Conductas Agresivas en Niños de 3 a 6 Años: Causas y Tratamiento
Los trastornos de conducta son un conjunto de comportamientos disruptivos que pueden interferir en el desarrollo emocional, familiar, social y académico de los niños. Cuando un niño comienza a mostrar patrones repetitivos de comportamiento problemáticos, es importante no pasar por alto estas señales, ya que podrían estar relacionadas con un trastorno de conducta (TC).
En este artículo, exploraremos qué es el trastorno de conducta, sus tipos, síntomas y cómo abordar este problema de manera efectiva, especialmente en niños de 3 a 6 años. Este rango de edad es crucial, ya que es un período en el que se establecen muchas bases para el desarrollo emocional y social futuro.
Tipos de Trastornos de Conducta en Niños
Los trastornos de conducta en niños pueden manifestarse de diferentes maneras:
- Trastorno de conducta agresiva: Se caracteriza por comportamientos violentos o destructivos, como pelear, destruir objetos o hacer daño a los demás.
- Trastorno de conducta antisocial: Los niños con este trastorno tienen poca empatía hacia los demás y pueden mostrar actitudes de desconfianza o incluso crueldad.
Es importante notar que estos síntomas deben ser persistentes y no es suficiente con que ocurran en algunas ocasiones.
Causas de la Agresividad Infantil
Las causas del trastorno de conducta no son completamente comprendidas, pero diversos factores pueden influir en su aparición. Es importante destacar que estos factores rara vez actúan de manera aislada. Por lo general, el trastorno de conducta surge de una combinación de influencias genéticas, ambientales y neurobiológicas que interactúan de forma compleja.
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Volviendo al tema de la agresividad, ¿qué factores de la matriz personal inclinan a la violencia? Se han señalado influencias hormonales, niveles no adecuados de neurotransmisores (el giro cingulado es hiperactivo, con niveles de serotonina anormalmente bajos y a veces muy altos de noradrenalina), leves trastornos en los lóbulos frontales y, posiblemente, en la amígdala (lo que explicaría por qué las personalidades agresivas no tienen miedo a las consecuencias).
Sobre estas predisposiciones innatas actúa la educación y la experiencia biográfica de cada niño, formando su carácter. Lahey ha estudiado la correlación entre los trastornos antisociales de los padres, su divorcio y los problemas antisociales de los hijos.
Así pues, hay factores de riesgo que favorecen la aparición de las conductas agresivas y factores de protección que la dificultan. En las familias monoparentales, la agresividad de los niños es más frecuente.
Otro de los factores relacionados con el ambiente familiar es el comportamiento incongruente de los padres, o bien entre ellos, prohibiendo uno algo y autorizándolo el otro o bien, y sobre todo, desaprobando los padres la actitud agresiva incipiente pero reprimiéndola a través de la amenaza o incluso el castigo físico y la violencia. Esto provoca que el niño o joven se desoriente sin saber qué es permisible y qué no lo es.
En muchas ocasiones, los niños pueden iniciar una rabieta o un comportamiento agresivo simplemente para llamar la atención de los padres. La falta de tolerancia a la frustración y una baja autoestima también son causas principales de agresividad infantil.
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Tratamiento y Abordaje de la Agresividad en Niños
El tratamiento para el trastorno de conducta (TC) debe ser individualizado y adaptado a las necesidades del niño. Si sospechas que tu hijo podría tener un trastorno de conducta, es fundamental buscar ayuda profesional lo antes posible.
Todas las personas que traten con el niño o el adolescente deben comprender este tipo de problema y el plan de tratamiento. En ese plan, añade, se deben explicar qué respuestas son las indicadas para cada patrón de conducta. Qué hay que hacer cuando interrumpe en clase, molesta a los demás, se pelea, tiene explosiones de cólera, amenaza con suicidarse o declara que se va a marchar de casa. Todas las personas concernidas deben seguir el plan.
En los casos de oposición o de agresividad normal, las medidas educativas se reducen a la sensata, coherente y perseverante aplicación del kit de herramientas básicas: eliminación de elementos desencadenantes, premios, castigos, modelado, cambio de creencias, cambio de sentimientos, formación de hábitos, razonamiento.
Conviene comenzar pronto y, en el periodo de 2 a 5 años, las medidas más eficaces son: “Tiempo fuera” (separar al niño unos minutos de los demás), hacerle reflexionar sobre lo que ha hecho, elogio de las conductas opuestas, sanciones (consecuencias desagradables de su acción), sobrecorrección (que el niño ordene lo que ha desordenado, de modo que al tiempo de castigarle se le proporciona un modo positivo de actuar), ignorar lo que hace (en especial cuando el niño lo que quiere es llamar la atención), extinción del comportamiento por falta de respuesta.
Hay un acuerdo general acerca de la influencia que el aprendizaje de competencias psicosociales tiene en la disminución de los fenómenos agresivos. La mediación verbal y sus carencias juegan un papel importante en la educación o reeducación de estos tipos de agresividad. Igualmente importante es la educación moral, que ha sido tradicionalmente una de las fuerzas que ha limitado la agresividad humana.
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Tipos de Agresividad y Tratamientos Específicos
- Agresividad del niño impulsivo: El tratamiento debe ir dirigido a controlar la impulsividad.
- Agresividad del niño que ha sufrido violencia: El tratamiento debe ser similar al que se emplea para el estrés postraumático: de sensibilización para cambiar los sentimientos, y cambio de creencias para compensar el sesgo cognitivo.
- Agresividad por un sesgo cognitivo: Es importante corregir la mala interpretación de los comportamientos de los demás.
- Agresividad por ausencia de alternativas: Enseñar al niño otras maneras de resolver sus conflictos.
- Agresividad emocional: Programas de educación emocional, ejercicios de relajación y técnicas para evitar ataques de furia.
- Agresividad instrumental: La mediación verbal y el desarrollo de habilidades sociales son cruciales.
Recomendaciones Adicionales para Padres y Educadores
- Mantener la calma: Es lo más importante cuando presenciamos un acto agresivo.
- Ponerse en su lugar: Los niños a esa edad todavía no controlan sus emociones y cómo expresarlas.
- Hacerle saber que está haciendo algo mal: Mantener una postura seria y firme.
- Evitar respuestas negativas: Nunca utilizar la violencia para enseñar que no se tiene que pegar.
- Ser coherentes: Evitar prohibiciones no razonables y ser consistentes con las normas.
En los primeros años de vida, los niños no son capaces de manejar sus emociones por sí solos, necesitan del adulto que lo acompaña para poder gestionarlas de una manera adecuada. Por ello, el modelo que los padres ejercen cuando se enfrentan a determinadas emociones será el mejor aprendizaje para ellos.
Si la conducta de pegar o morder no mejora, no dude en contactar con un profesional. Es importante evitar etiquetar al niño como "malo", ya que el problema es la conducta, no el niño en sí. En el momento que esas situaciones se van agravando más y que las rabietas son constantes, es importante acudir a un profesional.
Aquí se presenta una tabla que resume los factores de riesgo y protección en relación con la agresividad infantil, adaptada de Cloninger, Sigvardsson, Bohman y van Knoring (1987):
| Buena Crianza | Mala Crianza | |
|---|---|---|
| Predisposición a la Violencia | Agresividad se reduce al 12% | 40% de los sujetos resultan violentos |
| Sin Predisposición a la Violencia | Agresividad se reduce al 2,9% | El resultado es del 6,7% |
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