¿Por qué mi bebé de 16 meses no quiere comer? Causas y soluciones

24.10.2025

Uno de los motivos más frecuentes de consulta al pediatra es el tema de la alimentación. Cuantas veces habré sentido la frase «es que mi niño no me come o es que mi niña come poco». Sin duda es uno de los temas que genera más preocupación y angustia a las familias. La inapetencia infantil suele ser una de las preocupaciones más frecuentes de los padres.

A continuación, repasaremos algunos motivos por los que un niño/a puede no querer comer, y qué podemos hacer al respecto.

Causas comunes de la falta de apetito en bebés de 16 meses

1. Presencia de una enfermedad aguda

Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro. Suele ser una perdida de hambre reciente y transitoria, y cuando se resuelva el episodio, el hambre vuelve. Ante un peque que no tiene hambre, lo primero que siempre tenemos que descartar es que no haya ningún signo de alarma que haga sospechar una enfermedad. Algunos signos de alarma son: la fiebre, las diarreas, los vómitos, el dolor de barriga, la tos…

2. Cambios en la rutina habitual

Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño. Esto lo podemos ver en el contexto de viajes, si ha habido el nacimiento de un hermanito o hermanita, con el inicio de la escuela o de la escuela infantil… Los niños son muy sensibles a los cambios así que es normal que hasta que no se adapten a la nueva situación puedan comer menos.

3. Desequilibrio entre las expectativas y lo que realmente necesita el niño/a

Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento. En estos casos es habitual que coman menos de lo que la familia espera de ellos. Debemos revisar qué expectativas en relación a la alimentación tienen los padres para ajustarlas a la realidad y hacer un registro dietético para comprobar que la ingesta sea la adecuada tanto en relación a la energía como en los nutrientes.

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4. Etapas normales del crecimiento

El crecimiento no es un proceso lineal, los peques irán regulando su ingesta en función de sus necesidades. Por ejemplo, durante el primer año los bebés crecen muy rápido y por tanto ingieren más cantidad de alimentos. Pero a partir del año de vida este ritmo va más lento. A partir de los 2 años el crecimiento va mucho más despacio, nuestro cuerpo se autoregula y se adapta a la nuevas necesidades, por lo que el peque pasa a comer menos. Es totalmente fisiológico, como no necesita crecer tanto como el primer año, tampoco necesita comer tanto. Además, a esta edad es más difícil que se mantengan sentados en la mesa ya que tienen mucho interés por el mundo que les rodea.

5. Exceso de ingesta de alimentos muy calóricos pero poco nutritivos que desplazan el resto de alimentación

Algunos ejemplos de estos alimentos serían las galletas, los yogures de sabores, los zumos envasados, los batidos, los dulces, las patatas chips… Todos estos son alimentos poco saludables y de baja calidad nutricional. Un exceso en su ingesta puede generar una falsa pérdida de hambre, ya que son alimentos que sacian y que por tanto desplazan la ingesta de otros alimentos saludables como la fruta o la verdura.

6. Técnica de alimentación inadecuada

Algunos factores pueden hacer que el bebé no tenga hambre cuando llega la hora de comer.

7. Estrés durante las comidas

Muchos padres se ponen nerviosos cuando un bebé rechaza la comida. Por ello, le obligan a comer, le distraen, se enfadan, etc.

8. Anorexia

La anorexia en niños pequeños es la disminución o la pérdida del deseo de comer. Siempre que no se deba a una enfermedad, no es grave. Sin embargo, si se prolonga durante mucho tiempo, puede ocasionar trastornos de alimentación.

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¿Qué pueden hacer los padres?

Lo primero que nos gustaría aclarar es que el apetito y el hambre no deben confundirse, ya que solemos usar ambos términos indistintamente. El hambre es una necesidad fisiológica vital, indispensable para el crecimiento y desarrollo a través de la ingesta de micro y macronutrientes que se encuentran en los alimentos. El motivo más común de inapetencia infantil suele ser la fisiológica que ocurre a partir de los 12 meses de edad.

Si estás en proceso de practicar el método baby-led weaning te habrás encontrado en diferentes situaciones en las cuales tu bebé no quiere comer. Llevas semanas esperando para ponerle sus primeros trozos de comida y ver cómo reacciona y por fin ha llegado el momento. Pero ¿qué ocurre cuando esta situación se mantiene en el tiempo? ¿Cuánto tiempo va a estar así? ¿Estará tomando suficiente hierro? ¿Le estaré causando algún problema por empeñarme en que coma él solo? ¿Hay que preocuparse?

Cuando un bebé no quiere comer es fundamental que no nos mostremos estresados ni enfadados. Al contrario, debemos esforzarnos por generar un clima cómodo y agradable. El bebé debe asociar la comida con un momento satisfactorio. Para aumentar su apetito, es muy importante evitar alimentarle entre horas y que existan distracciones a la hora de comer (televisión, etc.). Por último, es importante favorecer que el bebé aprenda a comer solo.

En caso de que esto ocurra, la preocupación de la familia puede dar lugar a actitudes inadecuadas como distraer o “engañar” a los niños para que coman, obligar a los niños a comer, castigar si no comen “lo suficiente” y esto puede agravar el rechazo a un alimento en concreto o incluso, agravar el rechazo al acto de comer, ya que los niños asocian comer con discusiones, tensiones e incomodidad.

Cuando el desarrollo del niño es normal y no lo asociamos a más síntomas (está contento, activo y feliz), no habrá razón para preocuparse. Ofrece un ambiente tranquilo y respetuoso a la hora de comer.

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A continuación, se presentan algunas recomendaciones prácticas:

  1. Dejar que el niño decida cuánto va a comer a la hora de la comida.
  2. Realizar 5 comidas al día pero con moderación en los tentempiés de media mañana y media tarde.
  3. No picar entre horas para evitar que el niño se sacie y luego no tenga hambre.
  4. Asegurarse de que el niño llegue a la hora de la comida con el estómago vacío.
  5. El niño debe comer solo y se ha de fomentar su autonomía.
  6. Hacer la hora de la comida agradable y que el niño participe en la elaboración de los platos.
  7. Evitar que la conversación en la mesa se centre exclusivamente sobre la comida.
  8. No prolongar la hora de la comida: dar un tiempo razonable para comer.
  9. Limitar la cantidad de leche a 500 ml al día ya que la leche contiene tantas calorías como la mayoría de los alimentos sólidos.
  10. Mejor comer en familia, así ve que es lo normal, que es lo que todo el mundo hace.
  11. Ofrecer el máximo número de alimentos en su estado natural antes de los 12 meses, especialmente de los 6 a los 9 meses.
  12. Nunca jamás fuerces a comer, ni distraigas, ni presiones.

Es muy probable que vuestro bebé comiese bastante y lo hiciese súper bien, y llegado un momento determinado este haya cambiado. No os asustéis. Los bebés comen en función de su tamaño y necesidades. Cuando disminuye su velocidad de crecimiento, necesitan menos energía y algunos bebés dejan de comer, o al menos ya no lo hacen tan bien como antes. Esto puede producirse en torno a los 10 - 12 - 18 meses.

Es importante sentarse a la mesa a comer juntos, y que los alimentos que le ofrezcas, sean igual que los tuyos, o tan parecidos como sea posible.

Es difícil, lo sé, ¡qué os voy a contar! Somos los padres muchas veces los que también cometemos errores y debemos evitarlos desde el principio. Tampoco debéis caer en el chantaje (si comes tendrás recompensa, no, hay que persuadir al niño de que coma por los beneficios de la comida, algo que no entienden, y no por conseguir algo).

Recordad, cada niño/a es diferente y su interés por la comida puede ser que vaya cambiando con el tiempo. Ante cualquier duda, siempre es recomendable que consultéis con vuestro pediatra.

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