El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha: Origen e Historia

26.11.2025

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha es la obra cumbre de la literatura española, de Miguel de Cervantes Saavedra.

Origen e Inspiración

Parece que la finalidad de la obra sería ridiculizar las novelas de caballerías, cuyo estilo se satiriza porque era pésimo y trataban de asuntos disparatados. Tal vez, dicho propósito inicial se consiguiera, ya que no volvió a escribirse dicho tipo de novelas.

Parece que la idea de la locura de don Quijote se inspiró en un entremés llamado Entremés de los romances, donde un labrador se vuelve loco leyendo y oyendo el romancero e intenta imitar las hazañas de los héroes del Romancero viejo.

Pero aquella finalidad quedó superada al construir un grandioso retablo de la sociedad de su tiempo y una inolvidable galería de comportamientos humanos. Su importancia se basa tanto en el valor simbólico de los personajes (don Quijote encarna el idealismo y Sancho, el realismo), como en su profunda humanidad, elementos que forman parte de todos los seres humanos en cualquier época histórica.

Su influencia en la literatura posterior fue enorme, de tal manera que se considera a Cervantes el creador de la moderna narrativa europea.

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Ediciones de la Obra

La obra se publicó en dos partes:

  • Primera parte. Apareció en 1605 con el título El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha; consta de un prólogo, de poemas burlescos iniciales y finales y de cincuenta y dos capítulos agrupados en cuatro partes.
  • Segunda parte. Se publicó en 1615, con un cambio en el título: El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha; se compone de un prólogo y de setenta y cuatro capítulos, sin división en partes.

Un año antes, en 1614, había aparecido el Segundo tomo del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, firmado por Alonso Fernández de Avellaneda. En el prólogo de este Quijote apócrifo se insultaba a Cervantes; éste respondió en el prólogo de la segunda parte de su libro, e incluyó, dentro de la ficción misma, numerosas referencias a la falsedad de la novela de Avellaneda.

Estructura y Argumento

La obra se estructura en dos partes, que cuentan las tres salidas que realiza don Quijote (dos en la primera parte y una en la segunda).

Primera parte

  1. Primera salida. (I-VI). Alonso Quijano enloquece por leer demasiados libros de caballerías y concibe la idea de lanzarse al mundo, decidido a imitar a los héroes de esas novelas, que recorren el mundo defendiendo nobles ideales y realizando hazañas fabulosas; para ello, cambia su nombre por el de don Quijote y bautiza a una campesina, Aldonza Lorenzo, a la que bautiza como Dulcinea del Toboso, a la que dedicará todas sus hazañas para merecer su amor. Con armas obsoletas y un viejo caballo flaco (Rocinante), sale por la Mancha y se hace armar caballero en una venta que imagina ser un castillo. Libera a un muchacho a quien su amo está golpeando por perderle las ovejas (pero apenas se marcha, prosigue la paliza). Unos mercaderes lo golpean brutalmente; un conocido lo recoge y lo devuelve a su aldea.
  2. Segunda salida (VII-LII). Una vez repuesto, convence a un labrador vecino suyo (Sancho Panza) para que lo acompañe en su segunda salida, prometiéndole riquezas y poder. Tras numerosas aventuras de las que no sale muy bien parado: los molinos de viento, los rebaños, los galeotes..., el cura y el barbero lo engañan y lo llevan de vuelta a su casa encerrado en una jaula.

Segunda parte

Tercera salida. (Toda la segunda parte de la obra). Don Quijote, obstinado en su locura, sale otra vez acompañado de Sancho Panza. En sus correrías por tierras de Aragón, llegan a los dominios de unos Duques, que se burlan despiadadamente de ellos; incluso Sancho es nombrado gobernador de la ínsula de Barataria. Tras constantes aventuras, marchan a Barcelona, y allí es vencido por el Caballero de la Blanca Luna, que es su amigo Sansón Carrasco, que le obliga a volver a su pueblo.

Triste y apenado, don Quijote regresa a su casa, donde muere, después de haberse curado de su locura.

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Esquema Narrativo Básico

El esquema narrativo básico de cada salida es el siguiente:

  1. Salida de la aldea. La primera vez don Quijote deja su casa solo; en las otras dos le acompañará su fiel escudero Sancho Panza; en los preliminares de la tercera salida aparece el bachiller Sansón Carrasco, que irá en su busca y le causará su última derrota.
  2. Serie de aventuras. Las aventuras del caballero se suceden también de un modo semejante: don Quijote se enfrenta con la realidad porque la percibe deformada (molinos= gigantes) y fracasa, además de recibir con frecuencia golpes y palos. En la tercera salida hay un cambio: el protagonista ya no se equivoca, sino que los demás desfiguran la realidad por su conveniencia o para divertirse a su costa.
  3. Regreso a la aldea. Las tres salidas concluyen con el regreso a casa de don Quijote: las dos primeras, en condiciones penosas; la última, para morir.

El camino desempeña un papel fundamental, pues favorece el encuentro con personas de todo tipo y estrato social. Los encuentros de los protagonistas con otros personajes originan episodios ajenos a la acción central, con la cual se relacionan de diverso modo.

Las historias intercaladas en la primera parte destacan por su variedad formal y responden a los estilos de la narrativa anterior: novela pastoril, sentimental, morisca, de aventuras y novela corta de tipo italiano. Cervantes justificó su presencia para que no faltase variedad a su novela, pero en la segunda no incluyó novelas, sólo algún episodio que enlaza con el eje argumental.

La Narración y los Narradores del Quijote

En la novela cervantina se distinguen un narrador básico o principal, distintos autores ficticios y varios narradores-personajes:

  • Narrador principal. Cuenta desde un nivel superior y externo a la historia, es omnisciente y, en ocasiones, usa la primera persona para designarse a sí mismo como responsable directo de lo narrado.
  • Autores ficticios. El narrador interrumpe el relato en un momento clave de un episodio (Capítulo VIII: en plena pelea con un vizcaíno) y dice que aquí se acaba el documento que le servía de base. Pero entonces, el narrador principal explica que, casualmente, ha encontrado el texto original en árabe, de un tal Cide Hamete Benengeli (sería el autor ficticio de la novela) y se lo hace traducir por un morisco aljamiado (que habla castellano y que también aporta su colaboración como otro autor ficticio) con lo que puede continuar la narración. Todo esto constituye una parodia de los pseudoautores y traductores que aparecían en las novelas de caballerías. Este artificio permite a Cervantes un alejamiento irónico, ya que puede comentar su propia obra.
  • Narradores-personajes. El narrador principal cede la palabra a los personajes que cuentan relatos de distinto tipo en los que desempeñan diferentes funciones. En las historias intercaladas hay narradores-personajes que son simples testigos, otros que participan en las historias contadas y algunos son sus protagonistas.

Personajes

Los numerosos personajes que pueblan las páginas del Quijote pertenecen a todas las categorías sociales, desde las más altas a las más humildes. Uno de los grandes valores de la novela de Cervantes es la creación de la pareja protagonista.

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Los protagonistas, don Quijote y Sancho, son dos figuras distintas y complementarias, que llegan a hacerse amigos gracias al diálogo. Juntos recorren los caminos y se influyen mutuamente: sus caracteres se van modificando por el hablar y el hacer de cada uno. Sus relaciones cambian: de la autoridad de don Quijote y la obediencia de Sancho, a la crítica y el enfrentamiento; pero los unen, como en la vida, la amistad y la lealtad.

Don Quijote

El personaje es descrito como alto y delgado, viejo, colérico, culto y gran lector, soltero, solitario, valiente e impulsivo. Hidalgo rural y pobre, su locura lo lleva a convertirse en caballero. El tema de la locura es central en la obra, ya que constituye la base del conflicto permanente entre el héroe y la realidad que se le presenta.

Quiere y cree ser caballero andante, pero sabe que finge (“Yo sé quién soy”, dirá el propio Quijote). La locura de don Quijote está limitada al mundo de lo caballeresco; en los momentos en que no aparece este tema, el protagonista es admirablemente cuerdo, generoso, culto, tolerante y mesurado, como reconocen muchos de los que le tratan.

Sancho

Representa al hombre llano, con una enorme sabiduría popular, práctico y materialista. Es lo opuesto a su amo: bajo y barrigudo, prudente, analfabeto, casado y pacífico. Acepta servir a don Quijote por su simpleza y por la recompensa prometida de una ínsula. El personaje, síntesis del tonto de la tradición folclórica, del bobo del teatro y parodia del escudero de las narraciones caballerescas, se transforma durante la narración en un ser complejo, independiente, que duda y cree, miente y es engañado, ríe y llora, se muestra discreto y tonto; pero es siempre bueno y compasivo.

En definitiva, ell hidalgo y el escudero encarnan dos actitudes bien diversas: el del impulso desinteresado y generoso del hidalgo, frente al vulgar sentido común del escudero.Representan dos prototipos extremos de lo humano, aunque según avanza la novela, se observa una quijotización de Sancho y un acercamiento del Quijote a la postura de Sancho.

Espacio

Se trata de una novela itinerante. Los personajes de los libros de caballerías iban constantemente de un lugar a otro sin más leyes que las que les dictara el azar para sus aventuras. Frente a los espacios fabulosos o fantásticos de los libros de caballerías, los escenarios de esta novela son reales: los protagonistas se desplazan por los caminos y pasan por distintas localidades, pero las descripciones físicas son imprecisas y se limitan a lo más importante.

En la primera parte los protagonistas recorren La Mancha hasta Sierra Morena; cuando se detienen, la venta se convierte en un núcleo espacial, lugar de paso donde se mezcla gente de distintos grupos sociales.

En la segunda parte, los personajes se desplazan por Aragón y Cataluña y son menos “andantes”. El espacio más importante es el palacio de los duques, donde se relacionan con la alta nobleza, que ha leído la primera parte de la obra y trama una serie de burlas para entretenerse y divertirse a su costa. Don Quijote se siente tratado como un caballero y, por primera vez, amo y escudero se separan.

Tiempo

La narración es cronológica y lineal: el caballero sale un día de julio de un cierto verano y en ese mismo verano (por licencia poética, demasiado largo) ocurren las tres salidas y su muerte.

Las alusiones temporales a lo largo de la obra son escasas e incoherentes. Estos disparates cronológicos no afectan a la progresión regular del relato que percibe el lector: el período que abarca la historia comienza con la locura del protagonista y acaba, poco tiempo después, con su muerte.

Lenguaje y Estilo

El lenguaje del Quijote es un resumen de la variedad de estilos típica del Renacimiento. En él se combina el estilo elevado con el propio de la parodia burlesca, el habla culta con la popular, conformes ambas con la condición social de los personajes; las disquisiciones eruditas con los refranes y dichos de profundo saber popular...

La pluralidad de los mundos que refleja El Quijote tiene su reflejo en la variedad de los registros lingüísticos y la enorme riqueza de los niveles léxicos empleados:

  • Registro del narrador (Cervantes), que corresponde a la prosa culta de finales del XVI y principios del XVII, pero sin afectaciones ni oscuridades innecesarias.
  • Registro de los protagonistas, que se observa en los diálogos. Don Quijote muestra dos estilos diferentes: el que corresponde a la imitación de los modelos caballerescos y el que corresponde al mundo real en el que se mueve. Cuando don Quijote se refiere a asuntos de caballerías utiliza un estilo anacrónico, lleno de expresiones arcaicas; sin embargo, cuando no se trata de asuntos de caballeros, don Quijote muestra en su lenguaje tanta precisión como juicio en sus razonamientos. Así, corrige con frecuencia no sólo a Sancho, sino a otros personajes que hacen un uso incorrecto del castellano. Sancho muestra un estilo muy distinto de su señor, como corresponde a su diferente educación y posición social. El habla de Sancho reproduce el vocabulario, los giros y expresiones propios de un rústico, así como la riqueza de sentencias manifestada en el constante empleo de refranes que llega a abrumar a don Quijote.
  • Registro de los demás personajes, así, cada uno de ellos nos indica por medio de sus palabras su nivel cultural, su estado de ánimo, su personalidad. En definitiva, los personajes del Quijote quedan perfectamente individualizados por su forma de hablar.

Es significativa dentro de la obra la presencia de recursos de la tradición oral. Hay una brillante utilización de los diálogos.

Trascendencia del Quijote

Hasta el siglo XVIII, el Quijote fue leído como un simple relato cómico, pero a partir de ese siglo empieza a influir en la narrativa inglesa. En el Romanticismo, con sus ideales y exaltaciones, la locura del caballero se estima como la expresión más alta del amor, la fidelidad y el heroísmo desinteresado en defensa de la justicia, del bien y de la libertad.

El Quijote es también un libro de crítica y teoría literaria: no sólo los personajes hablan constantemente de literatura, sino que el conjunto de la obra es en sí mismo un ejercicio de experimentación literaria; en ella se encuentran relatos de todo tipo: pastoriles, moriscos, cortesanos…; poemas, diálogos...

Cervantes y Don Quijote

Don Quijote fue ante todo un viajero y un historiador. He aquí su divisa: ver mundo y seguir el ejemplo de sus héroes. Los lugares por donde anduvo don Quijote no pueden separarse de su propia historia, ya que lo que don Quijote es está relacionado con los lugares donde le sucedieron sus aventuras y donde él se hizo a sí mismo. Y más aún, podemos decir que esos lugares fueron los mismos que conoció Cervantes y están tan unidos a su vida, como lo estuvieron a la de don Quijote. Podríamos incluso ir más lejos: Cervantes es quien es por don Quijote, y aunque Cervantes nunca hubiese dicho aquello de «Don Quijote soy yo», Cervantes sin don Quijote no se entendería en absoluto.

Lo que los lectores del Quijote pueden preguntarse es: ¿Cuánto hay de historia en Don Quijote? y ¿qué nos dice la novela de su autor? Digamos para empezar que don Quijote tiene mucha más sustancia ontológica que el propio Cervantes. Cuanto sabemos de don Quijote es algo firme y resuelto. Cierto que no conocemos de él la mayor parte de su vida.

Cervantes tuvo que alabarse a menudo en los prólogos de sus libros (una fea costumbre: que si fue el primero en escribir una novela moderna, que si sus innovaciones en el teatro no se habían visto antes, que si...), tal vez porque, como insinuaba Lope de Vega muy maliciosamente, no encontraba a quien lo hiciera por él. Pero en cambio nunca se quejó, habiendo tenido hartas razones para ello. Bien al contrario, en el Quijote hizo siempre todo lo posible para que al lector no se le despintara la sonrisa de la cara, incluso en medio de los mayores varapalos, tal y como haría tres siglos después un émulo suyo de nombre Charlot (que fue a Charles Chaplin lo que don Quijote a Miguel de Cervantes).

Las Rutas de Don Quijote

Conviene recordar que don Quijote no hizo viaje alguno, quien, si los hizo, y muchos fue Cervantes primero como soldado, y luego como recaudador de alcabalas. Había vivido mucho y leído otro tanto. Pero don Quijote solo caminó en la imaginación de Cervantes, en la ficción, aunque la historia de su viaje es verosímil.

Cervantes entendía bien la realidad geográfica de la España de su tiempo: sus pueblos, caminos, posadas y este conocimiento está en el Quijote. Se preocupó de que su historia tuviera verosimilitud, y seguro que tuvo en cuenta que un libro publicado con licencia real no podía relatar mentiras. El personaje y las aventuras de don Quijote son posibles y creíbles, a pesar de su locura.

Cervantes conocía bien los lugares donde ubicaba las aventuras de don Quijote, pero calló muchos nombres, y son muy pocos los lugares que pueden ser identificados. No trató en ningún caso de hacer coincidir con exactitud las distancias entre pueblos y parajes, hay pues vaguedad en los detalles. Había visto ventas y andado por muchos caminos, y en su mente estarían estos lugares y caminos fruto del recuerdo, pero no hay posibilidad material de concretarlos rigurosamente. No es posible identificar sobre el terreno una ruta totalmente coherente de sus aventuras, aunque si podemos conjeturar por dónde caminó, y eso es lo que haremos, porque es perfectamente legítimo buscar en la geografía real el escenario de estos hechos ficticios.

El Quijote como Historia Verdadera

El Quijote es una historia verdadera. Tenemos tendencia a descartar estas afirmaciones como la ironía juguetona del autor o como una convención de la época, al igual que las comedias verdaderas que no lo eran. ¿Tenemos, sin embargo, una excusa válida para desatender una clave, aunque sea irónica, de la naturaleza de la obra?

El Quijote no desenmaraña la ficción de la historia, sino que, al contrario, enfoca su lente telescópica sobre esa imprecisa frontera. Presenta las pruebas de la incertidumbre de la verdad, y le dice al lector: «¡Juzga tú mismo!». Cide Hamete Benengeli, dudando de la autenticidad del episodio de la cueva de Montesinos (II, XXIV) anota: «Tú, lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere».

¿Qué ha conseguido Cervantes al hacer pasar su relato por historia? La respuesta neoaristotélica es sencilla: ha conseguido verosimilitud. Pero ha hecho algo más: ha borrado la línea divisoria entre lo actual y lo potencial, lo real y lo imaginario, lo histórico y lo ficticio, lo verdadero y lo falso. Hasta el punto que ha tenido éxito, ha eliminado el escrutinio crítico del testimonio. Precisamente en esta destrucción de la facultad crítica y en este fallo en discenir entre historia y ficción se basa la locura de don Quijote.

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