Historia del Nacimiento de la Propiedad Privada

09.01.2026

En los últimos años, hemos sido testigos de una reacción oscurantista por parte de la Iglesia Católica y de los nuevos portavoces del integrismo religioso en el frente político. En el caso del Estado español, la jerarquía eclesiástica ha desempolvado la pancarta en defensa de “la familia” y ha sacado sus huestes a la calle.

Pero en contra de lo que la derecha predica, la familia no sólo está lejos de ser inmutable, sino que, como el resto de los fenómenos sociales, incluida la moral humana, evoluciona con el propio cambio de la sociedad.

Al revisar los manuscritos dejados por Marx, Engels descubrió un detallado guión del libro La sociedad primitiva de Lewis H. Morgan, un investigador norteamericano progresista. Convencido de que el libro de Morgan era una confirmación de la concepción materialista de la historia, Engels vio la necesidad de escribir una obra utilizando las notas de Marx, las conclusiones y datos de Morgan, y los resultados de sus propias investigaciones. Así nació El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, que Lenin calificaría más tarde de “una de las obras fundamentales del socialismo moderno”.

Este libro constituye un análisis científico de las etapas tempranas del desarrollo social de la humanidad, desde las comunidades comunistas primitivas a la formación de la sociedad de clases basada en la propiedad privada de los medios de producción. En él se exponen además, las características generales de la sociedad de clases desvelando a su vez las particularidades de la evolución de la familia en las diferentes formaciones socioeconómicas.

Según la teoría materialista, el factor decisivo en la historia es, en fin de cuentas, la producción y la reproducción de la vida inmediata. El orden social en que viven los hombres en una época o en un país dados, está condicionado por esas dos especies de producción: por el grado de desarrollo del trabajo, de una parte, y de la familia, de la otra.

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Cuanto menos desarrollado está el trabajo, más restringida es la cantidad de sus productos y, por consiguiente, la riqueza de la sociedad, con tanta mayor fuerza se manifiesta la influencia dominante de los lazos de parentesco sobre el régimen social. Sin embargo, en el marco de este desmembramiento de la sociedad basada en los lazos de parentesco, la productividad del trabajo aumenta sin cesar, y con ella se desarrollan la propiedad privada y el cambio, la diferencia de fortuna, la posibilidad de emplear fuerza de trabajo ajena y, con ello, la base de los antagonismos de clase: los nuevos elementos sociales, que en el transcurso de generaciones tratan de adaptar el viejo régimen social a las nuevas condiciones hasta que, por fin, la incompatibilidad entre uno y otras no lleva a una revolución completa.

El gran mérito de Morgan consiste en haber encontrado en las uniones gentilicias de los indios norteamericanos la clave para descifrar importantísimos enigmas, no resueltos aún, de la historia antigua de Grecia, Roma y Alemania.

Cuando se habla de propiedad privada nunca está de más diferenciarla de la posesión, lo cual ya fue señalado por Proudhon en su célebre obra ¿Qué es la propiedad?. Así, la propiedad privada viene determinada por la ley que es la que dice que algo es de alguien, mientras que la posesión es la relación de usufructo que una persona mantiene con algo.

Orígenes y Evolución de la Propiedad Privada

Si hubiera que trazar una genealogía de la propiedad privada encontraríamos su génesis en las sociedades esclavistas de la Antigüedad, como por ejemplo Grecia. En cualquier caso hay que señalar que en aquel entonces este tipo de sociedades eran minoritarias, y que por ello la propiedad privada estaba bastante limitada. En el caso de Europa fue el Imperio Romano el que introdujo la separación entre posesión y propiedad a través del famoso derecho romano, lo que constituyó el principal antecedente para, ya en tiempos modernos, restablecer la propiedad privada.

A pesar de esto no hay que perder de vista que entre el derrumbamiento del Imperio Romano y la época moderna, es decir, durante el periodo medieval, la propiedad privada como tal no existió debido a que imperaban distintas formas de propiedad compartida, tal y como sucedía con los bienes comunales en muchas zonas de Europa, las formas de propiedad enfitéutica, etc.

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La modernidad trajo consigo la recuperación del derecho romano y con este la propiedad individual que hoy conocemos como propiedad privada. Sería complejo explicar los pormenores del proceso que condujo a la recuperación de esa forma de propiedad, y de cómo fue implantada a lo largo y ancho de Europa.

Pero basta con señalar que durante la época medieval la ausencia de la propiedad privada como tal era el reflejo de la existencia de comunidades en las que prevalecían redes de interdependencia compleja entre sus miembros, en tanto en cuanto existía una posesión común de la riqueza. No hay que olvidar que las elites medievales eran, con diferencia, una minoría social cuyo poder era muy limitado, de manera que su capacidad para fiscalizar al resto de la población para extraer recursos era sumamente complicado debido justamente a esa circunstancia que acabamos de señalar: la posesión común de la riqueza con la existencia de bienes comunales como tierras, bosques, ríos, pero también ganado, montes, fraguas, batanes, molinos, etc.

Así, en la medida en que la riqueza era compartida por muchas personas al mismo tiempo, las elites medievales tenían serias dificultades para llevar a cabo labores de exacción económica, pues era muy difícil identificar a los dueños de este tipo de bienes.

Las primeras formas de propiedad privada pueden detectarse en la Baja Edad Media en torno a los burgos, ciudades que operaban bajo ciertos privilegios fiscales otorgados por el monarca que les permitía disponer de mercado propio, con lo que sus habitantes desarrollaban actividades comerciales que facilitaron la aparición de las primeras formas de propiedad privada en el terreno mercantil. Los burgos surgieron en parte de manera espontánea, como consecuencia de una serie de procesos sociales e históricos propios de la época medieval, pero también en parte como consecuencia de la acción de los monarcas de aquel entonces al crear centros en los que se desarrollase la actividad económica y comercial, de forma que el enriquecimiento de los habitantes de las ciudades supusiese al mismo tiempo la creación de importantes depósitos de riqueza de los que el monarca pudiera disponer en caso de necesidad.

Además de esto los burgos eran zonas que quedaban al margen de las jurisdicciones señoriales, lo que reforzaba la autoridad del monarca al tiempo que en el plano político debilitaba a la nobleza. Sin embargo, como decimos, las formas de propiedad privada eran muy limitadas al quedar circunscritas a determinados círculos sociales y económicos de las ciudades, generalmente grupos oligárquicos compuestos fundamentalmente por mercaderes y sólo más tarde por prestamistas.

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El Mercantilismo y la Propiedad Privada

En los albores de la modernidad el fortalecimiento del poder regio con la aparición de las primeras monarquías absolutas dio lugar a una progresiva remodelación de la economía y la sociedad, si bien a una escala todavía limitada. En lo que a esto se refiere nos encontramos con el surgimiento del mercantilismo y el desarrollo de las actividades comerciales, lo que facilitó el incremento de la actividad económica y consecuentemente el aumento de la base fiscal del Estado. No hay que olvidar que la principal fuente de ingresos de la Corona eran, por aquel entonces, las rentas de sus dominios territoriales pero también, y en una medida creciente, los impuestos recaudados del comercio exterior.

Desde la Baja Edad Media se produjo el desarrollo y crecimiento de una clase social oligárquica afincada en los burgos, centrada en actividades comerciales y compuesta mayormente por mercaderes que traficaban con mercancías de diferente tipo y en diferentes ámbitos geográficos: local, regional e internacional. A estos se sumarían los prestamistas y banqueros, que en muchas ocasiones también eran mercaderes que, dada su enorme riqueza, desempeñaban funciones de préstamo en el desarrollo de sus actividades comerciales pero también en su apoyo financiero a los soberanos. El desarrollo de esta clase social fue desigual a lo largo de Europa, pues ello dependió de las redes de ciudades que existían al final de la época medieval, así como de las estructuras estatales que las abarcaban.

Entre los siglos XVI y XVII se impuso el mercantilismo como punto de vista de las elites en tanto en cuanto se trataba de una manera de ver la economía que consideraba que esta es un instrumento al servicio de la construcción de un Estado fuerte. Para el mercantilismo la economía internacional es un espacio de conflicto entre diferentes Estados con sus respectivos intereses nacionales. Como consecuencia de esto la competición económica entre Estados es un juego de suma cero, lo que un Estado gana lo pierde otro. De esto se deduce la importancia dada a las ganancias relativas en el terreno económico, pues la acumulación de riqueza constituye la base para el poder político-militar que más tarde es utilizado contra otros Estados.

Por tanto, la fortaleza económica y el poder político-militar no eran contemplados como metas que competían entre sí, sino como fines complementarios que beneficiaban al Estado. La perspectiva mercantilista daba prioridad a lo político sobre lo económico, de manera que allí donde los intereses económicos y los intereses políticos, vinculados estos últimos a la seguridad del Estado, chocaban, era la política la que se imponía.

Liberalismo y Consolidación de la Propiedad Privada

Las consecuencias de la revolución de 1688 en Inglaterra fueron importantes, pues constituyó un paso decisivo para la incorporación de la elite económica a las tareas de gobierno de las que había sido excluida por la Corona. En tanto en cuanto una de las principales motivaciones de esta revolución fue la protección de los bienes de los comerciantes, así como la liberalización de la economía con la desaparición del sistema de monopolios hasta entonces vigente, se produjeron una serie de transformaciones en el terreno jurídico, económico y social de gran importancia.

En lo que a esto se refiere el liberalismo preconizado por John Locke convirtió la propiedad en el hecho social central. Se entendía que la propiedad era la que garantizaba la libertad del individuo al dotarle de la correspondiente autonomía en la medida en que por medio de ella controlaba sus propias necesidades materiales. Después de 1688 Inglaterra se sumió en una dinámica dirigida a expropiar los bienes comunales y a poner fin a la economía natural. La política de parcelaciones iniciada décadas antes fue relanzada y reforzada, lo que permitió, por un lado, la concentración de la mayor parte de la riqueza en unas pocas manos, al mismo tiempo que la población que era desposeída era forzada a vender su fuerza de trabajo, ya fuese en el campo o en las incipientes ciudades industriales.

Pero por otro lado la propiedad privada creaba unas nuevas condiciones económicas y sociales al permitir la acumulación ilimitada de riqueza, lo que hizo que el interés individual, entendido como la búsqueda del máximo beneficio y el atesoramiento de riquezas, pasase a ser el motor del desarrollo social y económico del país. Así las cosas, la propiedad privada ha tenido como principal función histórica sentar las bases para el posterior desarrollo del sistema capitalista. En este sentido comprobamos que fue creada por el Estado tanto para su propio beneficio como para el de los propietarios. Gracias a ella las formas de producción económicas evolucionaron hacia el capitalismo, lo que simplemente facilitó la movilización de los recursos disponibles, el incremento de la riqueza en la economía y el aumento de los ingresos del Estado para apoyar su poder político-militar tanto en la esfera doméstica como en la internacional.

La consecuencia de todo esto no fue otra que el trasvase de riqueza de manos del pueblo a manos de una minoría que pasó a acapararla, lo que supuso no sólo el incremento de las desigualdades sociales sino sobre todo un fortalecimiento de las jerarquías ya existentes. La propiedad privada, por tanto, ha sido, y todavía es, un instrumento con fines económicos al permitir el enriquecimiento de la clase propietaria y del Estado, pero también un instrumento con fines políticos al ser la base material del poder político-militar estatal.

La Propiedad Privada en la Doctrina Marxista-Leninista

De acuerdo con la doctrina del marxismo-leninismo, la propiedad es determinada por las formas de producción; por consiguiente, tiene un carácter histórico. Por oposición a los sabios burgueses que defienden el carácter inmutable y eterno del principio de la propiedad privada, el marxismo-leninismo prueba que la propiedad privada ha aparecido sólo en una determinada fase del desarrollo social. Las formas de la propiedad cambian en cada nueva etapa histórica.

En la comuna primitiva, las relaciones de producción tenían por base la propiedad colectiva. Con la esclavitud, las relaciones de producción tienen por base la propiedad del dueño de esclavos a quien pertenecen tanto los medios de producción como el trabajador mismo, el esclavo a quien puede comprar, vender o matar. En el régimen feudal, las relaciones de producción se fundan en la propiedad del señor que posee los medios de producción, y su derecho de propiedad limitada sobre el trabajador, el siervo, a quien no puede matar, pero puede comprar o vender. La propiedad feudal coexiste con la propiedad individual del campesino y del artesano sobre sus instrumentos de producción y sobre su explotación privada, propiedad fundada en su trabajo personal.

En el régimen socialista, la propiedad colectiva de los medios de producción constituye la base de las relaciones de producción. No hay más explotadores ni explotados. La victoria de la propiedad socialista en la U.R.S.S. halló su expresión legislativa en la Constitución de la U.R.S.S.

De todo lo anterior puede concluirse que cualquier aspiración emancipadora pasa necesariamente por la abolición de la propiedad privada y del trabajo asalariado que le es inherente. Pero esto sólo es posible a través de la abolición del Estado que es su principal creador y protector a través de su burocracia y sus cuerpos represivos.

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