Alfonso del Corral: Una Vida de Éxito, Disciplina y Fe

27.10.2025
Alfonso del Corral (67 años) es una figura que destaca tanto en el mundo del deporte como en la medicina. Este madrileño ha triunfado gracias a su talento, disciplina y capacidad de trabajo.

Cuando se menciona su nombre, surge una doble imagen: la del deportista que llegó a lo más alto a base de esfuerzo y la del médico de éxito que cuidó de los galácticos del Real Madrid en su época más mediática. Además, es reconocido por ser una buena persona, cultivando amistades a lo largo de su vida.

Del Corral fue campeón de Liga y de la Copa del Rey de baloncesto jugando en el Real Madrid, en 1984-85 y también al año siguiente. Wikipedia explica que "destacaba por su tranquilidad y por su capacidad de concentración. Sus armas sobre la cancha eran una tremenda fuerza física, una explosiva salida al contraataque y una gran agresividad en defensa".

Cuando dejó de ser jugador, desarrolló una carrera profesional como responsable de los servicios médicos del Real Madrid de 1994-2007. Actualmente es director de la Unidad de Traumatología, Ortopedia y Medicina Deportiva en el Hospital Ruber Internacional de Madrid.

Cuenta su experiencia de fe en el programa de testimonios “Cambio de Agujas” de HM Television.

Familia, Deporte y Disciplina

Aunque creció en una familia numerosa católica, explica que su fe era “de tradición, no vivida”. Como deportista de élite e hijo de militar, su vida era disciplinada y sus valores exigentes, pero “sólo rezaba cuando había algún problema”. El deporte le ayudaba a desahogarse cuando algún sufrimiento emocional le tocaba en su juventud.

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“El deporte es un arma estupenda, te da fuerza, te da seguridad. Me enamoré apasionadamente del baloncesto, lo vivía como una religión”, recuerda. Alfonso del Corral le hace la vida imposible a Drazen Petrovic. "He sido jugador del Real Madrid y he estado ahí cuatro temporadas. He estado con jugadores que tenían más cualidades, más talento, así que yo lo compensaba con más esfuerzo, más entrenamiento, más voluntad de victoria. Esa fue mi historia”.

El éxito no le cegó porque le llegó ya bastante maduro y poco a poco. “También mi padre siempre me avisaba de la vida, de los golpes que puede dar la vida y eso me hacía ser cauto y prudente”.

Una Familia Alegre... y un Niño Especial

En lo familiar y lo profesional las cosas iban bien. “Me casé muy joven con la mujer de mi vida, porque yo la conocí con 20 o 21 años. Ella tenía 17. Y con ella formé una familia, en la que hemos tenido cinco hijos. Álvaro era el tercero”.

Álvaro era un niño especial. “El niño tenía ángel, era muy cariñoso. Era muy fuerte, iba a ser muy grande y muy fuerte. Y siempre muy vitalista. Un día se metía en medio de nuestra cama de matrimonio y nos abrazaba. Decía: “¿No os dais cuenta que yo he venido a uniros?”. Y es verdad. Es verdad. Porque mi matrimonio, a lo mejor, se hubiera perdido, si no hubiese sido por este sacrificio enorme. O sea, que el niño tuvo una misión aquí. Y fue la de cambiarnos a todos, transformarnos, unirnos y caminar hacia el encuentro de Dios”.

Álvaro murió a los 6 años.

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“Para los padres es un dolor insoportable. No se superan estas cosas. Dicen: “¿Lo has superado?”. “No”. Se acepta, pues, por dos motivos: Uno es por un motivo humano. Y es que el amor de los demás o el amor a los demás te permite seguir caminando. Y otro, por un motivo divino, que es la presencia, la cercanía y el acompañamiento del Señor en tu vida”.

Un Día que Empezó Bien, y Acabó Terriblemente

Fue un impacto tremendo. Era su primer año al frente de los servicios médicos del Real Madrid, le acaban de dar el “cum laude” por su tesis doctoral, sus padres estaban encantados, el Real Madrid ganaba por 3-0 en un importante partido… y en ese momento le avisan de que el niño está en el hospital, muy mal. Tras seis horas de esfuerzos médicos, Álvaro murió. El médico Del Corral describe con exactitud su dolor, físico, que no deja respirar y oprime el corazón.

Una Frase Bíblica... y una Experiencia Mística

Después de 3 días con ese dolor, “mi mujer y yo tuvimos una pequeña discusión. Y entonces, en medio de la irritación, pues no sé, me senté en un cuarto, había una Biblia y la abrí. Entonces, me parece que era San Mateo, era el evangelio en el que el Señor dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Cuando leí esa frase, paré de leer. Me quedé un poco pensativo, pero seguía con el mismo dolor, con la misma agonía, con el mismo sufrimiento y salí a caminar”.

“Entré en una iglesia de Madrid, en la calle Alcalá, que hace esquina con Gran Vía. No me acuerdo bien cual era. Estaba muy oscura. Prácticamente no sé lo que había, sí que había una lucecita del sagrario, del Santísimo y en toda la iglesia no había nada, solo se veía la luz, degeneraba un poco, y se veía una frase. ¡Otra vez la misma frase!: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Bueno, también seguía sintiendo el mismo dolor, el mismo sufrimiento, la misma agonía… ¡Pero qué cosa más rara! Y me acosté. Por supuesto, no dormía”.

“Dormía muy poco. Y me parece que era al alba, era junio pues sería a las cuatro, a las cinco de la mañana, serían las cinco, cinco y media, no podía dormir, paseaba y entonces entré en el cuarto del niño, y, mirando sus cosas, me quedé mirando una serie de cosas y, de pronto, al coger una cosa, se me cayó un cuaderno del niño. Era un cuaderno de escritura del niño. Y en el cuaderno de escritura, iba poniendo: la rosa, la manzana. Y, cuando abro la última hoja, la última cosa que escribió el niño es: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Y, con la escritura del niño, que la primera era muy buena y la última ya era una escritura que iba bajando, en ese momento, yo sentí una experiencia de Dios”.

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“Sentí una presencia del que yo llamo “El Resucitado”. El dolor no es que desapareciera, es que, o cambió, o yo sentí la presencia de “Alguien”, que compartía conmigo ese dolor. Que, a partir de ese momento, yo sabía que había Algo y ese Algo lo iba a encontrar”.

Volcado en la Lectura y en Saber Más

“Entonces yo empecé a leer muchísimo. No sabía quién era. La palabra, la expresión es de Jesucristo. Pero esa experiencia que, mucha gente dice que son delirios, alucinaciones, el síndrome del duelo, yo sé que es real. Dieciocho años después, yo aseguro que es verdad. Me pueden partir las piernas, pero eso era real. No es una frase, es algo que yo experimenté. Pero, es que, después de dieciocho años yo sé que el Señor vive. Leí muchísimo. Y me leí todo tipo de religiones, todo tipo de pensadores. Pero, cuando leía las palabras del Señor, cuando leía las epístolas, los Hechos de los Apóstoles, yo sentía fuego en mi interior, como dicen los discípulos de Emaús. Sentía un fuego. Otras cosas eran muy bonitas, pero no tenían ese fuego”.

“Son años en los que yo no dormía, seis o siete años en que leía y devoraba todo, leía todo lo que caía en mis manos. Me acostaba tarde, leyendo, y me levantaba temprano para leer. Dormía tres horas al día. Y entonces, empecé a esperar un poco, a experimentar y a gozar con todos esos sagrados misterios”.

"El Sufrimiento te Abre los Ojos"

Médico y padre herido por la muerte de un hijo, llegó a algunas conclusiones sobre el sufrimiento.

“El sufrimiento es horroroso. Pero el sufrimiento, la enfermedad, el dolor y la muerte son la cara de una realidad efímera. El sufrimiento, curiosamente, no deja indiferente a todo el mundo. A algunas personas, el sufrimiento los destruye; a otras muchas, que no son creyentes, los cambia, los hace mejores seres humanos, les quita una parte de esa soberbia, esa prepotencia, porque el sufrimiento te abaja, te hace más cercano. El sufrimiento te abre los ojos, porque vivimos borrachos. Y, mucho más, el hombre occidental vive inmerso en esta situación”.

“Para el cristiano, para el creyente de verdad, el sufrimiento, evidentemente, te conecta. Sobre todo, si tú experimentas que no estás solo en ese sufrimiento, esa es la gran diferencia. Nadie te va a quitar el sufrimiento, el sufrimiento está ahí. La diferencia es que el Señor murió en la Cruz precisamente para darnos ese sentido. Nadie entiende la cruz. Pero, ¿por qué tiene que morir en la cruz? ¿Por qué Dios ha permitido morir en esa cruz? Porque es fundamental, es el centro de nuestra historia, como dice San Pablo. Hay que aceptar esa cruz. No es fácil porque todos queremos la buena vida, es decir, vivir bien, no tener enfermedades, no sufrir. Y el Señor te ayuda a llevar esa cruz. Por eso, murió Él en esa cruz. Este es el punto de encuentro entre Dios y el hombre”.

Cottolengo: Inspiración en el Compartir

A Alfonso del Corral le inspiran las personas con vocación a compartir y aliviar el sufrimiento, como el Padre Alegre y sus Cottolengo (www.cottolengopalegre.org). Le inspira también la confianza de estas instituciones en la Providencia: “ellas no pueden pedir. Y eso comporta que hay noches que no hay nada que comer”.

También le emocionan muchos enfermos del Cottolengo que anuncian que rezarán por él. “Cuando vuelvo, claro, luego en el coche, lloro a moco y baba. Aquello es Evangelio, sin matices, sin frases hechas, sin tópicos, sin nada. No sé, es verdadero y auténtico. No son perfectos, claro, ni las monjas, ni los enfermos, naturalmente. Pero, aquello es extraordinariamente maravilloso y, como eso, hay mucho en el mundo”.

Cuando Has Perdido un Hijo

A menudo hay personas que le piden palabras para consolar a padres que han perdido un hijo. Pero no hay consuelo humano y menos con palabras, aunque sí dolor compartido y esperanza en Cristo.

“Yo solo les puedo decir que les quiero, que sé perfectamente lo que están pasando. Que es un dolor horroroso, que no es humano, que no se puede aceptar porque humanamente es inaceptable y, que yo, desde aquí, les diría que rezo por ellos. Ya sé que ellos no quieren eso ahora. Y que, si pudiera, les abrazaría. No hay frases ni tópicos. No soy quien para darles un consejo: solo les puedo decir que Cristo vive, que hay esperanza. Que es inaceptable y que ahora mismo no tendrán ni fuerzas y, por tanto, que no me vengan con tópicos ni con frases hechas. Pero que el Señor está ahí, que el Señor está esperándoles con su niño ahí, en el Cielo. Y eso lo creo profundamente. Que tengan esperanza. Y que si tienen un poquito de fe, que recen, que recen mucho. Que la oración es tremenda. Y que apuesten por la vida, que el Señor les devolverá ciento por uno. Que sigan amando, que sigan apostando por la vida. Que si pueden tener hijos, que tengan hijos".

Invitado por el Grupo de oración “Reina de la paz”, en la parroquia del Sagrario-Catedral, Alfonso del Corral ha estado recientemente en Granada, para compartir su testimonio de conversión del dolor a la esperanza. Ha estado en Granada, con el Grupo de oración “Reina de la Paz”, para dar testimonio a partir de un hecho doloroso que le sucedió.

Qué le Cambió la Vida

Hace 22 años tuve un hecho tremendo que es la muerte de un hijo. Y alrededor de ellos y como consecuencia de eso, tuve una experiencia y un encuentro con Dios. Aquello me cambió la vida. En ese sufrimiento, en un primer momento, paso a un caminar y a un buscar. Y efectivamente, yo soy un hombre totalmente converso, apasionado y, sobre todo, un hombre lleno de esperanza.

Empecé por invitación de unas monjas que me hablaron de un matrimonio que habían tenido un caso parecido de una pérdida de un hijo. Yo les di mi testimonio y, a raíz de eso, fue una detrás de otra, invitando a gente y amigos que intentaban propagar esa esperanza a personas que sufren.

Cómo fue ese Punto Inicial en el que Comenzó la Búsqueda de Respuesta al Dolor y Sufrimiento

Fue inmediatamente después. Ante el fogonazo de sentirte muerto. Pierdes a un hijo, pero quedas muerto, tú y tu mujer, y todo tu entorno. Tuve una experiencia, que siempre cuento en mis testimonios, de una serie de hechos que fueron sucediéndose en los que realmente experimento lo más importante: que Jesucristo no es una historia del pasado; que Jesucristo es una historia viva y Jesucristo está vivo. Y, por lo tanto, cuando tú has experimentado que Dios existe; que Dios está aquí a tu lado y va caminando contigo, te empiezas a formar y a seguir creciendo, y vas caminando con tus derrotas, con tus errores y con tus contradicciones, porque es la naturaleza humana. No somos ángeles, somos humanos, que estamos caminando aquí.

Este tipo de situaciones que llegan en nuestra vida -la pérdida de un hijo y también de un ser querido, una enfermedad-, circunstancias que uno no entiende y que piensa que hay un misterio detrás, son situaciones radicales, porque o te llevan a creer más y a profundizar en el significado de lo que sucede, o te llevan a alejarte de Dios, porque lo que sucede lo creemos un engaño o burla de la vida. ¿Qué opina?

Ese choque de cara a cara, ese encuentro con el sufrimiento, con la enfermedad, con la muerte, en definitiva es el encuentro con la cruz de tu vida. La cruz de tu vida es insufrible, es inaceptable. Solamente se puede aceptar cuando percibes que esa cruz también está llevada por Otro, que es Dios; que Dios te quiere ahí y eso te da las fuerzas justas, porque, sin Él, no puedes llevarlo y para transformar completamente ese sufrimiento en algo que pueda ser positivo, aunque parezca algo increíble. La clave la ha dado ya: el dolor transformado en esperanza.

Sin duda. El sufrimiento es absurdo. Es algo inaceptable. Sólo tiene sentido con una visión trascendente, superior. El sufrimiento está dentro de nuestra naturaleza humana, que está aquí imperfecta. Y existe la enfermedad, el dolor. Y existe muchísimo. El mundo está lleno de enfermedad y de dolor, y lo que es peor, de la enfermedad del egoísmo, y de la soledad, y del aislamiento de todas estas personas. Vivimos en una ceguera absoluta.

En su Día a Día, Cómo Vive la Fe

Soy un hombre de parroquia. Tengo muchos amigos curas, por todos lados. Voy a grupos de montaña. Tengo muchísimos amigos: sacerdotes párrocos, y mucha gente de diferentes grupos y carismas, y tengo amistad con ellos. Recogí el testigo de mi madre, en un carisma: el carisma del Cottolengo, del padre Alegre. Me siento muy cercano al espíritu cotolenguino y voy caminando. Me siento un hombre de Iglesia.

A partir de ese hecho doloroso, de ese camino que ha recorrido comenzando por una búsqueda al significado de ese sufrimiento, pienso en los padres que han perdido a un hijo. Qué les diría a ellos.

La muerte de un hijo, y de un hijo pequeño, es especialmente brutal, porque es contra natura. Porque todos aceptamos que en un momento determinado nuestros abuelos, nuestros padres se tienen que ir. Y cuando te afecta de hermanos es muy duro. Y ya un hijo es algo que choca frontalmente con estos principios biológicos. Pero, en definitiva, es la muerte. La muerte de cualquier persona.

Es muy difícil darles una frase y darles una especie de pócima maravillosa: “Ahora ya te he arreglado la vida”. Eso no es así. Lo único que existe posiblemente es, en primer lugar, rezar profundamente por ellos, para que tengan fe, esperanza, que busquen, que desde luego su hijo no está muerto; que su hijo está en el Cielo, en los brazos de la Madre del Cielo.

Del Corral fue el invitado de Iker Jiménez en el último programa del año. Durante la entrevista, el doctor y exjugador recordó la amarga experiencia de vivir la muerte de su hijo, de tan solo seis años de edad, tras sufrir un accidente con la puerta del garaje de su casa.

Aquel fatídico día, explica, la vida le sonreía: "El 14 de junio de 1997 me desplacé a Pamplona para recibir el birrete de doctor en Cirugía Ortopédica por la Universidad de Navarra. Estuvieron conmigo mis padres en una ceremonia emocionante. Fue un día grande. Comimos allí con los catedráticos y yo me vine corriendo a Madrid porque entonces yo era el jefe de los servicios médicos del Real Madrid y esa tarde se jugaba el último partido de la liga de fútbol. Si vencíamos, seríamos campeones. Y así fue".

El Doctor explicó que tras la pérdida de Álvaro se 'tiró' a la lectura, entre otras cosas porque le costaba mucho conciliar el sueño. Entre otras obras clásicas devoró la Biblia y el Corán.

Fue una de las citas que leyó en el Nuevo Testamento la protagonista de la primera experiencia extrasensorial. Pocos días después de haberla leído y haberle causado un fuerte impacto, acudió a una iglesia donde encontró reproducida la misma frase. Casualidad o no, pocos días más tarde y trasteando en la habitación de su difunto hijo una libreta se le cayó al suelo desde una estantería y, hojeándola, pudo leer aquella misma frase del evangelio escrita en puño y letra del pequeño Álvaro.

Así lo revivía en 'Cuarto milenio': "Ese día, por tres veces, leí la misma frase en tres sitios diferentes. La primera fue abriendo una Biblia. La segunda, al entrar en una iglesia, mientras daba un paseo. La tercera, leyendo un cuaderno de mi hijo. La última frase que escribió Álvaro en vida, en ese cuaderno, con la clásica letra de niño de seis años que primero es muy fuerte y según va avanzando, es cada vez más floja y va cayendo, fue: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

El doctor explicó a sus allegados la extraña coincidencia, aunque entendía que alguno pudiese pensar que todo eso era fruto de su imaginación y de su deseo de encontrar respuestas más allá del mundo real y estar buscando refugio en lo espiritual y en la fe.

"Yo lo defino como una presencia real del Resucitado. Dios existe. Yo he aprendido que Cristo resucitó y experimenté su presencia ahí. Hay gente que puede interpretarlo como un estado de ánimo desvirtuado de alguna manera por el trauma". En otra ocasión, le explicaba a Iker Jiménez, en un viaje a Cantabria visitó un convento donde se alojaban monjas de clausura de la orden de las clarisas. Días después tuvo un impactante sueño en el que aparecían varias de esas monjas clarisas rezando.

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