El Fascinante Mundo de los Panales de Abeja
Este fenómeno ya despertó la curiosidad de numerosos estudiosos en la antigüedad. En 1974, el nombre de este patricio fue adoptado para denominar a un ácaro parásito de las abejas Varroa destructor que es el causante de la muerte de miles de colmenas. Abeja parasitada por Varroa.
La geometría de los panales
Unos siglos más tarde, otro matemático, Pappus de Alejandría postuló lo que aún hoy se conoce como la conjetura del panal y que viene a decir lo mismo que dijo Varro pero con una jerga más complicada: “si dividimos una superficie dada en secciones de igual área, resulta ser la división en hexágonos la que lo hace con el menor perímetro”.
Bien, pues en 1999 el matemático de la Universidad de Michigan Thomas C. Hales demostró lo que ya Varro había intuido: que los hexágonos son el medio más económico para construir un panal, sólo que lo hizo de modo absolutamente preciso y también bastante más complejo, por lo menos para aquellos que somos legos en la materia. Les dejo aquí la fórmula que usó para demostrarlo.
Lo cierto es que esta estructura permite a las abejas construir celdillas con el volumen suficiente para almacenar miel para el invierno y proporcionar espacio suficiente para sus larvas utilizando muy poco material de construcción. Este material no es otro que la cera -sintetizada en unas glándulas abdominales de las obreras- y resulta bastante cara de producir. Para segregar 1 gr de cera, una abeja debe consumir unos 15 g de miel.
¿Por qué hexágonos?
¿Por qué sólo hexágonos, por qué no una combinación de polígonos?. ¿Por qué las abejas no construyen a base de cuadrados o triángulos?. Si las celdillas fuesen redondas o con la forma de cualquier otro polígono, quedaría espacio de relleno entre ellas, con lo que se desperdiciaría parte de la preciada cera.
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Los ángulos perfectos de las celdillas
Pero no termina aquí la aventura matemática de las colmenas. Ni mucho menos. A la izda. celdilla cerrada vista desde la base. A la dcha. El astrónomo italiano Maraldi (1665-1729) midió los ángulos que formaban estos rombos y determinó que eran 109º 28´ el mayor y 70º 32´ el menor.
Unos años más tarde el físico francés Réamur (1683-1757) lanzó un reto a la comunidad matemática y les pidió a varios colegas que determinasen qué ángulo deberían tener los rombos de la base de una celdilla para que ésta pudiese almacenar el mayor volumen posible. El suizo Johan Samuel Köning (1712-1757) respondió y dio los siguientes ángulos como solución: 109º 26´ y 70º 34´. Un pequeño diferencial de 2´.
¿Cómo fue posible que un reputado matemático como Köning se hubiese equivocado?. La razón estriba en que utilizó unas tablas logarítmicas con un error de imprenta. La consecuencia de este hallazgo no fue baladí ya que estas mismas tablas se usaban para calcular la longitud (la distancia al meridiano de Greenwhich) en los viajes marítimos.
El proceso de construcción
En realidad no. Estudios recientes demuestran que, de hecho, las abejas construyen sus celdillas de forma circular, lo que sucede es que para hacerlo deben calentar la cera, este aumento de temperatura hace que este material se comporte como un semi-líquido. Podemos compararlo con las pompas de jabón. Arriba, Pompa de jabón aislada. Celdilla recién creada a la izda.
Materiales para embalaje inspirados en los panales
Máquina para producción de relleno y protección de embalajes HSM ProfiPack C400. Se pueden imprimir y personalizar. No tienen ningún color visible cuando se usa en el embalaje.
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El tejido de nido de abeja
El tejido de nido de abeja es imprescindible para la ropa de casa. Es muy absorbente, se seca más rápido que la esponja tradicional y dura más. ¿Quiere saber más sobre este material práctico y estético?
¿Qué es el tejido de nido de abeja?
El tejido de nido de abeja recibe su nombre de las pequeñas celdas que se forman al tejer.
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- El tejido de rizo de nido de abeja tiene un aspecto de rizo más tradicional. Sus pequeños bucles formados por el segundo hilo de urdimbre ofrecen una textura suave al tacto. Reversible, este tejido es de rizo en el anverso y de nido de abeja en el reverso.
- Está hecha de algodón 100% o combinada con fibras sintéticas o de bambú.
Es bueno saber : El tejido de nido de abeja es ideal para la ropa de hogar La textura en relieve del tejido de algodón de nido de abeja es ideal para la ropa de hogar. Su aspecto más elegante que el de la felpa hace que sea un material muy popular en la industria hotelera, especialmente en la gama alta. Además, el tejido mantiene su aspecto nuevo después de lavados frecuentes y regulares.
¿Qué se puede hacer con el tejido de nido de abeja?
El tejido de rizo de nido de abeja es la estrella del baño. Gracias a su bonito diseño en relieve, la tela blanca de panal es ideal para hacer pequeñas bolsitas perfumadas, baberos para bebés o bonitas servilletas para los invitados. Fácil de coser, puedes adornarlo con bordados o personalizarlo con aplicaciones de tela.
Para hacer el dobladillo de los bordes y conseguir un buen acabado, te aconsejamos que utilices un bies tejido coordinado: liso, en libertad o con motivos gráficos, elige el que más te guste.
Tejido de nido de abeja, su socio de residuo cero
Para proteger el planeta, cada gesto cuenta.
- Operación cero residuos: ¡no más artículos desechables en su casa! El tejido de nido de abeja es el material perfecto para hacer toallitas desmaquillantes o toallas de mano.
- Dependiendo de su composición, se puede lavar sin dañarlo a 40°C o 60°C en la máquina. Su textura de nido de abeja hace que el tejido de nido de abeja sea ideal para hacer esponjas de cocina. ¿Por qué no empiezas a coser tu propia toalla de papel lavable con nuestro tutorial ecológico?
- Opte por el tejido de panal oeko-tex: Para los accesorios de cuidado corporal y facial, recomendamos utilizar los tejidos oeko-tex, que se fabrican sin sustancias perjudiciales para la piel, la salud o el medio ambiente.
Polivalente, fácil de trabajar y de lavar, el tejido de nido de abeja es un aliado imprescindible para su ropa de mesa y de hogar.
Fabricación de láminas de cera estampada
Históricamente, la cera estampada nació en Alemania-Holanda a mediados del siglo XIX, pero su pleno desarrollo industrial fue a finales de ese siglo, en Bélgica y los EE. UU. El objetivo de su uso es dar a las abejas un inicio de panal, de manera que se agilice y asegure el construir uno completo dentro del marco de madera del cuadro. Habitualmente una lámina pesa alrededor de la mitad de lo que pesará después el panal ya construido. Si consideramos las medidas de un cuadro Dadant o Layens, similares en superficie, una lámina viene pesando unos 100 g, y las abejas han de poner otro tanto.
Evidentemente, para fabricar láminas partiremos de ceras de buena calidad, que no se hayan enmohecido, ni sean muy viejas, ni se hayan quemado en el proceso de fundido de los panales, y, por supuesto, lo más libres de residuos posible.
Procedimientos artesanales
Los apicultores que lo deseen pueden fabricar sus propias láminas por procedimientos artesanales, con diferentes niveles de complicación, y, evidentemente, de trabajo. Para una producción de autoconsumo y pocas colmenas, el procedimiento más sencillo es usar una matriz de silicona con las celdas estampadas y enjabonada. Sobre esta matriz se vierte cera líquida, y se presiona para que se marquen las celdillas. La cera líquida debe estar en un baño de María, a la temperatura adecuada. Esta temperatura deberá ensayarse, pero evidentemente será mayor de 65 °C, que es la de fusión de la cera, y no más de unos 90 °C, para que no fluya tanto que nos queden láminas muy delgadas.
La cera líquida cristaliza cuando se vuelve sólida. Si lo hace rápidamente el resultado final será una cristalización muy rígida, y una lámina poco flexible.
Otra opción semejante, pero más productiva, es usar platos de imprimación con refrigeración. Ya en plan más profesional, está la imprimación con rodillos. En este caso es recomendable empezar haciendo pastillas de cera de la medida oportuna para los rodillos con los que vamos a trabajar. Suelen hacerse en bandejas similares a las de horno doméstico, y luego se corta a la medida de trabajo, que suele ser de alrededor de unos 35x20x1,5-2 cm. Pastillas enfriándose en los moldes. Pastillas.
Para trabajar las pastillas y laminarlas, previamente se han de entibiar en agua caliente, a unos 40 °C, temperatura de moldeo. Entibiado de pastillas y de lienzo ya pasado por los rodillos planos. Enjabonado de las pastillas y rodillos planos. Estirando la pastilla para hacer un lienzo estampable. Estampando el lienzo de cera.
El grosor de la lámina se puede graduar variando la distancia entre los dos rodillos impresores. Habitualmente se hace para tener unas 9-10 láminas Layens o Dadant por kg de cera, y un 20 % más para Langstroth. Cada vez más apicultores profesionales utilizan este procedimiento para fabricarse sus propias láminas en la temporada de menos trabajo, básicamente porque así controlan los posibles residuos que puedan llevar, principalmente de acaricidas.
Es interesante tener en cuenta que en la cera de opérculos de alzas hay cuatro veces menos residuos que en la cera de panales de cría de esas colmenas; aunque para trabajar mejor las láminas es conveniente mezclar cera de panal de cámara de cría con cera de opérculos de alzas.
Laminado profesional
En este tipo de laminado se usa una sola máquina, que recibe la cera fundida de un depósito alimentador, que la mantiene líquida a la temperatura de procesado. El depósito deja caer un fino chorro de cera líquida sobre los rodillos impresores, que giran en sentido contrario, y están refrigerados por un chorro de agua enjabonada y atemperada de un depósito adjunto. De esta manera, la cera líquida pasa a sólida inmediatamente, y es impresa con los hexágonos de los rodillos. El resultado es una sábana de cera, impresa con los hexágonos, que cae sobre una cinta transportadora.
En la cinta hay unas cuchillas laterales graduables, que limitan el ancho de la sábana a lo ajustado. También hay una batería de ventiladores para evitar el exceso de humedad en la superficie de las láminas. Más adelante, en la misma cinta, hay otra cuchilla que cae verticalmente sobre la sábana de cera, con el intervalo que se programe. Este proceso es totalmente automático.
Y, como ya se ha comentado, el rápido enfriamiento de la cera proporcionará láminas más rígidas, con posibles problemas de rotura en la manipulación en épocas o zonas frías. Este inconveniente puede ser parcialmente solucionado controlando la temperatura de la zona de trabajo de la laminadora, para conseguir un enfriamiento lento de la cera. El control de la temperatura, de todas maneras, va a ser necesario para controlar bien todo el proceso.
Para fabricar estas láminas se usan dos máquinas. En la primera máquina se deja caer un chorro de cera líquida sobre un gran rodillo, que gira produciendo una bobina con cera laminada un poco gruesa. Almacenado de bobinas lisas, para laminar posteriormente. En la segunda parte del proceso, estas bobinas lisas, atemperadas, pasan a una máquina de rodillos estampadores, al igual que se hacía en la imprimación artesanal y en el laminado profesional automático.
Los colmenares y su arquitectura popular
Virgilio -Geórgicas, libro IV. La aún, por fortuna, abundante arquitectura popular que se conserva en nuestra provincia vallisoletana, nos brinda tipos y manifestaciones. con una riqueza de matices, muchas veces insólita. Y es que la arquitectura popular no es sólo sumamente práctica, sino también muy ingeniosa en la resolución del problema que se le plantea, logrando que las cosas funcionen bien, natural y sencillamente.
El hombre. en el transcurso de su historia, ha levantado multitud de construcciones auxiliares, distintas a su vivienda, destinadas a potenciar el desarrollo de su actividad y, en definitiva, de su bienestar. Así, los pajares, molinos, palomares, paneras, casetas de era, chozos, tejares y otras muchas edificaciones de más o menos volumen e importancia, han sido la solución constructiva a sus necesidades. Y una de estas construcciones, bien humilde por cierto, pero no menos representativa en la larga historia de la alianza hombre-animales, es el colmenar.
Existen testimonios muy antiguos de la recolección de la miel, pues ya las pinturas rupestres neolíticas nos hablan del aprovechamiento del espeso y rico líquido, desde hace muchos miles de años. No conocía yo ningún colmenar hasta hace pocos meses, en que un amigo y compañero de trabajo, me facilitó el estudio de uno de ellos. acompañándome amablemente en un pueblecito situado en el valle del arroyo Jaramiel. Jaramiel: jara y miel, ¿hay algo más evocador y significativo?
¿Qué es un colmenar?
Digamos primeramente que una colmena es la «unidad familiar», o conjunto de abejas con una reina a la cabeza, que viven y laboran en un habitáculo (que en el caso de las abejas no domésticas puede ser el hueco de un árbol o el alero de una casa),independiente de cualquier otro enjambre o colmena. Pues bien, un colmenar es la casita, el contenedor o caja que arropa y une a un conjunto de colmenas estables, formando un pueblo que tienen sólo de común un mismo techo que las protege no sólo del viento y la lluvia, sino también del saqueo de que pueden ser objeto por parte de otros insectos (polillas, etc.) u otros animales (lagartos, ratones).
El mundo de las abejas, su trabajo y organización, son fascinantes; pero no vamos a tratar aquí de ello. Sólo vamos a hablar del colmenar y sus colmenas. Aquel colmenar del compañero, al igual que los varios que he visto después, no es más que una caseta, pues no llega a la categoría de nave, situada en una ladera soleada cubierta por una plantación de romero. Si describimos la forma de éste, prácticamente lo hemos hecho de todos los de esta región del Cerrato vallisoletano, pues las variaciones son mínimas.
Planta rectangular, con cubierta de madera y teja curva a un agua, vertiendo hacia una de las bases mayores, concretamente a la que hace de fachada; muros de adobe (algunos de mampostería) de unos 40 cms. de grueso, excepto en fachada, que es un simple tabique también de adobe, pero armado con pies derechos y solera de madera, pues ha de soportar el peso del tejado. Es a ella a la que, por el interior, se adosa el conjunto de colmenas y por donde, gracias a unos orificios practicados en el panderete, pueden comunicarse las abejas con el exterior; a este agujero es lo que por allí llaman el aviadero.
Para facilitar el «aterrizaje» de los insectos, que llegan con su carga de polen y néctar, se les suele colocar un trocito de teja saliente bajo el aviadero, que les sirve de rampa; a la vez la prolongación de ambos muros menores, a modo de orejeras, sirve de abrigo o cortavientos, que favorece dicha operación. La puerta de entrada al colmenar se sitúa en un lateral, formándose en el interior una especie de pasillo que permite registrar y a la vez recolectar la miel, toda vez que las colmenas en el lado opuesto a su salida tienen su puertecilla o tapa, que después veremos.
Es muy interesante el emplazamiento. Estos colmenares en pleno campo, se levantan siempre en una ladera, con orientación de la fachada hacia el Sur, aunque he observado una tendencia más bien hacia el Sureste, acaso para aprovechar los primeros rayos de la aurora. Deben de estar cerca de un curso de agua, arroyo o fuente. Es fundamental, y no hay colmenar que no lo tenga, una plantación de romeros muy copiosa, los cuales llegan a desarrollarse como verdaderos árboles, haciendo con el tiempo tan impenetrable el lugar, como si se tratara de una selva. Incluso, como este arbusto florece hasta en el invierno. es sumamente útil, produciendo, por otra parte, una miel excelente y de muy agradable sabor. Es raro que esta plantación no se halle rodeada de una cerca de piedra, que evita la presencia de intrusos que pueden perturbar el tranquilo quehacer de las abejas. A este cercado se le llama tenada.
El número de colmenas que suele dar cobijo un colmenar es muy variable. Suelen éstas establecerse en dos filas o plantas. Incluso algunas veces en tres, con lo cual se albergan entre una y seis docenas. Como anteriormente he dicho. los colmenares son prácticamente iguales todos; sólo difieren en su longitud, que oscila entre 5 y 25 metros, por 2,50 a 3 de ancho. Si acaso, pueden tener una pieza o caseta previa, adosada, que se usa para guardar los elementos auxiliares, tales como caretas protectoras, escriños, recipientes para recoger la miel. cuchillos para cortar los panales, etc., pero tampoco es necesaria.
Sin embargo, si, como decimos, en el colmenar en sí no hay prácticamente riqueza de matices y variedad, no sucede lo mismo con las colmenas. Las «casitas familiares» o «viviendas», sí presentan una jugosa variedad en cuanto a formas, al parecer todas válidas, que merece la pena mostrar. He preferido hacer una división dejando fuera a dos tipos, que, si bien son domésticos, se salen de nuestro tema, que son, las colmenas movilistas, y los escriños empotrados en los molinos o casas. La división está hecha en base a los materiales usados y a su forma.
El primer tipo se presenta como si fuesen cajones adosados, dispuestos en dos plantas, en que las paredes son panderetes de adobe y piso y techo de tablas recubiertas de barro. La tapa interior también es de madera. Es el tipo menos frecuente. Las otras dos divisiones se reparten la gran mayoría de los ejemplares que he visto. Una, formada exclusivamente por adobe, que adopta la forma de bóveda, bien como coronación del 2º. piso, bien como bóveda apuntada que va en caída hacia el aviadero, o incluso de forma oval. Estas dos últimas se aglutinan o unen mediante barro, formando un todo.
La otra gran división, que es, con mucho, la más corriente, es la formada por un cesto tejido con tiras de ramas de castaño, de avellano, e incluso mimbre, que forma el armazón o base; suele tener un metro de longitud, una base menor o de salida de 30 cms. y una boca o fondo de 50 ó 55. El cesto se reviste interiormente de barro o de yeso y se le coloca en posición horizontal o ligeramente inclinada, junto a otros, ligándolos, también con barro en el exterior, pero no entre ellos, cuyo relleno se hace con tierra cribada, al objeto de impedir que los ratones, peligro número uno de las colmenas, hagan galerías estables y, al serle imposible, hace desistir al roedor de su ataque. A esto se llama sabiduría popular.
También los cierres o registros tienen su variedad. A la puertecilla cuadrada, citada anteriormente, hay que añadir las tapas circulares hechas, bien de piedra de una pieza, o bien prefabricadas de yeso o barro empajado, que se colocan verticalmente tapando el registro, recibiéndolas con barro sin quedar oquedades, que podrían dar paso a arañas o polillas. La impresión que produce el conjunto de colmenas visto desde el interior del colmenar es de encontrarnos ante un panal de celdillas gigantes.
Sabiduría popular y refranes
De entre la multitud de refranes (otra muestra de sabiduría popular), publicados últimamente por Juliana Panizo, hay varios alusivos a las abejas, que confirman la importancia que tuvieron en otra época. Entre ellos:
- «Por enero florece el romero».
- «Si a la abeja ves beber, muy pronto verás llover».
- «Ovejas y abejas, poco rinden en manos ajenas».
- « La oveja, la abeja y la mula vieja, en abril pierden la pelleja».
- «No se hizo la miel para la boca del asno».
Y también la celebridad que tuvo la miel del Cerrato, supongo que tanto el palentino como el vallisoletano, que tanto monta:
- «Miel del Cerrato y rábanos de Olmedo».
- «Pan de Wamba, molletas de Zaratán, ajos de Curiel, queso de Peñafiel y de Cerrato miel».
Apicultura en Castilla y León
Ahora. unos datos de actualidad, de la prensa diaria. que nos ofrece esta estadística: En Castilla y León existen 350.000 colmenas, siendo la 3ª. región de España en número de abejas después de Levante y Extremadura y la 1ª. en producción de polen. La provincia con mayor peso es Salamanca con 200.000 colmenas, seguida de Soria, León, Avila y Zamora. Valladolid apenas tiene producción apícola, por la escasez de monte. ya que tan solo aprovecha el cultivo del girasol. (De «El Norte de Castilla». 21-1-88).
La verdad es que no comparto la idea de esta última frase. Si Valladolid hoy no tiene casi producción apícola. no es por la escasez de montes, porque los mismos teníamos hace medio siglo y la gran mayoría de los colmenares estaban a plena producción y hoy no lo están ni el 10 %. La causa habría que buscarla quizá por otros lados: por uno. el uso y abuso de insecticidas en el campo y por otro, y este es el peor, en la apatía e indiferencia del hombre de campo por soluciones alternativas a sus cereales y remolacha.
El poeta Virgilio, alma sensible y profundamente enamorada de los campos, los animales y sus trabajos, escribió hace más de 21 siglos las Bucólicas y las Geórgicas. Las diez églogas de las primeras, en alabanza de la vida rústica, se completan con los cuatro libros de las Geórgicas, dedicado el último de ellos a las abejas y su cría. Todo ello para instar a sus contemporáneos romanos a la vuelta al cultivo de la tierra y al trabajo productivo.
Se me antoja que aquella situación es muy similar a la de hoy en nuestro Cerrato vallisoletano, al contemplar estas humildes construcciones campestres, muchas de ellas arruinadas, que hace unos años albergaban una vida bulliciosa. Quiero imitar humildemente al poeta latino, animando a aquellos habitantes de la zona del Esgueva y del Jaramiel, tradicionalmente abejeros, para que revivan esa hermosa industria.
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