El Amor Maternal en la Pareja: Una Perspectiva Psicológica

26.10.2025

La llegada de un hijo transforma profundamente la vida de una pareja, desafiando la solidez de la relación y cambiando su dinámica cotidiana. Esto puede hacer que mucha gente se pregunte: ¿La maternidad está acabando con mi relación? La llegada de un bebé plantea nuevos retos que pueden hacer que la pareja se vea relegada a un segundo plano. En este post, hablaremos sobre cómo la maternidad y la paternidad impactan en la relación de pareja y te ofreceré estrategias para fortalecer ese vínculo amoroso en medio de esta etapa de la vida. Y, sobre todo, a través de este post buscaremos comprender qué es lo que pasa en la pareja con la llegada de un bebe, para así poder ajustar las expectativas.

¿Cómo cambia la relación de pareja con un bebé?

La llegada de un bebé es un evento maravilloso y un gran cambio para cualquier pareja. Este nuevo miembro de la familia trae consigo gran alegría, pero, también introduce cambios significativos en la relación de pareja. El cansancio se convierte en un compañero constante debido a las noches sin dormir y el cuidado continuo que requiere un recién nacido. El tiempo que antes se dedicaba a la pareja, a conversar, disfrutar de aficiones comunes o simplemente relajarse juntos, ahora se ve drásticamente reducido. La intimidad también experimenta cambios. No solo la intimidad física, que puede verse afectada por el postparto y el cansancio, sino también la emocional, ya que, gran parte de la energía emocional de la pareja se centra en el bienestar del bebé. Este cambio de enfoque puede hacer que uno o ambos miembros de la pareja se sientan temporalmente desplazados o menos prioritarios.

Además, la maternidad y la paternidad alteran la percepción mutua y los roles dentro de la relación. Las responsabilidades se multiplican y la forma en que cada uno ve al otro puede cambiar. La mujer, en su nuevo rol de madre, y el hombre, en su rol de padre, pueden comenzar a verse más en estas nuevas identidades que en sus roles anteriores como compañeros románticos. Esto no tiene por qué ser negativo, de hecho, puede aumentar el respeto y la admiración mutua, pero, requiere un ajuste en la manera de relacionarse. En terapia muchas veces me he encontrado con que hay mujeres que se enamoran aun más de sus parejas al verlas en este nuevo rol, y lo mismo ocurre, al contrario. Reconocer y adaptarse a estos cambios es fundamental para mantener una relación saludable después de la llegada de un bebé. Comprender que esta nueva situación forma parte del proceso de adaptación a la nueva realidad familiar puede ayudar a las parejas a afrontar la situación de manera constructiva. Teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente, es normal que te plantees si la maternidad está acabando con tu relación. Espero que haber leído las explicaciones anteriores te haya ayudado a entender que hay una fase inicial después del parto en el que es normal que la relación se vea afectada. La llegada de un hijo puede ser como construir un nuevo jardín juntos; requiere paciencia, cuidado y sobre todo, tiempo para florecer en medio de las nuevas responsabilidades.

¿Cómo recuperar la relación de pareja después del parto?

Después del parto, la dinámica de la relación de pareja experimenta un cambio importante y necesario. Durante los primeros meses de vida del bebé, la relación tiende a dejarse en un segundo plano. Esto ocurre así porque toda la atención de los padres se centra en el cuidado del bebe. Este es un fenómeno completamente natural y esperado. La madre, en particular, mantiene un vínculo excepcionalmente fuerte con el bebé. Es un lazo que, aunque invisible, sigue siendo tan poderoso fuera del útero como dentro. Este vínculo intenso significa que el bebé necesita mantener un contacto constante con su madre, lo que inevitablemente lleva a que la atención de ella hacia su pareja disminuya durante este período.

Una vez entendido esto, nos será más fácil saber qué podemos esperar cuando nazca el bebe. Es fundamental reconocer y aceptar que, durante este tiempo, la pareja pasará a un segundo plano. Este ajuste puede ser doloroso, pero es un aspecto esencial del proceso de convertirse en padres. Prepararse mental y emocionalmente para esta transición es crucial. Antes del nacimiento, ambos miembros de la pareja deben conversar abiertamente sobre estas expectativas, comprendiendo que este período de aparente distancia emocional es, de hecho, un paso necesario en el viaje de la maternidad/paternidad.

Lea también: Todo sobre el cuidado del bebé

Tres aspectos fundamentales que pueden ayudarnos después del parto

  • Comunicación: Durante todo este proceso será muy importante la comunicación abierta y honesta. Es vital mantener líneas de comunicación abiertas durante este tiempo. Expresa tus sentimientos, miedos y necesidades de una manera amorosa y comprensiva.
  • Apoyo mutuo: Además, el apoyo mutuo será un pilar fundamental. Reconocer el trabajo que cada uno está haciendo, no solo en el cuidado del bebé sino también en el apoyo emocional y físico que os ofrecéis mutuamente, puede reforzar vuestro vínculo.
  • Paciencia y comprensión: Entender que recuperar la chispa en vuestra relación tomará tiempo y es un proceso gradual, te ayudará a ajustar las expectativas y saber qué esperar. Es importante que seamos pacientes con nosotros mismos y nuestra pareja.

Equilibrio entre la paternidad y la pareja

La llegada de un bebé es un evento que, sin duda, cambia la vida de una pareja de manera integral, poniendo a prueba la capacidad de ambos para encontrar un nuevo equilibrio. Este equilibrio no solo se refiere a la gestión del tiempo y las responsabilidades, sino también a cómo se vive y se nutre la relación de pareja en medio de la intensa tarea que significa ser padres. La importancia de compartir responsabilidades parentales y del hogar es fundamental en este proceso, ya que, permite que ambos miembros de la pareja se sientan igualmente involucrados y valorados, tanto en su rol de madre/padre, como en su individualidad fuera de ese rol. En el día a día, compartir las responsabilidades significa más que dividir tareas. Implica entender y apoyar el bienestar emocional del otro, reconociendo que el cuidado de un bebé es una labor intensa que requiere el esfuerzo y compromiso de ambos. Esta distribución equitativa ayuda a prevenir el agotamiento y el resentimiento, factores que pueden distanciar a la pareja. Es crucial, entonces, dialogar sobre las expectativas y necesidades de cada uno, estableciendo acuerdos sobre cómo manejar las tareas domésticas y el cuidado del bebé de manera que ambos se sientan cómodos y apoyados.

Cuando hayan pasado unos meses después del parto, si será importante ir encontrando un balance entre la maternidad/paternidad y la pareja. ¿Cuántos meses deben pasar? Pues dependerá de cada pareja. Lo importante es que hayamos aprendido a manejarnos con el bebe, que nos hayamos colocado en nuestros nuevos roles y que sintamos que podemos hacernos cargo de la pareja de nuevo. Una vez que lleguemos a este punto es importante no perder de vista la necesidad de cuidar la relación, buscando activamente maneras de conectar y compartir experiencias más allá de la paternidad. La clave está en la comunicación, la flexibilidad y el compromiso mutuo de seguir creciendo juntos, no solo como padres, sino también como pareja. En la transición a ser padres, es fundamental comunicarse abierta y honestamente sobre miedos, expectativas y necesidades para navegar juntos esta nueva etapa.

Apoyo mutuo y crecimiento conjunto

En el viaje hacia la paternidad y la maternidad, el apoyo emocional mutuo se convierte en un pilar esencial para la pareja. Este periodo de adaptación, repleto de cambios y desafíos, ofrece una oportunidad única para fortalecer la relación a través del entendimiento, la empatía y el cuidado compartido. La capacidad de apoyarse mutuamente, no solo en las tareas cotidianas sino también en el ámbito emocional, facilita la navegación por este nuevo capítulo de la vida, permitiendo que la pareja crezca y evolucione. Aprovecho este punto para hablarte también de la importancia del autocuidado en la maternidad. En este post que te dejo enlazado hablamos sobre ello en profundidad.

La importancia del apoyo emocional mutuo

El apoyo emocional mutuo implica escuchar activamente, validar los sentimientos del otro y ofrecer consuelo y comprensión en momentos de estrés o incertidumbre. Reconocer y responder a las necesidades emocionales de cada uno fortalece el vínculo de pareja, creando un ambiente de seguridad y confianza. Este tipo de apoyo se vuelve crucial durante el postparto y los primeros meses de crianza, donde los cambios físicos, emocionales y las nuevas responsabilidades suelen resultar abrumadores. Al compartir abiertamente miedos, expectativas y alegrías, la pareja puede encontrar soluciones conjuntas y reafirmar su compromiso mutuo.

Maneras de crecer juntos a través de la experiencia de la maternidad/paternidad

  • Compartir experiencias y aprendizajes: Cada día trae consigo nuevas lecciones. Conversar sobre lo que cada uno está aprendiendo en su rol como padre o madre, incluyendo los desafíos y los momentos de felicidad, puede enriquecer la relación.
  • Establecer objetivos comunes: Plantearse metas a corto y largo plazo en relación con la crianza y la vida familiar, así como objetivos personales y de pareja, ayuda a mantener un sentido de dirección y propósito compartido.
  • Celebrar los logros: Reconocer y celebrar los hitos, tanto grandes como pequeños, refuerza la idea de que estáis en este viaje juntos. Compartir las responsabilidades y las alegrías de la paternidad/maternidad puede ayudaros en este sentido.
  • Aprender juntos: Participar en talleres para padres, leer sobre crianza o simplemente intercambiar ideas y consejos, son formas de crecer juntos y fortalecer vuestra relación a través del aprendizaje compartido.

Si sientes que necesitas ayuda profesional por parte de nuestro equipo de psicoterapeutas, no dudes en pedirla. ¿Necesitas ayuda para lidiar con los cambios que está suponiendo la maternidad? En nuestro Centro de Psicología ofrecemos terapia online para tratar todo lo que tiene que ver con la maternidad. Somos conscientes de que son temas a los que no se les da la importancia que merecen. Pero, nosotras estamos convencidas de su importancia y de los beneficios de trabajarlo en terapia.

Lea también: Artículo sobre Nino Bravo

El Amor Maternal: ¿Instinto o Construcción Social?

La socióloga francesa, Elizabeth Badinter (1991) se pregunta si existe el amor maternal y, para responderse, rastrea el lugar de la madre en la historia de Francia. Hace un recorrido desde lo que llama el «amor ausente» y menciona la indiferencia y el rechazo de las madres por sus hijos. Es significativo que las mujeres de clase alta rechazaban dar el pecho entregándolo a las nodrizas quienes daban de mamar a varios a la vez. Este hecho se interpreta como una coraza sentimental ya que, ante la alta tasa de mortandad aún en el SXVIII, era mejor no encariñarse con un objeto que desaparecería. Las mujeres comienzan a ocuparse de dar de mamar a sus hijos recién a partir del 1760 en que los libros, con Rosseau a la cabeza y por un interés económico, les indican que tienen que alimentar a sus propios hijos. A este período Badinter lo llama el del «amor por la fuerza». Allí nace el mito del amor maternal como valor, promocionando a la vez a la mujer como madre.

Hago este rodeo histórico para constatar que el amor maternal no tiene que ver con el tan promocionado instinto maternal, por lo que «La maternidad dejó de ser una obligación de la naturaleza y un destino de discurso; devino una elección de goce (…), la segregación del discurso y de la palabra de la mujer en la madre, ya no opera más a pleno. Hay entonces una inversión del orden. ¿Qué podemos decir sobre el amor maternal desde el psicoanálisis y en nuestra sociedad?

El Amor Maternal desde el Psicoanálisis

Freud hablo de la función estructurante de la castración materna y ese punto seguirá siendo el hueco donde pueda alojarse el amor de una madre. Sin embargo, los posfreudianos como Winnicott, Balint, Melanie Klein, pusieron el acento en la presencia y el amor de la madre, es decir, se distanciaron de Freud y el Edipo, poniendo en valor la relación dual, lo que tuvo efectos de culpabilización de las madres por los síntomas de sus hijos. Este modelo de la madre suficientemente buena está muy presente en la actualidad, lo que las lleva a grandes sacrificios y mucha exigencia como contrapartida.

Es Lacan quien pone el acento en el deseo de la madre, lo que implica a la mujer y su deseo, aunque no habla de la madre del amor. Este es un aporte fundamental para la clínica ya que, buscando una alternativa al peso imaginario atribuido al complejo de Edipo, considera que hombre, mujer, padre, madre, hijo son significantes; e introduce el concepto del Otro primordial con quien se establecerá la compleja relación entre el bebé y la madre, quien lo introducirá en la dialéctica del amor, del deseo y del goce. Será el deseo de la mujer en la madre lo que permita limitar la pasión materna, hacer de ella no-toda para su hijo. Es decir, Lacan rescata la dualidad entre mujer y madre, no es lo mismo ubicarse en un lugar o en otro, y, fundamentalmente, si se es pura madre se excluye a la mujer.

Podemos decir que el amor de una madre será posible si ve más allá de la captura imaginaria. Si la madre puede aceptar, sin desestabilizarse demasiado, la particularidad del sujeto que se va constituyendo y tomando sus identificaciones propias. El amor maternal Implicará, suponer un sujeto singular donde todavía no lo hay, capaz de separase de ella, dotarlo de cierto brillo fálico a la vez de poder tolerar sus dificultades, sus diferencias, como las elecciones particulares que haga.

Lea también: Guía sobre el momento ideal para concebir

El Rol de "Madre" en la Relación de Pareja

Pocas situaciones crispan tanto como el hombre quejándose de que su novia lo tiene "adiestrado". En el imaginario heterosexual, esta dinámica perversa muestra al hombre como víctima, pero en realidad quienes la sufren son las mujeres, que se echan a la espalda otra carga más. “Que una mujer adopte el rol maternal en una relación de pareja supone una carga mental que lleva a situaciones de insatisfacción y estrés”, explica Marisol Rojas, psicóloga experta en violencia machista.

¿Por qué adoptamos el rol de novia-madre? Rojas opina que es algo para lo que nos preparan desde que nacemos, empezando por esa imagen de maternidad tan importante en nuestro proceso de socialización, y que más tarde aplicamos a facetas de nuestra vida a la que no corresponde. No solo la pareja; sucede con frecuencia en el mundo laboral. También está por ahí, cómo no, la idea de amor romántico. “El mito de la omnipotencia del amor nos hace creer que, si es amor verdadero, nuestra pareja cambiará por nosotras”, explica Rojas.

No todo es cosa nuestra y, si nos descubrimos actuando como madre de un sujeto al que llamamos pareja, quizás convendría hacer análisis del sujeto en sí. ¿Qué es más increíble, que una persona adulta organice el armario, la dieta y la agenda social de otra o que ésta deje que lo haga? “Para que se dé este modelo, el hombre ha de adoptar un rol pasivo que deje en manos de su novia ciertas responsabilidades. Suele ser un perfil de personalidad bastante inmaduro”, afirma Rojas.

Un perfil que contrasta con una conciencia feminista que crece en las mujeres, pero no se ve reflejada en sus relaciones heterosexuales. “El feminismo ha conquistado mucho en el plano público, pero en el plano privado, muchísimo menos. Ahí se reproducen mitos, roles y estereotipos que perpetúan la desigualdad de empatía, de cuidados, emocional, en el compromiso…”, apunta la filósofa, escritora y teórica feminista Luisa Posada.

Rojas, directamente, afirma que “no se puede cambiar a las personas” y que, como consecuencia, “una relación de este tipo genera conflictos y malestar, y suele acabar a largo plazo en ruptura”. La conclusión, chicas, es que no hagáis esa concesión innecesaria. No os hagáis eso. No os echéis todavía más peso del mundo sobre vuestros hombros actuando de madre de vuestras parejas.

Prioridades en la Familia: ¿Quién Va Primero?

Si preguntamos a un padre si daría la vida por su hijo, probablemente dirá que sí. Los padres están acostumbrados a priorizar el amor por sus hijos por encima del que sienten hacia su mujer, marido o pareja. El mundo está lleno de madres que desgastan su vida por sus hijos y por sus esposos, antes que por ellas mismas.

Los niños más felices son los que crecen en un hogar donde sus padres se quieren. El motivo es que el amor más fuerte no es el natural o el de sangre. Sino el que surge entre dos personas diferentes que antes no se conocían, pero que ahora construyen un lazo incluso más fuerte que la sangre. Claro, también es más difícil mantener ese cariño por el cónyuge que el paterno o materno. De ahí que sea mucho más fácil divorciarse que abandonar a un hijo.

Si tenemos en cuenta todos los integrantes de entorno familiar: primero debo ser fiel a mí mismo, luego a mi pareja, luego mis hijos, después mis padres y seguido de ello, a mis amigos y hermanos. Aunque este orden puede alterarse en función de si mis padres, pareja o amigos son buenos o no: nunca va primero quien no me quiere que quien sí me quiere. Porque lo que realmente constituye la familia es la relación de amor, no tanto de sangre.

El Amor Maternal No es un Flechazo Instantáneo

Dicen que “el parto es la primera cita a ciegas en la que puedes estar segura de que conocerás al amor de tu vida”. Si acabas de ser mamá, es probable te haya pasado. Pero la idea del flechazo “instantáneo” entre madre e hijo no siempre se cumple, así que tampoco debes sentirte mal si no ha sido así. De hecho, el “amor a primera vista” no existe, aunque nos lo quieran hacer creer.

“En el caso de la relación entre madre e hijo se ha hablado tanto que muchas madres se sienten culpables por no sentir un amor incondicional hacia su bebé desde el primer momento. Es verdad que, en el caso de la relación entre madres e hijos, las hormonas trabajan a favor del apego, ya que desde el punto de vista biológico el vínculo materno filial en la mayoría de los mamíferos es básico para asegurar la continuidad de la especie. Por ello, desde que nace un bebé, hay sustancias químicas y neurotransmisores que fortalecen el sentimiento de vínculo y el desarrollo del instinto de protección de la madre hacia su descendencia. Una de estas sustancias químicas que se liberan de forma natural es la oxitocina, una hormona que también tiene un papel destacado durante el parto y la lactancia. Pero su producción no basta para crear un sentimiento de amor hacia el bebé. De hecho, los estudios indican que el instinto maternal no es algo innato.

En resumen: sea cuál sea tu experiencia, date un tiempo si al principio te cuesta crear un vínculo. El amor de una madre hacia su/s hijo/s no es un flechazo. Es una reacción emocional e intuitiva de protección que va evolucionando y se transforma en un vínculo más intenso. Cada familia puede experimentarlo de manera diferente: para unos la base de esa relación es el amor incondicional, para otros, la libertad, la confianza o el respeto. Hay que salir de los clichés. Ser madre es un aprendizaje continuo.

tags: #amor #maternal #en #la #pareja #psicologia

Publicaciones populares: