Apocalipsis, embarazo y supervivencia: Un análisis profundo
El fin del mundo ha sido un tema recurrente en la cultura popular, explorado a través de películas y novelas que nos muestran futuros devastados y la lucha por la supervivencia.
'Apocalypto': Un viaje a la supervivencia en el declive Maya
'Apocalypto', dirigida por Mel Gibson, es una película de acción y aventuras ambientada en los últimos tiempos de la civilización Maya. A medida que el reino Maya se enfrenta a su declive, los gobernantes insisten en construir más templos y ofrecer sacrificios humanos. Garra de Jaguar (Rudy Youngblood), un joven capturado para el sacrificio, huye para evitar su destino. Para ello, esconde a su esposa embarazada y su hijo en un agujero cercano a su tribu y es capturado mientras luchaba con su pueblo.
Garra de Jaguar emprenderá un peligroso camino de retorno para preservar su vida, sus costumbres y, sobre todo, su libertad. Mel Gibson dirigió 'Apocalypto', película que venía, tras el gran éxito de 'Braveheart' y la controversia sobre su personal acercamiento a la Pasión, a ser una suerte de valoración sobre sus cualidades como cineasta.
Y 'Apocalypto', una vez más, apunta a que Gibson es un buen director, con capacidad para la puesta en escena, pero que, a la par, se excede en su acercamiento al dolor y a la violencia, el cual desprende cierta fascinación por ambas y conlleva que Gibson lo visualice rozando, cuando no abrazando, un cierto gore que puede resultar irritante, aunque no llegue a violentar en momento alguno. Mel Gibson una vez más está sublime, poniendo toda la carne en el asador. Película trepidante que te deja sin aliento y que te muestra la cruda realidad.
En busca de los Indígenas Mel Gibson contrató a actores no profesionales para dar más autenticidad posible para su película. El reparto se celebró de México a América central. El intérprete principal de Pata de Jaguar se llama Rudy Youngblood. Mel Gibson lo eligió como sus calidades física y su talento de cantante. Además Rudy fue en único que se presentó al casting y no había actuado antes en otra película.
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Reconocimientos de 'Apocalypto'
'Apocalypto' tuvo tres nominaciones a los Oscar en las categorías de Mejor maquillaje, Mejor sonido y Mejores efectos sonoros celebrados en 2006.
'Apocalipsis' de Stephen King: Un mundo devastado y la lucha por reconstruir
Apocalipsis de Stephen King es una novela que sobresale en el universo de este autor, plagado de terror, misterio y horror. Entendida por muchos como una visión profética de un mundo oscuro y acechante, se centra en la destrucción de una civilización en la que el caos y la violencia prevalecen y planean males mayores.
Es una versión posterior y ampliada de The Stand (conocida en América Latina como Danza de la muerte), publicada en 1978 y sobre la que el autor realizó muchos recortes. King ha vendido más de 350 millones de copias de sus obras en todo el mundo, convirtiéndose en uno de los autores más vendidos de todos los tiempos.
Apocalipsis de Stephen King, de más de 1500 páginas, se divide en tres partes, o tres libros. Un virus con una mortalidad de más del 99 % se extiende por Estados Unidos y arrasa prácticamente con toda la población en apenas unos pocos días. Todo comienza cuando, el 16 de junio de 1990, se produce un accidente que hace que el virus, creado artificialmente como posible arma biológica, se escape del centro en el que fue creado.
Pese a que algunos de ellos sobresalen del resto, cabe decir que nos encontramos ante una novela coral, con una gran cantidad de personajes que representan caracteres muy diversos y distinguibles unos de otros. Precisamente, este es uno de los puntos a favor de este gran libro. King desarrolla a sus personajes con auténtica maestría.
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Uno de los personajes que destacan y que dan más juego es Stuart Redman. Resulta inmune desde el inicio de la novela y los militares le realizan pruebas que podrían ocasionarle la muerte. No dudan en inyectarle el mortal virus. Pero, por algún extraño motivo que no se explica en toda la novela, hay personas, como él, que no se ven afectadas. Stu se deja guiar por su instinto y es esto lo que le salva la vida cuando está a punto de ser asesinado. Es un personaje siempre muy positivo, con comportamientos que se rigen por el bien común. Stu encarna el hombre joven y viudo que debe sobrevivir cuando ya se sentía solo.
Entre los personajes fundamentales y más memorables se encuentra Fran Goldsmith. Del pueblo del que procede solo hay otro superviviente, Harold Lauder, un joven muy inteligente, solitario y extraño que la había amado desde niño. A mi modo de ver, es otro de los grandes aciertos del escritor. En él veremos unos claroscuros que reflejan muy bien la complejidad del ser humano en general. Fran y Harold emprenderán un viaje juntos y se encontrarán entonces con Stuart. Respecto a Fran, una situación interesante que se plantea se relaciona con su futura maternidad, ya que el padre del niño se supone que no era inmune a la gripe denominada Capitán Trotamundos.
Otro personaje destacable es Larry Underwood, un artista pop de Nueva York que evoluciona de forma positiva durante la novela. Pero tiene conflictos consigo mismo por sus actuaciones pasadas. Cuando la gripe se lleva a la mayor parte de la población, él asiste a la muerte de su madre. Se queda como testigo de una situación nueva e incomprensible. Más tarde, viaja unos días con una mujer con la que inicia una relación y que acaba muriendo como consecuencia de los fármacos. Después, se encontrará con Nadine Cross, otro de los personajes fundamentales para la constitución de la historia.
Los supervivientes tienen sueños comunes en los que aparece una anciana a la que llamarán madre Abigail y que encarna el bien. Es bondadosa, comprensiva, ha vivido mucho, se comunica con Dios y tiene una labor crucial en la reconstrucción de la humanidad posterior al desastre. Precisamente, es a través de esos sueños como esta mujer anciana los incita a viajar a Nebraska para combatir a Randall Flagg, quien constituye su oposición y encarnación del mal.
Aunque algunos parecen ignorarlo o no lo tienen en cuanta, en el caso de Flagg nos encontramos con un personaje que lidera las fuerzas del mal y busca la aniquilación definitiva de la humanidad y de cualquier tipo de bondad en el mundo. Volviendo a Randall Flagg, este es descrito como un hombre delgado, alto y de pelo oscuro, atractivo, pero a su vez misterioso y malvado. Algo fundamental en él y que debe destacarse es que posee habilidades sobrenaturales, como controlar la mente de las personas e influir en su comportamiento. Es una especie de anticristo.
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Otro de los personajes memorables de la novela es Nick Andros, un sordomudo que se mueve por bondad y que representa la voz de la sabiduría. Es alguien muy peculiar, pues es capaz de ayudar, incluso, a las personas que previamente le han dado una paliza. En una sociedad devastada como la que se plantea, sobresale el inteligente profesor de sociología Glen Bateman, quien debatirá sobre aspectos relevantes relacionados con la formación de una democracia y de un nuevo gobierno igualitario una vez que la civilización tal como la conocemos ha desaparecido. Porque quienes aún quedan con vida deben levantar un nuevo mundo.
Adaptaciones cinematográficas de 'Apocalipsis'
Son dos las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de la novela Apocalipsis de Stephen King. La primera fue realizada en 1994 por la cadena de televisión ABC. Sobre esta última serie cabe destacar que consta de 9 capítulos. Aunque resulta bastante fiel a la novela, en algunos aspectos se distancia de ella. Así, por ejemplo, algunos personajes resultan un tanto diferentes a como los describía el autor.
'Madre/Androide': Un apocalipsis tecnológico y la lucha por el futuro
La película Madre/Androide ya está disponible en Netflix y ofrece un retrato soso y pobre, sin rumbo, de un apocalipsis tecnológico. Dirigida por Mattson Tomlin (Persuasión, Solomon Grundy), la película está protagonizada por Chloë Grace Moretz, Raúl Castillo y Algee Smith, entre muchos otros, y cuenta la historia de un apocalipsis tecnológico en el que las máquinas se vuelven contra la humanidad y ésta se ve relegada a la lucha por la supervivencia.
Georgia es una chica corriente, con un novio y una vida corrientes. Tiene un problema, claro. Se ha quedado embarazada. Ella no quería. Es joven, tiene toda la vida por delante. Todavía no está preparada. Y tiene miedo. Miedo de equivocarse, miedo de sufrir, miedo de arrepentirse dentro de unos años. Pero Georgia no sabe lo que es el miedo. Todavía no.
Los robots son malos. Y hacen cosas muy malas. La producción tecnológica de nuestro planeta se rebela contra la Humanidad en una especie de PEM, pero a la inversa. Bueno, no sabemos muy bien qué es al principio, pero sí entendemos que ha provocado una rebelión de las máquinas y que éstas están decididas a acabar con nosotros porque... Sí, porque sí.
La historia de Madre/Androide, cuya factura audiovisual es práctica y suficiente, se convierte entonces en un survival horror con mucho survival y muy poco horror. Una carrera a contrarreloj mientras nace la criatura de Georgia y su novia, al más puro estilo Un lugar tranquilo, pero sin la fuerza ni el magnetismo que tenía la cinta de John Krasinski.
El filme de Hulu que es tendencia en Netflix se convierte en un correcalles de clichés. El campamento de supervivientes, la gran ciudad a la que no se puede llegar, el destino cuasi paradisiaco en el que aspiran a vivir, la Humanidad perdiendo la cabeza a la mínima de cambio, la violencia como vehículo de todo, la acción por encima de la razón, disparar antes de preguntar y todo eso.
Madre/Androide es una película sosa, sin identidad, que vaga sin rumbo por un mundo que no tiene luz ni color, nombre ni voz, olor ni sabor. No tiene alma. Quizás a alguien pueda servirle este pastiche de clichés, hecho a retales de otras franquicias. Pero, desde luego, a mí no. A mí no me ha convencido en absoluto.
Tabla comparativa de las obras analizadas
| Obra | Director/Autor | Tema principal | Ambientación |
|---|---|---|---|
| Apocalypto | Mel Gibson | Supervivencia, sacrificio, libertad | Civilización Maya en declive |
| Apocalipsis (The Stand) | Stephen King | Supervivencia, bien contra mal, reconstrucción | Estados Unidos post-apocalíptico |
| Madre/Androide | Mattson Tomlin | Supervivencia, maternidad, apocalipsis tecnológico | Futuro cercano, guerra contra las máquinas |
Otras visiones del apocalipsis y la supervivencia
La fantasía del colapso tecnológico suele comenzar con una máquina que aprende demasiado. No a matar, que eso lo hacen todas desde fábrica, sino a decidir por sí misma qué merece seguir existiendo. Skynet no es solo una inteligencia artificial: es una gestoría con iniciativa. Apenas despierta, conecta los puntos y lanza los misiles. A nadie se le ocurre pensar que quizá solo estaba harta de recibir órdenes contradictorias de políticos y militares mediocres.
En The Leftovers no cae ninguna bomba, no se escucha ninguna alarma, no hay explosión ni incendio. Simplemente, un día cualquiera, desaparecen millones de personas. Nadie sabe por qué. El mundo sigue girando, los supermercados siguen abiertos, el Wi-Fi funciona. Pero algo se ha roto de forma irreversible. Es el apocalipsis sin escombros, sin ruinas, sin monstruos. Solo con ausencia, culpa y gente en bata fumando en la puerta de su casa. Lo único que ha cambiado es que ya no hay ninguna excusa para el vacío.
The Last Man on Earth plantea un mundo sin humanidad y en lugar de lanzar a su protagonista al heroísmo, lo lanza al sofá. Si la civilización ha colapsado, por qué no convertir el Congreso en tu salón, construir una piscina de margarita y dedicarte al noble arte de no hacer absolutamente nada. No hay zombis, ni escuadrones fascistas, ni tormentas eléctricas, solo supermercados vacíos y barra libre moral.
El mundo de Mad Max no es una promesa de libertad, sino una pesadilla sin instituciones, sin ley, sin frenos. El más fuerte sobrevive, el más armado prospera, y el más excéntrico se convierte en icono cultural. En este universo la libertad se mide en octanos y el liderazgo se ejerce a gritos desde un coche con tambores y guitarras que escupen fuego.
Dredd no ofrece esperanza, pero ofrece eficiencia. Aquí la justicia no tarda meses en resolverse con formularios y recursos. Llega, se dicta y se ejecuta en el mismo segundo. En este mundo, ser culpable o inocente es menos relevante que estar vivo o muerto. El crimen sigue existiendo, claro. Todo es transparente, directo, brutal. Hay algo reconfortante en ese cinismo sin maquillaje.
En Blade Runner, la ciudad no ha ardido sino que se ha saturado. Nada ha estallado, pero todo huele a quemado. La lluvia ácida es constante, los anuncios son verticales, los replicantes mueren como nosotros pero mejor, y los humanos, si pueden, se largan a Marte. La distopía aquí no se nota tanto por lo que falta como por lo que sobra. No hay escasez de recursos, sino de sentido. Y en medio de todo eso, alguien que mata por encargo, otro que sueña con ovejas eléctricas y un detective que bebe solo en un balcón imposible.
The Road es lo que queda cuando se acaban incluso las metáforas: un padre, un hijo y una pistola con una bala menos de las que harían falta. Aquí no hay posibilidad de formar comunidades, ni de inventar un nuevo orden, ni de construir algo mejor. Solo queda caminar y rezar -a quién, no se sabe- para que los próximos que aparezcan no quieran comerte. Es el apocalipsis más honesto, el que no promete redención, solo supervivencia momentánea.
Delicatessen no imagina el colapso como una tragedia épica sino como una comedia negra, doméstica, absurda. Es lo más parecido a lo que sería el apocalipsis si lo produjera Wes Anderson después de leer demasiado a Jonathan Swift. No hay épica, ni héroes, ni bandos, solo hambre, neurosis y un carnicero que lleva demasiado tiempo sin supervisión. Pero al menos aquí se mantiene una cierta estética.
En 28 Days Later, lo que colapsa no es el sistema eléctrico, ni la moral, ni el dólar. Lo que colapsa es la contención. Un virus que transmite una rabia incontrolable convierte a los infectados en seres que no piensan, no calculan, no dudan. En otras palabras: en versiones sinceras de lo que ya éramos por dentro. Lo fascinante de esta saga no es la violencia, que la hay, sino su velocidad. La civilización no se apaga lentamente sino que se derrumba en cuestión de días. Como si llevara tiempo esperando el permiso.
La distopía de Hijos de los hombres es, por contraste, silenciosa. No hay gritos, ni zombis, ni llamas, hay una ausencia inabarcable. El mundo ha dejado de tener hijos. Nadie nace, y por tanto todo empieza a morir. No de golpe, sino con la lentitud metódica de quien ha recibido una fecha de caducidad y ha decidido ignorarla. Lo más inquietante de este futuro no es su brutalidad, sino su familiaridad.
En Nausicaä del Valle del Viento, el planeta se ha vuelto tóxico, las selvas emiten esporas venenosas y la humanidad sobrevive en pequeños reinos temerosos, encerrados entre tecnología decadente y miedo al bosque. Es uno de los pocos apocalipsis que parecen tener sentido, como si la Tierra, harta de nuestra arrogancia, hubiese activado su protocolo defensivo en forma de insectos gigantes y naturaleza radiactiva. Lo notable aquí es que la única forma de redención no es la guerra, ni el sacrificio, ni la revolución. Es el conocimiento.
En Matrix no hay ciudades en ruinas ni epidemias fuera de control. Hay oficinas, corbatas, teléfonos fijos y software propietario. Todo funciona. Todo obedece. Todo es mentira. La humanidad vive enchufada, soñando una vida que no ha elegido, mientras su cuerpo alimenta a las máquinas. La metáfora era tan obvia que se volvió invisible. En esta distopía, la pregunta no es si quieres salir del sistema, sino si puedes soportar la respuesta.
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