El Significado y la Importancia del Beso de Buenas Noches para Niños
Los besos y los abrazos son uno de los pilares para la construcción del vínculo emocional entre padres e hijos. Desde la más tierna infancia, acurrucamos a nuestros bebés y les colmamos de innumerables muestras de afecto, pero a medida que crecen, la vida agitada nos puede llevar a distanciarnos físicamente, olvidando en ocasiones la importancia de esos gestos cotidianos.
Sin embargo, es esencial reservar un momento diario de conexión en familia, en el que las demostraciones de cariño no sean meras formalidades, especialmente antes de dormir. Y es que, aunque parezca increíble, el significado que puede llegar a tener un simple beso de buenas noches es muy poderoso.
Todo lo que Significa el Beso de Buenas Noches
Dado de forma consciente, sin prisas y con los sentidos y el corazón, el beso es la expresión más bonita de amor entre las personas, y por supuesto, hacia los hijos. Es tal su fuerza, que incluso la ciencia ha respaldado sus increíbles beneficios. Tanto al darlos como al recibirlos, liberamos endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad, y se genera una sensación de bienestar muy placentera. También contribuyen a un desarrollo emocional y psicológico saludable de los niños.
Cuando un padre o una madre besa a su hijo, además de demostrarle afecto, está tejiendo un vínculo que va más allá de las palabras y que denota presencia y conexión. Para los niños, tienen un poder reconfortante y curativo, aportan consuelo y confianza, y son un recordatorio tangible de que, sin importar las circunstancias, la familia siempre será su refugio.
Aunque son buenos y necesarios a cualquier hora del día, cobran una mayor importancia si cabe antes de dormir. Además de los beneficios mencionados, dar un beso de buenas noches a los hijos les transmite calma, tranquilidad y seguridad, les ayuda a conciliar el sueño y favorece su descanso. Para los padres, esta forma de conexión emocional diaria es una oportunidad de recuperar la calma después de la larga jornada, sentir el inmenso amor de los hijos y cerrar el día con el corazón lleno.
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Cómo Establecer una Rutina Consciente para el Beso de Buenas Noches en Cinco Pasos
Pero, pese a los indudables beneficios del beso de buenas noches, el ajetreo diario, las prisas y las preocupaciones hacen que en muchas ocasiones olvidemos este simple, pero potente gesto de cariño.
Estos consejos podrían ayudarte a implementar este ritual familiar de buenas noches:
- Reserva un tiempo al final del día: Aunque tu agenda esté apretada, asigna un tiempo sagrado para compartir este momento en familia y mantenlo siempre que sea posible. Apenas serán unos minutos, pero el provecho será grande si entre vosotros prima la conexión profunda y consciente.
- Aparca el estrés: Antes del beso de buenas noches, es esencial desconectar del estrés acumulado durante el día. Haz varias respiraciones profundas, aparca el móvil y trata de dejar de lado las preocupaciones laborales y los problemas cotidianos. Concentrarte en lo que estás viviendo con tus hijos te ayudará a calmar la mente y a crear un espacio para el amor que os reconfortará a todos.
- Crea un ambiente propicio: El entorno también juega un papel importante a la hora de enfocarse en el momento presente y asentar esta rutina. Asegúrate de que el dormitorio sea un lugar acogedor, tranquilo y libre de distracciones.
- Personalizad vuestro beso de buenas noches: Cada familia es única, por lo que el ritual puede personalizarse según vuestras preferencias y valores. Por ejemplo, esta demostración de cariño puede ir acompañada de una pequeña charla, una canción especial, la lectura de un cuento o algún ritual que haga que ese momento sea más especial para vosotros.
- Convierte esta rutina en un compromiso duradero: Desde luego, no debería darse como algo aislado, sino convertirlo en un compromiso entre vosotros que perdure a lo largo del tiempo.
Pesadillas y Terrores Nocturnos en Niños
Las pesadillas en niños y los terrores nocturnos infantiles son uno de los problemas más comunes con los que tienen que lidiar los padres. La mayoría de los niños sufren pesadillas de manera esporádica, por lo que estas no suelen ser motivo de preocupación. Solo necesitas consolarle y tranquilizarle para que se vuelva a dormir.
No obstante, si las pesadillas infantiles se vuelven recurrentes o tu pequeño comienza a padecer terrores nocturnos que afectan la calidad del sueño, es importante que acudas a un profesional. En El Prado Psicólogos podemos ayudar a tu hijo a tener un sueño reparador.
¿Qué son las Pesadillas Infantiles?
Las pesadillas infantiles son sueños desagradables de contenido terrorífico que suelen generar sentimientos intensos de angustia, ansiedad y miedo. El contenido de las pesadillas en los niños suele estar relacionado con amenazas a la supervivencia, como puede ser un ataque físico, o a la autoestima, como un fracaso o una humillación.
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Entre un 1,3 y 3,9% de los padres refieren que sus hijos en edad preescolar tienen pesadillas a menudo o siempre. Es difícil saber con exactitud qué provoca las pesadillas infantiles. Si los niños tienen una imaginación muy fértil, el contenido de algunos libros, películas o series de televisión justo antes de irse a la cama también puede causar las pesadillas.
Como resultado de las pesadillas infantiles, tu hijo también podría desarrollar un miedo secundario, como la nictofobia (miedo a la oscuridad) o la somnifobia (miedo a dormir). Es probable que muestre comportamientos antagónicos, como dejar las luces de la habitación encendidas para sentirse más seguro o seguir horarios de sueño irregular que pueden llevarle a padecer insomnio.
Terrores Nocturnos
Los terrores nocturnos, catalogados como una parasomnia, se caracterizan por una reacción de miedo que ocurre durante la transición de una fase de sueño a otra. Se estima que el 36,9% de los niños de menos de 18 meses presentan terrores nocturnos.
Los terrores nocturnos están causados por una hiperactivación del sistema nervioso central durante el sueño. Algunos niños heredan esa tendencia. Se estima que el 80% de los pequeños que padecen terrores nocturnos tienen al menos un progenitor que sufrió trastornos del sueño durante la infancia.
En esos casos, la probabilidad de que sufran terrores nocturnos es 10 veces mayor que en la población general. Este problema se agudizará cuando tu hijo esté muy cansado, estresado o fatigado. Notarás que los episodios son más frecuentes cuando duerme en un sitio nuevo lejos de casa, sobre todo si sufre interrupciones del horario de sueño, generalmente debido a un viaje.
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Diferencias entre Pesadillas y Terrores Nocturnos
Una de las principales diferencias entre las pesadillas y los terrores nocturnos en los niños es el grado de recuerdo. Los niños se suelen despertar solos tras la pesadilla y casi inmediatamente se muestran orientados y alertas.
En el caso de los episodios de terror nocturno, aunque tu hijo tenga los ojos abiertos, en realidad sólo está semidespierto y probablemente te cueste mucho despertarle o consolarle.
Tratamiento para Pesadillas y Terrores Nocturnos
En El Prado Psicólogos podemos ayudar a tu hijo a superar sus pesadillas o terrores nocturnos y dormir tranquilamente. En un primer momento profundizaremos en la historia de tu hijo, para asegurarnos de que no exista ningún factor del entorno que esté causando esas pesadillas. Identificaremos los principales factores de estrés y preocupaciones, por si necesitamos trabajar en ellos a través de la psicoterapia.
Algunas técnicas de tratamiento incluyen:
- Desensibilización sistemática: Ha demostrado ser una técnica eficaz en el tratamiento de las pesadillas infantiles.
- Técnicas de modificación del contenido del sueño: Se basan en incidir sobre el contenido de las pesadillas creando un final diferente, modificando algunos detalles o confrontando diferentes aspectos negativos del sueño. La terapia de ensayo en imaginación ofrece excelentes resultados pues no solo es útil para reducir las pesadillas, sino que los niños, cuando aprenden la técnica, pueden utilizarla en casa.
- Art therapy y sandplay: Con los niños más pequeños recurrimos a otras técnicas de modificación del contenido de las pesadillas como la art therapy y el sandplay, para que puedan expresar esos miedos mediante el dibujo o los escenifiquen con la ayuda de figuras en miniatura.
- Técnicas de relajación y gestión del estrés.
Problemas de Visión en la Infancia
Los problemas de visión más habituales en niños son los defectos de refracción (miopía, hipermetropía, astigmatismo), la ambliopía (ojo vago), el estrabismo y la discromatopsia (alteraciones en la visión del color).
Ojo Vago (Ambliopía)
La ambliopía u ojo vago afecta a alrededor de un 2-5% de la población y es una de las causas más comunes de pérdida de visión en los países desarrollados. Hay que estar alerta si el niño es prematuro o hay antecedentes de ojo vago en los familiares, problemas de refracción o problemas de retina. Es importante diagnosticarla cuanto antes mejor. Aunque suele ser asintomático, algunos signos pueden ser:
- Dolores de cabeza o de cervicales.
- Cuando ya ha aprendido a leer, se salta palabras o confunde letras.
- Mala alineación de los ojos.
Estrabismo
El estrabismo afecta a entre un 3% y un 6% de la población. Es necesario diagnosticarlo a tiempo, ya que una de las causas que puede desencadenarlo es la ambliopía que, en niños, puede corregirse con tratamiento, mientras que no puede corregirse en edad adulta. Algunos de los signos pueden ser:
- Mala alineación de los ojos.
- Los ojos no se mueven a la vez hacia la misma dirección.
- Inclinación de la cabeza hacia un lado para mirar a puntos concretos.
- Guiña los ojos o se los frota habitualmente.
- El niño tuerce o cierra un ojo para enfocar.
Defectos de Refracción
Los defectos de refracción (astigmatismo, miopía e hipermetropía) afectan a alrededor del 20 % de los niños.
Síntomas de Miopía
La miopía aparece a menudo alrededor de los 6 años y suele dar algunos de los siguientes síntomas:
- Entornar los ojos para enfocar a larga distancia.
- Confundir personas que se encuentran a una distancia más o menos lejana.
- Preferir actividades para las que se requiere el uso de visión cercana.
- Acercarse los objetos para verlos o leer.
- Mirar la televisión o el ordenador de muy cerca.
- Entrecerrar los ojos para enfocar.
Síntomas de Hipermetropía
La hipermetropía suele ser fisiológica, con lo que está presente en la mayoría de niños al nacer. Sin embargo, va desapareciendo a medida que el ojo va creciendo. En algunos casos, sin embargo, puede persistir de por vida. Si se trata de una hipermetropía elevada no corregida, puede provocar ambliopía o estrabismo. Puede provocar signos como:
- Dolor de cabeza al realizar actividades de visión cercana.
- Cansancio ocular tras realizar este tipo de actividades.
- Enrojecimiento.
- Inclinación de la cabeza hacia atrás.
- Entrecerrar los ojos para enfocar.
- Estrabismo.
Otras señales de problemas de visión pueden ser el mal rendimiento del niño y la falta de atención y concentración, manchas blanquecinas en la zona de la pupila, molestia frente a la luz, enrojecimiento de los ojos, posiciones no naturales de la cabeza para enfocar, dificultad para distinguir los colores…
Ante cualquiera de estos síntomas, es imprescindible citarse con un oftalmólogo para realizar una revisión oftalmológica completa y recordar que todos los niños deben someterse a dicha revisión oftalmológica alrededor de los 3 años con el objetivo de detectar cualquier defecto visual.
El Sueño del Bebé: ¿Por Qué No Duerme?
Ser padre y madre implica no dejar de hacerse preguntas... Muchas madres dicen que su bebé se mueve mucho al dormir. Si tu bebé se mueve mucho mientras duerme…, no te preocupes: ¡es completamente normal! La fase del sueño inquieto ocupa la mayor parte de este ciclo (entre el 50 y el 60 %). Durante este tiempo, el bebé se mueve, se chupa el dedo o el chupete e incluso puede hacer ruiditos.
Todos los expertos coinciden en una cosa: recomiendan poner a dormir a los recién nacidos tumbados boca arriba durante los primeros pocos meses de vida (esta posición reduce el riesgo de muerte súbita infantil en un 50 %) aunque te parezca que tu bebé está más cómodo bocabajo cuando lo tienes en brazos. A partir de los seis meses de edad, el bebé será capaz de girarse por sí solo y es posible que lo encuentres durmiendo bocabajo, aunque tú lo pongas en la cuna boca arriba. Lo único que necesitarás (además de un body y un pelele) es un saco de dormir.
¿Cuánto Duerme un Recién Nacido?
A no ser que a tu bebé le cueste dormirse, los recién nacidos duermen entre 14 y 18 horas al día (pero no del tirón, por desgracia, por más que los padres TAMBIÉN necesiten dormir…), con ciclos de sueño que pueden oscilar entre 30 minutos y 2 horas, o incluso más en el caso de algunos niños. Los recién nacidos no distinguen entre día y noche y pueden dormir incluso más durante el día. Por cierto, cada bebé es un mundo. Algunos duermen mucho...
¿Alguna vez has oído hablar de «La noche de Java»? Es la segunda noche después de dar a luz. Tal vez notes que tu bebé empieza a estar despierto más rato: entre dos y tres horas seguidas. A partir de ahora, tu bebé dormirá entre 12 y 15 horas al día. Poco a poco, irás descubriendo sus patrones de sueño y serás capaz de anticipar cuándo necesita dormir: además de durante la noche, tu bebé necesitará hacer tres siestas hasta que tenga seis meses (una por la mañana, una al mediodía y una al final del día) y, en los meses siguientes, pasará a hacer solo dos siestas (una por la mañana y otra por la tarde). Cuando cumpla los cuatro meses, será capaz de quedarse dormido solo y de volver a dormirse solo si se despierta.
Como probablemente sepas, los recién nacidos no distinguen entre el día y la noche. En esta fase, su reloj biológico (que permite ajustar las horas que pasamos despiertos y dormidos) todavía no está sincronizado. Ahora bien, entre las ocho y las diez semanas de vida, el bebé ya es capaz de diferenciar el día de la noche. Y cuando tenga entre cinco y seis meses, podrás empezar a aplicar una rutina de sueño para ayudarlo a dormirse más fácilmente.
El Tercer Mes del Bebé
El tercer mes de vida de un bebé suele ser un acontecimiento que los padres y las madres con falta de sueño esperan impacientes. Y es que, a esta edad, un bebé normalmente pesa cinco o más kilos, lo suficiente para poder esperar entre dos tomas. Por este mismo motivo, llegados a este punto, algunos bebés empiezan a dormir más durante la noche que durante el día, y a intervalos más largos.
Para ayudar al bebé a quedarse dormido, iniciar una rutina de sueño puede ser de ayuda, como explica Emmanuelle Rigeade: «Asegúrate de que el bebé se sienta seguro y tranquilo en su ambiente, en todas las edades. En los primeros meses, procura tenerlo en brazos y que te sienta cerca, y luego establece rutinas y crea un entorno seguro». A partir de los seis meses, más o menos, un niño puede sentirse seguro con un peluche o con las rutinas que le marques. Mediante los intentos repetidos de quedarse dormido en su cuna y la presencia tranquilizadora de papá o mamá, el bebé irá descubriendo poco a poco cómo quedarse dormido de manera más autónoma.
«Algunas noches, que el niño se quede dormido puede llevar un rato, sobre todo en determinados momentos, como después de una mudanza, al volver a la escuela o si se produce algún cambio en la vida del pequeño.
La Rutina Nocturna
Según Emmanuelle Rigeade, «la rutina nocturna es un conjunto de momentos calmantes que dura toda la noche: regresar a casa, tiempo de calidad, baño, juego, comidas, etc. Estas rutinas funcionan como momentos tranquilizadores para el niño, porque le permiten anticipar qué ocurrirá a continuación. La rutina de la hora de dormir está relacionada con la separación que implica este momento. Es más breve y sirve como transición entre el momento en el que estáis juntos y el momento en el que el niño duerme en su cuna o cama.
…y luego dar las buenas noches. Es un momento bastante breve y hay que estructurarlo para que el niño entienda su significado. Vamos a revelarte un secreto para establecer una rutina de sueño eficaz: repítela cada día para que tu bebé detecte pistas y asocie cada momento con el paso siguiente. Prepararlo para una siesta será diferente de prepararlo para dormir por la noche. Antes de acostarlo, puedes darle un baño y un masaje (recuerda que no conviene que sea «demasiado largo» porque tendrás que dárselo cada noche), luego ponle el pijama y mételo en su saco de dormir.
«Por supuesto, y es muy bueno hacerlo», dice Emmanuelle Rigeade. «Durante los primeros meses de vida, el bebé está perdido e intenta encontrar lo que ha conocido durante nueve meses: cercanía, calidez, movimiento, sujeción y contacto humano. Le resultará más fácil dormirse en brazos de su madre o padre.
«En la maternidad y la paternidad, el verbo “deber” no tiene cabida», en palabras de Emmanuelle Rigeade. «Puedes dormir a tu bebé en brazos mientras los dos queráis que así sea. Si un día descubres que esta manera de dormirlo te obliga a levantarte varias veces por la noche porque se despierta y te hartas, puedes probar a hacerlo de otro modo.
Lo sentimos, pero no hay una hora milagrosa en la que poner al niño en la cama para que duerma toda la noche. Si tu bebé todavía no tiene unos horarios de siestas (o sueño nocturno) establecidos, algunas señales te ayudarán a saber cuándo es el momento oportuno para ponerlo a dormir. Por descontado, si bosteza, se frota los ojos o empieza a llorar o gimotear, sabrás inmediatamente qué hacer. Pero también es posible que hayas vivido situaciones en las que tu bebé parece estar en plena forma… aunque sea su hora de dormir. Un truco: intenta meter al niño en la cama antes de que transcurran diez minutos de estos primeros indicios de cansancio para que le resulte más fácil dormirse.
El Llanto Nocturno
Es por la noche, el bebé está limpio y ha comido, notas que está cansado, pero, aun así, nada parece calmarlo. Esta situación, muy conocida y generalizada entre padres y madres (no te quepa duda), es completamente normal: es el llanto nocturno, también conocido como «descarga nocturna» porque suele ser más estridente cuando se hace de noche.
El consejo de Emmanuelle Rigeade: «Es importante dejar llorar al bebé y no intentar silenciarlo a toda costa. Abrázalo, mécelo y cógelo en brazos y, por lo general, se calmará. También es importante que los adultos se turnen, porque son momentos muy estresantes. Intenta generar un ambiente tranquilo, sosegado, pon música suave y mece a tu bebé. Recordad hacerlo por turnos y no dudéis en dejarlo en la cuna unos minutos si la situación os sobrepasa.
Si bien todo el mundo sabe que los recién nacidos y los bebés desvelan a sus padres por la noche, muchos se preguntan por qué su bebé se despierta por la noche, incluso llorando. ¿Tendrá hambre? ¿Tendrá frío? ¿Se sentirá solo? ¿Tendrá ansiedad por separación? ¿Le dará miedo la oscuridad? ¿Querrá que le cambien el pañal porque está sucio?
Si te preguntas si tiene hambre, conviene que sepas que antes de los seis meses, tu bebé puede despertarte porque necesita que lo amamantes o le des un biberón, en función de la opción de alimentación que hayas elegido. Y si no tiene hambre, ¿por qué llora? Si no necesita que le cambies el pañal, si no le están saliendo los dientes y no hay nada más que le moleste (por ejemplo, si tiene piel atópica y le pica o si hace demasiado calor), es posible que el bebé se despierte simplemente porque está entre dos ciclos de sueño.
El consejo de Emmanuelle Rigeade: «Es normal que los bebés se despierten por la noche durante los primeros meses, porque sus ciclos de sueño son cortos y necesitan comer de noche. Más adelante, si esto sigue ocurriendo, conviene plantearse los hábitos de sueño del niño, si se despierta en el mismo estado que cuando lo acostaste o no y qué recursos tiene para volverse a dormir.
Retrocesos en el Sueño
Veamos... Tu bebé lleva dos meses durmiendo toda la noche y ahora por fin esperas poder descansar... PERO hace poco ha empezado a despertarse de nuevo de madrugada y no sabes por qué. No te asustes: estos retrocesos son normales y pueden ocurrir cuando el bebé da un estirón, por ejemplo (en las primeras semanas, a los tres meses o a los seis meses), o si el bebé se desorienta o cambia de horarios, durante un viaje o en verano, por ejemplo.
Esta fase es perfectamente normal en un bebé y sucede en torno a los ocho meses de edad. Como los adultos (¡o los padres jóvenes!), los bebés pueden sufrir una falta de sueño que puede acumularse a lo largo de días o incluso semanas. Si es el caso, notarás que a tu hijo cada vez le costará más quedarse dormido: puede parecer contradictorio, pero cuanto más cansado está un niño, más le cuesta dormirse. ¿Qué debes hacer en estos casos?
Tal vez te preguntes si es probable que un bebé duerma menos por la noche si ha dormido más de lo habitual durante el día. ¿Tendrías que despertarlo? Según Emmanuelle Rigeade, «No se recomienda privar a un niño de sueño durante el día para que duerma mejor de noche, porque lo que se consigue es justo lo contrario: cuando un niño está demasiado cansado le cuesta más dormirse por la noche.
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