Historia y Significado de las Casas Cuna en Las Palmas de Gran Canaria

29.10.2025

Este artículo explora la historia y el significado de las casas cuna en Las Palmas de Gran Canaria, centrándose en dos instituciones emblemáticas: la Casa del Niño y la casa hogar Santa Rosalía.

La Casa del Niño: Un Monumento a la Arquitectura Racionalista

El Consejo de Gobierno acordó aprobar el Decreto por el que se declara Bien de Interés Cultural (BIC), con categoría de Monumento, a la Casa del Niño, edificio situado en el barrio de Zárate, en Las Palmas de Gran Canaria. La aprobación viene precedida del informe favorable del Consejo de Patrimonio Histórico de Canarias, dependiente de la Consejería de Turismo, Cultura y Deportes.

Se trata de un importante edificio de Miguel Martín-Fernández de la Torre (1894-1979) que corresponde a criterios estilísticos encuadrables en la corriente racionalista de la que este arquitecto es uno de sus más representativos. Su trabajo durante los años treinta colocan a las Islas en la vanguardia de la arquitectura europea. El inmueble fue encargado por la Delegación Provincial de Auxilio Social para la casa cuna; un proyecto que fue desarrollado entre 1938 y 1945, fundándose para ello el Patronato de la Casa del Niño, en 1939; Patronato que sigue siendo el titular de la instalación y en el que se encuentran representados los propietarios iniciales del inmueble, el Estado, el Gobierno autónomo, el Cabildo de Gran Canaria, el Ayuntamiento capitalino y el Obispado.

Se planificó como gran equipamiento social ante la situación de precariedad y necesidad en la que se encontraban muchos niños huérfanos y abandonados en su época, coincidente con la Guerra Civil, destinándose a la acogida, atención y educación infantil. El edificio resalta estructuras tubulares y volumétricas, configurándolo como uno de los exponentes máximos de la arquitectura racionalista en Gran Canaria y, a partir de esta declaración como Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, quedará totalmente protegido de posibles cambios estructurales.

La Casa del Niño se ubicó a las afueras de la Ciudad Histórica, en una ladera de importantes vistas en la antigua Vega agrícola de San José, beneficiándose de los valores paisajísticos de montaña, vega agrícola y vistas al mar.

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El Orfanato Azul: Un Hospicio con Influencias Fascistas

El imponente edificio de la Casa del Niño, en Las Palmas de Gran Canaria, es una de las obras más enigmáticas mandadas a construir durante la Guerra Civil. Se comenzó en 1938, pero no fue inaugurada hasta 1944. Se trata de una obra racionalista, movimiento que estaba asociado a la expresión de modernidad de La República y proscrita por el régimen franquista.

A pesar de que se trata de un tipo de arquitectura ligada a La República, la Casa del Niño guarda una profunda relación con la Italia fascista, “en la que habían proliferado múltiples construcciones modernas de índole social y Educativa”. En realidad, el fascismo estaba centrado en la “formación premilitar de los jóvenes, en su adoctrinamiento político, en los nuevos valores e ideales totalitarios y en su fortalecimiento físico a través del deporte”, explica. Todo ello, guarda relación estrecha con el uso social e ideológico que se le pretendía dar al nuevo hospicio de Las Palmas de Gran Canaria y mantiene grandes similitudes también desde el punto de vista arquitectónico.

La arquitectura racionalista es definida por la autora como un movimiento que empieza después de la I Guerra Mundial debido a que en Europa hay una escasez de vivienda.

Rehabilitación y Futuro de la Casa del Niño

El complejo ha estado abandonado durante años y se ha producido un importante deterioro de sus instalaciones. Un grupo de vecinos y colectivos se ha movilizado para conseguir que se convierta en un gran centro social para el Cono Sur. La protección del edificio no impide que se acondiciones para atender las necesidades del entorno, según responsables del Comité Ciudadano.

Casa Hogar Santa Rosalía: De Hospital a Centro de Acogida

En la fachada del inmueble luce una placa de piedra que el Ayuntamiento de Telde colocó el 4 de julio de 2001, hace ahora 13 años. En ella se recuerda el carácter intelectual de uno de los prohombres más conocidos del municipio, el doctor Gregorio Chil y Naranjo, escritor, mecenas, humanista e investigador del pasado de las islas que, si por algo destacó, fue por su carácter filántropo y benéfico.

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El inmueble de la calle Licenciado Calderín cobra estos días relevancia porque su actual propietario, el Museo Canario, sociedad científica fundada por el propio Chil, quiere rehabilitarlo para ubicar en él el que sería el primer hotel del municipio teldense. La entidad cultural, atenazada por los rigores de la crisis, ha logrado dar con un inversor que está dispuesto a jugarse los cuartos en un proyecto que a priori parece factible.

Antes, eso sí, deberá esperar a que la Consejería de Política Social y Sociosanitaria del Cabildo lo deje libro y proceda a la mudanza del Centro de Acogida Inmediata (CAI) de menores allí habilitado. Y luego será el Ayuntamiento el que entre en liza, promoviendo un cambio de uso del complejo con una modificación del Plan General de Ordenación Urbana.

Orígenes y Transformaciones

En sus orígenes, la ´casa cuna´ ni siquiera ejerció como tal. Gregorio Chil quiso que en su vivienda natal, en la que vino al mundo el 13 de marzo de 1831, se ubicará un recinto hospitalario a su muerte y a la de sus esposa. El doctor feneció en 1901; 12 años después lo haría su esposa. El Museo Canario heredó la propiedad y le pidió al consistorio teldense que cumpliese con la voluntad de este prohombre. Durante diez años, la casa, bautizada con el nombre de Santa Rosalía en honor a la madre del doctor, el Ayuntamiento regentó el hospital.

En 1923, una década después del nacimiento de los cabildos, es la corporación grancanaria la que decide hacerse cargo de este servicio, que toca a su fin cuando en 1969 este organismo vuelve a dirigirse al dueño de las instalaciones y le comunica que ya no es necesario contar con un recinto hospitalario en la ciudad de los faycanes si se tiene en cuenta la inminente apertura del Hospital Insular.

Al Cabildo se le ocurre entonces la posibilidad de ubicar en el edificio, que no está protegido, un albergue de niños expósitos (huérfanos). Los rectores del Museo Canario consideraron como asumible esta solicitud "porque no se desviaba del fin social que Gregorio Chil y Naranjo quiso darle a sus posesiones". Así que en 1970 tuvo lugar una profunda transformación del recinto y comenzó a funcionar como orfanato y reformatorio hasta que en 1979 adquiere los tintes que hasta ahora ha mantenido: un centro de acogida inmediata para menores de edades comprendidas entre los 0 y los 15 años.

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La corporación insular le entregó en 2013 al Museo una partida de 100.000 euros en compensación al uso que se le ha venido dando a la finca desde hace casi medio siglo.

El Término "Santanero": Un Estigma Social

«Santanero» es adjetivo derivado del antropónimo familiar Santana y se forma añadiendo a la raíz del apellido el sufijo derivativo «ero», que designa relación de pertenencia/procedencia con este apellido tan común en Gran Canaria y más mediatamente indica relación con un lugar histórico: la antigua casa-cuna de Santa Ana en la capital grancanaria. Santanero es el término empleado en algunas islas para referirse a un niño expósito o inclusero.

La etimología del término se remonta a los primeros años de la fundación de la ciudad de Las Palmas. En las inmediaciones de la plaza de Santa Ana existía un hospital con una casa-cuna bajo la advocación de Santa Ana y así pasó a ser conocida la antigua casa de expósitos de la capital grancanaria.

Era práctica habitual cuando un niño de padre o progenitores desconocidos era abandonado o entregado a un instituto benéfico, el suplir la ausencia de apellidos paternos y maternos por otros conocidos. Y en particular, los niños acogidos en la casa-cuna de Santa Ana eran inscritos con el mismo apellido, Santa Ana. El apellido originario Santa Ana, bien por deformación en su transcripción o acaso por «economía registral», acabó anotándose como Santana en la mayoría de los casos.

De manera que, con el tiempo, por una suerte de tropo se pasó a nombrar a los niños expósitos acogidos en Santa Ana con el antropónimo Santana y, por ende, como santaneros. Lo que convirtió el apellido en una especie de estigma social ya que, no obstante, la nueva competencia del Estado en materia de registros civiles, esta praxis eclesiástica había calado hondo en la sociedad isleña.

La exclamación «¡ni que uno/yo fuera santanero!» sanciona cualquier acto de discriminación o abuso al tiempo que reivindica el mismo trato que cualquier otra persona.

Niños Robados y el Contexto de la Casa Cuna

“Muchos niños de la Casa Cuna fueron regalados durante décadas, incluso hasta bien entrados los años ochenta. Había vinculaciones con el País Vasco y Levante, sobre todo, Valencia, pero lo dramático de los niños de la Casa Cuna es que eran tratados como mercancía, como objetos. Los que no servían eran devueltos, como si se tratase de material defectuoso.

El contexto de la Casa Cuna es el de bebés que llegaban a manos de unas religiosas dominicas de la Sagrada Familia, abandonados en unos casos, en otros, pidiendo que se hicieran cargo de la criatura por un tiempo.

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