La Trágica Historia de Lory Del Santo, Eric Clapton y su Hijo Conor: Lágrimas en el Cielo

23.11.2025

"¿Sabrías mi nombre si te viese en el cielo? ¿Sería lo mismo si te viese en el cielo?”. Hemos empezado esta historia por el final. Lo que has leído es la letra de una de las baladas del pop más bellas que se han escrito nunca.

'Tears in heaven', el tema de Eric Clapton al que pertenecen esas líneas, ganó en 1993 tres Grammy (canción del año, grabación del año y mejor interpretación vocal pop masculina) y fue incluida por la prestigiosa revista musical 'Rolling Stone' entre las mejores 500 canciones de todos los tiempos.

Pero esa no es la historia que queremos contar. La nuestra incluye un rascacielos de 53 pisos, una ventana abierta y una vida malograda. Ya pueden imaginar que el final no es nada feliz.

"Escuché un grito desgarrado que no era de Conor. Era la niñera. Corrí a la habitación gritando de forma histérica: ¿Dónde está Conor, dónde está Conor?". Probablemente sea esta la peor de todas las preguntas que haya tenido que formular a lo largo de su vida la italiana Lory del Santo.

El Comienzo de una Relación

Actriz y modelo, Lory conoció a Clapton cuando este hacía suya aquella canción de los 70 que acabaría convirtiéndose en un estilo de vida para muchos artistas: ‘Sex, drugs and rock and roll’. De hecho, en su autobiografía de 2007, el inglés describió las dos décadas de adicción a las drogas y el alcohol que llevo a gastar unos 16.000 dólares a la semana en heroína en los setenta. Sin embargo, la peor de sus pesadillas estaba aún por llegar y, de alguna manera, fue también la que le redimió. El dolor puede curar.

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“Encontraré mi camino cruzando la noche y el día, porque sé que no puedo quedarme aquí en el cielo”. Clapton conoció a Lory cuando él aún estaba casado con Pattie Boyd. Poco tiempo después se quedó embarazada aunque el cantante seguiría oficialmente en matrimonio durante un tiempo. Corría el año 1985. En ese momento lo de ser padre, al cantante se le hacía bola: su vida de excesos, giras, groupies y fiestas estaba en el polo opuesto a la nada glamurosa tarea de la paternidad. Aunque dejó claro que jamás recibiría el galardón a ‘padre del año’, Eric decidió que era el momento de dar un pequeño giro de guion a su vida.

El 21 de agosto nacía Conor Clapton. La pareja se trasladó a una casa de campo en Inglaterra, el frenesí se ralentizó y Eric entró en una etapa de rehabilitación vital. Así pasaron dos años. Cuando el pequeño tenía tres, la pareja se rompió. Lamentablemente, el lado más oscuro del músico volvió a reflotar y no entendió que las necesidades de un niño no siempre estan en sintonía con las de un artista. Del Santo se volvió a Italia con el pequeño y Clapton volvió a sus andadas etílicas.

“El tiempo puede hacerte caer, el tiempo puede hacer que te arrodilles, el tiempo puede romperte el corazón, tenerte suplicando por favor, suplicando por favor”. Y llegamos a aquel fatídico 20 de marzo de 1991. Aunque ya no estaba juntos, Lory y Eric planearon pasar las fiestas de Pascua en Nueva York. Justo la jornada anterior los tres habían disfrutado “el día más feliz de sus vidas”, según recordaba la modelo en una entrevista. Las cosas parecían reconducidas y los tres fantasearon con la idea de volver a intentar ser una familia al uso.

El Día de la Tragedia

Conor se levantó contento aquella mañana porque el plan incluía una visita al zoo de la ciudad. Mientras, el niño y su madre esperaban a Eric en la habitación del apartamento en el que se alojaban situado en la planta 53 de uno de esos interminables rascacielos de la Gran Manzana.

En la biografía de Eric Clapton ,’Slowhand: The Life and Music of Eric Clapton’, el autor Philip Norman relataba así la tragedia: “Por la mañana, mientras madre e hijo esperaban a que Clapton recogiera a Conor del apartamento, llegó un conserje para limpiar las ventanas. Lory estaba en el baño y el niño estaba bajo el cuidado de una niñera, pero avanzando en un estado de gran emoción, impaciente por ver a su ‘papá’ de nuevo. El conserje había estado trabajando en las ventanas en voladizo de la sala de estar, una de las cuales todavía estaba abierta. Llamó a la niñera para que cuidara a Conor pero, antes de que ella pudiera reaccionar, Conor se lanzó hacia ella y cayó al vacío”.

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“Más allá de la puerta, hay paz, estoy seguro y sé que no habrá más lágrimas en el cielo”. Lo que vino después fue lo más cercano al infierno. Lory y Clapton devastados. El músico sintiendo de nuevo la llamada del alcohol y las drogas como refugio del dolor. Los silencios. El llanto. El desconsuelo.

“Cualquiera que sea el daño físico que sufrió Conor en la caída, cuando lo vi, habían restaurado su cuerpo todo lo que pudieron. Recuerdo haber mirado su hermoso rostro en reposo y pensar: Este no es mi hijo. Se parece un poco a él, pero ya se ha ido”.

La muerte de Conor de una manera tan abrupta supuso la bajada a los infiernos del artista pero también la redención y el inicio de su recuperación. Entre las cuerdas encontró el consuelo y la inspiración para escribir una de las baladas más hermosas: ‘Tears in heaven’ fue la canción que salvó a Eric Clapton. Le salvó de sí mismo, de la bebida y las adicciones. Le dio fuerzas para seguir sobrio, para ser mejor persona y para conectar con sus otros hijos.

“Debo ser fuerte, y seguir adelante, porque sé que no encajo aquí en el cielo”.

"Tears in Heaven": Un Legado de Dolor y Esperanza

En la mañana del 20 marzo de 1991, Lory del Santo llamaba a su hijo, Conor, de cuatro años de edad, para que ambos acudiesen puntuales a la cita con el padre del niño, un Eric Clapton que, pese a haber roto ya sentimentalmente con Lory, deseaba revitalizar sus relaciones con el niño y, tal vez, con la propia modelo italiana con la que se había casado tras su divorcio de Pattie Boyd (véase la canción “Layla”) y de la que también se había separado.

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Conor estaba jugando al escondite con la niñera mientras el conserje del apartamento limpiaba los ventanales; de pronto, se oyó un grito desgarrado de la cuidadora: el pequeño, que desconocía que se habían retirado los ventanales, se había precipitado al vacío desde el piso 53. Clapton conoció la noticia unos minutos después, a las 11.57h. “Está muerto”, fueron las primeras palabras que le espetó una Lory desesperada que, años después, confesaría que en esos momentos lo que le hubiese gustado hacer era matar al conserje y maldecir al padre, que se había preocupado demasiado tarde por un hijo al que apenas había hecho caso.

“Mano Lenta” se estaba recuperando todavía de una fuerte depresión (una más de su vida) producida por su consumo de alcohol y drogas. Tras el fallecimiento de Conor, Clapton pasó nueve meses aislado, solo, encerrado en su casa, sumido en una profunda tristeza…hasta que un día se le ocurrió acercarse a una de sus guitarras y probar tocando unos acordes. Según relató en un documental, “la música fue la que me salvó de caer definitivamente en el infierno”, y cuando ya creyó que estaba preparado para componer, la primera canción que se le ocurrió fue una dedicada a su hijo a la que tituló “Tears In Heaven”, que se convirtió no ya solo en un clamoroso éxito sino en una de las piezas más conmovedoras de la historia de la música popular contemporánea.

Eric Clapton se hundió con el accidente del crío, como es lógico, pero hizo lo que mejor sabía hacer: componer música. Y nueve meses después del accidente le salió de aquel dolor una canción redonda: “Tears in Heaven”, lágrimas en el cielo, en la que él se pregunta una y otra vez si volverá a ver a su hijo. Se imagina una conversación con él en el cielo, se pregunta si el hijo recordaría su nombre, si le cogería la mano, si sería lo mismo. Sabe que él no está en el cielo, que está aquí en la tierra sufriendo, que tiene que ser fuerte y continuar… Un chorro de sentimientos duros y bellamente expresados: el dolor, el desgarro, la ausencia, la melancolía, la incomunicación, la resignación, la lucha, la supervivencia. La travesía por el sufrimiento de un padre cualquiera, estrellas del rock incluidas.

Cuenta en su autobiografía que, al menos, la dura experiencia le sirvió a nuestro protagonista de hoy para abandonar definitivamente el alcohol, una fuerte adicción a la que había estado enganchado durante décadas.

“Tears in Heaven” fue a la postre uno de los éxitos más grandes de la carrera de Eric Clapton, le proporcionó tres Grammys en 1993 y ha quedado como un clásico inmortal.

Es bastante conocido todo que hasta aquí les he contado sobre esta canción, pero menos lo que viene a continuación.

A pesar de ser reconocida con tres premios -Mejor canción del año, Grabación del año y Mejor interpretación vocal pop masculina-, Clapton tampoco se mostró demasiado eufórico con esa composición. “Había mejores canciones”, dijo, en relación a un tema dedicado a su hijo Conor que le provocaba sentimientos enfrentados.

Publicada en 1992 como parte de la banda sonora de la película Rush de Lili Fini Zanuc -en España, Hasta el límite-, Tears in Heaven había sido escrita por Eric Clapton en colaboración con el letrista Will Jennings que, en un primer momento, fue reacio a aceptar el encargo. “Eric ya tenía el primer verso de la canción y quería que escribiera el resto. Le respondí que era un tema tan personal, que debería escribirla él solo”, comentaba Jennings que, ante la insistencia de Clapton, no le quedó más remedio que aceptar. “Es una canción tan personal y tan triste, que es única en mi carrera como letrista de canciones”, confesaba Jennings.

Tras sacar el lanzamiento de la canción, Eric Clapton estaba convencido de que “no valía la pena publicarlo” y que “había mejores canciones”, dijo al ganar varios premios por el LP en relación a un tema dedicado a su hijo Conor que le provocaba sentimientos enfrentados.

‘Tears in heaven’ fue publicada también como banda sonora de la película ‘Rush’ de Lili Fini Zanuc. La canción tuvo también la colaboración con el letrista Will Jennings que, en un primer momento, se mostró reacio a aceptar: “Eric ya tenía el primer verso de la canción y quería que escribiera el resto. Le respondí que era un tema tan personal, que debería escribirla él solo”, comentaba Jennings. “Es una canción tan personal y tan triste, que es única en mi carrera como letrista de canciones”, confesaba.

Clapton se alojaba en un hotel mientras que Conor y su madre estaban en un apartamento de Manhattan, ya que la pareja no pasaba por su mejor momento. “El salón principal tenía a un lado unas ventanas que iban del suelo al techo y que se podían poner en voladizo para limpiarlas. Pero no había barandillas en las ventanas, porque el edificio era un condominio y no estaba sujeto a las normas de edificación habituales”, recordaba el cantante. “Conor entró corriendo en la habitación y fue directo a la ventana”, explicaba haciendo referencia al instante en el que sucedió todo, viendo como su hijo se precipitaba al vacío por una de las ventanas que el conserje y las limpiadoras estaban limpiando.

Norman continuó escribiendo que asistieron al funeral de Conor fueron George Harrison, Phil Collins y otros grandes nombres de la industria de la música, y que «cientos de cartas y mensajes de condolencia habían llegado de todo el mundo, incluyendo uno del Príncipe Carlos.

Después de que Eric Clapton viviera la trágica pérdida de su pequeño hijo Conor, se sentía como si estuviera viviendo la vida de otra persona inmediatamente después. El vínculo de Clapton con su hijo era el más estrecho que había tenido hasta entonces, y la pérdida fue lo suficientemente devastadora como para que, según los informes, sintiera que su sobriedad podría estar en riesgo.

Tras la muerte de Conor, una de sus ex-esposas se acercó a Clapton para que se involucrara más en la vida de su hija Ruth. «Fue fantástico volver a estar en compañía de un niño: mi hijo. Su presencia en mi vida fue absolutamente vital para mi recuperación.

Eric Clapton manifestó abiertamente que había maltratado física y psicológicamente a su primera mujer, Pattie Boyd. Admitía que la había pegado y violado: “cuando tenía sexo con mi mujer a la fuerza, pensaba que estaba en mi derecho”. Adicto al alcohol y a las drogas, durante su matrimonio tuvo muchas aventuras extramatrimoniales. Boyd siempre le perdonó. “Estaba locamente enamorada de él”. 20 años después del divorcio, la popular modelo y fotógrafa rompió su silencio. En su biografía detallaba escalofriantes episodios: "Por las noches... lloraba esperando caer dormida antes de que él apareciera. Rezaba para que perdiera el conocimiento... para que no intentara tocarme".

Resulta impactante leer el titular: ERIC CLAPTON: “HE PEGADO A MI MUJER”. Lo publicó el New York Post en Junio de 1999. También en BBC News se hicieron eco de la información con este encabezamiento: "Eric Clapton admite que abusó de su mujer". El texto de la noticia, que citaba como fuente una entrevista del músico al londinense Sunday Times, decía: La superestrella del rock ha admitido por primera vez que era tan adicto a las drogas y al alcohol que pegó su primera mujer, Pattie Boyd. Ponerse tan ‘ciego’ de alcohol tuvo un efecto devastador en sus nueve años de matrimonio con Boyd en los 80: “Había veces, cuando tenía sexo con mi mujer a la fuerza y pensaba que estaba en mi derecho. No me importaba en absoluto el resto de la gente. Pienso que lo que ocurre en una familia es que todo el mundo empieza a aprender sus propios papes para que sea soportable vivir así".

En 1969, Clapton se bebía dos botellas de vodka al día y cinco años después su adicción a la heroína le costaba 1.500 libras semanales. Aseguraba en la entrevista: “Sé que cuando estaba hasta arriba de alcohol, la gente con la que trataba se acercaba a mí con los huevos por corbata. No sabían si iba a estar enfadado o cómo iba a estar. Cuando volvía del pub, podía estar feliz o podía destrozarlo todo”.

Pattie Boyd fue el centro del triángulo amoroso más famoso de la historia de la música. Dejó a su marido, George Harrison, en 1974, se casó con Eric Clapton en 1979 y se divorció en 1988. Esta ruptura tuvo un enorme efecto en su propia identidad. Había vivido anulada. “Bueno, ya no era más la Señora del Famoso George o la Señora del Famoso Eric. Entonces, ¿quién soy yo? No soy nadie”, declaraba en una entrevista con The Telegraph. “Nadie me conoce. Ni siquiera yo me conozco”. Y reconocía: “Había olvidado que incluso sabía hacer fotografías. Me encantaba utilizar mi cámara”. Terminó acudiendo a terapia y “gradualmente aprendí a creer en mí misma”. Hacer fotos otra vez, “me ayudó a salir de la depresión”.

20 años después del divorcio, Pattie rompió su autoimpuesto silencio y publicó una autobiografía en la que desvelaba su vida con las dos grandes estrellas del siglo XX. El título ‘Wonderful Tonight: George Harrison, Eric Clapton, and Me’ hacía referencia a la famosa balada que Clapton había escrito pensando en ella (también le dedicó ‘Layla’). En su libro, habló con franqueza de su matrimonio con el músico inglés, de sus adicciones, de sus abusos y su violencia, o de sus numerosos engaños con otras mujeres, que ella perdonaba siempre. Durante el tiempo que estuvieron casados, Clapton tuvo una hija con Yvonne Kelly en 1985, Ruth Kelly Clapton (que mantuvo en secreto hasta que lo descubrieron los medios) y de su ‘affair’ con la modelo italiana Lory Del Santo, nació su hijo Conor en 1986 (lamentablemente falleció en 1991). Eric y Pattie, aunque lo intentaron, no tuvieron hijos.

Es estremecedor leer algunos de los extractos de la biografía de Patricia Anne Boyd: "Eric necesitaba alcohol cada cinco horas. Llegaba a la cama cada noche con un vaso de pinta lleno de brandy y limón, cuando encontraba el camino para subir al dormitorio. Cuando se despertaba por la mañana, terminaba lo que se había dejado, y se servía otro vaso. Bebía en torno a dos botellas de brandy al día, además de muchas pintas de cerveza en el pub por la noche. Estaba locamente enamorada de él".

En otro momento, confiesa su miedo: "Por las noches, cuando iba a la cama antes que él, lloraba esperando caer dormida antes de que él apareciera. Rezaba para que perdiera el conocimiento cuando se metía en la cama y para que no intentara tocarme. Había veces que era más como un animal que el esposo cariñoso que había conocido. Estaba aterrada. Pensaba que terminaría matando a uno de los dos. Un día vi una fotografía que me había hecho mi hermana y no me reconocí. Mi cara estaba hinchada, había subido de peso y mi pelo estaba flácido y desaliñado".

Simultáneamente, llegó a las librerías 'Clapton: The Autobiography'. Según lo publicado por el New York Times, en su descripción sobre su relación Boyd, ofrece pocas excusas sobre sus vaivenes emocionales, su abuso de sustancias o las aventuras extramatrimoniales que definieron gran parte de la década de convivencia. Según reveló al rotativo neoyorkino: "Recientemente, alguien que ha leído el libro y me dicho que he sido realmente duro conmigo mismo. Creo que se ha malentendido. Solo he intentado asumir la responsabilidad de cada una de las fases de mi vida".

A sus 80 años, Patricia Anne Boyd, que está harta de que la llamen ‘musa’. En 2022 publicó el libro de fotografía ‘My life in pictures’ y concedió una entrevista a la edición inglesa del diario El País. Resumía así la lección que aprendió de su tumultuosa vida: "Es esencial tener fe en ti misma, no traicionarte a ti misma, ser honesta y dejar que la gente te conozca por quien tú eres realmente.

Es uno de los éxitos más grandes de la carrera de Eric Clapton, pero Tears in Heaven nació de unas circunstancias tremendamente tristes. La canción, una de las más conocidas del músico británico, es un homenaje a su hijo Conor, que murió accidentalmente cuando sólo tenía cuatro años. La tragedia ocurrió el 20 de marzo de 1991, cuando el pequeño se resbaló accidentalmente desde la ventana del piso 53 de un edificio de apartamentos en la ciudad de Nueva York.

Clapton se encontraba en ese momento a la otra punta de Nueva York, y tuvo que pasar por el mal trago de identificar el cadáver de su hijo en la morgue del hospital. "Recuerdo mirar su hermoso rostro en reposo y pensar: este no es mi hijo. Se parece un poco a él, pero se ha ido", consideró tiempo después. El guitarrista y su novia, la actriz italiana Lory Del Santo, llevaron el cuerpo del niño de regreso a Inglaterra, donde le dieron el último adiós con amigos como Phil Collins.

Fue un enorme varapalo en la vida del músico, y estuvo mucho tiempo apartado de su vocación. Sin embargo, pese a la falta de concentración, comenzó a tocar una pequeña guitarra para aliviar su dolor. Mientras pensaba en su hijo, la melodía de Many Rivers To Cross de Jimmy Cliff flotaba en su mente.

La melodía volvió a él cuando la directora estadounidense Lili Fini Zanuck le ofreció la oportunidad de escribir una canción para una película de acción llamada Rush, protagonizada por dos policías de narcóticos encubiertos. Fue en ese momento cuando, además de la melodía que escribió para la película, enseñó por primera vez ese tema. "Luego comenzó a interpretar Tears In Heaven... era tan dolorosamente personal, tan obviamente sobre el hijo que había perdido, que me preguntaba si funcionaría en la película", recordaba Zanuck.

En ese momento, Clapton había escrito solo un verso inicial (¿Me tomarías la mano / Si te viera en el cielo?), y le pidió a Will Jennings que escribiera versos adicionales y un puente. Jennings, que temía que la canción fuera "demasiado sensiblera" para ser un éxito, se ha consolidado como uno de los grandes letristas, detrás de My Heart Will Go On para Titanic. Finalmente, accedió a terminar el tema.

Tears In Heaven fue una canción difícil de grabar. Clapton, que cantaba y tocaba la guitarra, tuvo que grabar varias tomas hasta que finalmente se completó. Lanzado como sencillo el 8 de enero de 1992, una semana antes del lanzamiento de la banda sonora de Rush, Tears In Heaven llegó al número 2 en el Billboard Hot 100. A fines de ese año, había vendido más de tres millones de copias solo en Estados Unidos.

La popularidad de la canción se selló cuando Clapton le dio un estreno memorable, diez meses después de la muerte de su hijo, para un concierto de MTV Unplugged. El guitarrista, actuando con gafas ante un reducido público, volcó toda su tristeza en la canción mientras grababa una inquietante versión acústica. El álbum MTV Unplugged resultante vendió 26 millones de copias en todo el mundo y ganó tres premios Grammy.

Tears In Heaven sigue siendo la canción más personal del repertorio de Clapton, con un fortísimo poder de conmover. En una entrevista con la presentadora de televisión de ABC, Daphne Barak, Clapton reflexionó sobre lo que la canción significaba para él y agregó: "Usé música casi inconscientemente para mí como un agente curativo, y he aquí que funcionó...

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