Orígenes de Ucrania: Historia y Relación con Rusia

22.11.2025

Una característica del nacionalismo que se desarrolló en el siglo XIX fue buscar en la Edad Media un origen ilustre para los pueblos, identificando unas raíces históricas propias para cada uno.

Pero en el este de Europa, tres Estados actuales -Rusia, Ucrania y Bielorrusia- se consideran herederos de una misma monarquía medieval: la Rus de Kiev. Este Estado agrupó a finales del siglo IX a los eslavos orientales que desde los siglos V y VI se habían establecido al este de los montes Cárpatos.

La Rus de Kiev: Un Origen Común

La Rus de Kiev fue una federación de tribus de eslavos orientales que entre los siglos IX y XIII se extendió entre el mar Báltico y el mar Negro.

Abarcaba territorios de las actuales Rusia, Bielorrusia y Ucrania y tenía su capital en Kiev, por lo que ha tenido una gran importancia histórica en el desarrollo de la conciencia nacional de estos tres estados.

La Rus de Kiev se configuró como un Estado durante más de cuatro siglos, estableciendo en un vasto territorio un sistema similar al de una federación.

Lea también: Requisitos Legales: Gestación Subrogada Ucrania

Sin embargo, no logró mantener una unidad territorial inmutable y en los siglos XII y XIII, además de Kiev, surgieron principados autónomos en torno a ciudades como Volodímir, Chernígov, Smolensk o Novgorod.

El nacionalismo ruso sostiene que el principado de Moscú, surgido unas décadas después de la invasión mongola que en 1240 desintegró la Rus de Kiev, fue el auténtico heredero de ésta; mientras que el nacionalismo ucraniano ve el principado de Kiev como el inicio glorioso de la historia de Ucrania.

La principal fuente sobre el origen de la Rus de Kiev es la Crónica de los años pasados, un documento eslavo escrito entre los años 1100 y 1125 por Néstor de Kiev que incluye la narración de hechos ocurridos entre los años 850 y 1100.

Según la Crónica de Néstor, los vikingos sometieron a las tribus de la llanura sarmática alrededor del 859. Posteriormente, en el año 862, los indígenas lograron liberarse del yugo vikingo pero, al fracasar en sus intentos de autogobierno, se vieron obligados a pedir a quienes los habían invadido que volvieran a administrar sus tierras.

El relato prosigue explicando que tres hermanos de la noble Rus, llamados Rurik, Sineus y Truvor, aceptaron la invitación y se establecieron en la región eslava oriental.

Lea también: Bombardeo del hospital de maternidad

  1. Rurik
  2. Igor de Kiev
  3. Olga
  4. Sviatoslav
  5. Vladimir el Grande
  6. Iván IV

La historia política de la Rus de Kiev se puede dividir en tres periodos principales: el ascenso (882-980), el apogeo del poder (980-1054) y el declive (1054-1240).

La primera etapa se inaugura con el reinado de Oleg (879-912), quien sucedió a Rurik como regente de su hijo Igor y reinó consolidando la crucial vía variago-griega que conectaba el Mar Báltico con el Mar Negro.

Oleg logró conquistar Kiev en 882, convirtiéndola en la capital y madre de todas las ciudades de la Rus.

Igor fue sucedido por su esposa Olga (945-962), cuyas hazañas se confunden entre la realidad y la leyenda, polarizándose hasta el punto de verla descrita como una soberana sanguinaria pero también santa.

En el 962, Svyatoslav (962-972), ahora adulto, se convirtió en el Gran Príncipe de Kiev. La adopción de un nombre eslavo por parte de Svyatoslav y sus sucesores confirma la eslavización de la élite vikinga.

Lea también: Embarazo en Ucrania: Lo que necesitas saber

La muerte de Svyatoslav, seguida de una guerra de sucesión entre sus tres hijos, condujo al surgimiento de Vladimir el Grande (980-1015), quien proporcionó una dimensión sagrada para la Rus de Kiev.

En 988, a través de una ceremonia imbuida de solemnidad, ordenó el bautismo de toda la población en las aguas del río Dniéper, en Kiev.

En los años posteriores a la conversión de la Rus y correspondientes al gobierno de Jaroslav el Sabio (1019-1054), hijo de Vladimir, el estado de Kiev alcanzó la cumbre de su extensión y de su relevancia política, artística y cultural para luego avanzar hacia un descenso lento.

En el siglo XIII d.C., las invasiones tártaro-mongolas de las estepas orientales confirmaron el epílogo definitivo del estado de la Rus de Kiev.

Ucrania: La Frontera

Desde finales del siglo XIV hasta el XVIII, el territorio de la actual Ucrania quedó repartido entre tres Estados: al este, el Gran Ducado de Moscú; al oeste, el Gran Ducado de Lituania y luego la Confederación de Polonia y Lituania, y al sur, el kanato tártaro de Crimea.

La trayectoria histórica del país que hoy conocemos como Ucrania discurrió en la encrucijada entre estos tres Estados.

Uno de los factores determinantes de ese proceso fue la religión. La Rus de Kiev había adoptado el cristianismo ortodoxo, dando a los eslavos del este una identidad común bajo la autoridad de un patriarca instalado en Moscú desde el siglo XIV.

Pero, en los territorios gobernados por la católica Polonia, una minoría decidió prestar obediencia al arzobispado de Kiev, que rompió definitivamente con la Iglesia ortodoxa a finales del siglo XVI.

Por otra parte, las estepas a ambos lados del río Dniéper se convirtieron en un inmenso territorio de frontera; de ahí el nombre que se le dio desde el siglo XVI, Ukraina, «frontera».

En ese espacio se movían las bandas de cosacos, una mezcla de aventureros y campesinos huidos de la servidumbre que realizaban constantes correrías contra los tártaros y los otomanos, pero que también podían enfrentarse a los polacos.

Aunque desde 1654 aceptaron la protección del Zarato ruso, los cosacos mantuvieron durante décadas una amplia autonomía política.

Los Cosacos: Entre el Vasallaje y la Autonomía

Un significativo jalón en la evolución histórica del actual territorio ucraniano lo constituye el surgimiento del Hetmanato cosaco.

Esta entidad política, que agrupó gran parte de los territorios del centro y noroeste de la actual Ucrania, ha sido considerada por el nacionalismo ucraniano moderno como un modelo de primer Estado independiente.

En 1648, el hetman Bohdan Khmelnitsky, jefe de los cosacos zaporogos, se rebeló contra la Confederación de Polonia y Lituania y logró constituir un principado prácticamente independiente en las tierras del Dniéper.

La reacción polaca llevó a Khmelnitsky a firmar el tratado de Pereyeslav con el Zarato ruso en 1654, por el que este último se comprometía a proporcionar protección a los cosacos y su Estado frente a la presión de la Confederación de Polonia y Lituania, así como respecto a los otomanos, al mismo tiempo que les reconocía su independencia.

A cambio, los hetmans debían jurar fidelidad al zar. Con ello, el Zarato iniciaba un proceso de expansión de sus fronteras hacia el oeste, buscando recuperar las fronteras de la antigua Rus de Kiev y el mito de la unidad nacional de las antiguas tribus de eslavos del este que configuraron ese primer Estado ortodoxo en el este de Europa.

El nacionalismo ucraniano ha considerado siempre el tratado de Pereyeslav como un simple acuerdo estratégico entre los cosacos y los rusos frente a la amenaza común polaco-lituana; en ningún caso conllevaría una subordinación de los cosacos ucranianos al Zarato.

Se trataría, pues, de un simple acuerdo de carácter asociativo, en el que no estaba presente ninguna cláusula específica de anexión ni de unión.

El acuerdo con los cosacos en 1654 permitió al Zarato una primera expansión hacia las tierras del Dniéper, incluyendo la ocupación de la ciudad de Kiev en el año 1667.

En el siglo XVIII, el Hetmanato tuvo cada vez más dificultades para mantener su autonomía frente al poder imperial, hasta su definitiva supresión en 1764.

Un Pueblo Marcado por Dos Imperios

Durante el reinado de Catalina la Grande (1762-1796), la expansión del Imperio ruso cambió decisivamente el destino de Ucrania. Los cosacos quedaron totalmente sometidos, y en la década de 1770 el kanato de Crimea se convirtió en vasallo del Imperio ruso, que acabó absorbiéndolo pocos años después.

En el siglo XIX, las autoridades zaristas vieron a Ucrania como una provincia más de su imperio e impulsaron su rusificación. Un signo de esta política fue la imposición del patriarcado de Moscú y la proscripción de la Iglesia uniata.

Pese a ello, la identidad ucraniana se mantuvo a través de la lengua, que se desarrolló de la mano de la Iglesia uniata. Nació incluso una literatura en ucraniano, encarnada en el destacado poeta Taras Shevchenko.

Frente a este modelo zarista surgió una conciencia política y nacional que en el siglo XX impulsaría sucesivos intentos para hacer de Ucrania un Estado independiente.

Bajo Catalina la Grande, el Imperio ruso emprendió su gran expansión hacia el oeste. Entre 1772 y 1795, la Confederación de Polonia y Lituania fue desmembrada, y Prusia y los Imperios austríaco y ruso se repartieron su territorio.

Catalina se apoderó así de la Ucrania al este del Dniéper, al tiempo que se anexionaba Crimea y ocupaba la costa norte del mar Negro.

Los sucesores de Catalina aplicaron una política de rusificación cada vez más intensa, especialmente durante la segunda mitad del siglo XIX. Se prohibió el ucraniano como lengua administrativa, educativa y literaria (excepto para la reimpresión de documentos antiguos).

También se presionó a la población para que se convirtiera al cristianismo ortodoxo.

Grupos de ucranianos fueron trasladados a la inhóspita Siberia para poblar esta parte del Imperio y, a la inversa, se potenció la inmigración rusa a los territorios al este del Dniéper, como el Donbás, la sección de la cuenca del río Don localizada en Ucrania.

Un signo de la rusificación fueron las denominaciones geográficas que se aplicaron al territorio ucraniano. El centro y oeste del país se identificaron como la «Pequeña Rusia» y el sureste como «Nueva Rusia».

Una parte de los ucranianos pudieron escapar al gobierno de los zares: fueron los habitantes de Galitzia, territorio que en el reparto de la Confederación de Polonia y Lituania correspondió al Imperio austríaco.

Los ucranianos de Galitzia pasaron a autocalificarse específicamente como tales, diferenciándose de esta manera de los rusos.

Además, la afirmación ucraniana fue una respuesta a la esconfianza y menosprecio que sufrían por parte de los nacionalistas polacos, quienes consideraban Galitzia como parte integrante del Estado polaco que soñaban restablecer.

Revolución y Guerra Civil

La primera guerra mundial, al provocar el desmoronamiento de los grandes imperios de Europa central y oriental, dio la oportunidad a diferentes nacionalidades de potenciar y materializar sus reivindicaciones nacionales. El caso ucraniano fue una de ellas.

El derrocamiento del zarismo tras la revolución de febrero de 1917 abrió un escenario marcado por una notable diversidad y fragmentación de opciones políticas y sociales, que se mantuvo hasta la finalización de la guerra civil rusa en 1921.

En marzo de 1917, un Parlamento o Rada reunido en Kiev postuló la autonomía de Ucrania dentro de una Rusia liberal y federal.

tags: #ucrania #origen #rusia #historia

Publicaciones populares: