La Cuna de Judas: Historia de un Instrumento de Tortura Inquisitorial
La Inquisición española, un tribunal eclesiástico instaurado en 1478, tuvo una presencia intensa en varios países como Francia, Italia, España o Portugal. Ideada para combatir a todo aquel que se alejase de la fe que por entonces se proclamaba como oficial, esta institución vivió su esplendor y su mayor barbarie durante la Edad Media.
Sin embargo, por lo que es recordada en la actualidad no es solo por la cantidad de cadáveres que dejó a sus espaldas en Europa, sino por el uso de multitud de instrumentos de tortura capaces de arrancar una confesión a homosexuales, presuntas brujas o blasfemos. Entre los mismos destacaban algunos tan crueles como el potro o el castigo del agua.
Si hay algo característico de la Inquisición española, son sus métodos de tortura exclusivos y brutales. De hecho, algunos de los más atroces procedimientos de tortura de la historia fueron empleados por los inquisidores para sancionar a quienes se creía habían cometido pecados, incluyendo la tortura del potro, la rueda y el agua.
La Cuna de Judas: Un Instrumento de Confesión Dolorosa
Uno de los métodos terribles y pensados para obtener una rápida confesión era la cuna de Judas. Era un método terrible y pensado para obtener una rápida confesión. La cuna de Judas estaba compuesta por dos elementos: un sistema de cuerdas que elevaba al prisionero y una pirámide de madera, sujeta sobre un trípode, con una punta afiladísima sobre la que quedaba suspendido. El reo, de relajarse, se clavaba la puntiaguda parte de arriba del artefacto en los genitales.
El aparato en sí no es muy complicado. Consiste en una pirámide de madera esculpida sobre tres patas de madera, parecido a un taburete, aunque desde luego no es uno en el que quisieras sentarte. Se ubicaba en un rincón de una sala de torturas, y sobre él se colgaba a una persona desnuda, con las manos y los pies sujetos por cuerdas unidas a poleas.
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Instrumento pensado también para sacar confesiones, consistía en una pirámide puntiaguda, de madera afilada, sobre la que se alzaba a la víctima para después dejarla caer sobre ella, de modo que la punta se topaba con la zona genital o anal provocando desgarros, aunque se hacía con diferente presión en función de cómo avanzara la confesión. Si el condenado se dormía o relajaba el cuerpo, caía también sobre la punta.
El grito desgarrador hace que incluso los verdugos se estremezcan. Los bordes muerden la entrepierna de este futuro Judas, desgarrando tendones, nervios y ganglios linfáticos… Una mezcla de sangre y heces fluye a lo largo de las caras de la pirámide.
El Origen de la Cuna de Judas
Naturalmente, alguien tuvo que idear la cuna de Judas, y aunque se atribuye en gran medida a la Inquisición española su implementación, en realidad fue concebida por un abogado italiano llamado Hippolytus De Marsiliis, o Ippolito Marsili. Marsili obtuvo un doctorado en utroque iure (doctor en derecho civil y eclesiástico) en 1480, y dos años después consiguió una cátedra de derecho civil, convirtiéndose posteriormente en mentor de Antonio Burgos y Paolo d’Oria.
No obstante, Marsili es tal vez más recordado por los distintos métodos de tortura que concibió. Junto con el tormento del agua, concebido simplemente al observar cómo el agua erosionaba partes de la roca, Marsili también ideó el método de la privación del sueño. A Marsili, desde luego, se le atribuye la invención de la cuna de Judas. En cuanto al por qué o cómo, los registros históricos no lo especifican con exactitud.
Marsili también pensaba que muchas de sus técnicas de tortura eran humanas, simplemente porque no implicaban quemar la piel de alguien o fracturarle los huesos. En la misma época en que Marsili estaba ideando sus técnicas de tortura «humanitarias», otros miembros de la iglesia en España se ocupaban aplicando los numerosos métodos de tortura que habían adquirido a lo largo de los años.
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Dicho esto, no existían reglas precisas para los inquisidores, lo que les otorgaba bastante libertad para «obtener información» cuando y como les pareciera. Además, Torquemada y sus inquisidores atacaron de inmediato a cualquier judío o musulmán que se quedara y se convirtiera al cristianismo, pues la mayoría de ellos creían que los conversos no se habían alineado con el cristianismo por las razones adecuadas.
El Caso de Ana García
Un ejemplo del uso de estos métodos es el caso de Ana García, nacida en 1630, es quizás la bruja local más célebre. En 1657, Ana fue capturada y sometida a un proceso inquisitorial que duró 24 meses. El proceso de Ana García se llevó a cabo bajo la estricta observancia del Malleus Maleficarum, un manual de la Inquisición lleno de preguntas capciosas diseñadas para confundir a los acusados y obtener confesiones.
Durante su encarcelamiento, la joven fue sometida a varios métodos de tortura por la Inquisición, cada uno diseñado para quebrar su resistencia física y psicológica. Sin embargo, la tercera y más temida tortura a la que fue sometida fue la 'cuna de Judas'. Este dispositivo consistía en una pirámide con un vértice extremadamente afilado sobre el cual la víctima era obligada a descender, sufriendo heridas internas severas.
Ana García y otras cuatro mujeres fueron condenadas en un auto de fe público. Como castigo, Ana fue desterrada y obligada a llevar un bozal para evitar que hablara y, según se creía, manipulara a otros con sus palabras. "La tradición oral cuenta que Ana se instaló en una casa de campo a pesar del destierro y vivió el resto de sus días con el bozal puesto", sostiene la experta.
Otros Métodos de Tortura Inquisitoriales
Además de la cuna de Judas, la Inquisición empleaba otros métodos crueles para obtener confesiones y castigar a los acusados:
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- El Potro: Se trataba de uno de los instrumentos de castigo más conocidos. Al condenado se le colocaba boca arriba sobre una tabla y sus extremidades se ataban con cuatro cuerdas. Las de las muñecas estaban fijas, mientras que las de las piernas se iban enrollando en una rueda giratoria hasta quedar dislocadas (o desmembradas).
- La Doncella de Hierro: Era un sarcófago o ataúd vertical de dos puertas y con forma humana -de rostro femenino- en el que se introducía al preso. En su interior albergaba unos cuantos pinchos metálicos que, al cerrar las puertas, se clavaban en diferentes partes del cuerpo del condenado.
- La Pera: Era un objeto ancho en una punta y más estrecho en la otra, es decir, con forma de pera, como bien indica su nombre. Se podía aplicar de forma oral -a aquellos castigados acusados de tendencias antiortodoxas-, vaginal -a las mujeres que habían mantenido relaciones con alguno de los hombres de su familia con el demonio- u oral -como tortura para los homosexuales-.
- La Sierra: Era una tortura tremendamente cruel y escalofriante. La sierra estaba reservada a mujeres que habían sido embarazadas por Satanás, según los inquisidores; para evitar que el niño demoníaco fuese dado a luz, los verdugos colgaban a la mujer boca abajo con las piernas abiertas y la segaban desde el ano hasta el vientre.
De acuerdo con la Enciclopedia Británica, la Inquisición siguió expulsando, persiguiendo, condenando y ejecutando a personas hasta avanzado el siglo XVIII, utilizando aún el castigo predilecto de Torquemada, el auto de fe, que básicamente consistía en quemar a alguien en la hoguera para forzarlo a confesar sus pecados.
Museos de la Tortura
Naturalmente, como muchos otros instrumentos de tortura antiguos, los visitantes del Museo de la Tortura pueden observar por sí mismos cómo luce una cuna de Judas en la realidad. Si te interesa el tema y quieres indagar un poco más en todo ello, en Santillana del Mar (Cantabria) hay un museo de la inquisición en el que, de manera permanente, se muestran instrumentos de tortura empleados por la Inquisición desde el siglo XIV hasta el XIX. Es un tipo de museo bastante común en Europa, y de igual manera podemos encontrar lugares dedicados a la tortura en Toledo o en Carcasonne (Francia).
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