Obsolescencia Programada: Origen y Evolución de una Estrategia Controvertida
Durante las últimas décadas, hemos asumido que la vida de los productos es relativamente corta, ya que con el paso del tiempo se deterioran o se quedan obsoletos. En muchos casos, ante una avería el fabricante directamente nos dice que no es rentable repararlo y nos emplaza a comprar uno nuevo.
La obsolescencia programada tiene que ver con aquellos productos diseñados para fallar de forma prematura o quedarse obsoletos a corto-medio plazo. Generalmente, el fin es vender un producto nuevo o una actualización del mismo, práctica ya prohibida en algunos países.
La obsolescencia programada, en último término, es un proceso que disminuye la vida útil de los dispositivos de manera proyectada. Para conseguir esto, las empresas incluyen en el diseño de los mismos partes con una duración determinada. De esta forma, el comprador tendrá que comprar un producto nuevo cuando del que dispone deja de funcionar o se queda desfasado en algunas funciones.
Existen diferentes tipos de obsolescencia:
- Obsolescencia programada: la que limita la vida útil de los dispositivos.
- Obsolescencia indirecta: las averías que no se pueden arreglar y obligan al usuario a comprar uno nuevo.
- Obsolescencia por incompatibilidad: el dispositivo es incompatible con otras tecnologías o software actuales.
- Obsolescencia psicológica: la que quiere que el comprador piense que el producto está desfasado, para que así compre otro modelo más reciente.
- Obsolescencia técnica: cuando un producto deja de funcionar debido al desgaste de sus piezas clave.
- Obsolescencia percibida: cuando un producto sigue siendo funcional, pero la percepción de moda o tecnología lo hace parecer anticuado.
El Origen de la Obsolescencia Programada
Puede parecer algo reciente, pero la obsolescencia programada ya lleva existiendo desde hace más de un siglo. El origen se encuentra en el Cártel Phoebus, un acuerdo al que se llegó el 23 de diciembre de 1924 en Ginebra entre potentes fabricantes de bombillas de aquel entonces: Osram, Philips y General Electric. De esta manera buscaban controlar la fabricación y la venta.
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Mediante este acuerdo, decidieron minimizar la vida útil de todas las bombillas. Así, si en 1879 la bombilla de Thomas Edison podía funcionar hasta 2.500 horas, después del mencionado hito, las horas bajaron hasta 1.000. Esta es, de hecho, la vida útil de las bombillas actuales.
A pesar de esto, fue en el año 1932 cuando se aplicó el término ‘obsolescencia programada’ por Bernard London. Fue en el siguiente artículo en donde propuso una forma de aumentar el consumo y aminorar los efectos de la Gran Depresión: “Definir la obsolescencia de los bienes de consumo en el momento de su producción”. Desde este momento, este término tendría cada vez más popularidad hasta llegar a hoy en día.
Los antecedentes de la obsolescencia programada se remontan a los años 20 del siglo pasado, cuando el presidente de General Motors, Alfred P. Sloan aplicó a sus automóviles el concepto del modelo anual que ya se manejaba en la industria de las bicicletas. Sin embargo, la visión inicial no se centraba en la baja durabilidad; el presidente de GM utilizaba el término “obsolescencia dinámica”, ya que su intención era que fuesen los propios consumidores quienes vieran su coche como obsoleto frente a los nuevos modelos y lo reemplazaran incluso sin necesitarlo.
La Obsolescencia Programada en la Actualidad
El modelo de la obsolescencia programada se aplica desde hace décadas a multitud de productos de consumo. Los ya mencionados automóviles son un claro ejemplo, pero también la electrónica, desde ordenadores, televisores o teléfonos móviles a electrodomésticos -lavadoras, lavavajillas, microondas, etc.- o software.
Los teléfonos móviles, las impresoras o los ordenadores portátiles son dispositivos electrónicos que a día de hoy son esenciales en nuestro día a día, y que como ya habrás comprobado en más de una ocasión, pueden empezar a fallar a medio plazo. Además, en muchas ocasiones si los queremos reparar puede ser algo muy caro o directamente imposible. Esto suele pasar de manera habitual, y tiene una razón de ser: muchos aparatos electrónicos pueden tener diferentes tipos de obsolescencias cuyo objetivo es la muerte programada del dispositivo: esto puede ir desde fallos sin explicación alguna hasta lanzamiento de nuevas versiones de los dispositivos en el mercado para aumentar las ventas.
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Puedes encontrarte con baterías que cada vez duran menos, software que trabaja lento o piezas que no se pueden reparar, además de muchas otras cosas que te pueden dar pistas acerca de la obsolescencia programada.
Numerosos productos de electrónica de consumo están pensados para que el usuario no pueda ni repararlos ni sustituir piezas. Consiste en diseñar un producto para que se deteriore rápidamente, por ejemplo, utilizando materiales menos resistentes en las partes más sometidas a desgaste.
Implicaciones y Consecuencias
La obsolescencia programada tiene ventajas para las empresas fabricantes de los productos y para el propio sistema económico, ya que permite mantener o incluso aumentar las ventas año tras año al incentivar el consumo. A su vez, la sociedad también se beneficia de una constante inversión en I+D+i.
El lado oscuro de esta espiral que empuja a renovar continuamente ciertos productos es que genera inmensas cantidades de residuos, concretamente de basura tecnológica. En el caso de la Unión Europea, se estima que son más de 2.500 millones de toneladas al año.
La consecuencia más inmediata de la renovación constante de productos que o bien funcionan perfectamente, pero han pasado de moda, o bien se han estropeado antes de tiempo es el aumento de la basura tecnológica. La obsolescencia programada ayuda a que se cree basura tecnológica, que afecta de manera negativa al medioambiente.
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En el prolijo mundo de las teorías de la conspiración, las hay para todos los gustos. Pero así como es un disparate la idea de que la Tierra es plana y nos lo ocultan, otras han ganado tanta aceptación que las hemos integrado en la cultura popular. Uno de los ejemplos más patentes es la obsolescencia programada. Sin embargo, también en este caso conviene acercarse con espíritu crítico. Quizá no todo sea tan simple como una conspiración de la industria para vaciar nuestra cartera.
La Obsolescencia Programada Bajo la Lupa Legal
La obsolescencia programada está bajo la lupa legal desde hace ya varios años. Algunos países han comenzado a implementar leyes que exigen a los fabricantes diseñar productos más duraderos y con piezas reemplazables.
Aunque muchos países pertenecientes a la Unión Europea ya están incluyendo medidas que penalizan la obsolescencia programada, en España la regulación todavía está en desarrollo mediante el Real Decreto 110/2015.
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