Viabilidad de un Bebé de 21 Semanas Nacido
Expertos de la Sociedad Española de Neonatología han estudiado las tasas de supervivencia en España de los recién nacidos con una edad gestacional menor de 26 semanas, teniendo en cuenta que un recién nacido a término tiene entre 37 y 42 semanas.
Dicha base se actualiza de forma permanente y es utilizada para conocer los resultados de la asistencia a estos bebés tan prematuros, con menos de 32 semanas de gestación. Los datos han sido extraídos de la base nacional que recoge la información de todos los niños nacidos con menos de 1.500 gramos de peso.
“Cuanto más prematuros son, más complicaciones presentan debido a su inmadurez y menos posibilidades tienen de sobrevivir”, explica a Sinc Fermín García-Muñoz Rodrigo, del Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno-Infantil de Las Palmas de Gran Canaria y uno de los autores de este estudio. “Y, cuando sobreviven, lo hacen con gran riesgo de presentar secuelas en el desarrollo neurológico y sensorial”.
Para este estudio, publicado en Anales de Pediatría, los expertos analizaron solo los más pequeños, es decir, 3.236 bebés nacidos después de 26 semanas de gestación o menos. “Los niños de 22 semanas apenas sobreviven y, cuando lo hacen, es a expensas de experimentar muchas complicaciones y largas estancias hospitalarias, lo que supone grandes sufrimientos para ellos y sus familias”, añade García-Muñoz Rodrigo.
A partir de ahí, las posibilidades de supervivencia aumentan y la proporción de complicaciones va disminuyendo progresivamente con el aumento de la edad gestacional.
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Es más, los niños de 26 semanas, a pesar de ser de muy alto riesgo, se consideran viables y son un grupo de referencia para comparar los resultados en las demás edades gestacionales.
Tasas de Supervivencia y Complicaciones
Los resultados muestran que las tasas de supervivencia específica por edad gestacional fueron del 12,5%; 13,1%; 36,9%; 55,7% y 71,9% a las 22, 23, 24, 25 y 26 semanas, respectivamente.
La supervivencia sin hemorragia intracraneal grave, leucomalacia periventricular (daño de la sustancia blanca del cerebro próxima a los ventrículos), displasia broncopulmonar (trastorno pulmonar crónico) o retinopatía de la prematuridad (desarrollo anormal de vasos sanguíneos en la retina del ojo) fue del 1,5%; 9,5%; 19,0% y 29,9% a las 23, 24, 25 y 26 semanas, respectivamente.
“La supervivencia sin enfermedad grave en menores de 23 semanas de gestación es excepcional, y en recién nacidos de 23 y 24 semanas, muy baja”, apunta el médico.
“Los recién nacidos con 25 semanas o más de gestación tienen posibilidades razonables de supervivencia y, en ausencia de malformaciones mayores, se les debería ofrecer reanimación activa y cuidados intensivos”.
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El grupo de autores próximamente publicará otro estudio en el que se analizan otros posibles factores que podrían influir en la supervivencia de estos niños, además de la edad gestacional.
“El peso en el nacimiento -cuanto más, mejor-, el sexo -las niñas evolucionan algo mejor que los niños-, si la madre recibió corticoides antes de dar a luz para madurar los pulmones del bebé y los fetos únicos frente a los embarazos múltiples son factores muy importantes ya que todos aumentan las posibilidades de supervivencia”, subraya García-Muñoz Rodrigo.
El experto concluye que la medicina no es una ciencia exacta y se debe individualizar cada caso.
El Caso de Amilia Taylor
Cuando Amilia Taylor nació el pasado 24 de octubre en Miami pocos apostaban por su vida. Medía 24 centímetros y pesaba tan sólo 280 gramos. Tendida en una cuna apenas abultaba más que un bolígrafo.
Aunque lo peor no era su peso, sino su inmadurez. Pero Amilia se empeñó en burlar las estadísticas, las que dicen que el límite entre el milagro y lo científicamente posible se sitúa en las 24 semanas de gestación.
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Por debajo de ese tiempo de maduración, la mortalidad de los prematuros roza casi el cien por cien y, en el improbable caso de sobrevivir, las secuelas son tan previsibles como preocupantes.
La pequeña estadounidense se convirtió al final en un «bebé milagro». Amilia nació a las 21 semanas y seis días de gestación; hasta la fecha ningún niño nacido antes de las 23 semanas de embarazo había conseguido sobrevivir.
Hoy es el bebé prematuro con menos edad de gestación del mundo y el cuarto que sobrevive con un peso tan liviano. Con ese peso y esa edad de gestación, es legal la interrupción del embarazo.
«Es realmente un bebé milagro», decía ayer William Smaling, el neonatólogo que la cuidó durante su presentación a la prensa. «Cada día que pasábamos con ella era como navegar en aguas desconocidas. Amilia era una niña muy deseada.
Concebida por fecundación «in vitro», la gestación marchaba sin problemas hasta que la pequeña empezó a tener prisa por nacer.
Vino al mundo con ganas de vivir. Al nacer respiraba sin ayuda e incluso intentó llorar en varias ocasiones. Después se sucedieron las complicaciones. Superó problemas respiratorios y digestivos, así como una moderada hemorragia cerebral.
Pero hoy su pronóstico es «muy bueno». «La niña está sana y llena de vida», según sus médicos. Tanto que puede que mañana reciba el alta, tras alcanzar los 1.800 gramos, la mitad de lo que suele pesar un bebé nacido a término.
«Para mí es una niña gordita», decía Sonja, su madre. Pese a su pronóstico, continúa bastante delicada. Su médico, el neonatólogo William Smalling, cree que el caso de Amilia debería cuestionar los límites actuales de viabilidad.
Menos optimista es Jesús Pérez Rodríguez, jefe de la Sección de Cuidados Neonatales del Hospital La Paz, una de las unidades de referencia en el cuidado de grandes prematuros.
«El caso de esta niña es excepcional, por el peso, y sobre todo por su edad gestacional. No debemos generar falsas expectativas en los padres. Las primeras complicaciones surgen por el frágil estado del cerebro y los pulmones.
Los pulmones no son capaces de llevar suficiente oxígeno a los tejidos y existe un riesgo muy elevado de sufrir hemorragias. Dos avances médicos han contribuido en estos últimos diez años a aumentar la supervivencia: un fármaco que combate una grave enfermedad respiratoria en el recién nacido, y los corticoides prenatales, capaces de acelerar la maduración general del niño.
Avances Médicos y Cuidados Paliativos
Incluso se ha empezado a utilizar «Viagra», el fármaco contra la impotencia. «También hemos aprendido a cuidar mejor a los bebés, utilizando técnicas menos agresivas.
Brian Sims, ginecólogo que llevó el parto, ha subrayado que las estadísticas señalan que los bebés que nacen tan pequeños apenas tienen posibilidades, menos de un 1%, de sobrevivir, aunque finalmente Curtis lo haya logrado.
"Esto permite a los padres sostener a sus bebés y estar con ellos el poco tiempo que tienen juntos". Michelle Butler fue traslada al hospital a las 21 semanas, cuando apenas había pasado la mitad de la gestación prevista.
Dio a luz en el centro hospitalario de Alabama, con una unidad especializada en cuidados intensivos de neonatales, a Curtis y C'Asyaa. La niña murió un día después, pero Curtis sobrevivió tras estar tres meses con respiración asistida.
El médico que atendió el parto señala que la historia de Curtis "será estudiada y puede ayudar a mejorar la atención a los bebés prematuros de todo el mundo"Si bien Curtis todavía necesita una sonda de alimentación y oxígeno suplementario porque fue muy prematuro, el doctor Sims asegura que goza de buena salud teniendo en cuenta su nacimiento.
"Comenzó a escribir su propia historia el día que nació. El libro Guiness de los récords ha detallado que Curtis ha superado por un día el récord anterior, que se mantuvo solo durante un mes.
Imagine la longitud de un bolígrafo y el peso de un entrecot: es lo que ella midió (24 centímetros) y pesó (284 gramos) al nacer. La mayoría de los niños viene al mundo tras una gestación de entre 37 y 40 semanas, pero Amillia quebrantó las reglas el pasado 24 de octubre al nacer a las 21 semanas y seis días de ser concebida con la ayuda de un tratamiento de fecundación 'in vitro'.
Nadie, ni los médicos que la atendieron en el Hospital de Niños de Miami (EEUU), ni el resto de especialistas del mundo hubiera sospechado que la recién nacida -oficialmente la prematura más pequeña del mundo- se agarrara con tanta fuerza a la vida.
Máxime si se valora que la mayoría de las sociedades de Neonatología y Pediatría internacionales, incluidas las españolas, considera que los bebés nacidos con menos de 23 semanas no son viables.
Por este motivo, lo que algunos expertos han calificado de «milagro» otros tantos lo han considerado un «experimento médico». Al margen de opiniones enfrentadas está la realidad.
La mayoría de los recién nacidos de menos de 24 semanas fallece y la mitad de los que sobreviven arrastra graves secuelas físicas y psíquicas toda su vida. El caso de Amillia Taylor es insólito y único.
No lo es, en cambio, el hecho de que, cada año, cerca de 13 millones de niños en todo el mundo precipiten su nacimiento. Y esta cifra va en aumento.
En nuestro país, y según la Sociedad Española de Neonatología (SEN), el número de bebés impacientes por venir al mundo se ha incrementado en un 13% desde 2001, motivo que justifica que los especialistas reclamen más recursos sanitarios para hacer frente a lo que tachan como «problema sanitario de primer orden».
Carmen Rosa Pallás, jefa del servicio de Neonatología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, lo atestigua: «Nosotros estamos ampliando nuestra unidad debido al aumento de casos. El porcentaje actual de niños pretérmino (todo aquel que nace antes de la semana 37 de gestación) está entre el 7% y el 10% dependiendo del área geográfica.
Gracias a la Red Española de Unidades Neonatales, integrada por 59 servicios y creada en 2002 por la SEN, y a su base de datos de recién nacidos con menos1.500 gramos (de ahí el nombre SEN1500), se sabe que hace sólo dos años nacieron 46 niños de menos de 24 semanas dentro de nuestras fronteras: 12 de ellos murieron en el mismo paritorio, mientras que otros 27 fallecieron en la unidad neonatal (ver gráfico).
De hecho, un estudio pionero que vió la luz en 2002 en 'The New England Journal of Medicine', constataba que las desventajas educacionales asociadas a la prematuridad (rendimiento académico y cociente intelectual bajos) persisten a los 20 años.
Ésta es tan sólo una de las razones por la que los especialistas tienen claro cuándo no deben intentar reanimar a un prematuro y actuar con todo el armamento terapéutico disponible: por debajo de las 23 semanas de gestación. Tanto la propia SEN, como todos los expertos consultados por SALUD están de acuerdo en esta edad gestacional.
El año pasado, estos especialistas emitieron unas nuevas guías en las que se indicaba no resucitar a los prematuros de menos de 22 semanas de gestación.
Xavier Carbonell, vicepresidente de la SEN y jefe del servicio de Neonatología del Hospital Clínic de Barcelona, reconoce que «el caso de la prematura estadounidense es puntual y no es donde nosotros tenemos que centrar nuestros esfuerzos.
Tenemos que luchar encarecidamente por los de 24 semanas y, pese a los esfuerzos, fallece un 50% de ellos. Lo que no se debe confundir es el peso con la edad gestacional del bebé».
Salvador Salcedo, jefe del servicio de Neonatología que atendió este caso, cuenta que «se trató de sacar adelante porque era un bebé con más madurez que el de EEUU. No reanimamos a prematuros por debajo de las 24 semanas.
Sus palabras se justifican en los datos obtenidos tras el seguimiento realizado durante seis años a los bebés que nacieron en su unidad. Hablar de problemas a largo plazo es mencionar que, actualmente, el 50% de los niños con parálisis cerebral tiene el antecedente de haber nacido muy prematuramente.
Entre las personas con déficitl visual, el 17% fueron niños que pesaron en el momento del parto menos de 1.500 gramos.
«Dicho así suena muy crudo, pero no es como la gente se puede imaginar. Así, los padres pueden estar el tiempo que la Naturaleza les otorgue despidiéndose de su hijo. «No les llevamos a cuidados intensivos, si no que les dejamos en una sala donde se les aplican cuidados paliativos.
Se trata de que no sufran. Además, está demostrado que el duelo de los padres es más llevadero cuando pueden conocer a su descendiente y tocarlo. Jesús Pérez Rodríguez, del servicio de Neonatología, explica en que consiste este sistema: «Cuando valoramos que los pequeños están en buenas condiciones, comen bien, soportan su temperatura corporal fuera de la incubadora y cogen peso les mandamos a casa, donde una enfermera les visita para hacer su seguimiento.
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