Víctor Ullate Roche: Biografía de un artista polifacético
Víctor Ullate Roche posee una amplia formación académica en torno a la escena actual, incluyendo la danza, pero también la interpretación y el canto.
Formación académica y trayectoria inicial
En su educación dancística figuran algunas de las escuelas y profesores más destacados del ámbito internacional. Entre ellas, el Conservatorio de Danza de Madrid, donde obtuvo su titulación oficial, el Centro de Danza Carmen Roche, donde se inició en el ballet clásico, y la Escuela Rudra de Teatro y Danza de Maurice Béjart, situada en Lausanne, donde se diplomó entre 1992 y 1994.
Fue precisamente con el desaparecido maestro y coreógrafo francés con quien Víctor Ullate Roche inició su trayectoria profesional, interpretando el rol de protagonista de las obras Autour de Faust y Concerto en Re, firmadas por Béjart.
Posteriormente también trabajó para la compañía de Lindsay Kemp en La Cenicienta.
Incursión en la comedia musical
Pero sus inquietudes artísticas han ido más allá de la danza y comenzó Víctor Ullate Roche a interesarse por la comedia musical. En este sentido, ha interpretado papeles protagonistas en espectáculos musicales estrenados en España como West Side Story, Grease, Cantando Bajo la Lluvia, Cats y La Bella y la Bestia entre otros.
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Actualidad: Dirección y creación artística
En la actualidad, el joven intérprete y creador, hijo de Víctor Ullate y Carmen Roche, compagina su trabajo artístico con las labores de dirección del centro Scaena Víctor Ullate Roche.
Víctor Ullate: "La vida y la danza. Memorias de un bailarín"
Con su biografía, "La vida y la danza. Memorias de un bailarín", Víctor Ullate (Zaragoza, 1947) ha reconocido hoy, antes de presentar el libro en los madrileños Teatros del Canal, que "no ha querido hacer daño a nadie", sino sólo "contar la verdad". "No era cuestión de herir a la gente, sino simplemente que la gente supiera mis dificultades para seguir un día más. Que lo pasado, pasado está; el presente es lo importante, porque el futuro está por ver", ha contado a Efe el bailarín zaragozano.
En "La vida y la danza. Memorias de un bailarín" (La Esfera de los Libros), que la escritora Carmen Guaita se ha encargado de dar forma, Ullate rememora su vida y el panorama general de la danza en la segunda mitad del siglo XX.
Se trata de un libro que, tal y como ha descrito, tras releerlo le "ha revuelto todo", porque ha sido cuando ha tomado "consciencia" de lo que ha hecho y de lo que "pudo hacer". Según el director de la compañía madrileña Víctor Ullate Ballet, esta biografía es como "un paquetito de vitaminas" que no dejará indiferente al lector y será también un "ejemplo" para los futuros bailarines, público a quien se dirige directamente el coreógrafo en las páginas del libro.
"Hoy día la juventud quiere las cosas muy rápidas, el éxito ya, pero para eso hace falta mucha lucha y estudio. Cuando cuesta conseguir algo -ha expresado-, eso es algo que nunca te pueden quitar. Nunca podrán quitarme mi trabajo, el éxito que tengo".
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Un éxito que, según el bailarín, se ha visto interrumpido por sus problemas de salud con "la rodilla", ya que esto, como ha descrito, le ha "impedido muchas veces" estar en activo y no poder hacer "una carrera como otra cualquiera". "Siempre ha estado presente la rodilla: para bailar muchas veces tenía que drogarme. No ha sido fácil -ha dicho-, y por eso quiero que este libro sea un referente para estos chavales que quieren conseguir algo en la vida".
Y es que, Ullate, en la actualidad, es un "maestro" de grandes figuras españolas como Tamara Rojo, Ángel Corella, Lucía Lacarra o su propio hijo, Josué Ullate, premio Positano Leonide Massine a la Danza 2013.
"He aprendido a saber cómo decir las cosas, cómo querer que sean las cosas y, realmente, ahora me siento como maestro, como coreógrafo", ha informado.
Ullate no sólo "sorprenderá" a sus lectores, sino que con esta obra también ha ayudado a su familia a entender partes de su vida. "Mi hijo pequeño me ha dicho que no sabía que yo había pasado tanto para poder alcanzar la felicidad que ahora tengo", ha concluido.
Josué Ullate: Siguiendo los pasos de su padre
Tiene 20 años y el apellido Ullate. Es arcilla para la danza, con los atributos necesarios para dar el gran salto. Nos encandiló con ‘Bolero’ y nos ha vuelto a seducir en el espectáculo ‘El sur’, donde emociona en un solo: ‘Quiebro’, una coreografía homenaje al maestro Enrique Morente.
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El padre, Víctor Ullate, siempre le echa uno más, pero su hijo adoptado Josué tiene 20 años. Hoy lo acompaña al estudio de fotografía, porque le hemos pedido que pose para ustedes. Y Víctor estará ahí, controlando los movimientos, chasqueando los dedos, corrigiendo detalles... orgullo de hijo y orgullo de padre.
Ya nos lo dijo hace un año: “Mi hijo Josué tiene cualidades para ser una gran figura: elasticidad, plasticidad... Mejores condiciones físicas que las que tuve yo nunca. Tiene el carisma de los grandes, tiene luz, poderío”. Eso dijo. Está escrito.
Josué se lleva las manos a la cabeza. “Hombre. He tenido una suerte increíble. El maestro en casa, así que fíjese. Él ha sido uno de los grandes y sé que me va a guiar y apoyar en todo, también a la hora de tomar las decisiones que más me convengan”.
Josué, que se ha criado y forma parte de la compañía del Víctor Ullate Ballet, recuerda haber visto imágenes que son historia viva de la danza. “Cuando mi padre empezó conmigo 'Bolero', fue increíble. Porque yo me recuerdo de pequeñico, cuando vi la coreografía de Maurice Béjart, decirle a mi padre que quería bailar eso. Y revisé los vídeos de Jorge Donn interpretándolo. Le decía a mi padre que era un regalo. Es como cuando a un actor lo llaman para hacer de James Bond. Una pasada”.
Una silueta impresionante
El niño calienta un poco y empieza con las figuras. El padre habla por él. “Fíjese. El físico de Josué es poco común. Parece que está hecho a espátula. Tiene las piernas híper extendidas y es como un contorsionista. En 'El Sur', si lo ves en silueta, te impresiona. Y no es pasión de padre, porque yo soy muy objetivo con mis hijos y con todo el mundo. Si todo va bien y Dios lo quiera, a él le auguro una carrera maravillosa. Lo que debe hacer es estar unos añitos más aquí con la compañía y luego irse fuera. Ya tiene pretendientes, en Múnich por ejemplo. En España es una pena, pero los artistas siempre van como nómadas, con todo a cuestas. Y el arte está como de más. Así que cuando él me diga que se va, se irá, porque además es tan cabezón como yo, que no podré reternerle”, afirma Víctor.
De momento, el joven vive bajo el techo paterno, con Víctor y su pareja, Eduardo Lao, director adjunto de la compañía. “Estoy genial con los papis”, dice el chaval.
En 'El Sur', el último espectáculo de la compañía, es un homenaje en toda regla al desaparecido Enrique Morente - “compartí muchas noches interminables en Granada con el maestro. Yo tengo casa en Granada”- Josué aparece al final, con el solo de 'Quiebro'. Baila este quejío en semipenumbra, con un fondo negro con la foto del rostro de Morente. Él, las velas y la voz quebrada del granadino. “Yo no conocía a fondo la música de Enrique Morente, pero ahora lo respeto muchísimo y le mando toda mi energía allá donde esté”, dice el joven.
Pieza fetiche
Esa pieza, que es un lamento, un quejído, un grito interior, es su fetiche. “La creó mi padre para mí, pensado en todo lo que le venía bien a mi cuerpo, y con ella gané en Italia el premio Positano al mejor bailarín revelación el año pasado”.
Tuvo la ocasión de interpretar también estos movimientos, en un diálogo desgarrado, junto al Guernica de Picasso, en el Centro de Arte Reina Sofía, el Día Internacional de la Danza. “Los nervios se esfumaron en cuanto sonó la música y empecé a bailar. Me sentí flotar. Aquello estaba lleno de periodistas, pero yo solo veía a mi padre. Reviso el vídeo [está en Youtube] y alucino. ‘Madre mía, eso lo he hecho yo y ya no me lo quita nadie’ me digo”.
Tomen nota si están en Madrid para desperdir el año. La próxima cita artística con el Víctor Ullate Ballet será allí. El ballet recupera una pieza emblemática, “en una nueva versión, con tres canciones populares de Manuel de Falla”. Habla Víctor de 'El amor brujo', que estrenó el año 1994 en el teatro de La Maestranza de Sevilla. Pasión, lágrimas, duelo y los fuegos fatuos que encenderán el Teatro Real del 29 de diciembre al 3 de enero.
Antígona: Un adiós a los escenarios
Después de cuatro décadas de carrera, Víctor Ullate estaba comenzando a dejar de sentir las mariposas propias de todo artista que se precie cuando sube a un escenario. Sin embargo, Antígona, su último espectáculo, con el que tiene previsto despedirse de su público, le ha devuelto la ilusión del principio.
"Las mariposas han vuelto a revivir para mí, porque un escenario como Mérida, lleno de magia, impresiona", reconoce en conversación con HOLA.com. No es de extrañar, teniendo en cuenta que se identifica completamente con su producción. Tengo la ilusión de montarla dentro de la fundación. Será un lugar donde los niños y niñas de todo el mundo puedan bailar y también vivir. Lo tengo desde hace muchos años y necesito hacerlo.
Vivió de muy joven la enfermedad de su hermana, que le llevó a crear el espectáculo Wonderland; sufrió varios trombos -que desembocaron en otra obra de arte, Samsara,- y la danza siempre estuvo ahí.
Dos de ellos han seguido sus pasos, y eso satisface enormemente a Víctor Ullate, como no podía ser de otro modo. "Josué y Víctor han nacido con ello, como nací yo", asegura henchido de orgullo. Pero, ¿cómo se lleva lo de lidiar profesionalmente con la familia? Para el bailarín, no supone ningún inconveniente, aunque en ocasiones se torne complejo. "He trabajado con Josué y es una maravilla, aunque a veces es como un trueno. Lo importante es que luego el resultado es magnífico, que es lo que cuenta", explica antes de ultimar los preparativos para afrontar su siguiente actuación.
«La vida y la danza»: Un recorrido por su trayectoria
No es casual que «La vida y la danza» arranque con un fugaz viaje a una tarde aciaga de 1968. En La Habana, al final de un ensayo, un bailarín de 21 años que estaba ya en el centro de todas las miradas como promesa del Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart, se hacía añicos la rodilla y la ilusión en una mala caída. «Ya no voy a bailar más. ¿Por qué tiene que pasarme esto a mí, a mí que trabajo como un loco, a mí que vivo por y para la danza?», se preguntaba aquella estrella en ciernes. Ligamentos, tendones, menisco destrozados... La lesión parecía definitiva.
El prólogo da un salto de ágil bailarina y nos sitúa, en el siguiente párrafo, ante la dimensión del biografiado: «En marzo de 1973, al terminar la clase previa al ensayo de "El compañero errante", Rudolf Nureyev le dice: -Giras muy bien, eres como un trompo. ¿Quieres enseñarme?». En cinco años, Víctor Ullate había reflotado su carrera y estaba en lo más alto. Esfuerzo, tesón... Es fácil contar cómo lo logró, pero no tanto hacerse idea de lo que supuso en realidad.
El bailarín y coreógrafo parecía estar emocionado ayer en la presentación de sus memorias en los Teatros del Canal, acompañado de dos de sus tres hijos -Víctor Ullate Roche y Josué Ullate- y de su mano derecha, Eduardo Lao, en la sede del ballet que lleva su nombre en los Teatros del Canal.
Prologadas por el crítico Roger Salas y escritas por la periodista Carmen Guaita, a quien conoció hace diez años y a la que el propio Ullate eligió para esta empresa, y tituladas «La vida y la danza», estas memorias viajan desde la infancia de niño introvertido en el colegio pero feliz que no paraba de bailar en cuanto podía desde muy pequeño hasta sus años de coreógrafo al frente de su propia compañía. En el camino, aparecen nombres como el de Gades, quien le dio su primera oportunidad cuando le vio bailar flamenco con sólo 9 años, y el de su maestra de clásico en los comienzos: «María de Ávila nos enseñó a amar el ballet. Supo hacer de nosotros bailarines con un profundo interés por la historia de la danza», asegura. Antonio el bailarín se lo llevó a su compañía en 1962. «Víctor Ullate es el mejor bailarín que conozco», dirá una vez. Ahí están también Nureyev y, cómo no, Béjart, su gran maestro. Su huella estilística es imborrable en el aragonés.
Primer bailarín
Un domingo de julio de 1965, aquel joven decidido se plantó en La Zarzuela, donde el coreógrafo belga buscaba bailarines de clásico. Seis meses después ya era primer bailarín en Bruselas.
«Víctor Ullate forma parte ya de la época de esplendor de los bailarines», asegura la autora, que lo entronca con una tradición que nace en Diaghilev y sigue en Nijinsky, Nureyev y Béjart. Del penúltimo, la biografía recoge el momento inolvidable en que lo conoce, en Lisboa, con Ullate huyendo de la policía de Salazar y colándose en su camerino.
La biógrafa recordó que «Béjart dijo de Ullate que era el bailarín que él hubiera querido ser» y viajó hasta aquellos 45 minutos de aplausos en París. Es una larga carrera que apenas cabe en estas líneas: sus éxitos como coreógrafo, desde «Sentimientos» a «Wonderland» o «Samsara», donde su espiritualidad se hace carne en movimiento.
Pero, en todos aquellos momentos de gloria, Ullate lucha con la soledad. Y años después, en algunos de los capítulos más personales del libro, le ocurrirá lo mismo cuando, divorciado de Carmen Roche, no puede ver a sus hijos.
Coreógrafo, primer director del Ballet Nacional Clásico en 1978, maestro de varias generacions -entre otros muchos, de Nacho Duato-, ha conocido la miel del éxito y los sinsabores de la política. «No guardo rencor a nadie -aseguraba ayer-.
Vida personal
Víctor Ullate (Zaragoza, 1947) se sincera en una autobiografía ('La vida y la danza') en la que desgrana giros y piruetas vitales y profesionales. El prestigioso bailarín, que ahora dirige la formación artística que lleva su nombre, es padre de tres hijos, fruto de un fallido matrimonio de juventud con la bailarina Carmen Roche.
Desde hace treinta años, comparte su vida con el bailarín y coreógrafo Eduardo Lao."La verdad es que no encuentro diferencias a la hora de vivir en pareja con una mujer o un hombre porque eso no depende del sexo, sino de la persona. Lo realmente difícil es encontrar a alguien que elija cuidar de ti, creer en ti, ayudarte. Que te muestre su cariño. Y no estoy hablando de cama. Hablo del día a día, que es lo importante; cuando se percibe que hay un hilo conductor que une a dos personas más allá de una discusión o de un momentáneo desapego. Hay hombres egoístas y mujeres egoístas. Por eso es tan difícil hallar el auténtico amor, pero cuando lo encuentras, encuentras la paz".
Unos y otras, señala, se enamoran de distinto modo "según su carácter, según su pasión. Pero ahí tampoco veo yo diferencias por sexo. Y todos son susceptibles de que se cruce alguien por medio. Ese y no la rutina, como se suele decir, es el peor enemigo de las relaciones amorosas. Aunque la incomprensión también hace su trabajo sucio".
Por eso, quizá, lo que menos le gusta de las mujeres es que las considera especialmente celosas; "desconfiadas en materia amorosa, cuando lo normal es que nadie esté con quien no quiera estar; al menos, en estos tiempos. Yo creo que eso tiene su raíz en su carácter más práctico y calculador. Hay mujeres muy inteligentes, pero también hay muchas listas, o sea más astutas e interesadas. Para esas cosas, para lo material, el hombre es siempre mucho más tontorrón".
Por el contrario, le gusta su dulzura "y esa capacidad que tienen para hacer sentir al hombre del que están enamoradas que es poderoso; que es muy importante". No les envidia nada, pero sí le parece injusto que durante mucho tiempo, en caso de separación o divorcio, los hijos quedasen al cuidado de sus madres "cuando es evidente que es positiva y necesaria la presencia de ambos. El padre es la protección. Estas son cosas que portamos en el ADN de nuestra especie desde que el hombre apareció en la Tierra, y negarlas no sería inteligente".
Ullate recuerda lo duro que resultó su separación con relación a sus hijos. "Cuando me obligaron a alejarme de mis hijos atravesé el peor momento de mi vida. Incluso se utilizó mi intimidad como argumento en contra de mis derechos. Todo eso ha cambiado mucho con el tiempo y ya quedó atrás. Ahora, mis hijos son mis mejores amigos, y dos de ellos incluso estudian y trabajan conmigo. Tenemos una confianza impresionante, y a lo mejor a un padre corriente no le contarían la mitad de las cosas que me cuentan a mí".
El bailarín confiesa que no es persona de tener un círculo amplio de amistades. "Creo que algo tiene que ver el hecho de que, de pequeño, necesité más protección porque, claro, un chavalín que en la Zaragoza de posguerra quería ser bailarín de ballet era blanco fácil de todo tipo de burlas. Mi madre estaba muy pendiente de mí; temía que me pasara algo y no me dejaba ir a jugar a la calle. Era un niño solitario que vivía en su mundo mágico, la danza".
Le da la risa cuando se le pregunta si los bailarines son "los primeros metrosexuales" porque "es algo que nada tiene que ver conmigo, que cojo el primer pantalón que veo y la primera camisa y, mientras no se den de tortas, no me preocupo de nada más. Otra cosa es el cuidado del cuerpo, que no de la apariencia externa. Me gusta estirarme, sentirme bien conmigo mismo. Toda la vida he estado mirándome al espejo a ver cómo estaba, cómo ejecutaba tal o cual ejercicio. El equilibrio es muy importante mientras bailas y también cuando dejas de bailar. Llevar una dieta equilibrada, no hacer excesos. Yo no me he privado nunca de comer chocolate o una fabada que me encanta, pero no ando poniéndome morado desde que dejé los escenarios. No entra en mis planes".
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Víctor Ullate: Bailarín, coreógrafo y director
En esta ocasión os traemos la biografía del bailarín y coreógrafo Víctor Ullate, sobre todo conocido por tener una de las Escuelas y Compañías más importantes del país, cantera de grandes bailarines. Descubre quién es este bailarín, por qué es tan reconocido y todo sobre su carrera profesional.
Estudios y carrera profesional
Sus estudios de danza los realizó con María de Ávila, una de las figuras más importantes de la danza académica en España del siglo XX así como su papel de directora del Ballet Nacional.
En 1961 empezó su carrera profesional con Antonio Ruiz soler, en 1964 fue contratado por el Ballet del siglo XX de Maurice Béjart en Lausanne, Suiza, en el que estuvo 14 años y del que llegaría a ser bailarín principal.
En 1979 vuelve a España bajo el encargo del Ministerio de Cultura de formar una compañía de ballet clásico, así se fundó la Compañía Nacional de Danza, entonces llamada Ballet Nacional Clásico. Se convirtió en su director hasta 1983, cuando maría de Ávila se hizo cargo de los Ballets Nacional Clásico y Español.
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