Cólicos Menstruales: Un Problema de Salud Pública

23.11.2025

Durante generaciones, el mensaje ha sido el mismo: el dolor menstrual es algo normal, una "cosa de chicas" que hay que aguantar. Pero la realidad es que un dolor de gran calado nunca es algo que se debería haber normalizado. Un problema de salud pública.

¿Qué son los Cólicos?

Se denomina cólico a un tipo de dolor abdominal que puede variar en intensidad y llegar a ser muy agudo. Los cólicos pueden venir acompañados de otros problemas digestivos como náuseas, vómitos o diarreas. Además, pueden ocasionar otros malestares como irritabilidad, tensión y estrés que pueden provocar dolor de estómago e influir en la salud digestiva.

Tipos de Cólicos

  • Cólico biliar: se debe a una distensión de la vesícula biliar, ocasionado usualmente por un cálculo.
  • Cólico nefrítico: se debe a un cálculo en el riñón.
  • Cólico del lactante: se ocasiona en algunos bebés durante sus primeros meses.
  • Cólicos menstruales: son los cólicos relacionados al periodo menstrual.
  • Cólicos gastrointestinales: ocurre debido a ciertas irregularidades en la salud digestiva.

Causas de los Cólicos Gastrointestinales

Los cólicos gastrointestinales suelen estar relacionados con la presencia de gases en nuestro sistema digestivo. Ciertos problemas digestivos pueden dificultar el avance a través del intestino de los gases que se generan como parte de la digestión, provocando dolor de estómago a la que se le conoce como cólico.

Hay ciertos hábitos de estilo de vida que pueden aumentar la presencia de gases en nuestro sistema digestivo y hacernos más propensos a los cólicos que influyen en la salud digestiva. Los malos hábitos a la hora de comer, como hacerlo muy deprisa o no masticar los alimentos lo suficiente, puede provocar que traguemos demasiado aire e inducir a problemas digestivos como una mala digestión.

Ciertos alimentos difíciles de digerir pueden provocar problemas digestivos e influir en la salud digestiva como los cólicos, como pueden ser los hidratos de carbono no absorbible o los derivados de los lácteos en las personas con intolerancia a la lactosa.

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Los cambios bruscos en la dieta y en la flora intestinal también pueden ocasionar cólicos. Esto puede ocurrir cuando introducimos nuevos alimentos a nuestra dieta que nuestro organismo todavía no está acostumbrado o cuando tomamos antibióticos, los cuales alteran la flora intestinal.

Prevención de los Cólicos Gastrointestinales

Hay ciertas recomendaciones generales para la salud digestiva que ayudan a disminuir la presencia de gases en el sistema digestivo y a disminuir el dolor en el estómago.

El Impacto del Dolor Menstrual Severo

La metodología de este estudio se ha basado en el seguimiento de más de mil participantes en Reino Unido durante décadas. De esta manera, no solo se confirma se ha podido concluir que cuanto más severo es el dolor menstrual a los 15 años, mayor es la probabilidad de desarrollar dolor crónico una década después, a los 26 años. Una metodología con vistas a largo plazo.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores utilizaron datos del Avon Longitudinal Study of Parents and Children (ALSPAC), un ambicioso proyecto que ha seguido la vida de miles de personas desde su nacimiento en los años 90. Posteriormente, una vez que estas participantes ya contaban con 26 años, se volvía a realizar un análisis de su estado de salud preguntando si padecían algún tipo de dolor crónico.

Tras ajustar los datos para descartar la influencia de otros factores como el IMC, el nivel socioeconómico o problemas de salud mental previos, los resultados fueron claros. Estos datos se traducen en un aumento del riesgo absoluto de 12,7 y 16,2 puntos porcentuales, respectivamente. Es una diferencia demasiado grande para ser ignorada.

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La Sensibilidad Central

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que la asociación no se limita al clásico dolor abdominal o lumbar, que podría considerarse una extensión dolor menstrual. Los autores del estudio sugieren que detrás de todo esto se encuentra una sensibilidad central. Para entenderlo, hay que tener en cuenta que en la adolescencia hay una gran neuroplasticidad, donde el sistema nervioso es especialmente moldeable.

En el propio estudio, los investigadores han visto una relación entre la dismenorrea y un aumento posterior síntomas relacionados con la ansiedad y la depresión. No es algo puramente psicológico.

Dismenorrea: ¿Qué Apoyo?

La algomenorrea, también conocida como dismenorrea, es un síndrome doloroso de origen uterino que se manifiesta como calambres abdominales durante el periodo menstrual. A menudo se describe como dolores menstruales. La dismenorrea puede aparecer antes o durante la menstruación, aunque es más frecuente que ocurra alrededor del segundo día del ciclo, intensificándose de forma gradual antes de desaparecer. Muchas mujeres experimentan dolores tan intensos que llegan a quedar postradas en cama durante sus periodos. En aproximadamente una de cada diez mujeres, esta condición ocasiona ausencias laborales de 1 a 3 días en cada ciclo menstrual. En este contexto, España se convirtió en 2023 en el primer país de Europa en implementar un permiso menstrual para las mujeres que sufren de períodos dolorosos.

Tipos de Dismenorrea

  • Dismenorrea primaria, funcional o esencial: Representa aproximadamente tres cuartas partes de los casos y suele manifestarse desde la adolescencia, coincidiendo con la aparición de las primeras menstruaciones. El dolor menstrual en estos casos se debe a la falta de oxigenación de los tejidos uterinos, causada por la hipercontractilidad del miometrio (aumento excesivo en la frecuencia, intensidad o duración de las contracciones del miometrio, que es la capa muscular del útero); y la vasoconstricción de los vasos sanguíneos del útero.
  • Dismenorrea secundaria u orgánica: Aparece en etapas posteriores de la vida y es causada por una condición patológica adyacente, más a menudo endometriosis, pero también adenomiosis, fibromas uterinos o inflamación de la pelvis.

Tratamientos para la Dismenorrea

Los antiinflamatorios son, generalmente, la primera opción de tratamiento prescrita por los médicos debido a su efecto inhibidor sobre las prostaglandinas. Sin embargo, en algunos casos también se recomienda aplicar frío. Aunque el uso de calor es más común, el frío puede ayudar a aliviar la dismenorrea gracias a su efecto anestésico. Además, al provocar vasoconstricción (disminución del diámetro de los vasos sanguíneos), puede contribuir a reducir la inflamación al disminuir la circulación sanguínea local. También es importante señalar que los sangrados excesivos pueden disminuir temporalmente mediante la aplicación de frío.

Osteopatía y Fisioterapia

Los genitales, a través de sus diversas uniones ligamentosas, están conectados directa o indirectamente con las estructuras óseas circundantes, como la pelvis y la columna vertebral, especialmente en la región lumbar. Uno de los principios de la osteopatía establece que «la estructura gobierna la función y viceversa».

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En Alemania, un estudio con 60 mujeres que padecían dismenorrea primaria mostró que, en el grupo tratado con osteopatía, se produjo una reducción del dolor menstrual de casi el 60%, en comparación con sólo el 2% en el grupo de control. Por otro lado, investigaciones adicionales sugieren que el masaje abdominal puede aliviar el dolor menstrual, acortar la duración de los periodos y disminuir el sangrado menstrual excesivo.

El proceso comienza con una evaluación integral, donde el fisioterapeuta analiza los factores específicos que contribuyen al dolor en cada paciente. Se utilizan técnicas de liberación miofascial para relajar los tejidos profundos que pueden estar tensos, especialmente en el área alrededor del útero y la zona lumbar. Asimismo, la movilización suave de las articulaciones de la pelvis y la columna se emplea para liberar tensiones acumuladas.

En cuanto a la rehabilitación, el fortalecimiento de la musculatura del tronco y del suelo pélvico es fundamental. Estos músculos brindan soporte a la zona lumbar y a los órganos pélvicos, y su desequilibrio o debilidad puede intensificar el dolor menstrual. El fisioterapeuta también puede aplicar terapia manual interna para relajar los músculos del suelo pélvico si están involucrados en el dolor.

La electroterapia, como el uso de TENS (estimulación eléctrica transcutánea), es otra herramienta eficaz, especialmente durante los episodios de dolor intenso. Por último, la educación es un pilar central en el enfoque del fisioterapeuta. Se dedica tiempo a explicar el funcionamiento del ciclo menstrual, las causas del dolor y el impacto de ciertos hábitos o comportamientos.

Endometriosis: Una Enfermedad Silenciada

La endometriosis es una enfermedad crónica cuyas causas no están claras y que afecta al 10% de las mujeres en España. La endometriosis, una enfermedad crónica que consiste en el crecimiento del endometrio, que es el tejido que recubre el útero y que se expulsa con cada menstruación, fuera de este órgano. Endometriosis, una enfermedad que se intuye inmunológica y cuyas causas aún no están claras.

“Es la enfermedad silenciada. No te mata pero no te deja vivir. Si los hombres sufrieran endometriosis, la enfermedad ya estaría erradicada.

El doctor Francisco Carmona es contundente. Especialista en Ginecología y experto en Endometriosis, es jefe de servicio del Hospital Clínic de Barcelona y director científico de la clínica Women’s. Tiene claro que el desconocimiento que reina tanto en la sociedad como en la comunidad científica sobre esta enfermedad tiene un componente de género. “No les hacemos caso.

Carmona describe la endometriosis como una enfermedad crónica que afecta solo a mujeres en edad reproductiva, en la que el endometrio aparece fuera del útero. Ese tejido que está fuera también sangra durante la menstruación y crea unas microhemorragias internas que producen dolor.

“En general, los médicos no aciertan con el diagnóstico y el dolor se va cronificando. Cada vez va a más, aparece con las relaciones sexuales, con la digestión, con la defecación”, explica el doctor.

El desconocimiento social y médico de esta enfermedad motiva el mal tratamiento. Mientras, la realidad es tozuda. Según el motor de búsqueda Pub Med, que da acceso a la base de datos de bibliografía médica más grande que existe, hasta la actualidad se han producido 26.603 artículos de investigación sobre la enfermedad. Para el cáncer hay casi cuatro millones de investigaciones, para la diabetes casi 700.000 y para la hipertensión casi medio millón.

Romper el Tabú y Buscar Información

Tenemos muchos motivos para reconciliarnos con nuestra menstruación. Uno de ellos es que, si juntamos todos los periodos de nuestra vida, pasamos una media de ocho años seguidos menstruando. Convivimos con ella cada mes aproximadamente durante cuarenta años, empieza en la infancia o la pubertad y se queda con nosotras hasta que con la menopausia cesa el sangrado pero no ciertos síntomas. Muchas de esas respuestas están en los libros. En los últimos años la producción de publicaciones sobre este tema ha eclosionado, una buena noticia para facilitar esa reconciliación con la regla porque, dice Anna Salvia, psicóloga especialista en educación y salud sexual: “Lo primero que hay que hacer es romper el tabú. Cuanta más información y más hablemos de este tema, mejor”.

“Creo que la educación menstrual debería formar parte de la educación desde que somos pequeños y pequeñas. Doy talleres en colegios y los niños y niñas tienen desde muy pronto curiosidad”. Antes de empezar a menstruar deberían estar preparadas para entender qué va a pasar en su cuerpo, explicarles con naturalidad qué van a sentir, que pueden sentirse cansadas, o tristes, qué alternativas tienen, copas, tampones, compresas… Así lo vamos a tomar con naturalidad y van a tener mucho camino ganado”. Alma incide además en que esta educación no solo debe llegar a las niñas, sino “también a los niños para que no se escandalicen cuando vean a sus compañeras manchar de sangre la silla o el pantalón en clase”.

“La menstruación afecta a todos los aspectos de nuestra vida, es un fenómeno social, político y cultural, pero no se estudia mucho en las facultades, lo que se sabe ha surgido de investigaciones personales, viendo lo que nos pasa y registrándolo”.

“La autora se basa sobre todo en referentes culturales de Estados Unidos, pero resulta muy interesante aprender el contexto en el que vivimos la menstruación”. Un contexto que a menudo nos invita a tener que ocultarla, añade Anna Salvia. “La educación que recibimos desde pequeñas es de no escucharnos, pero igual que si tienes fiebre te vas a quedar en la cama, porque tu cuerpo te pide descanso, lo mismo debería pasar con la regla, pero no porque sea una enfermedad, sino porque intervienen procesos fisiológicos que nos afectan a nivel físico y también emocional”.

La exigencia externa, que no se corresponde con nuestros ritmos, así como el desconocimiento en todo lo relacionado con ella sitúan a la menstruación en un plano negativo, cree Salvia, que no se corresponde con lo que es en realidad. “Construimos el concepto de menstruación sobre las malas experiencias que hemos sufrido y percibido, pero es necesario informarse y conocerlo para tener una buena experiencia y empezar a ver la regla en positivo”.

Sobre el dolor menstrual, Paloma Alma dice que “hay mucho desconocimiento”. Muchas enfermedades como la endometriosis se diagnostican muchos años después de empezar a padecerse, entre otras cosas, cree Alma, porque “normalizamos que la regla tiene que doler”. Se inflama el cuerpo, estamos más tensionadas en la zona de la pelvis, tenemos los pecho más sensible... “Pero no es normal sufrir un dolor que resulte incapacitante que no te deja salir de la cama. Ese dolor hay que investigarlo”.

Salvia concluye que “hay algo hay que desenredar socialmente e individualmente con la menstruación. Lo que sabemos sobre estos procesos, lo que nos han enseñado en casa o en la universidad es una visión muy sesgada desde el punto de vista androcéntrico. El acompañamiento y la educación que hemos recibido es insuficiente”.

El "Period Brain": ¿Mito o Realidad?

Según un nuevo estudio, el «period brain» (algo así como «cerebro menstruante») no existe. El estudio, que es el más grande jamás realizado sobre este tema, fue publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience (Fronteras en la neurociencia conductual) a principios de julio.

Para llevarlo a cabo, las investigadoras estudiaron a 68 mujeres a lo largo de dos ciclos menstruales y evaluaron su memoria, su atención, su sesgo cognitivo y sus niveles hormonales en ambos ciclos. «Los resultados no son sorprendentes», afirma Joan Chrisler, profesora de psicología en la Universidad de Connecticut y presidenta de la Society for Menstrual Cycle Research (Sociedad para la investigación del ciclo menstrual).

Sin embargo, durante siglos los médicos han defendido lo contrario. Hacia mediados del siglo XIX los médicos habían empezado a escribir artículos vinculando la «demencia» con el período. En 1840, un médico francés afirmó que las «capacidades intelectuales de las mujeres con la menstruación se veían mermadas y estaban sujetas a caprichos muy peculiares, a cambios de humor y de gustos», según el historiador Michael Stolberg.

Incluso en años recientes ha habido un gran número de evidencias científicas que parecen respaldar la idea de que el ciclo menstrual de las mujeres afecta a sus funciones mentales: investigaciones anteriores han sugerido que el período afecta a la zona del cerebro que controla la memoria, el juicio y la atención.

Pero, tal y como señala Brigitte Leeners, autora principal de este reciente estudio, muchos de esos estudios contienen sesgos científicos y descubrimientos que han dado un falso positivo, han inflado el tamaño de los efectos y sus resultados con frecuencia son difíciles de reproducir.

Según Leeners, la mayoría de estos estudios «no han conseguido encontrar asociaciones significativas y consistentes entre las hormonas y el funcionamiento cognitivo en las mujeres».

Es preciso destacar que la investigación de Leeners no incluyó el trastorno conocido como trastorno disfórico premenstrual (TDPM), un grave trastorno clínico del estado de ánimo que incluye diversos síntomas afectivos, conductuales y somáticos que aparecen cada mes durante el ciclo menstrual.

El Estigma y la Desinformación

Dentro de la desinformación que envuelve estos procesos, se incluye la estigmatización de la menstruación. Nos enseñan a ver nuestros cuerpos a través de una mirada masculina que no nos permite simplemente ser lo que somos. Se nos dice que nuestros ciclos son un tema tabú y ante la falta de información y la dificultad para compartir experiencias en el ámbito público, nos quedamos indefensas.

Entre las varias concepciones erróneas de lo que es la menstruación, una de las más comunes, es que duele. La propia medicina actual considera que forma parte del proceso, obviando y subestimando síntomas que podrían responder a afecciones como la endometriosis o la dismenorrea.

Las mujeres llevamos sufriendo los dolores menstruales (en muchos casos acompañados por cólicos, cefaleas o síncopes) desde los albores de la humanidad y sin embargo, no existe aún un tratamiento específico para ello. Lo habitual es recetar estrógeno o porgestina (principales componentes de la píldora anticonceptiva), es decir, hormonas para paliar el dolor o regular el ciclo, sin siquiera tratar de averiguar qué lo provoca. Se utiliza un sistema concebido para evitar el embarazo, para cualquier cosa, con todos los efectos secundarios que incluye. Algunos de ellos: problemas renales, circulatorios, perdida de deseo sexual, ataque cardíaco, accidente cerebrovascular, coágulos, tumores en el hígado e incluso depresión.

No es raro que además se achaquen estos dolores a estados emocionales que ni siquiera tienen porqué ser ciertos. Se da por hecho que estamos de mal humor o demasiado sensibles, subestimando los síntomas descritos, al asociarlos más con sentimientos que con hechos descritos de forma objetiva.

Es decir, existe la creencia de que la menstruación nos deja en una especie de estado de minusvalía transitoria. Y ni siquiera así, parece ser lo suficientemente importante como para buscar un remedio o paliativo.

Por suerte, porque se está hablando de ello y por desgracia, porque sigue ocurriendo, nos llegan noticias de países como Japón, o India, donde se expulsa de sus hogares a las mujeres durante la menstruación, no se les permite el acceso a ciertas localidades o la escuela. Esta situación ha acabado con la vida de varias niñas, por la falta de vigilancia, de atención médica y de cuidados (en algunos casos a penas se les facilita comida o agua). Además las expone a violaciones y maltrato.

La Baja Menstrual y la Visibilidad del Dolor

Esto quiere decir que la baja menstrual recogida en el anteproyecto de Ley del aborto que planea el Gobierno “no es novedosa” porque “un dolor incapacitante como puede ser la regla ya existe como posibilidad de motivo de baja” para la Seguridad Social, como apunta Saldaña. No obstante, la médica defiende que la novedad de la norma radica en otro lugar. Por un lado, la doctora remarca la capacidad de la baja menstrual de “dar visibilidad a los dolores menstruales”, así como de “sensibilizar a la sociedad, los profesionales y las empresas”.

Tabla Resumen: Diferencias entre Bajas por Incapacidad Temporal y Baja Menstrual

Característica Baja por Incapacidad Temporal Baja Menstrual
Cobertura Estatuto de Trabajadores Seguridad Social (previsiblemente desde el primer día)
Remuneración Sin remuneración los primeros 3 días; del 4º al 20º día, 60% de la base de cotización A cargo de la Seguridad Social desde el primer día
Responsabilidad del Pago Empresa (entre los días 4 y 15) Seguridad Social desde el primer día
Objetivo Incapacidad laboral por enfermedad común Visibilizar y atender dolores menstruales incapacitantes

Conclusión

Hay que dejar de normalizar el dolor. La conclusión del estudio es un llamado a la acción para padre, educadores y, sobre todo, para el sistema sanitario. Normalizar el dolor menstrual y despacharlo como "es algo normal" tiene grandes consecuencias a largo plazo.

Los investigadores señalan que el estigma menstrual y la falta de educación sobre la salud menstrual provocan que muchas jóvenes no busquen ayuda, o que cuando lo hacen, sus quejas sean minimizadas.

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