Andrés Muñoz: Cuna del Alma y su Biografía

20.11.2025

Para empezar, resulta muy difícil aproximarse a la realidad mental o intelectual de un eclesiástico del siglo XII que no ha dejado testimonio doctrinal alguno.

Es verdad que, indirectamente, atendiendo a sus orígenes sociales probados y a lo que sabemos de su intervención gubernativa en la diócesis durante los diez años que la rigió, podría decirse que debió de ser alguien dotado de cierta ductilidad y espíritu constructivo.

En lo que toca a la leyenda del santo limosnero, si bien, como la mayoría de ellas, podría rastreársele un fundamento histórico real, no tenemos, hoy por hoy, constancia alguna explícita -salvo la reiterada mención al testimonio de la tradición- de la práctica de tal virtud.

Obispo de buena y sólida memoria frente a otros, ausentes del recuerdo habitual de la comunidad capitular, fue reconocido por tal confesor atribuyéndosele una ejecutoria de santidad que no requería entonces demasiada explicitud en cuanto a los datos biográficos.

Para el hagiógrafo medieval, mucho más preocupado por hacer reparar en la analogía de la santidad del personaje elegido con el triple modelo de referencia establecido, crístico, apostólico y martirial que la tradición transmitía, lo que importaba era precisamente subrayar lo paradigmático de su comportamiento, la similitud reconocible entre su vida y las del puñado de santos ya señalados como inequívocos modelos de perfección a imitar, por haber ellos ahormado primero sus vidas con arreglo al ejemplar primordial prestado por el propio Cristo y sus más egregios seguidores.

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Se explica así que, partiendo de una noción amplia y difusa de vida santa, reconocible en los pilares básicos prestados por la tradición, se reconstruya después la biografía con arreglo al modelo correcto de santidad ideal al que, sin ningún género de duda, debió ajustarse la vida del proclamado perfecto.

En consecuencia, los esquemas de comportamiento reseñados se muestran "intercambiables" y el elogio de un santo de indiscutible fama y prestigio puede dirigirse como "en préstamo" a otro necesitado de promoción.

La hagiografía como contrapunto de la biografía es, pues, ejemplar en un doble sentido: en aquel que persigue proponer modelos de comportamiento y también en el de ofrecer la mayor identidad posible entre el historiado y el prototipo que es siempre Cristo.

Partiendo de algunos supuestos tradicionales, me propongo señalar primero qué datos inequívocos han llegado a nosotros acerca de la figura meramente histórica del obispo Don Julián ben Tauro.

Luego, instalado siempre en la prudencia metodológica del historiador, intentaré rastrear la evolución de la traza del singular perfil hagiográfico que la Iglesia de Cuenca reconoció en su segundo obispo cuando, en el último cuarto del siglo XV, se procedió en la catedral a rendirle culto solemne.

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Consideraremos así la identidad de San Julián.

No se trata de demoler devociones desmitificando al Santo patrono de Cuenca, tan sólo deseo con toda modestia que la historia arroje luz sobre una persona y su personaje trasmutado en signo ideal por y para una comunidad de creyentes que reflexiona y cree.

Atentos a los documentos y en cuatro palabras: un cristiano mozárabe, un hombre del rey de Castilla Alfonso VIII, un gobernante conciliador y prudente, un cristiano elevado en tanto que obispo a la cúspide del sacerdocio.

La biografía sagrada rinde sobre todo cuenta del poder trascendente de que gozan los santos tutelares que cada colectividad ha elegido para su amparo y por ello quedan con harta frecuencia desdibujados en la misma los rasgos o datos históri­co­s que resultan, a juicio del hagiógrafo, demasiado prosaicos en la vida temporal del bienaventurado.

Se prima, en cambio, en el relato de tales vidas santas cuanto subraya su especial ligazón con el mundo divino trascendente, causa y origen del poder de hacer milagros que exhiben tales protectores, capaces de ofrecer alivio a quien, atemorizado por algún agobio de alma o cuerpo, se les dirija en demanda de intercesión o auxilio directo.

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Resulta de ordinario difícil separar biografía y leyenda en estos relatos establecidos al uso tradicional y casi siempre insertos en un cierto género más o menos estereotipado.

Los biógrafos de San Julián, como tendremos ocasión de considerar más tarde, no han sido en ello excepción.

Tardíamente fijados en la mayoría de ellas los elementos de una biografía acorde con el modelo de celoso prelado postridentino a que debían acomodarse los comportamientos de todos los obispos santos en aras de la obligada ejemplaridad que los relatos perseguían, son muy pocos, sin embargo, los datos auténticamente documentados de que disponemos para establecer la trama básica de la vida mortal de Don/San Julián, en contraste con lo elaborado y creciente riqueza de detalles gratuitos ofrecida por las sucesivas biografías más o menos oficiales.

En 1930 aparecía la monumental obra de Ángel González Palencia dedicada a los mozárabes toledanos y partiendo de uno de los documentos recogidos en ella pudo comenzar a dibujarse algo más nítida la auténtica imagen histórica del segundo obispo de Cuenca.

Conserva el archivo de la catedral primada una escritura de compraventa celebrada durante la última decena del mes de julio de 1197 entre el ilustre arcediano de Calatrava Don Julián, hijo de Tauro, como comprador, y don Gonzalbo, abad del monasterio palentino de Santa María de Husillos, quien le vendía una finca sita en el pueblo toledano de Azaña -hoy Numancia de la Sagra- llegada a sus manos por herencia materna.

En 1201 el obispo de Cuenca don Julián donaba la misma finca a los capitulares toledanos con la carga de un aniversario perpetuo y acompañaba al documento de donación el que le acreditaba como legítimo propietario en virtud de la compra realizada cuatro años antes.

No obstante conocerse la existencia de ambos documentos desde el siglo XVII, es claro que nadie había sacado de ellos las conclusiones históricas pertinentes hasta la aparición de la citada obra de González Palencia.

De su examen y comentario parten la mayoría de los datos y conjeturas de carácter histórico que con alguna solidez cabe establecer acerca de la vida de nuestro personaje con anterioridad a su llegada a Cuenca como obispo.

El primer aspecto claro es el de la filiación de Julián.

Teniendo en cuenta que ni el vendedor de la finca, el abad Don Gonzalbo, ni tampoco ninguno de los miembros de su familia, los Garcés de Lerma, eran mozárabes, el hecho de emplear la lengua árabe para redactar el documento de compra, por más que le sirviesen de confirmantes -entre otros- los más encopetados miembros del clero y jerarquía eclesiástica toledanos, permite suponer, sin lugar a excesivas dudas, que Don Julián, hijo de Tauro, sí lo era.

Se desvanece así la tradición gratuita, repetida sin contraste hasta hoy por todos los hagiógrafos del santo, que le hacía proceder de la ciudad de Burgos, buscando probablemente garantizarle de modo irrebatible la noble prosapia y eludir además cualquier sombra de contaminación con cristiano nuevo que sobre él pudiera cernerse.

Las primeras biografías

Tenemos noticia, por otro lado, de que, para festejar el hallazgo de su cuerpo incorrupto en 1518, un tal Salazar, por encargo del ayuntamiento conquense "fizo las coplas e obra de san Jullián".

Desconocido el contenido y calidad de aquel primer esbozo biográfico, de carácter popular y con toda probabilidad ya irremisiblemente perdido, conviene tener en cuenta que quien a continuación redactó y dio a las prensas una nueva biografía popular de nuestro personaje fue el licenciado Jerónimo Andrés Muñoz.

Digamos ahora solo que, a comienzos del siglo XVI, tanto él como su familia pertenecían al bando de los cristianos viejos conquenses cuya militante circunstancia bien pudo inclinarle a subrayar, acudiendo al aludido referente tópico, la inequívoca limpia estirpe del santo obispo, una vez metido a la faena de divulgar su historia.

Con todo, obligado es movernos entre conjeturas, dado que tampoco ha sido posible tener acceso a ejemplar alguno de aquella vida "escrita en metro" aludida por el jesuita Escudero en el prólogo de la suya.

Debió tratarse de un trabajito breve, quizá un simple pliego de cordel redactado al calor del amplio movimiento devocional surgido luego de la inventio del cuerpo incorrupto a comienzos de 1518, que pudo por ello alcanzar una cierta popularidad, a juzgar por las dos ediciones alcalaínas, posteriores al evento, que de él hay documentadas.

Tomado más tarde el relevo por los hagiógrafos más arriba referidos, jesuitas en su mayoría, siguieron éstos afirmando ser Burgos la patria del santo obispo de Cuenca.

En la misma línea se sostuvieron aún ciertos argumentos históricos, algo mejor documentados, pero no determinantes, en contra de la opinión expuesta por González Palencia que hemos de juzgar hoy fruto, sin embargo, de la confusión y hasta de un cierto prurito provinciano, como los del benedictino Dom Luciano Serrano, quien se apresuró a refutar la hipótesis del mozarabismo de Julián pocos años después de formulada.

Los mozárabes toledanos

Por otra parte, precisamente esta condición de miembro de la comunidad de cristianos hispanos que, validos de la tolerancia musulmana, se mantuvieron fieles a su creencia, conservando durante un tiempo clero y jerarquía propios en Toledo y en otros lugares de Al-Andalus, confiere a la figura de Julián relieve y perfiles de singular interés histórico, fuera de las connotaciones fundamentadoras que en lo religioso cupiera atribuirle.

Al ser el único miembro identificado de su familia resulta difícil aventurar cualquier hipótesis tocante a la adscripción social o profesional de ésta y no lo es menos decidir si los suyos eran toledanos de origen o bien habían emigrado a la ciudad del Tajo a mediados del siglo XII en compañía de otras muchas familias que en ella y sus alrededores se instalaron, procedentes del sur andalusí, empujados por el clima de intolerancia creado por los almohades llegados de África en 1147, opuestos a seguir tolerando la no asimilación islámica de las otras "gentes del Libro".

De todos modos, teniendo en cuenta la escasa entidad social del estrato mozárabe existente en Toledo al producirse su conquista en 1085, quizá lo más verosímil sea, en pura hipótesis, conceptuar como andalusíes a los ben Tauro.

Otra cosa es considerar que, de hecho, bien pudo ser Toledo la cuna de nuestro personaje y, desde luego, el lugar donde discurrieron sus años juveniles y recibió lo esencial de su formación intelectual y religiosa.

Sostenemos esto conjeturando que su nacimiento habría de situarse justo al filo de la segunda mitad del siglo, si se estima -en pura gratuidad- como dato verosímil que, en el momento de su muerte, ocurrida en 1208, Don Julián pudo haber rondado la entonces nada despreciable edad de sesenta años.

Constituyeron los mozárabes al comienzo del asentamiento cristiano en Toledo y su tierra, a partir de 1085 en que la ciudad fue conquistada por Alfonso VI y luego en el siglo siguiente cuando sus efectivos crecieron con la mencionada aportación sureña, un grupo urbano cuya adhesión y ayuda resultaron fundamentales para lograr los iniciales designios de afianzamiento político y social que los cristianos del norte se habían propuesto.

Exposiciones de Andrés Muñoz

  • 2013: Discurso de ingreso en la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel.
  • 2012: “Escultura ZATTERA“. BOMHIBRID Gallery, Seúl, Korea.
  • 2011: “Variaciones y Divertimentos“. Galería Saro León, Las Palmas de Gran Canaria.
  • 2010: Texto para la serie “Banderas“, exposición inaugural del CIDAV, The House of my Friends, Santo Domingo, República Dominicana
  • 2009: PROMETEO - La Autocreación del Hombre
  • 2008: Manifiesto ICARO7, en Las Palmas de Gran Canaria
  • 2006: GALILEO, para editorial Prensa Ibérica
  • 2004: Julio, Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, Méjico, “Icaro7”
  • 2004: Junio, Galería Artificios, Las Palmas G.C. “Fragmentos Clásicos”
  • 2003: Congreso Amor y Soledad
  • 2000: Noviembre, Casa de Alejandro Humbolt, La Habana.
  • 2001: Noviembre, Galería Punto de encuentro, Arrecife, Lanzarote
  • 1999: Mayo, Humanidades, Universidad de Las Palmas G.C.
  • 1998: Abril, Centro Cultural Maspalomas. “Doon a Sigh”
  • 1998: Marzo, Galería Saro León. Las Palmas G.C. “Abisal”
  • 1996: Mayo, Casa de la Cultura, Teror. “Salomé Sebastián...o el objeto del deseo”
  • 1996: Marzo, Espacio Guimerá, Sta. Cruz Tenerife. “Hedoné”
  • 1995: Noviembre. Centro Insular de Cultura, Las Palmas G.C. “Hedoné”
  • 1993: Octubre. Casa de la Cultura, Teror, “Hastío de Profeta”
  • 1988: Diciembre. Sala Juan Ismael, Casa de Colón
  • 1983: Diciembre. Real Club Náutico
  • 1982: Noviembre. Cuenca

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