Consecuencias del uso prolongado del chupete y el biberón en niños

01.11.2025

El uso del chupete está muy extendido entre los bebés, alcanzando al 42,5% de los menores de 12 meses en países desarrollados. Sin embargo, los hábitos del niño durante sus primeros meses de vida pueden impactar en su salud, por eso debes estar alerta ante conductas como el uso del biberón y el chupete por mucho tiempo.

Riesgos del uso prolongado del chupete

Las doctoras Hahn y Rabassa, expertas en odontología infantil y asesoras de Proclinic Group, advierten que el uso prolongado del chupete más allá de los dos años puede ocasionar importantes problemas dentales. Es cierto que el chupete y el biberón suelen ser medios para tranquilizar al niño cuando está inquieto.

El chupete tiene diversos beneficios, ya que calma el llanto, previene chuparse el dedo, ayuda a conciliar el sueño y reduce el estrés del niño, sobre todo si sufre algún dolor como cuando nacen los primeros dientes. Sin embargo, su excesivo uso puede tener efectos negativos en los más pequeños.

Problemas dentales

La principal consecuencia del chupete en la salud bucodental de los bebés, si lo continúan utilizando después de los dos años, es la modificación que produce en los dientes anteriores, pudiendo desarrollarse una mordida abierta anterior o posterior, según la forma en la que coloquen el chupete entre los dientes. “El chupete también puede producir una compresión del paladar que se traduce en una mordida cruzada, resalte dental (cuando los dientes superiores están adelantados con respecto a los incisivos inferiores) y/o un paladar profundo u ojival. Todo ello, puede afectar a la estructura ósea y la alineación de los dientes”, afirman las doctoras Hahn y Rabassa.

Al succionar el biberón o el chupete durante muchos meses causará deformaciones en la mandíbula y los dientes superiores. Es aquí donde surgen la mordida cruzada y la abierta. En ambos casos se pierde la simetría que permite una mordida adecuada. Si el pequeño no puede masticar bien sus alimentos, causará dificultades en sus procesos internos de digestión. Como consecuencia, será necesario consultar al dentista para corregir la formación de los dientes de los niños.

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La succión prolongada provoca un estrechamiento del maxilar (hueso paladar) que impide que los dientes superiores lleguen a contactar con los dientes inferiores. La alteración más frecuente debida al chupete es lo que se denomina mordisco abierto, cuando queda un agujero entre los dientes superiores e inferiores. El chupete no permite que los dientes de arriba se toquen con los de abajo y cuando los niños intentan juntar los dientes, es cuando se ve un espacio o agujero entre los cuatro incisivos.

Los chupetes también pueden acabar formando un paladar estrecho y, a veces, un mordisco cruzado posterior, cuando los dientes superiores muerden por dentro de los dientes inferiores. Estas dos alteraciones, sin embargo, también tienen un componente genético importante. La maloclusión puede provocar también dificultados para deglutir, problemas respiratorios o del habla.

En un estudio se ha encontrado un incremento significativo de las maloclusiones estudiadas en dentición temporal en los niños que mantenían el hábito de succión del chupete.

Infecciones del oído

Igualmente, advierten que no debe usarse en los primeros días de vida “debido a que el patrón de succión del chupete es diferente al de la succión del pezón. Los niños que pasan mucho tiempo con el chupete suelen acostumbrarse a respirar más por la boca que por la nariz. Por naturaleza, nuestra nariz cuenta con una membrana mucosa y vellos que filtran el aire que respiramos.

Pero un niño que respira por la boca suele absorber todos los elementos presentes en el aire sin ser filtrados. Como consecuencia puede sufrir infecciones en el oído. Otra de las consecuencias, es la de respirar por la boca en vez de por la nariz. Esto puede traer un aumento de la posibilidad de sufrir una otitis o infección de oído.

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Caries

Si el niño ya presenta sus primeros dientes de leche, la exposición excesiva a la lactosa puede crear el ambiente necesario para la multiplicación de bacterias. Esto, a su vez, causará caries que afectará al diente que a futuro será el definitivo.

Mayor riesgo de caries: el biberón. Se produce cuando el azúcar de la leche, la lactosa, se mantiene durante horas en contacto con el diente. La lactosa favorece el crecimiento de bacterias que dan lugar a las caries. Si además ponemos en ese biberón nocturno cereales y/o cacao, el aumento de azúcar es mayor.

En algunos casos pueden ser muy agresivas y son producidas por el azúcar. Esto, ocurre únicamente en los casos en los que se untan los chupetes con azúcar para calmar al niño. A este tipo de caries también se les llama “caries del biberón”. Son muy comunes en los niños que se duermen con el biberón y sin cepillarse los dientes. La lactosa, se mantiene durante horas en contacto con el diente y favorece el crecimiento de bacterias en los dientes de leche.

Dificultad para enseñar al niño a controlar los movimientos de su lengua

Cuando el niño succiona su biberón o el chupete, la lengua se coloca de tal forma que absorba el líquido o la pieza. Sin embargo, al momento de enseñar al niño a comer alimentos sólidos o para hablar, puede tener problemas para coordinar los movimientos de la lengua.

Dificultades en el habla

Así, si los dientes, la lengua o el paladar se ven posicionados fuera de su correcta función, el niño podría tener dificultades al pronunciar ciertas consonantes, requiriendo la ayuda de un logopeda. Si el niño no puede dominar los movimientos de su lengua por causa del uso excesivo del chupete, entonces tendrá dificultades para pronunciar las palabras.

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Además, es necesario dejar que el niño se exprese con sus balbuceos y sonidos vocales, lo cual no es posible si usa con frecuencia el biberón. Otra de las consecuencias negativas más comunes que provoca el excesivo uso del chupete, es la de sufrir retrasos notables a la hora de hablar. La succión de la tetina impide que su lengua, por ejemplo, pueda realizar los movimientos naturales para poder pronunciar correctamente. Hay que añadir, que el hecho de pasarse tanto tiempo con el chupete en la boca, hace que practiquen menos la capacidad de comunicarse. Impidiendo así, que el niño pueda expresarse mediante el balbuceo o la palabra, según sea la edad.

Uso continuado del chupete en la boca, dificulta los movimientos linguales del habla. Para una correcta articulación de los fonemas, es necesario que el niño tenga una boca normal, es decir, con los dientes bien encajados.

El proceso para el aprendizaje de la recolocación de la lengua, requiere la intervención de un logopeda.

Recomendaciones

Lo ideal es que a los 12 meses de edad el niño comience a abandonar el uso del biberón y del chupete. Se puede hacer de forma gradual, pero no debe superarse los 24 meses. Entre más pronto acostumbres a tu niño a ya no usarlos será mejor.

En cuanto aparezca el primer diente de leche, ya no le proporciones leche a tu niño con el biberón durante las noches. En lugar de este líquido puedes utilizar agua potable. Procura no utilizar azúcar, cereales o miel para endulzar el contenido del biberón. Si por alguna razón agregaste endulzantes a su bebida, asea la boca del pequeño. No dejes que se duerma con residuos de azúcar en sus dientes.

Como alternativa al chupete, el dedo o el biberón, a partir de los dos años se pueden utilizar aparatos infantiles funcionales que, además, mejoran la masticación de los niños, su respiración nasal, la fuerza labial y corrigen la posición de la lengua. Las doctoras Hahn y Rabassa, destacan sus beneficios. “Se trata de pantallas orales y aparatos que sustituyen al chupete, eliminando su uso y ayudando a la corrección de la malformación de los dientes en los niños pequeños. Además, también contribuyen a una correcta respiración y deglución.

Es preferible la succión del chupete que la del dedo, puesto que este hábito es más difícil de quitar. Sin embargo, hay que tener en cuenta ciertos aspectos para su uso idóneo, y no crear un mal hábito. Es importante mantenerla para evitar situaciones “tensas”.

La AAP (siglas de Academia Americana de Pediatría), aconseja el uso del chupete durante el primer año del bebé (ya sea en siestas o por la noche). 0-2 años: no hay que olvidar que si el peque lleva chupete, es porque nosotros se lo dimos. Teniendo claro esto, es muy importante no ofrecérselo como primera solución a llantos o nervios. Hasta los 2 años, si el bebé no está llorando, es importante dejar de ofrecérselo como distracción. Más de 2 años: contarle una historia/cuento que hable de la necesidad de dejarlo puede ser una opción. Otra forma es intentar llegar a un “trato”: cambiarle el chupete por un juguete, por ejemplo.

Siempre y cuando el chupete sea eliminado antes de los 2 años y medio, en la mayoría de los casos, la maloclusión provocada será corregida por sí sola. En el caso de que nuestro hijo persista con el uso del chupete más allá de los dos años, deberemos consultar con un odontopediatra u ortodoncista para determinar cuál puede ser el mejor método o tratamiento para evitar problemas buco-dentales importantes en un futuro.

La visita al odontopediatra debe formar parte del calendario de salud infantil desde los primeros años. De hecho, la primera revisión debería hacerse al cumplir el primer año de vida, o incluso antes si ya han salido los primeros dientes.

El odontopediatra es el profesional especializado en el cuidado bucodental de los más pequeños. El tratamiento del síndrome del biberón depende de la gravedad del daño dental. En fases iniciales, cuando aparecen manchas blancas, el odontopediatra puede aplicar flúor o productos remineralizantes para fortalecer el esmalte. Si la caries ya ha causado cavidades, se recurre a empastes o, en casos más avanzados, a tratamientos pulpares o extracciones. Tras la pérdida prematura de un diente, es posible que se coloque un mantenedor de espacio para evitar problemas de alineación futura.

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