Valentín Fuster: Biografía y Legado de un Apóstol del Corazón
Valentí Fuster, reconocido mundialmente como uno de los cardiólogos más eminentes, posee un corazón resistente y actualizado. Este destacado médico escala puertos de montaña en bicicleta, responde a cualquier interrogante y viaja semanalmente a Madrid para dirigir el CNIC (Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares), un centro de investigación de excelencia con alcance internacional.
Nacido en Barcelona el 20 de enero de 1943, Fuster es doctor en Medicina por la Universitat de Barcelona y ha recibido el título de doctor honoris causa en más de treinta universidades alrededor del mundo. Inició su carrera de cardiólogo en Edimburgo (Reino Unido) y en 1972 se estableció en Estados Unidos.
Su presencia y currículo imponen respeto: es autor de más de 900 artículos científicos y doctor honoris causa por 34 universidades, siendo el único cardiólogo en recibir los máximos galardones de las cuatro principales asociaciones internacionales de Cardiología.
En 1996, sus investigaciones sobre el origen de los accidentes cardiovasculares fueron reconocidas con el Premio Príncipe de Asturias de Investigación. En 2014, recibió el título de marqués por su "destacado y constante trabajo en investigación cardiovascular y su meritoria labor docente".
Conocido como "el apóstol del corazón" por su actividad investigadora y divulgadora, Fuster es director y médico jefe del prestigioso Instituto Cardiovascular del Hospital Mount Sinaí de Nueva York y director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en Madrid. Compagina ambas funciones viajando al menos una vez por semana de Nueva York a Madrid.
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El contacto diario con los pacientes también le ha ayudado mucho, "porque veo los problemas e intento solucionarlos". Conocer de cerca la ansiedad y el sufrimiento de los enfermos, ya sea un bróker de Wall Street o un sin techo del Bronx, le ha permitido adentrarse en el alma humana. "Ante un infarto, la respuesta emocional es la misma", asegura este aristócrata del corazón.
El expresidente de la Asociación Americana del Corazón y de la Federación Mundial del Corazón reconoce que ejercer estos cargos le cambiaron la vida: "De ser un científico que entendía la enfermedad pasé a ser un científico que entendía la salud", dice el autor de libros como Corazón y mente, Monstruos supersanos y El círculo de la motivación.
Obsesionado con promover hábitos saludables a través de la educación, dirige la Fundación SHE (Science, Health and Education), orientada a los más jóvenes. Casado y padre de dos hijos, compagina una agenda de infarto con su mayor afición: el ciclismo.
Infancia y Primeros Pasos
Menor de una familia de cinco hermanos, Fuster disfrutó de una infancia sin corsés. "Me sentía especial en términos de libertad", recuerda en el documental El corazón resiliente. "Y eso siempre ha sido uno de mis objetivos en la vida: sentirme libre. La libertad lleva a la creatividad, y la creatividad a esa edad es idealismo. Yo era muy creativo. Siempre he tenido mucha determinación, con todo. Pero si veo que algo es imposible lo dejo. Competía en tenis a nivel nacional, pero un día me di cuenta de que nunca iba a ser un Rafa Nadal y decidí dejarlo. No hago las cosas a medias".
Fue en un club de tenis donde conoció a su primer mentor, el doctor Pedro Farreras Valentí, autor de un libro de Medicina que fue referencia en su época. "Un día me dijo: 'Serás un médico fantástico'. Pero no creí que lo dijera en serio. Él me alentó cuando yo pensaba que no era nadie".
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Cuando Farreras tuvo un ataque cardíaco a los 40 años (murió de infarto a los 52), animó a su pupilo a ser cardiólogo y más tarde a ir a Inglaterra para estudiar Patología. En la Universidad de Liverpool, el joven Fuster conoció a Harold Sheehan, que le orientó en su vocación. "En una ocasión este gran patólogo me mostró una fotografía con un coágulo de plaquetas de un paciente que había muerto de infarto. Le pregunté si estaba relacionado con el infarto y me respondió: 'No lo sabemos. Puede ser la causa o la consecuencia. Pero hay algo que sí puedo decirte: deberías escribir una tesis sobre esto'.
Contribuciones Científicas y Prevención Cardiovascular
El primer motivo es que el doctor Farreras sufrió un infarto, me parece que a los 42 años. Era mi tutor o mentor. Me dijo que la cardiología era un campo de la ciencia que no dominaba como los otros y que yo podía dedicarme a él.
Sus investigaciones sobre el origen de los accidentes cardiovasculares le valieron los premios más importantes de las cuatro grandes organizaciones mundiales de cardiología, incluido el Premio de Investigación 2012 de la Sociedad Americana del Corazón (AHA).
Como le comentaba, la pieza clave es la prevención. Pero si queremos saber en general cómo conseguir una vida más saludable, hay que destacar tres o cuatro cosas concretas: hacer ejercicio físico, evitar el sobrepeso y la obesidad, mantener una presión arterial adecuada y no fumar.
La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en el mundo, ya que cerca del 40% de las muertes se deben a este tipo de problemas.
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Hay que avanzar y relacionar los estudios sobre el corazón y el cerebro. También estamos avanzando mucho en las tecnologías de la imagen, la genética y la regeneración tisular. Asimismo, es muy importante que sepamos trasladar nuestros conocimientos de forma rápida a los pacientes.
En el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, que está en Madrid pero que se extiende a toda España y al extranjero, estamos trabajando en muchos proyectos que suponen avances importantes para la ciencia, y nuestra ambición es poder continuar por este camino.
La Fundación SHE y la Educación para la Salud
De ahí surgió el proyecto de su Fundación SHE (Science, Health and Education). Tenemos muchos programas y actuaciones paralelas en temas de educación sobre salud para personas de diferentes edades, y vimos la necesidad de concentrar toda la actividad en una fundación que se dedicase a trabajar sobre la base de la investigación científica para promover la salud mediante la comunicación y la educación.
La Fundación privada SHE, que presido, tiene en marcha el programa SI! [Salud Integral!], que actualmente cuenta con la participación de más de 11.000 niños y niñas de 61 escuelas.
Es un elemento muy importante, porque lo que un niño aprende a los cuatro o cinco años es trascendental para su vida como adulto. En una reunión de expertos que se llevó a cabo sobre el gran problema de la obesidad en Estados Unidos expuse mis opiniones críticas para con la industria alimentaria. A la salida vino a verme uno de los responsables de la productora de Barrio Sésamo y decidimos colaborar.
La Fundación SHE y Sesame Workshop, con el apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso, llegaron a un acuerdo para producir una nueva serie de Barrio Sésamo en España. El año pasado se emitieron veintiséis episodios dirigidos a niños de tres a seis años, en los que los protagonistas son la nutrición, la actividad física, el conocimiento del cuerpo y del corazón y el bienestar socioemocional. Un equipo de expertos internacionales y locales ha elaborado el contenido, para inculcar a los más pequeños hábitos saludables que les beneficien a lo largo de su vida.
Colaboraciones y Divulgación
Ferran Adrià ha realizado aportaciones muy destacadas a la cocina moderna y los últimos años también ha desarrollado una evolución importante para avanzar en otros campos como la cocina más saludable y más accesible. Nuestra colaboración en el libro puede parecer una paradoja, porque un investigador como yo habla de cocina y un cocinero como Ferran Adrià se acerca al mundo de la investigación.
Ambos compartimos la necesidad o la obligación moral de salir a la calle y explicar cosas importantes como las formas más sencillas de evitar un infarto o los aspectos más básicos de la buena alimentación. Lo hago como contribución a la sociedad que tanto me ha dado. Es un gesto de responsabilidad.
En el caso de los libros, he escrito en colaboración con personas destacadas como Ferran Adrià, como acabamos de comentar; el psiquiatra Luis Rojas Marcos [Corazón y mente], o el escritor y economista José Luis Sampedro [La ciencia y la vida]. El primero de esta serie de libros lo escribí con la colaboración del periodista Josep Corbella [La ciencia de la salud].
Familia
Amante de su familia. Sus dos hijos son sus dos grandes amigos.
Padre e hijo, prestigioso cardiólogo y músico bohemio, ofrecieron solo una entrevista conjunta, en la que explican cómo ha sido su relación ("no siempre fácil"). Fue en mayo del 2012 y ambos mostraron sus ganas de constatar sus afinidades, más allá de las engañosas apariencias. La sinceridad palpita en esta conversación a corazón abierto.
El primogénito del director del Mount Sinai de Nueva York es un rara avis de la música, que construía bicicletas en Brooklyn antes de componer canciones como 'La Santa Collons' con su guitarra metálica hecha por él mismo con la chapa de una lavadora. Tras tres discos en inglés y varios proyectos experimentales, publicó su primer disco en catalán (titulado, por cierto, 'Repte'). Pero su cuna musical también es EEUU, que recorrió cuando se fue de casa con solo 17 años. Una de las historias que relatan y les sirve para reflexionar sobre la esencia de la vida, la salud, la creatividad y el devenir de la sociedad.
VALENTÍN FUSTER: Cuando Paul me habló de esta entrevista conjunta me pareció bien, porque parecemos muy diferentes pero anímicamente somos muy iguales.
PAUL FUSTER: Tenemos puntos de vista diferentes, pero una perspectiva conjunta. La suya se basa en su experiencia al tratar de cerca el ser humano y comprobar cómo cambia radicalmente sus valores cuando falta la salud. Tiene un extenso conocimiento médico, psicológico, sociológico. Y yo lo tengo desde mi propia forma de ser. Con un punto de vista más exagerado.
Un día mi padre tuvo este sueño: él iba por una carretera y yo atravesaba un bosque. Me decía: "Paul, baja, ven a la carretera que podrás llegar mejor a donde quieres ir". Pero yo quería quedarme allí, atravesando el bosque. Necesitaba seguir mi camino. Siempre me ha interesado el porqué de todo.
V. F.: En realidad, los dos somos investigadores y jugamos con el riesgo. Y en la investigación el riesgo ¿qué es?: te metes por un camino en el que todo son hipótesis, sin embargo, no tienes la respuesta, solo preguntas, y entonces navegas. Él lo hace por un bosque y yo, por el campo de la investigación. Paul tiene una creatividad enorme. Y yo la tengo en el contexto de la ciencia. Mi camino es más fácil, el suyo más arriesgado, pero a los dos nos mueve la curiosidad.
V. F.: Soy muy respetuoso con la libertad de la persona, pero esta es una confrontación bastante continua en nuestra relación. Por un lado, está el aceptar lo que quiere, explora o le gusta, que coincide con lo que creo que ha de ser el desarrollo humano. Pero no puedes dejar de sufrir cuando la metodología no es la tuya. He de admitir que no ha sido fácil.
P. F.: Te entiendo perfectamente. A los 17 años me fui de casa, con una furgoneta que compré por 300 dólares, y atravesé EEUU. Mi madre tenía un mapa e iba poniendo una aguja en cada lugar desde el que le llamaba.
P. F.: Me sentía un explorador, con tantas cosas por entender. Necesitaba quererme, tal cual me iba forjando. Y lo he logrado. He conseguido estar bien con el presente y no arrastrar el pasado. Si alguna vez tengo un problema, me implico hasta solucionarlo de forma casi obsesiva.
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