Historia del Ayuntamiento de Alcalá de Henares y el Emblemático Bar Nino

25.11.2025

Alcalá de Henares, una ciudad con profunda historia, alberga lugares emblemáticos como su Ayuntamiento y el renombrado Bar Nino. A continuación, exploraremos la evolución del Ayuntamiento y la tradición gastronómica de Bar Nino.

Orígenes del Ayuntamiento de Alcalá de Henares

El origen del Ayuntamiento alcalaíno se remonta a la Edad Media. En aquellos tiempos, la entonces villa tenía un Concejo abierto, es decir, todos los vecinos podían acudir y eran convocados con el toque de campanas. El lugar de reunión era la iglesia de San Justo o la ermita de Santa Lucía.

Esto fue así hasta 1515, año en el que el Concejo se convirtió en cerrado y se trasladó a unas casas al final de la calle Mayor, en la hoy desaparecida plaza de la Picota. Entre 1608 y 1609, el arquitecto alcalaíno Sebastián de la Plaza hace unas casas para el Ayuntamiento en la plaza de Cervantes (todavía hoy se conserva un escudo de la ciudad en una de las columnas del lado oeste de la plaza), frente al desaparecido Arco de la Universidad, en las que va a permanecer hasta el S.

En 1858, la Junta Revolucionaria Municipal encarga un proyecto para transformar el antiguo colegio-convento de San Carlos Borromeo o Agonizantes, situado en la plaza del Mercado (Cervantes), en Ayuntamiento y Cuartel de Caballería. Este proyecto no se realizó y se sucedieron otros, como el de 1870, del arquitecto Cirilo de Vara y Soria, que pretendía establecer en el antiguo edificio, además de la Casa Consistorial, la Milicia Nacional y tres escuelas para niños y niñas.

Pero como la idea de usar el convento de Agonizantes para albergar la principal institución de la ciudad estaba clara, a los pocos meses, siguiendo en parte el proyecto anterior, se decide realizar la definitiva reforma y acondicionamiento del edificio, que no se va a terminar hasta 1875.

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Se mantuvo la estructura general del convento en torno a un patio cuadrado aunque transformándose debido a su nuevo uso, y la iglesia se dividió con forjado por la mitad. En la primera planta del edificio, se conserva una buena colección de obras de arte y objetos relacionados con la historia de Alcalá. Aquí se encuentran las salas más nobles del Ayuntamiento, entre las que destaca el Salón de Plenos, que corresponde a la segunda planta de la dividida iglesia del convento.

Tal y como hoy lo vemos, es obra de Adolfo Fernández Casanova, acabada en 1875. Está decorado con estucos de yeso imitando mármol, en un estilo muy decimonónico. Rodeando la sala encontramos seis medallones que recuerdan a personas importantes en la historia de la ciudad: Cervantes, Cisneros, el historiador de Indias Antonio Solís, el arquitecto Pedro Gumiel, Juan Martín “El Empecinado” y Antonio de Nebrija.

Otra estancia muy importante y llena de valiosos objetos es la Sala de Junta de Gobierno. Llama la atención el gran repostero con baldaquino del S. XVII, que perteneció al Marqués de Bedmar (embajador en Venecia). Frente a la puerta de entrada y tras una reja moderna, realizada por Jesús Prades, encontramos los dos elementos más importantes de la sala: un facsímil de la partida de bautismo de Cervantes (el documento original también se conserva en el Ayuntamiento) y una edición completa de la famosa Biblia Políglota Complutense.

Sobre la reja, un cuadro que representa a San Bartolomé, copia de Ribera, nos recuerda que alrededor del día de este santo comienzan las ferias y fiestas alcalaínas. En una vitrina, se guardan recuerdos, como monedas antiguas y conmemorativas, el Libro de Oro de la ciudad, actas de hermanamiento con otras ciudades y una interesante espada alemana del S.

En la zona de alcaldía podemos ver una buena colección de pintura. Destacan dos tablas flamencas, de finales del S. XV o principios del XVI. Una representa a la Virgen amamantando al niño que, aunque de autor anónimo, se relaciona con el maestro de la capilla de don Álvaro de Luna en la Catedral de Toledo y, según Elías Tormo, con Juan de Segovia o Sancho de Zamora. La otra tabla, de menor calidad, está dedicada a la adoración de los Reyes. Ambas proceden del desaparecido hospital de Santa María la Rica.

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Más moderno, de 1892, es el cuadro pintado por Félix Yuste, con claro carácter costumbrista, que representa la procesión de las Santas Formas saliendo de la Magistral. Del siglo XIX es también el cuadro en el que aparece Felipe III de Francia ante sus hijos.

En el Ayuntamiento se conserva una valiosa y variada colección de objetos y obras de arte. Dentro de una vitrina del S. XIX, de estilo rococó, está colocado un estandarte de la ciudad de época de Isabel II, en terciopelo y seda roja y bordado en oro y plata.

Tiene dos caras: en el anverso aparece el escudo de Alcalá flanqueado por una rama de laurel (la gloria) y otra de roble (la fuerza). Es un escudo parlante en el que aparece representado un castillo (Alcalá en árabe significa la fortaleza) sobre aguas que simbolizan el río Henares. Está timbrado por una corona abierta de los infantes de Castilla, posible recuerdo del nacimiento en la ciudad de príncipes como Catalina de Aragón o Fernando de Austria. En el reverso, se encuentran las armas reales.

Del conjunto de objetos históricos conservados destaca el antiguo y curioso “Arcón de Fondos” del Ayuntamiento, donde se guardaban los documentos originales de más valor y el dinero. Repartida por diversas vitrinas, encontramos una buena colección de objetos curiosos, como las pesas y medidas utilizadas desde el S.

Son muy interesantes los tres grandes cuadros que también decoran el pasillo. El titulado «Cervantes y sus modelos», obra de Ángel Lizcano (1846-1929), es un depósito del Museo del Prado. «A la guerra» es un cuadro del valenciano Alberto Plá y Rubio, de 1895, en el que se escenifica la despedida de la tropa en la estación de Valencia. También el Ayuntamiento conserva las cuatro mazas ceremoniales de plata de la ciudad.

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Dos son obra del platero complutense, de principios del siglo XVII, Gabriel de Ceballos, que dio fama a la platería alcalaína junto con los trabajos de Alonso Martínez, Miguel Ruiz y Diego Sánchez Muñoz.

Bar Nino: Un Icono Gastronómico en Alcalá de Henares

Así como quien viene a Alcalá de Henares no puede dejar de dar un paseo de ida y vuelta por la Calle Mayor, tampoco puede perderse las especialidades del restaurante Bar Nino, acostumbrado a dar de comer a alcalaínos, madrileños y turistas de un sinfín de destinos.

Si estás pensando en perderte por los encantos de Alcalá de Henares y quieres que tu paseo sea una experiencia completa, tanto desde el punto de vista cultural, turístico como gastronómico, no dejes de planificar una parada en Bar Nino, todo un icono entre los restaurantes de la antigua Complutum. Un local de siempre, reacondicionado para el presente, donde disfrutar de una selecta carta de pescados y de carnes y de una gran variedad de vinos y vivir un momento placentero con la familia y en compañía de amigos.

El restaurante Bar Nino es un símbolo del buen comer en Alcalá de Henares. Alberto, dueño del Restaurante Bar, cuenta a La Crónica de Alcalá la historia del bar más antiguo de Alcalá, que data de 1953. “Mi abuelo era pellejero, cogía las pieles de las ovejas, hacía cosas parecidas a las botas de vino, y las vendía”, explica Alberto sobre su abuelo Saturnino.

Alberto recuerda que el local donde actualmente está el restaurante bar, antes era la casa donde vivía la familia, sus tías y su padre. “Entonces puso un bar. La parte delantera de la casa era el bar, y la parte trasera era la casa, las habitaciones, la cocina”.

“Es un negocio familiar de toda la vida. Estaba mi abuelo y después se lo quedó mi padre con 18 años”, nos cuenta Alberto. “Yo empecé con mis padres a los 14 años, y nuestra adolescencia ha sido complicada, pero yo siempre he tenido muy claro que quería estar aquí”.

De pequeño, Alberto ‘quería ser como su padre y su madre’, y a los 19 años, en 1996, llegó el momento de ‘coger’ el restaurante.

La 'Rutina' del Bar Más Antiguo de Alcalá de Henares

Alberto nos explica que el plato estrella de El Nino son los champiñones, y la oreja y las frituras son productos fijos. Todos los productos son del día, y Alberto no hace el menú, ni las cartas, hasta el mismo día por la mañana. El Nino trabaja mucho el pescado, el marisco y la carne para darle un toque diferente.

Alberto resume: “Es una cocina mediterránea española de toda la vida, y hacemos mucho guiso tradicional que me enseñó mi abuela, mi madre”.

Desde niño, Alberto tenía curiosidad por saber cómo se trabajaba en la cocina del bar, por lo que ha ido aprendiendo con los años cómo funciona. Además, ha realizado una serie de cursos que le permiten tener un conocimiento privilegiado sobre este tema.

El bar Nino se caracteriza por estar dividido en bar y restaurante. Para entrar al bar se accede por la mítica Calle Mayor y en la calle Nueva está la entrada al restaurante. Diferenciando así las dos zonas del negocio y creando dos ambientes distintos.

En este negocio trabajan un total de 17 personas, siendo Alberto el dueño y jefe de cocina y Marieta su mano derecha. En la cocina del restaurante hay 3 magníficos cocineros que trabajan siempre con productos frescos y del mismo día.

Especialidades del Bar Nino

  • Champiñones
  • Oreja
  • Frituras
  • Pescado fresco
  • Marisco
  • Carne

Los fines de semana en el Bar Nino llegan a triplicar los comensales a la hora de comer. Lo que genera una presión muy alta para todo el equipo de trabajo, desde los cocineros hasta los camareros. “Viernes y sábado son los días con más afluencia llegando a triplicar el salón”, afirma Alberto.

Una característica especial de este bar es que todos los jueves cambian la carta. Para Alberto es fundamental trabajar con productos frescos y de comercios locales, por lo que su carta varía en función de lo que piense para esa semana.

En cambio para Navidad, piensa los menús en septiembre y desde noviembre hasta enero solo sirve menús navideños. En esta época del año Bar Nino es uno de los bares - restaurantes más demandados de la ciudad.

Ya son 32 los años que Alberto lleva al mando de este negocio y no piensa en dejarlo, “Espero que sea mi jubilación” respondía contundente a una pregunta sobre el futuro tanto del negocio como suyo.

La Casa Alcalaina en el Siglo XVIII

Estamos a comienzos del siglo XVIII. Alcalá de Henares es una ciudad todavía plenamente universitaria, aunque necesita cambios y modernización. El día a día, el de sus gentes, es comercial, estudiantil, agrícola, algo ganadero y bélico.

Ese día a día transcurre, a pesar de todo, con cierta normalidad. Los complutenses siguen su ritmo y su casas son un reflejo de su forma de vida. ¿Cómo era una casa alcalaina de aquella época? A un lado la plaza de la Picota o de Abajo, al otro, las casas del mayorazgo de Santarén y lindando con la Botica de Custodio de Pedraza.

Entramos a un primer zaguán, luego un segundo zaguán desde el que se accede a un cuarto. También desde el segundo zaguán accedemos a un patio con pozo (puede que el actual del patio trasero que da a la plaza de los Santos Niños en la llamada «Casa Tapón») y a un dormitorio con sótano.

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