La Transición a la Maternidad y Paternidad: Etapas, Desafíos y Cambios
El nacimiento del primer hijo supone una de las experiencias vitales más significativas para las familias. Con la llegada del recién nacido, la pareja entra a constituir un nuevo sistema parental, definido por las labores de cuidado y crianza.
El Impacto en la Identidad y la Autonomía
Pasar de ser una persona que puede hacer lo que quiera, cuando quiera, responsable principalmente solo de sí misma, a ser totalmente responsable de un humano nuevo e indefenso es un cambio enorme. Y puede ser un shock. De repente, todo cambia. ¡La independencia y autonomía se van por la ventana! Ahora las necesidades del bebé deben considerarse constantemente.
Debe tenerse en cuenta si el bebé tiene que alimentarse, dormir, ser consolado o abrazado, antes de que la mujer pueda decidir hacer otra cosa. Esto es especialmente cierto para las mujeres que trabajaban y tenían control sobre sus propios horarios fuera del trabajo.
Cada padre tiene que adaptarse a quiénes son ahora, ahora que no son solo un individuo o parte de una pareja, sino que son responsables de cuidar a otro ser humano y de que ese ser humano dependa totalmente de ellos. Este cambio de identidad es algo que damos por sentado. Pero no deberíamos. Es difícil y conlleva sentimientos encontrados y, en algunos casos, una lucha considerable.
Desafíos Emocionales y Sociales
Las madres primerizas pueden amar su nuevo rol, pero también pueden odiarlo. Pueden odiar tener que quedarse en casa porque el bebé está durmiendo la siesta cuando preferirían salir a caminar o tomar un café con una amiga. Pueden odiar los días largos y la falta de compañía adulta.
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Pueden odiar la dependencia total del bebé o la rutina interminable de alimentarlo, eructar, cambiar pañales y calmarlo. Pueden sentirse aburridas, asediadas y resentidas. Pueden extrañar el trabajo y el sentido de propósito que trae el trabajo.
Su pareja trabajaba muchas horas y, durante esos primeros meses, se sintió bastante sola y aislada. Tenía amigos, pero sentía que no tenía tiempo para comunicarse con ellos. En otro momento, ella me dijo: "La responsabilidad de mantener vivo a mi bebé recae sobre mí". Sentía el peso de esto, y no se parecía en nada a nada de lo que había sentido antes.
Se pueden suscitar conflictos más profundos, incluidos sentimientos sobre cómo fueron criadas ellas mismas o cómo se sienten sobre las funciones corporales, la gestión del tiempo, la productividad, la independencia y el compromiso.
Los niveles de estrés materno son altos: la vida puede parecer aterradora, tediosa y frustrante a la vez. Algunas han decidido ir a un parque local y gritar tan fuerte como pueden.
Es difícil concentrarse en un nuevo bebé cuando hay tantas preocupaciones. Y al mismo tiempo, eso es lo que se necesita. A algunos padres les resulta una vía de escape simplemente cuidar a su bebé. Algunos se alegran de que haya poco que temer que se estén perdiendo mientras cuidan a su bebé durante este tiempo; después de todo, está sucediendo muy poco más.
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Roles de Género y Corresponsabilidad Parental
La investigación ha reflejado que esta transición trae aparejada, como forma de afrontar las nuevas demandas, una significativa “tradicionalización” de los roles de género, según la cual madre y padre adoptan, desigual y respectivamente, roles de cuidadora y sustentador.
No obstante, el desarrollo psicosocial de los hijos parece verse favorecido por el cuidado de ambos progenitores. La participación del padre en la crianza será considerada positiva en tanto cumpla con las dimensiones de implicación, accesibilidad y responsabilidad.
Se ha encontrado que esta última habilidad, referida a asegurarse de que el niño recibe el cuidado adecuado y a tomar la iniciativa en las gestiones necesarias para que así sea, es distintiva de la paternidad no-tradicional.
Sin embargo, su puesta en práctica excede el compromiso inicial de muchos varones y constituye la dimensión de la crianza más exigente y difícil de cultivar para los padres, como muestra el estudio sobre anticipación prenatal.
Desde la intervención psicológica, conviene avanzar hacia una corresponsabilidad parental real que posibilite la consecución del modelo doble ingreso-doble cuidador. Las redes formales deben ofrecer apoyo amplio, diverso y específico, en función de la etapa del ciclo vital y las condiciones familiares concretas.
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Factores que influyen en la Transición a la Maternidad
Utilizando la Encuesta de Fecundidad de 2018 del INE, se aplican modelos de supervivencia en tiempo discreto para analizar la edad al nacimiento del primer hijo. Los resultados no muestran diferencias significativas entre generaciones en la intensidad de la transición al primer hijo, aunque sà se observa un retraso de la primofecundidad debido, en gran medida, al cambio en las caracterÃsticas de las propias mujeres y de manera particular al aumento del nivel educativo.
La importancia de las transiciones vitales se mantiene entre generaciones, siendo fundamental para la transición a la maternidad tener pareja estable y haber logrado la emancipación e independencia económica. La inserción laboral es siempre un factor importante, pero mientras que en las generaciones más antiguas el simple acceso al mercado de trabajo favorecÃa la maternidad, en las generaciones más recientes este efecto sólo se da si dicho trabajo va liado a la independencia económica.
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