría de las madres, pero también nos gustaría avisar que pueden aparecer sentimientos de duelo cuando la lactancia se termina.
Huelga de Lactancia
Es una situación en la que el niño no quiere tomar pecho. Aunque puede suceder en cualquier momento de la lactancia, es más frecuente alrededor de los 3 o 4 meses. La forma de presentación es variable. Lo más habitual es que el niño tenga un rechazo al pecho desde el inicio de la toma, pero puede suceder en cualquier momento durante la misma. Rechazo de ambos pechos.
- Asegurar una adecuada alimentación del niño, se le ofrecerá el pecho a demanda sin forzarlo.
- En caso de rechazo frontal al enganche, la madre debe sacarse la leche para mantener la producción y evitar la ingurgitación mamaria.
- Aumentar el contacto piel con piel sin obligarle a que agarre el pecho.
- Caminar con el bebé en brazos o con un portabebés.
Como sucede en la huelga de lactancia, se debe tratar de identificar la causa y solucionarla, y aplicar las pautas ya descritas. Además, se recomienda variar la postura y zona de apoyo, ofrecer el pecho rechazado en primer lugar y pasar al otro si no se consigue el agarre.
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