Argumentos en contra del aborto: Una defensa de la vida

15.12.2025

Desde el "derecho a decidir" hasta la "salud sexual y reproductiva", muchas son las razones esgrimidas por los abortistas; los provida tenemos más, y más razonables. En esta sociedad tan progresista que nos ha tocado vivir, quien gana la batalla del lenguaje gana la guerra de las ideas.

El lenguaje progresista nos dice, nos jura y perjura, que el aborto que nos quieren vender es una interrupción voluntaria, que es feminista, que es un derecho, que es salud, que es constitucional, que es libre, que es solución, que es progresista, socialista, moderno y solidario, que es un logro social, que es inocuo, que es racional, científico y civilizado, que defiende a la mujer, que es un bien en sí mismo y hasta económicamente rentable. Y que los pro-vida son todos machistas, de la derecha extrema y, para más inri, fundamentalistas católico-apostólico-romanos. Sin excepción.

Pues nada, ahora nos toca hablar a nosotros. Y argumentar. Y razonar. Y demostrar con datos y con hechos que todo cuanto dicen los abortistas sobre las bondades del aborto es tan falso y embustero como el beato cristianismo de Pepe Blanco, el creyente.

Falacias y realidades sobre el aborto

  • No es interrupción. Interrumpir es detener la continuidad de una acción, o sea, que luego se reanuda. En el aborto podríamos hablar de frenar, liquidar, finiquitar, sacrificar, extirpar, truncar, tronchar, erradicar, triturar… pero de interrumpir, ni por asomo.
  • No es voluntaria. Un 75% de las mujeres que abortan no lo hacen por decisión libre, sino obligadas por presiones insoportables de sus parejas, de sus familias y de su trabajo, frente a las que no ven otra salida. Si no se dan opciones, si no se facilitan alternativas, la decisión no es voluntaria, es obligatoria.
  • No es feminista. La activista gay Beatriz Gimeno afirma que «en el fondo del debate sobre el aborto late el miedo milenario a que las mujeres controlen sus cuerpos y su sexualidad sin permiso de los hombres». La realidad es que las feministas fundamentalistas odian hasta tal punto ser ellas las embarazadas en lugar de los hombres, que prefieren matar esa vida antes que reconocerse diferentes al género masculino. Y antes que ayudar a las mujeres que sí quieren tener esa vida.
  • No es un derecho. Ninguna mujer tiene derecho a matar una vida. Aunque viva dentro de su cuerpo. Es esa vida la que tiene derecho a ser protegida. Igual que es el niño el que tiene derecho a ser adoptado, no sus futuros padres quienes tienen derecho a adoptar.
  • No es socialista. Más bien lo contrario, es absolutamente capitalista. Las clínicas abortistas son un negocio millonario amparado por el Estado y los Gobiernos Autonómicos, cuyo único fin es el lucro (por 3.200 € son capaces de abortar a un no nacido sano de 26 semanas). El camino hacia un centro abortista es más conocido y facilitado que el camino hacia los ginecólogos que defienden la vida. Por algo será.
  • No es salud. Los centros de aborto no informan a la mujer sobre los detalles de este tipo de intervención, las consecuencias físicas y psicológicas que tiene. Desde perforaciones uterinas, pérdidas y prematuridad del siguiente hijo hasta alteraciones del deseo sexual, esterilidad y graves alteraciones psiquiátricas. El síndrome post-aborto es una traumática y dolorosa realidad que siempre se ha tratado de ocultar.
  • No es constitucional. «La vida del nasciturus, en cuanto éste encarna un valor fundamental -la vida humana- garantizada en el artículo 15 de la Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en dicho precepto fundamento constitucional» (sentencia 53/1985 del Tribunal Constitucional).
  • No es solidaria. Si tomamos la solidaridad como sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda o defensa, el aborto es justo lo contrario. Porque ni apoya a la mujer embarazada, ni respalda su situación, ni la ayuda a superarla ni, desde luego, defiende la vida que lleva dentro. Frente a los valores de entrega, caridad y amor al otro, los partidarios del aborto transmiten conceptos puramente egoístas: mi cuerpo, mi derecho, mi bienestar, mi comodidad, mi vida… yo, mi, me, conmigo.
  • No es un logro de la sociedad. Todos los expertos coinciden: el aborto es un fracaso de la sociedad. Existe una reveladora carencia de recursos e interés, por parte del Estado, en la asistencia, la formación y la información. Algo que, según el doctor Jesús Poveda, evitaría 3 de cada 4 abortos. Eso sí que sería un logro de la sociedad.
  • No defiende a la mujer. Defender a la mujer es informar de las opciones y ofrecer los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Y eso no lo hacen ni las asociaciones proabortistas ni las feministas ni, desde luego, el Estado. Sí organizaciones provida, como Fundación Madrina, que ya ha atendido a 140.000 mujeres en ocho años.
  • No es progresista. No dejar nacer a un ser humano es matar todo su futuro. No dejar nacer cientos de miles de seres humanos es matar el futuro de una sociedad. Y, de paso, envejecer considerablemente la población. ¿Es eso progreso? ¿Ésta es la evolución que queremos? ¿Cuál será el próximo ´avance´?
  • No es moderno. Ganarse los votos de los jóvenes incitando a las adolescentes a realizar un acto de gran trascendencia disfrazado de bagatela, sin contar siquiera con el consejo de sus padres, no es ser moderno, es ser miserable. La nueva ley convertirá el aborto no va a hacer más felices a las adolescentes; sólo las hará más inconscientes y, a la larga, más desgraciadas.
  • No es inocuo. Un aborto no es una irrelevante operación de apendicitis o de agmíldalas. Es la muerte y extracción de un ser vivo singular, independiente de la madre que lo cobija. Y es, en muchos casos, una experiencia traumática que puede provocar secuelas psicológicas severas cuando la mujer (o la niña) que ha abortado es consciente de que lo que le han extirpado es a su propio hijo.
  • No es libertad. Hoy, abolida la esclavitud, nadie es dueño de nadie; nadie es propiedad de nadie. Ni siquiera un hijo. La madre no concibe a su hijo como una propiedad suya; es más, tiene la obligación moral (y natural) de protegerlo hasta que se pueda valer por sí mismo, dentro y fuera de su cuerpo.
  • No es "europeo". Continuamente se nos planta en la cara el ejemplo de países europeos "legislativamente más avanzados". Lo que nos ocultan es que esos países están reduciendo el número de abortos precisamente porque ahora están legislando a favor de la prevención, la información y la asistencia. Países como Alemania, Bélgica y Holanda, que tienen el porcentaje de abortos más bajo del continente pese a sus leyes más permisivas.
  • No es ciencia. En la Declaración de Madrid, más de 2.000 Académicos, médicos y expertos se han unido para afirmar que «existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación»; «el cigoto es una combinación nueva y singular», con ADN propio. Aunque para la Ministra Aído, un feto de 13 semanas sea un ser vivo pero no un ser humano, «porque eso no tiene ninguna base científica».
  • No es racional. Para la Comisión de expertos de la Ministra Aído, el feto no es viable antes de la semana 22, y por tanto no es ser humano y por tanto es eliminable sin problemas. Pero a partir de ese tan preciso momento, por arte de magia, el feto ya sí es viable y por tanto se convierte en ser humano y por tanto ya no es eliminable. Todo muy racional y científico.
  • No es una mejora. En los países donde se ha establecido la ley de plazos el resultado es unánime: más banalización, más embarazos, más abortos, más indefensión, más adolescentes y más veces. Y eso, sencillamente, no es una mejora.
  • No respeta los derechos humanos. No me lo invento yo, lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos» (Art. 1). «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona» (Art. 3).
  • No es económicamente rentable. El aborto es un negocio más que rentable, pero sólo para los centros abortistas, claro. Para el resto de la sociedad es una gigantesca pérdida económica. Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, ha evaluado en el 5% del PIB la pérdida de riqueza que supone el aborto en nuestro país en concepto de desierto demográfico y por la marginación laboral que sufre la mujer madre.
  • No es solución. La única solución es que el aborto sea la última solución posible. El aborto es casi siempre un problema profundo. Para la madre, para su entorno familiar y laboral, para la sociedad… La única solución es evitarlo en lo posible. Pero ¿cómo? Simplemente con que la madre acuda al ginecólogo y vea la ecografía de su hijo se evitan 3 de cada 4 abortos.
  • Los provida no son de derechas. La bipolaridad izquierda-derecha asociada a defensa-rechazo del aborto es absolutamente infundada. «No hay en nuestros días una afirmación más reaccionaria que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo». Lo dicen los Socialistas Cristianos. Además existen muchos ateos y agnósticos que defienden la vida humana como principio. Y todas las Iglesias, por cierto, no sólo la Católica.
  • Ni son fundamentalistas. Los provida rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve obligada a realizarlo por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa. Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Y lo hacen con respeto, entrega, generosidad y gran sacrificio personal.

El aborto como problema social

El aborto es analizado como un bien social examinando las distintas miradas que tiene la sociedad con respecto al aborto y sus leyes. Se critica la posición de los distintos actores sociales con respecto a la posición de la Iglesia o la posición de aquellos que están a favor de la vida. Estos no deberían estar influenciados por sus creencias personales sino por la necesidad de la población y la de políticas públicas.

En este artículo discutiré las implicancias de las posiciones que tienen los actores relacionados con el aborto en nuestra sociedad. Identifico, a grandes rasgos, tres grupos: En un primer grupo están quienes manifiestamente se encuentran contra el aborto y dicen velar por la santidad de la vida; en un segundo grupo se encuentran quienes están a favor de la despenalización del aborto y encuentran su fundamento en el hecho de que el aborto es un problema de salud pública que afecta la dignidad de las mujeres. En un tercer grupo se encuentran las posiciones intermedias ―a quienes llamaré "Ni-Ni"― donde están aquellos que ni están absolutamente en contra del aborto ni están a favor del aborto en todas sus causales.

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Argumentos científicos y filosóficos en contra del aborto

Robert P. George, Patrick Lee y Christopher Tollefsen han explicado muy bien las razones por las que el cigoto (y, a fortiori, el embrión y el feto) debe ser ya considerado un ser humano. Posee el genoma característico de la especie Homo sapiens: es, pues, humano. Se trata de un organismo genéticamente distinto al de su padre y su madre, como puede comprobarse en sus 23 pares de cromosomas. Y es un organismo completo, aunque inmaduro. Es completo porque posee, codificada en sus genes, la programación necesaria para desarrollarse hasta el ser humano adulto: le basta para ello no ser destruido.

Para poder deshumanizarlo y justificar su destrucción, los pro-aborto suelen argumentar que no basta la posesión del genoma humano para ser incluido moralmente en la especie. La condición de persona o sujeto de derechos debe, según ellos, ser atribuida, no en base a características genéticas, sino a la presencia de propiedades mentales como la autoconciencia o la autonomía.

Basar la condición humana exclusivamente en la dimensión mental supone una recaída en el viejo dualismo platónico; lo que realmente nos constituye como humanos no sería el cuerpo, sino la mente: somos primordialmente una conciencia que "habita" o se sirve de un cuerpo. O, como escribió Descartes: "¿Qué soy pues? Una cosa que piensa. Pero lo cierto es que mente y cuerpo son indisociables, y que experimentamos al cuerpo como parte de nuestro "yo". Cuando corro, mi vivencia no es "mi cuerpo me está transportando a otro sitio", sino "yo estoy corriendo". El hombre es una totalidad psicofísica; "mente" y "cuerpo" son abstracciones, pues en la práctica experimentamos ambos unitariamente.

El dualismo ontológico de los pro-aborto (el ser humano como yuxtaposición de una sustancia física y otra mental) desemboca en un dualismo moral: la especie humana se dividiría en organismos privados de mente y organismos dotados de ella, y los primeros carecerían de dignidad y derechos. La categoría de los cuerpos (humanos) "desalmados" no incluye -o no debería incluir, si los pro-aborto fuesen coherentes- sólo a los embriones y fetos: un enfermo de Alzheimer, una persona en coma, un niño recién nacido, tampoco poseen facultades de reflexión o volición.

La realidad del aborto legalizado

Una posición abortista "moderada" entiende que el aborto es un mal, pero un mal inevitable, pues siempre habrá mujeres que lo intenten. Por tanto, debería combatirse el aborto, no prohibiéndolo, sino ofreciendo generosas ayudas sociales a las embarazadas, "para que nadie se vea en la necesidad de hacerlo".

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Pero la experiencia internacional demuestra que, allí donde el aborto es legal, en ningún caso se mantiene en niveles infrecuentes, por cuantiosos que sean los subsidios ofrecidos a las embarazadas. No, no se aborta por pobreza o por deficiencias de las políticas sociales: en los países nórdicos -con gasto social enorme y niveles de renta entre los más altos del mundo-, la tasa de aborto oscila entre los 15 y los 20 por cada mil mujeres y año (en España fue de 8,2 en 2021). La inevitabilidad del aborto es un mito abortista.

La penalización o despenalización sí tiene una enorme incidencia en el número efectivo de abortos: en EEUU, la cifra anual de abortos oscilaba en torno a los 100.000 antes de la sentencia "Roe vs. Wade" de 1973; tras la legalización, subió en pocos años a 1’5 millones anuales. La ilegalidad del aborto disuade a un contingente enorme de abortadoras potenciales; además, la ley tiene un efecto pedagógico: en las sociedades en las que el aborto es legal, tiende a crecer el porcentaje de personas que consideran dicha práctica moralmente admisible, y viceversa.

En Polonia, la introducción de una ley de supuestos muy restrictiva en 1993 consiguió hacer descender el número anual de abortos desde más de 100.000 en los años 80 a menos de mil. Cuando se aprobó la nueva ley polaca, los pro-aborto advirtieron que se producirían muchas muertes de mujeres en abortos clandestinos; sin embargo, el número de muertes anuales en embarazo, parto y post-parto bajó desde ochenta en 1991 a diez en 2010.

Impacto de la legislación sobre el aborto en el número de abortos y muertes maternas
País/Región Situación antes de la legislación Situación después de la legislación
Estados Unidos ~100,000 abortos anuales (antes de 1973) 1.5 millones abortos anuales (después de 1973)
Polonia >100,000 abortos anuales (años 80) <1,000 abortos anuales (después de 1993)
Polonia 80 muertes maternas anuales (1991) 10 muertes maternas anuales (2010)

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