El Nacimiento de la Iglesia: Una Perspectiva Histórica
Podríamos decir que el primer libro de historia de la iglesia es «Los Hechos de los Apóstoles», cuya autoría corresponde al evangelista Lucas. Además, la descripción histórica de la manifestación y descripción del Espíritu Santo, también se plasma, sin ningún tapujo. Este libro se inicia con una explicación, o prólogo, que lo relaciona con el evangelio sinóptico de Lucas. En este relato se presenta a Jesús dejando evidencias claras de su resurrección; ascendiendo al cielo posteriormente y dejando un cometido importante, «en el Espíritu Santo», especifica el evangelista, que marcará una nueva etapa (Hecho 1:1-5).
Se resalta la idea del sufrimiento o padecimiento de los mismos apóstoles y discípulos, que tenían que esperar la promesa del Espíritu Santo, una vez Jesús ascendiera. Así, Lucas presenta a los apóstoles y mujeres, además de la madre de Jesús y sus hermanos, es decir a 120 discípulos en un aposento alto de Jerusalén, esperando la venida del Espíritu Santo (Hechos 1:12-15). Cuando llega el día de Pentecostés, nos aclara Lucas que estaban todos allí, y que se cumple la promesa del bautismo en el Espíritu Santo (Cf.
El día de Pentecostés, sería uno de los nudos de inflexión que nos marca lo que también podría entrar en orden a un avivamiento sin precedentes. Es verdad, que estamos en una etapa incipiente del cristianismo; todo es un tanto convulso y precipitado; pero, la influencia y trascendencia sería universal, tanto en el tiempo como en el espacio. Era una fiesta judía, que se celebraba 50 días después de la «Pascua», tal como indica el mismo nombre de la fiesta.
Era una de las tres fiestas más importantes, por las que, el pueblo de Israel se movería hacia el templo de Jerusalén para su celebración. Según el exégeta Jean Potin, esta fiesta recordaba la creación del pueblo de Israel, pues, desde el Siglo II a. C. tenía ya esta significación y celebración. Desde el monte de Sinaí, y después de la esclavitud egipcia, el pueblo tiene unas directrices claras, unos mandamientos y un propósito.
Esta fiesta también se relacionaría con la celebración agrícola de las «Semanas o Cabañas», tiempo en el que se recogían los primeros frutos. La redención de Cristo, estaría seguida de este «Pentecostés», que significaría una gran cosecha; un nuevo orden, que al igual que la Pascua se transformó en la institución de la Santa Cena cristiana. Ahora, esta significará, ya no la existencia del pueblo de Israel, sino la del cristianismo.
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La venida del Espíritu Santo produjo un fruto diferente; la escena fue como la descrita en la narración de Éxodo 19:16-18[2]. El escenario está totalmente permeado por la Palabra de Dios, por toda la plataforma del Antiguo Testamento, que dio a luz al Mesías, y donde el Espíritu Santo será el protagonista de este sublime acontecimiento. Como dice Harry R.
En pentecostés se produjeron cambios fundamentales en el carácter y la estructura del pueblo de Dios:
- La iglesia universal del Nuevo Testamento reemplazó a la congregación estrictamente israelita, expresada en el templo y la sinagoga.
- El pueblo de Dios dejó de ser un pueblo nacional y se transformó en una comunidad internacional y universal.
- El predicador reemplazó al sacerdote; el púlpito reemplazó al altar, y el testimonio de la iglesia del sacrificio de Cristo reemplazó al sacrificio ceremonial de animales.
La capital religiosa de los judíos era Jerusalén. Ellos guardaban la ley, el sábado, y la circuncisión. La iglesia no tiene una ciudad capital, ni templo, ni sacerdote, ni altar, ni tierra santa. El carácter de un número, como el de «120 reunidos en el aposento alto», nos da, no solamente un sentido del remanente que espera en Dios, sino que podemos ver en ello, toda una simbología del nuevo orden, donde la Palabra de Dios es interpretada para este momento, y se dan esos elementos básicos para un nuevo despertar.
Hay preocupación y crisis, pues, están confinados en el cenáculo, sin saber lo que ocurriría ante aquellos contrarios a Cristo. Están todos unidos, orando; pero, además, con una gran expectativa de lo que acontecería según la promesa recibida. Si bien se mencionan por nombre a los apóstoles que estaban allí, también aparecen en un rango similar todos los demás, las mujeres, la familia de Jesús, y otro número de discípulos.
En este nuevo tiempo, Dios vuelve a resaltar la presencia de la mujer, al igual que lo hizo desde la cruz, o desde la resurrección. En pentecostés no se haría ninguna exceptuación por sexo, raza o estatus social. El Espíritu Santo es dado a todos los que esperaban en Él, pues, de forma simbólica nos dice que esas lenguas fueros distribuidas para todos, y el milagro de la «glosolalia» prepara todo el devenir universal, para compartir lo que estaba ocurriendo a todo el mundo.
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El avivamiento, tiene un propósito intrínseco que transformó las vidas de los que esperaban en el aposento alto; pero, también tiene un efecto de proyección sobre los que tendrían que convertirse, una multitud, que celebrando la fiesta judía de «Pentecostés», son atraídos allí ante lo que estaba ocurriendo. Comenzaba el cometido de «la gran comisión: «[…] pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8, 9).
El historiador Latourette resalta cómo aquellos que habían creído en Cristo pudieron experimentar la venida del del Espíritu Santo, después de experimentar la resurrección de Jesús. Eran personas nuevas, pues tuvieron que sujetarse a Dios para tener una expectativa nueva, convirtiéndose en testigos entusiastas. Es en esta experiencia de plenitud del Espíritu Santo en las vidas de los creyentes, que, ante la expectación de los judíos procedentes de los tres continentes conocidos en la época, África, Europa y Asia, que el apóstol Pedro comienza a presentar el Evangelio.
La lengua del pueblo de Dios no era el hebreo, sino la lengua de cada pueblo. En este pasaje Lucas nos presenta una sugerencia muy clara referente a las lenguas y a todos los judíos que allí llegaron de diferentes pueblos, y es que el Evangelio ya puede ser entendido por todos los pueblos. Esto, en el momento que Lucas escribe el libro de los «Hechos de los Apóstoles» (alrededor del 80 d.
Habiendo llegado a este punto, quisiera ilustrar los aspectos más importantes de lo que significará este avivamiento, mediante una de las muchas representaciones pictóricas sobre «Pentecostés». A lo largo de la historia, han sido muchos los artistas que han representado este evento histórico, tales como, Tiziano, Jean Baptiste Jouvenet, Juan Bautista Mainó y otros. Pero, quisiera usar el de El Greco. Uno de los lugares representados entre los presentes en Pentecostés, era Creta, lugar donde también nació El Greco, aunque fue durante su residencia en Toledo, lugar en el que estuvo hasta que murió, que pintó el magnífico retablo de «Pentecostés».
Sin entrar en el estilo tan personal de esta pintura, que supone importantes reminiscencias góticas, para introducir un manierismo que acerca al barroco de la Contrarreforma del XVII, me gustaría comentar todo lo que nos acerca a este avivamiento. Desde la archidiócesis de Toledo, El Greco quiso describir, como pintor abanderado de la Contrarreforma, la importancia de la madre de Jesús como figura central en la isocefalia[5] de la pintura, la experiencia de Pentecostés.
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- En realidad, el protagonista de esta pintura, y donde se dirigen casi todas las miradas, es el Espíritu Santo, representado en la pintura como una paloma. Lucas nos enseña, que lo ocurrido, no es algo planificado por los hombres, fue «de repente» que vino el Espíritu Santo.
- Las lenguas de fuego, no es lo destacado, sino lo que estas significarían, que el evangelio fuese entendido por todos. El avivamiento de Pentecostés, supone la destrucción de las barreras que limitan la obra de Dios.
- En realidad, estas lenguas de fuego son pequeñitas, pero, son los personajes los que aparecen como llamas, con un juego de luces y de cromática muy especial, que intenta describir «el bautismo del Espíritu Santo».
- Una mujer que parece representar a María Magdalena, y que podemos entender como otra de las barreras que se tendrían que abolir, la discriminación por motivos de género.
- La oración representada por las manos en el centro, forman parte de la adoración de conjunto.
- Todos unánimes, juntos, la división de los creyentes es la antítesis del avivamiento.
- Solamente hay una mirada, que no corresponde a uno de los doce apóstoles, que sale de la escena, dirigiéndose al espectador, al que observa lo que ocurre. Sin ser dogmático, y viendo el parecido con alguno de los autorretratos, quisiera pensar que es la misma representación de El Greco.
Estos dos preciosos versos tomados de himno que se leía en el antiguo Oficio de la fiesta del Corazón de Jesús, Contienen una visión profunda de la Iglesia. Una vez más, es la Liturgia la que nos introduce en lo más hondo del misterio cristiano, mediante un conocimiento que pudiéramos llamar por connaturalidad. Porque ella nos proporciona una vivencia de la realidad, como si dijéramos, en directo, sin la sequedad de la reflexión abstracta; y comunica la fruición indefinible de la vida, sin romper el hechizo de su belleza con la crítica descarnada del laboratorio teológico.
Naturalmente, esto no quiere decir que se pueda prescindir de la crítica teológica. Por el contrario, esa crítica es necesaria, si se quiere evitar el riesgo de una falsa ilusión, o de un sentimentalismo deformado. El mismo san Pablo tuvo que subir a Jerusalén, movido por una revelación divina ( Gál 2,2 ), Para confrontar su evangelio con los Apóstoles y no exponerse a correr o haber corrido en vano.
Pero el estudio científico, lejos de secar la vivencia de la fe, debe servir para fortalecerla, purificarla y arraigarla. El tema del nacimiento de la Iglesia del Costado herido del Sr. Ha sido estudiado con cariño y competencia desde muy diversos puntos de vista. De forma sencilla y somera recoger hemos los documentos del Magisterio universal de la Iglesia. Ello nos permitirá, por ahora, prescindir de los autores eclesiásticos que en ese mismo lapso de tiempo proponen la idea de la Iglesia nacida del Corazón de Jesús, con lo cual entroncamos directamente con los autores del IV, que estimamos de especial interés.
Documentos del Magisterio Universal de la Iglesia
Tres son los documentos mayores del Magisterio universal de la Iglesia que merecen una especial atención. Los dos primeros, por su carácter conciliar a nivel acto ecuménico.
El Concilio Vaticano II
La Constitución Sacrosantum Concilium(n.5) Recoge la enseñanza tradicional, con estas palabras: “Del Costado de Cristo dormido en la Cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera “. Como se ve, Pío XII toma como sinónimos el Costado y el Corazón y expresamente lo afirma en la encíclica Haurietis aquas : “ lo que aquí se escribe acerca del Costado de Cristo, herido y abierto por el soldado, debe decirse de su Corazón, que ciertamente alcanzó la lanza con su golpe, como quiera que el soldado agitó la lanza precisamente Para que constase con certeza la muerte de Jesucristo crucificado.
Pío XII Distingue tres momentos en la constitución de la Iglesia: la preparación durante la vida pública del Señor; el nacimiento en la Cruz; y la manifestación mediante el envío del Espíritu Santo: “El divino Redentor comenzó la edificación del templo místico de la Iglesia cuando por medio de su predicación promulgó sus preceptos; La terminó cuando, glorificado, colgó en la Cruz; La manifestó, finalmente, y la promulgó cuando infundió de un modo visible su Espíritu en los discípulos”.
Considera, pues, terminada la edificación de la Iglesia en la Cruz, aunque a este momento trascendental precedió una larga preparación durante la vida pública y siguió la manifestación, mediante el envío visible del Espíritu Santo.
El Concilio de Vienne(1311 -1312)
Como el Concilio Vaticano II, también el Concilio de Vienne, convocado por Clemente V, tuvo una finalidad de reformadora de la Iglesia, aunque mezclada con otras de tipo político y administrativo. En la tercera y última sesión, celebrada el 6 de mayor de 1312, se estudiaron, entre otras cosas, los errores antropológicos de Pedro de Olieu(Olivi), que había muerto 14 años antes.
En efecto en la Constitución dogmática Fidei Catholicae ser recordaron las principales verdades cristológica que pertenecen a la fe y se definió solemnemente la unicidad del alma humana.
San León magno (440-481)
La idea de que la Iglesia nació del sacrificio redentor de Cristo, y específicamente del Costado herido del Redentor, es tan antigua, que ella aparece por primera vez en un documento papal del siglo V. Nos referimos al Papa san León Magno, y más en concreto a su carta al clero y pueblo de Constantinopla. Esta carta tiene una especial importancia, no sólo por razón de los destinatarios, sino, sobre todo, por razón de las circunstancias en las que fue escrita: en un tiempo de gran agitación doctrinal en todo el Oriente, cuando en Constantinopla se levantaba como bandera de la ortodoxia la carta que el mismo san León había escrito al patriarca Flaviano el 13 de junio del 449, carta que dos años más tarde sería aclamada como regla de fe por el Concilio de calcedonia; tiempo por otro lado, en el que la reacción apasionada de los partidarios de Eutiques se desbordaba en lo que justamente fue llamado por el mismo papa san León el latrocinio de Efeso ; tiempo finalmente en el que se hacía necesario un nuevo concilio universal que pacificara los ánimos que restableciera la unidad de la fe, como lo hizo el concilio de Calcedonia (octubre del 451).
En estas circunstancias escribe san León al clero y al pueblo de Constantinopla, sin que podamos precisar exactamente la fecha de la carta. Evidentemente se trata de una carta doctrinal en la que el Papa tiene conciencia de su papel de árbitro en las cuestiones de fe. En ella dice: “desde el origen mismo del humano linaje se anunció a todos los hombres que Cristo se encarnaría.
Que nació como Inmaculada Virgen y Madre (concilio de Vienne), al recibir el sacramento de la redención y regeneración (San León, papa). para administrar la sangre de la redención (pío doce: Haurietis aquas).
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