Cómo Evitar las Regurgitaciones en Lactantes: Consejos Prácticos

04.12.2025

La regurgitación o reflujo gastroesofágico del lactante es un fenómeno común en casi todos los recién nacidos. Se produce cuando el contenido (leche) del estómago regresa hacia el esófago, el tubo muscular que transporta los alimentos y líquidos desde la boca hasta el estómago.

¿Qué es la Regurgitación?

La regurgitación es la vuelta del contenido (leche) del estómago hacia el esófago. En ocasiones, este contenido puede llegar a la boca del bebé en forma de eructo húmedo, mientras que, en otras, permanece en el esófago sin provocar apenas molestias.

Generalmente, se produce cuando el lactante come en exceso o traga demasiado aire mientras es alimentado, debido a que su sistema digestivo no está completamente desarrollado. La regurgitación es algo común hasta el sexto o séptimo mes de vida y empieza a disminuir después. Este fenómeno se suele resolver por sí solo entre el año y el año y medio de edad y no necesita tratamiento, pues no afecta al bienestar del bebé.

Por tanto, lo normal es que no constituya motivo de preocupación y tampoco significa que el bebé tenga una intolerancia o alergia alimentaria. Solo en muy pocos casos existe enfermedad por reflujo gastroesofágico, que sí debe tratarse.

¿Cuáles son sus Causas?

En un sistema digestivo que está totalmente maduro y funciona con normalidad, la abertura o anillo muscular que separa el estómago y el esófago -el esfínter esofágico inferior- se cierra por completo tras el paso de los alimentos para mantener en su lugar los contenidos estomacales.

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En los bebés de pocos meses este músculo está inmaduro, por lo que puede abrirse fácilmente, haciendo que el lactante regurgite la leche, especialmente cuando está lleno. También puede haber regurgitación si ha tragado demasiado aire al alimentarse, ya que este ocupa un gran volumen de espacio en el estómago. Por otra parte, es más fácil regurgitar alimentos líquidos como la leche que sólidos.

¿Cómo Diferenciar la Regurgitación de los Vómitos?

Es importante que tú distingas entre el vómito y la regurgitación. Mientras que la regurgitación aparece de forma espontánea hacia fuera de la boca del bebé, en ocasiones en forma de eructo, y no es ni molesto ni doloroso, los vómitos sí que pueden crear una situación violenta, ya que la expulsión de leche no será como lo es en la regurgitación.

Cuando el bebé vomita, el contenido del estómago sale disparado con fuerza por la boca, consecuencia de la contracción vigorosa de los músculos del abdomen y el diafragma. En cambio, cuando regurgita, este contenido fluye por la boca con suavidad, sin esfuerzo por parte del niño. En este caso, además, no hay contracciones musculares y el lactante no sufre malestar o dolor.

Además, la regurgitación está frecuentemente acompañada de eructos y suele tener lugar tras las tomas, cuando el estómago del lactante está lleno, así como cuando el niño está acostado, postura en la que es más fácil que el contenido del estómago ascienda al esófago. En la regurgitación, la leche sale de la boca con suavidad.

¿Cuándo Debo Consultar al Pediatra?

Si el lactante no tiene molestias, come bien y aumenta de peso, la regurgitación no debe constituir motivos de preocupación. Solo será necesario contactar con el pediatra en caso de que se observen síntomas como los siguientes:

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  • Vómitos con esfuerzo de color verdoso, marrón o con sangre en vez de blanquecinos.
  • La cantidad de leche expulsada es grande.
  • El bebé no aumenta de peso.
  • Rechaza el alimento.
  • Está cansado y/o irritable, sobre todo, al tumbarle.
  • Llora más de tres horas al día.
  • Tiene hipo excesivo o produce demasiada saliva.
  • Padece dificultad para respirar después de regurgitar o hay apnea durante el sueño.
  • El número de pañales mojados es menor de lo habitual.
  • Hay tos de difícil control y recurrente.
  • Hay laringitis repetidas, diarrea, estreñimiento o distensión abdominal.

¿Es Necesario Tratar las Regurgitaciones de Alguna Manera?

Si la regurgitación no afecta al bienestar del bebé, no es necesario ningún tratamiento. El reflujo se resuelve normalmente por sí solo entre el año y año y medio de edad, ya que, a partir de aproximadamente los seis meses, el niño empieza a ingerir alimentos más sólidos y a permanecer más tiempo sentado. Ello lleva a que las regurgitaciones vayan reduciéndose paulatinamente hasta desaparecer.

Por tanto, no es necesario realizar cambios en la dieta. Sí puede ser útil aplicar medidas preventivas como mantener al lactante en posición vertical durante veinte o treinta minutos después de las comidas, así como las que se desglosan en el apartado de CinfaConsejos.

Solo en el caso de que exista algún problema de salud sería necesario un tratamiento, que dependería de la causa. En el caso de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), algunos bebés requieren introducir espesantes en su alimentación y, en ocasiones, recurrir a fórmulas hipoalergénicas. También puede ser necesario que tome porciones más pequeñas con más frecuencia.

Solo en algunos casos el tratamiento del ERGE se basa en el uso de medicamentos supresores de ácido como los inhibidores de la bomba de protones o bloqueantes H2. Muy raramente, este problema en bebés requiere de cirugía antirreflujo.

Consejos para Tratar la Regurgitación de los Bebés

Seguir los siguientes consejos puede ayudar a reducir la regurgitación en los lactantes:

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  1. Mantén a tu bebé erguido: Tanto mientras lo alimentas como durante los quince o veinte minutos posteriores, mantenlo incorporado (a 45º aproximadamente). No lo acuestes ni lo dejes en la hamaca o el sueño antes de la media hora después de que tome.
  2. No esperes a que tenga hambre para la toma: De esta manera, evitarás que tenga ansiedad y trague demasiado aire al comer.
  3. No lo alimentes en exceso: Dale solo lo que necesita, tanto si su alimentación es mediante lactancia o con leche artificial. También puede ser beneficioso que tome cantidades más pequeñas con mayor frecuencia. Por otra parte, es conveniente que si la mamá es lactante, vacíe un pecho antes de comenzar con el otro, ya que la leche del final de la toma es más espesa, lo que previene la regurgitación.
  4. Si toma biberón, escoge una tetina con un agujero del tamaño adecuado: Si el agujero es demasiado grande, la leche puede salir demasiado rápido y, si es pequeño, pueden llegar a formarse burbujas de aire que el bebé ingerirá.
  5. Durante la toma y tras esta, hazle eructar: Ayudar suavemente al bebé a expulsar el aire que ha ingerido puede favorecer que no se le acumule en su estómago.
  6. Eleva un poco el cabecero de la cuna: Para ello, puedes poner bajo el colchón una toalla enrollada, una manta o una almohada. También puedes levantar el respaldo del cochecito.
  7. Evita los juegos activos tras la alimentación: Dale tiempo para que su estómago se asiente tras la alimentación, ya que los movimientos bruscos durante los minutos siguientes podrían desencadenar la regurgitación.

La regurgitación es muy habitual en los bebés, sobre todo en su primer a etapa de vida, cuando echa la leche para fuera después de las tomas. Es importante diferenciar las regurgitaciones del pequeño de los vómitos, ya que suelen tener causas distintas. La principal causa de que los bebés regurgiten es la inmadurez de su sistema digestivo, que está en pleno desarrollo.

A medida que el esófago “toma forma” y puede empujar la comida al estómago, las regurgitaciones van disminuyendo hasta que dejan de producirse por completo. El problema de la regurgitación también puede acentuarse si el bebé traga aire en las tomas y tiene muchos casos y si se le balancea en exceso durante y después de la ingesta.

Es fundamental que en las tomas el bebé no este acostado, sino que se mantenga de forma vertical y con la cabeza en alto durante la ingesta. Es importante mantenerle en una posición erguida y dejarle así durante una media hora después de comer.

Relacionado con lo anterior, es esencial crear un ambiente agradable, de paz y tranquilidad para evitar la excitación en el bebé antes, durante y después de las tomas. Igualmente, hay que evitar moverle demasiado una vez ha ingerido el alimento para favorecer su proceso de digestión. Por lo que debemos evitar los movimientos bruscos y los juegos activos después de haberle alimentado.

Uno de los trucos para evitar la regurgitación en bebés es controlar las tomas y no alimentar en exceso. Dar pequeñas cantidades de forma más frecuente puede dar mejores resultados. Eso sí, es importante que el bebé no tenga demasiado hambre, ya que esto puede generarle más ansiedad, tragar más aire, afectar a su estómago y, por ende, todo ello llevarle a regurgitar más fácilmente.

El eructo es uno de los signos que nos indican que “todo va bien”. Y es que, esta acción durante la ingesta y después de la misma es señal de que el bebé no esta tragando aire hacia el estómago. Por ello, se recomienda tener paciencia y dejarle tiempo al pequeño para que expulse el eructo. Lo ideal es que lo haga cada 30-60 ml de leche ingeridos y siempre en posición vertical.

A la hora de dormir al bebé, lo más recomendable es ponerle boca arriba y elevando la parte delantera de la cuna, donde se sitúa la parte superior de su cuerpo.

Muchos recién nacidos regurgitan después de la toma o eructan porque su tracto digestivo aún no está completamente desarrollado. También hay algunas situaciones en las que los recién nacidos tienen más probabilidades de que les pase que otras.

En pocas palabras, que después de algunas tomas tu bebé regurgite es perfectamente normal. Sin embargo, hay algunas cosas a tener en cuenta para asegurarte de que tu pequeño no cruce la línea entre regurgitar y vomitar. Las dos cosas son muy diferentes y debes consultar con un médico si tu bebé está vomitando con fuerza todo, o la mayor parte de la toma.

Si tu bebé presenta síntomas de reflujo que interfieren con su alimentación, sueño o bienestar general, es importante buscar la opinión de un médico. Recuerda que cada bebé es diferente y lo que funciona para uno puede no funcionar para otro.

En los primeros meses de vida, para tu bebé todo es nuevo: el entorno, los sonidos, las formas, los colores… y, por supuesto, ¡la alimentación! Su cuerpo se tiene que adaptar a todas estas novedades poco a poco y, a veces, sufre algunos desajustes quepueden alarmarte.

Las regurgitaciones del bebé se deben a que la válvula que impide que el contenido del estómago vuelva a su esófago no está lo suficientemente desarrollada todavía. Así que la comida rebosa por la boca del bebé al poco de terminar sus tomas o incluso unas horas después. A ese retorno del alimento al esófago se le llama reflujo gastroesofágico y, como explica la Asociación Española de Pediatría (AEP), “muchas veces queda en el esófago y apenas produce molestias”. Sin embargo, “en unos pocos bebés, el reflujo les provoca problemas de salud.

Como siempre explicamos, el pediatra es la persona indicada para determinar si lo que tu bebé tiene son regurgitaciones o hay algún problema mayor. En las regurgitaciones el alimento rebosa suavemente, como una especie de babeo. Hasta los seis meses, el bebé normalmente toma solo leche materna y suele estar tumbado, lo que facilita la regurgitación del alimento.

Por otro lado, hacer eructar a tu bebé mientras se alimenta y al terminar, también puede resultar de ayuda. Si el pediatra lo considera necesario, podría recomendarte cambiar algunos elementos de la dieta de la madre mientras está dando el pecho. En cuanto a la alimentación de tu bebé, la AEP señala que los bebés con regurgitaciones que toman pecho “no precisan realizar cambios en la dieta, ni tampoco si toman biberón y por lo demás están bien”.

También explica que hay preparados para alimentar a los bebés que contienen espesantes: “Se llaman fórmulas antirregurgitación. Al ser más espesas, es más difícil que las bocanadas lleguen a la boca, aunque no impiden que el reflujo se siga produciendo”.

Así es, si tu bebé regurgita porque su esfínter esofágico todavía no está maduro -se trata de un reflujo gastroesofágico fisiológico-, el problema desaparecerá a los meses, cuando esta válvula ya haya aprendido a funcionar. Además, a medida que vayas incorporando a su dieta alimentos más sólidos, también irán disminuyendo las posibilidades de que estos vuelvan a la boca de tu bebé.

Las regurgitaciones son muy comunes en los primeros tres meses de vida. A partir de los seis meses comienzan a disminuir y suelen desaparecer definitivamente entre los 12 y los 14 meses. Según la AEP, “no es preocupante que en algún momento parezca que las regurgitaciones vuelven a empeorar, sobre todo coincidiendo con infecciones u otras enfermedades.

En el caso de que el pediatra vea síntomas de que puede haber una enfermedad por reflujo gastroesofágico, podría solicitar algunas pruebas para diagnosticarla. A pesar de todo, recuerda que lo más habitual es que las regurgitaciones desaparezcan a medida que el sistema digestivo de tu bebé evolucione, sin mayor problema.

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