Placentofagia: Beneficios y Riesgos de Comer la Placenta
La moda de tomar placenta humana, conocida como placentofagia, se extiende peligrosamente por Estados Unidos y Europa. Esta práctica consiste en consumir la placenta, ya sea en cápsulas, cocinada o en batidos de frutas que enmascaran su sabor.
De unos años a esta parte, hay mujeres que valoran la opción de comerse su propia placenta tras el parto siguiendo el ejemplo de famosas como Kim Kardashian o Jennifer López. Probablemente, se te haya pasado por la cabeza que estas estrellas se la comen como si fuera un filet mignon o un solomillo Wellington, pero no.
El último en confesar su experiencia con esta práctica ha sido Camilo, el cantante de pop latino. El colombiano visitó este martes el programa de David Broncano y comentó como el que no quiere la cosa que su mujer se comió este órgano en cápsulas después de su parto. Tanto Grison como Ricardo Castella -compañeros de Broncano en La Resistencia de Movistar+- fruncieron el ceño en una muestra de incredulidad y cierto disgusto.
Sin duda, la placentofagia -que así es como se llama esta rara experiencia culinaria- no es apta para todos los bolsillos. Convertir en cápsulas una placenta puede costar hasta 400 euros y, para ello, hay que cocer, deshidratar y moler este órgano.
¿Por qué algunas personas consumen la placenta?
Quienes se meriendan la placenta sostienen que ayuda a combatir la depresión post parto y ayuda a la lactancia. Se ha convertido en moda de estrellas de cine y práctica entre mujeres que reivindican el poder sobre su parto. Se come en batidos, cocinada o cruda y, normalmente, debido a su sabor y difícil textura, en cápsulas, triturada.
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Muchas son las que aducen que es una práctica natural, pues es algo que hacen prácticamente todos los mamíferos, excepto los acuáticos y los camellos.
- Quienes la toman piensan que ayuda a prevenir la depresión postparto (el principal motivo por el que se acude a ella, según las encuestas).
- Estimula la leche materna.
- Aporta hierro y nutrientes.
- Devuelve la energía a la madre, por los minerales y hormonas que contiene.
Es esta última razón (el aporte de nutrientes) y la creencia de que puede ayudar a prevenir la depresión posparto la que lleva a muchas mujeres a practicar esta tendencia, según un estudio realizado en Londres por dos científicos del King’s College: “La depresión posparto se debe, entre otros motivos, a una caída abrupta de determinadas hormonas tras el parto. Estas se encuentran aún en la placenta, por lo que creen que volver a ingerirlas puede ayudarles a prevenir la depresión. Pero no hay evidencias científicas de que sea así”, aseguran los investigadores.
Falta de Evidencia Científica
Hasta la fecha no hay estudios científicos serios de ninguna naturaleza que avalen la placentofagia en humanos. Sin embargo, la ciencia dice que ni tiene beneficios probados ni es seguro comérsela, ni siquiera en cápsulas. Pero la ciencia no tiene nada claros estos beneficios (no hay evidencias sólidas que los respalde), y sí que entrevé riesgos de infección, aunque tampoco hay registro médico sobre complicaciones derivadas (en 2016, se reportó un caso de infección infantil potencialmente asociado a una placenta tomada en forma de cápsula).
Desde el “Royal College of Obstetricians and Gynaecologists” (RCOG) se ha afirmado que “no hay ninguna justificación médica para la placentofagia. Los animales se comen su placenta para obtener nutrientes, pero en seres humanos bien alimentados, no hay beneficios, no existen razones para hacerlo”.
Por otro lado, aunque muchas mujeres afirman haber obtenido beneficios de comer su placenta, las autoridades sanitarias de Estados Unidos previenen frente a los vendedores de cápsulas de placenta que realizan afirmaciones médicas que no se han demostrado científicamente. Como se ha indicado, al no existir estudios científicos serios al respecto, es imposible decir cómo afecta la placentofagia a la lactancia materna.
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Todo lo publicado hasta la fecha son especulaciones y no conclusiones basadas en estudios científicos. No hay justificación médica para la placentofagia en relación con la lactancia materna. No hay justificación médica para esta práctica.
Tres meses después, un estudio de la Universidad Northwestern, de Estados Unidos, en el que se han revisado 10 investigaciones publicadas recientemente sobre la placentofagia ratifica la postura de la Organización Colegial y apunta que no existe ninguna evidencia científica para apoyar esta ingesta, ya sea cruda, cocida o encapsulada. Además, alertan de los posibles riesgos que tiene esta práctica, ya que la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de las toxinas y contaminantes.
Clark, que es profesora de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Feinberg, de la Universidad de Northwestern, en Chicago, se interesó en este tema tras recibir a algunas pacientes que le preguntaban si la ingesta de placenta podría interferir en su tratamiento antidepresivo. Después de realizar esta investigación, publicada en la revista Archives of Women’s Mental Health confirma que la placentofagia supone un riesgo desconocido para las mujeres y para los hijos que son amamantados.
Riesgos Asociados al Consumo de Placenta
"La placentofagia puede ser perjudicial tanto para ti como para tu bebé", advierten los médicos de las clínicas estadounidenses Mayo Clinic. Por otra parte, los expertos de las prestigiosas clínicas Mayo, cuyas sedes principales se encuentran en Arizona, Florida y Minnesota, van todavía más allá y advierten que comer tu placenta después de dar a luz puede ser perjudicial tanto para ti como para tu bebé.
La preparación de la placenta en cápsulas no elimina por completo las bacterias que puede contener la placenta, lo que puede ser perjudicial para ti y tu bebé. advierten los expertos. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) de Estados Unidos comunicaron en este país una advertencia en contra de tomar cápsulas de placenta, debido a un caso, en el cual, un recién nacido presentó estreptococo del grupo B después de que la madre tomó píldoras de placenta que contenían ese tipo de estreptococo y amamantó al bebé.
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Se cree que la leche materna estaba infectada por la bacteria estreptococo del grupo B que la madre contrajo al ingerir su placenta infectada: “El estreptococo del grupo B puede causar enfermedades graves en los recién nacidos”, advierten desde Mayo Clinic. Las píldoras de placenta pueden contener bacterias y virus infecciosos como el estreptococo de tipo B, que causa graves daños a un recién nacido.
Los patólogos argumentan que las placentas pueden estar colonizadas por bacterias y que de hecho algunas están infectadas, como ocurre con el Staphylococcus aureus, presente en la vagina de un 10% de las mujeres.
Como recuerdan desde el Colegio Oficial de Enfermería, la placenta actúa como un filtro para absorber y proteger al feto en desarrollo de toxinas y contaminantes. De ahí que, además de no existir evidencias sobre los supuestos beneficios relacionados con su consumo, este se relacione incluso con riesgos para la salud.
Principales riesgos:
- Bacterias: La placenta o los productos derivados de su procesamiento (como las cápsulas) pueden contener bacterias susceptibles de afectar tanto a la madre como al recién nacido, si el tejido no se procesa adecuadamente.
- Toxinas: La placenta actúa como barrera y filtro durante el embarazo, por lo que podría contener metales pesados u otras sustancias potencialmente tóxicas.
- Hormonas: Algunos preparados contienen niveles residuales de estrógenos, progesterona y oxitocina, que podrían interferir con la lactancia, coagulación o incluso producir efectos adversos en personas sensibles.
- Falsa sensación de seguridad: Las mujeres pueden confiar en la placentofagia como ‘prevención’ natural de la depresión postparto, retrasando el acceso a tratamientos probados y eficaces.
En la misma línea, la Asociación Americana de Obstetras y Ginecólogos (ACOG) indica que la placentofagia “no tiene beneficios clínicamente probados y puede implicar riesgos”, por lo que no recomienda esta práctica. “Ningún nutriente ni hormona placentaria se retiene en cantidades suficientes después de la encapsulación de la placenta para ser potencialmente útiles para la madre después del parto”, añade.
Por el contrario, alertan sobre las peligrosas consecuencias de esta extravagante tendencia: “La placentofagia puede ser perjudicial para ti y tu bebé. Si lo que buscas son maneras de mejorar tu salud después del parto, consulta mejor a tu médico de referencia y pregúntale sobre alternativas seguras y científicamente comprobadas”, aconsejan de forma rotunda en la web de Mayo Clinic, porque no cabe duda de que comerse la placenta es una moda con más riesgos que beneficios.
Alternativas y Recomendaciones
Ante la duda, la recomendación es consultar a un dietista-nutricionista. Desde la experiencia de Farré, las consultas sobre el consumo de la propia placenta no son frecuentes. “La influencia procede de medios digitales, redes sociales e influencers o famosos que lo hacen. También por deseo de hacer algo ‘natural’ o ‘ancestral’ o de evitar medicamentos”, indica Garcés.
La recomendación de ambas expertas en estos casos es basarse siempre en la evidencia científica actualizada: “Explicar que no se ha demostrado que tenga beneficios reales en humanos, que puede suponer riesgos sanitarios serios y que existen otras estrategias seguras y efectivas para apoyar el posparto, como el apoyo emocional, una alimentación equilibrada, la suplementación específica y el descanso”, concluye Farré.
En ese mismo artículo se explica que una placenta contiene hierro, pero no el suficiente como para tratar un anemia, y también hormonas sexuales: estradiol y progesterona. Todavía existen muy pocas investigaciones científicas del efecto del consumo de placenta en nuestra salud y, de momento, no convence a los expertos. La depresión post parto se puede remontar con tratamiento psiquiátrico y la lactancia puede verse empeorada por las hormonas que contiene la placenta. Por tanto, no hay razón científica para consumirla.
Si lo que buscas son maneras de mejorar tu salud después del parto, consulta mejor a tu médico de referencia y pregúntale sobre alternativas seguras y científicamente comprobadas.
En algunos países, incluidos España, se puede solicitar la placenta de manera formal, aunque puede haber reticencias por parte del hospital al tratarse de un desecho biológico. Cuando se entrega la placenta, se indican las medidas necesarias para disminuir al máximo los riesgos sanitarios (como usar guantes en su manipulación, que no esté en contacto con personas sin protección o animales). La mayoría de las madres que la toman, sin embargo, tienen el parto en casa.
La base legal es que se debe respetar, tal como recomienda la OMS, el “derecho de la madre a decidir sobre su vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta, y otras prácticas culturalmente importantes”.
Hay culturas que entierran la placenta dentro de sus ritos tradicionales, como los mapuche. Y también hay empresas que las usan para cosméticos y suplementos. En algunos países, se utilizan como saborizante (periódicamente, la prensa denuncia la existencia de un mercado negro en China, donde se venden desecadas como si fueran setas o en salazón, según las publicaciones).
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