El Aborto en el Cómic: Información y Reflexión a Través de la Viñeta

02.11.2025

El aborto, a pesar de ser un derecho legal en muchos lugares, sigue siendo un tema tabú. Mujeres de todas las edades y condiciones recurren a él cada año, y aunque se reivindique en las calles, persiste un silencio y un estigma. Para abordar esta realidad, el cómic se ha convertido en una herramienta poderosa para explorar las complejidades del aborto, desde perspectivas históricas hasta testimonios personales.

Dos Épocas, Una Misma Soledad

Dos mujeres jóvenes, una en la España de los años sesenta y otra en la actualidad, se enfrentan a un embarazo no deseado. Ambas deben tomar decisiones según la época que les tocó vivir y hacer frente a la misma soledad. Esta premisa es el punto de partida de muchas narrativas gráficas que buscan eliminar el tabú y la vergüenza asociados al aborto.

Blanca Vázquez (Guadalupe, Cáceres, 1997) en su obra Juntas en esto (Astiberri), narra la historia de dos embarazadas, una en la década de los 60 y otra en la actualidad. "He querido hacer un cómic sobre el aborto -asegura Blanca- porque muchas veces me he puesto en la piel de las mujeres que han tenido que abortar y de las que han querido y no han podido. Preguntándome cómo se han sentido, si han tenido el suficiente apoyo moral o si desgraciadamente han sido juzgadas por ello. Creo que todas nos hemos preocupado alguna vez por ese tema y rara vez hemos hablado de ello, incluso con las personas más cercanas. Por lo tanto creo que sigue siendo un tema tabú importante, como si hubiera que avergonzarse por ello".

"Además -añade-, he querido hablar del aborto porque es un tema que tiene mucha polémica detrás. Aunque actualmente sea legal, tenemos que seguir reivindicando este derecho porque todavía hay personas que quieren arrebatárnoslo".

Blanca nos habla de las dos protagonistas del libro: "Son nieta y abuela, dos mujeres jóvenes que se encuentran en la misma situación, un embarazo no deseado. La protagonista de los años 60, no tenía muchas opciones para enfrentarse al embarazo, ya que en España el aborto era ilegal en esa época. Dejando a un lado la opción de aborto clandestino (mucho más arriesgado tanto a nivel legal como sanitario), podría haberlo hecho en otro país, como Francia o Inglaterra".

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"Pero para ello -añade-, se necesitaba dinero y un mínimo de explicaciones a la familia, por lo tanto no era una opción libre a la mano de todas. Así que, podría decirse que sus opciones eran únicamente dos. Continuar con el embarazo y asumir ser madre soltera en un pueblo pequeño, con lo que esto supone, o empezar una nueva vida lejos, libre de prejuicios con su bebé".

"En cambio, su nieta tiene muchas más opciones para enfrentarse a ese embarazo, aunque ninguna de ellas es fácil" -concluye-.

Dos mujeres que comparten la misma angustia. Dos mujeres a las que separan casi sesenta años pero que comparten muchas cosas: "Hago esta comparación entre ambas épocas -asegura la autora- para mostrar que tanto en el relato de los años 60 como en el de la actualidad, las dos protagonistas comparten la misma angustia, la misma vergüenza ante su familia (ya que ninguna comparte su secreto) y el mismo silencio que las acompaña durante todo el relato. Aunque haya una diferencia de casi 60 años y el aborto haya sido legalizado, sigue siendo un tabú igualmente. Aunque la ley haya cambiado, la mirada de la gente sigue siendo la misma en muchos aspectos".

"Narrativamente -añade-, esto me permite tratar varios temas, como el miedo al qué dirán, la culpabilidad, los nexos familiares, el desapego en las relaciones actuales...Todo eso sin salirme del hilo conductor, la historia en paralelo de un embarazo no deseado.

"Pero sobretodo -añade-, con esta doble narración puedo mostrar que ninguna elección está mal siempre que se tome libremente. Que aunque la protagonista actual exista gracias al embarazo no deseado de su abuela en los años 60, ella es libre de decidir qué hacer".

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Aunque pudiera parecerlo por la intensidad de los sentimientos que consigue transmitir, Blanca asegura que: "No está basado en ninguna experiencia real ni personal, pero me gusta pensar que si hubiese sido así, el proceso de haber hecho este libro me permitiría hablar del problema sin miedo ni vergüenza. Al haber vivido en un pueblo, he conocido varios casos de embarazos no deseados en mi entorno y cómo ha influido “el qué dirán” en sus vidas. Pienso que en las ciudades no hay tanta sensación de ser juzgada por estos temas".

"También -añade- conozco mujeres que han abortado pero llevándolo con máxima discreción, por ser un tema complicado para ellas". Por eso le gustaría que este libro: "Lo leyesen el máximo de personas posible, sin importar su género, edad (empezando en la adolescencia), ideología política o clase social. Porque todos podemos vernos involucrados en una situación parecida sin importar nuestra condición. Aunque este tema, por suerte o por desgracia, nos toque más de cerca a las mujeres".

"Se lo recomendaría -continúa- a cualquier persona que esté en una situación similar a la de ambas protagonistas, a sus familiares y amigos, a las personas que están en contra del derecho al aborto, a los hombres que creen tener derecho a decidir por nosotras, a los políticos que nos hacen las leyes y a adolescentes que se hacen preguntas. Con la esperanza de que este libro les permitiera hablar libremente de sus preocupaciones al respecto y también para remover conciencias".

Lo mejor de todo es que Blanca transmite un potente mensaje sin usar diálogos, solo con la fuerza de sus maravillosas ilustraciones. "He prescindido de los diálogos por varios motivos -asegura-. Principalmente porque pienso que la narración de Juntas en esto requiere silencio y reflexión. Ambas protagonistas afrontan su problema en solitario, por lo tanto los diálogos no aportarían nada, más bien entorpecerían la historia. El otro motivo es que así cualquier persona que lo lea puede apropiarse de los pensamientos de estos personajes, sin que yo los haya teñido con mi ideología o con mis preocupaciones. Así, la lectura es mucho más íntima y personal".

Para que ese mensaje se interpretase de forma sencilla, Blanca ha conseguido diferenciar perfectamente las dos épocas en las que transcurre la acción, los años 60 y la actualidad: "Utilizo dos técnicas para diferenciar ambas épocas; acuarelas burdeos y azules para el presente y tinta china para el pasado. Los efectos de la tinta china me permiten recrear una época más sombría y turbia, como imagino que fue la España franquista. Con las acuarelas azules muestro la frialdad de la gran ciudad y la soledad que siente la protagonista, aunque ésta siempre está representada en tonos burdeos para mostrar que no todo es negativo, que irradia fuerza y energía interna que le permitirá afrontar sola esta situación".

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En cuanto a su estilo de dibujo, Blanca nos comenta que: "Alguien dijo que tengo un estilo “sobrio y sombrío”, y me gustó esta definición. Creo que es válida para el estilo de dibujo de Juntas en esto. También diría que es minimalista porque siempre elimino de mis ilustraciones cualquier elemento que no sea necesario, quedándome con lo esencial. Por lo tanto cada trazo será necesario para la comprensión del relato y no distraerá a los lectores. En esto puedo decir que el estilo de Flavita Banana es una gran referencia para mí".

Destacar el epílogo escrito por la periodista Elizabeth Casillas, periodista, fundadora y editora de la revista Cactus. "Queríamos que escribiera el prólogo por su espíritu feminista y por su amplia documentación en el tema del aborto -asegura Blanca-. También porque pronto saldrá su próximo libro, junto con Higinia Garay, sobre la situación de las mujeres en el Salvador. Su epílogo es la conclusión que pedía el libro incluso antes de conocerla".

Con la publicación de esta obra Vázquez (Guadalupe, Cáceres, 1997) se siente con ganas de entrar de lleno en el mundo del cómic y la ilustración, pero sobre todo quiere hacerlo para seguir aportando más títulos a este nuevo género de la viñeta social que cada vez tiene más fuerza y aceptación tanto para el mundo editorial como para los lectores.

Voces desde El Salvador: Todas nosotras

En El Salvador, la interrupción del embarazo, tanto voluntaria como espontánea, está catalogada judicialmente como un homicidio agravado. Muchas mujeres son condenadas a penas de cárcel de hasta 30 años. Esta realidad es denunciada en el cómic Todas nosotras (Astiberri/Mundubat), un relato que "necesita ser escuchado".

Elizabeth Casillas, coautora de este cómic junto a Higinia Garay, da voz a cuatro mujeres salvadoreñas víctimas de ese sistema judicial que penaliza el aborto. Mujeres que, en muchos casos, sufren abortos naturales cuando su embarazo casi ha llegado a término y son denunciadas en el propio hospital. Al ser trasladadas a prisión, no pueden vivir "el duelo por la pérdida del bebé" y son mal vistas por el resto de las presas.

Tanto es así que "no se sabe" cuántas mujeres hay encarceladas por este motivo. Y esto es lo que vivieron Mariana, Cynthia, María Teresa y Elsi, las protagonistas de Todas nosotras, esta obra publicada por Astiberri que forma parte de un proyecto más amplio iniciado por la ONG Mundubat, que desde el año 1988 está presente en El Salvador con diferentes propuestas de desarrollo local, participación ciudadana y defensa de los derechos de las mujeres.

Cuatro salvadoreñas que relatan su experiencia como si de una sola voz se tratara porque todas tienen el mismo patrón: mujeres empobrecidas, con un bajo nivel educativo y sin ninguna posibilidad de poder acceder a una defensa legal "buena". Aunque gracias a asociaciones como Mundubat, Las 17 y más o TNT cada vez son más las que logran salir adelante, consiguen reducir sus penas, incluso ser absueltas, y así pueden llevar una vida dentro de la normalidad.

Sin embargo, la voz más libre es la de María Teresa Rivera, que consiguió salir del país y luchar por los derechos de las mujeres salvadoreñas "desde fuera". En concreto, Rivera sufrió un aborto espontáneo en 2011 y la justicia salvadoreña la condenó a 40 años de prisión, aunque solo pasó cinco porque su caso fue revisado y Suecia accedió a refugiarla.

Por eso, en este cómic vemos cómo solo es ella la que habla abiertamente del "derecho a decidir" cuando se refiere al aborto, porque solo es ella la que tiene "absoluta libertad" para denunciar lo que les pasa a las mujeres en su país.

Según lamenta la coautora, pese a que este libro se pueda llegar a vender en las librerías de El Salvador, no cree que así sea. Aunque reconoce que lo "importante" es que estos relatos "se escuchen fuera del El Salvador", un país que tiene "complicado" que esta ley que condena a tantas mujeres sea revocada porque "pese a que los gobiernos cambien, la religión tiene mucho peso".

Con rigor periodístico, pero sin dejar de lado el humor y la ironía, las autoras de Todas nosotras (Astiberri, 2020) dan a conocer datos sobre el aborto, situaciones reales de mujeres de todo el mundo, momentos históricos que marcaron un antes y un después en su regulación y proyectos de mujeres que luchan por conseguir que sea legal y gratuito.

Ficha técnica de Todas nosotras

  • Editorial: Astiberri Ediciones
  • ISBN: 9788418215520
  • Idioma: Castellano
  • Número de páginas: 144
  • Encuadernación: Tapa dura
  • Fecha de lanzamiento: 03/03/2022
  • Año de edición: 2022
  • Plaza de edición: Bilbao
  • Alto: 24.0 cm
  • Ancho: 17.0 cm

La palabra que empieza por A: Humor e Ironía para Desdramatizar

La palabra que empieza por A es una novela gráfica que se gestó en paralelo a Todas nosotras, anterior lanzamiento de las mismas autoras, la guionista Elizabeth Casillas y la ilustradora Higinia Garay. Ambos proyectos, publicados por Astiberri, hablan de la interrupción del embarazo empleando el formato de cómic-ensayo. El primero narraba la historia de cuatro mujeres salvadoreñas encarceladas acusadas de aborto y sus vidas después de salir de prisión.

«Parte de la motivación de escribir este libro fue, precisamente, que era muy complicado», señala la responsable del texto. «Había información, pero no siempre estaba clara o provenía de fuentes especializadas como informes o guías médicas».

La palabra que empieza por A utiliza el humor y la ironía para desdramatizar, y le va bien la etiqueta de memoria histórica feminista. «Noemí López Trujillo, autora del epílogo, lo califica así al no considerarlo un repaso, sino una narración de una política global que históricamente ha atentado contra la autonomía de las mujeres», explica Casillas. «Si Noemí lo dice, bien dicho está, pero no soy yo muy de etiquetarme».

Para Higinia Garay, el aborto es «un tema atravesado por el control del cuerpo de las mujeres». El humor en sus páginas «hace que estos conceptos entren mucho más suave y lleguen así a más personas, que también es importante por la necesidad de dar un poco de luz al tema».

Sacar adelante este cómic «ha sido un proceso largo y costoso, con una pandemia y una maternidad de por medio, que ha durado casi tres años. El estilo gráfico a dos tintas, negra y fucsia, fue «una cuestión práctica. Eran muchas páginas para hacerlas a color», destaca Higinia. «Por otro lado, es una novela-ensayo, debía tener un toque más periodístico y no despistarnos tanto con la ilustración.

Tras la lectura del libro, donde dan a conocer múltiples datos, situaciones reales de mujeres de todo el mundo, momentos históricos en la regulación del aborto y proyectos de mujeres que luchan por conseguir que sea legal y gratuito, la sensación es que todavía queda mucho por avanzar.

«Faltan protocolos en la sanidad pública y falta que el aborto se hable, no solo la interrupción voluntaria del embarazo», dice Casillas. «Aún hay gestantes en España que tienen que desplazarse para interrumpir sus embarazos, bien sea a otras provincias o a otros países, en estados muy avanzados cuando se detectan anomalías. En su opinión, «el acceso al aborto seguro, legal y gratuito va a estar siempre pendiente de un hilo, solo hay que ver lo que está pasando en Estados Unidos».

Y sigue siendo un «tema tabú», subraya la dibujante.

Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, en 2018 se practicaron 95.917 abortos en España, 1.794 (un 1,91%) más que en 2017. Esto supone una tasa de 11,12 por cada mil mujeres de entre 15 y 44 años. Un incremento que supone, en términos estadísticos, "una tendencia a la estabilización". Pero aún así, el aborto sigue siendo un tema tabú en España.

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