Diego Velázquez: El Genio del Barroco Español
Existe una práctica unanimidad entre los expertos acerca de Diego Velázquez. El artista sevillano es, actualmente, reconocido a nivel mundial como uno de los mejores pintores del barroco español.
La obra del genial pintor destaca por su amplia variedad de pinceladas y por sus sutiles equilibrios de color, que dotaron a sus pinturas de unas formas, texturas, atmósferas y luces que han marcado con una huella indeleble la historia del arte universal.
Autorretrato de Diego Velázquez pintado alrededor del año 1650.
Nacimiento y Primeros Años en Sevilla
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 1599-Madrid, 1660). Pintor español. Adoptó el apellido de su madre, según uso frecuente en Andalucía, firmando «Diego Velázquez» o «Diego de Silva Velázquez».
Este jueves 6 de junio se cumplen 425 aniversario del nacimiento del pintor Diego Velázquez. En esa fecha del año 1599 el genio de la pintura universal fue bautizado en la parroquia de San Pedro, muy cerca de su casa natal, en la actual calle Padre Luis María Llop, por lo que los expertos sitúan su alumbramiento en ese día o en la jornada anterior, puesto que la costumbre de la época era que los bautizos se produjeran inmediatamente.
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Velázquez nace en torno al 6 de junio de 1599 en la casa de la calle de la Gorgoja (actual calle Padre Luis María Llop, 4). Esta vivienda actualmente se rehabilita para acoger un gran centro dedicado al artista y la Sevilla de su tiempo.
El bautizo del pequeño Diego tuvo lugar el 6 de junio de 1599 en la parroquia de San Pedro, templo situado a escasos metros de su casa natal. Se trata de un templo de estilo gótico-mudéjar construido en el siglo XIV y reformado en los siglos XVI y XVIII.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez vino al mundo en Sevilla el 6 de junio de 1599, y fue bautizado en la iglesia de San Pedro, donde unos años antes se habían casado sus padres, Juan Rodrigues de Silva, de ascendencia portuguesa, y Jerónima Velázquez, hija de una familia hidalga.
A pesar de que se ha llegado a afirmar que la familia Velázquez figuraba entre la pequeña hidalguía de la ciudad no existen pruebas suficientes que lo demuestren (a pesar de las ínfulas que, según se decía, se gastaba el artista sevillano).
El padre de Diego era notario eclesiástico, un oficio que ejercían personas pertenecientes a los niveles más bajos de la nobleza por lo que, según el historiador aragonés José Camón Aznar, la familia del futuro pintor de cámara debió de vivir con modestia, rozando casi la pobreza.
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De este modo, cuando muchos años después Velázquez quiso ver reconocida su hidalguía y conseguir el anhelado título de caballero de la Orden de Santiago, el Consejo de las Órdenes Militares no consideró válida la condición aristocrática de su padre, y se lo negó.
Formación Artística
El 17 de octubre de 1611 Velázquez inicia su aprendizaje como artista en el taller de Francisco Pacheco, que firma un contrato a este efecto con su padre, Juan Rodríguez de Silva. El taller de Pacheco, donde también aprendió el oficio el granadino Alonso Cano, se encontraba en la calle del Puerco de Sevilla, actualmente calle Trajano, a la altura del hotel Venecia.
El joven Diego pronto mostró una admirable destreza para el dibujo, y fue enviado como aprendiz al taller del sevillano (y también, a decir de muchos, eterno malhumorado) pintor y grabador Francisco de Herrera.
Herrera era conocido por repartir tremendas bofetadas entre sus aprendices si cometían algún error, así que para evitar males mayores Diego pidió a sus padres que lo llevaran a otro taller.
Así, con el beneplácito de sus progenitores, en 1610 Diego recaló en el taller del retratista gaditano Francisco Pacheco.
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Más conocido por sus escritos que por sus dotes como artista (que algunos comentaban que dejaban mucho que desear), Pacheco, a diferencia de Herrera, era un hombre de carácter apacible y también un excelente maestro, y enseguida supo ver el gran talento que atesoraba su joven aprendiz.
Así, gracias a su genio y al aprendizaje llevado a cabo en el taller de Pacheco, en 1617 Velázquez pudo superar el examen que le acreditaba para poder incorporarse al gremio de pintores de Sevilla, y recibió la licencia que le permitía ejercer como "maestro de imaginería y al óleo".
Vieja friendo huevos, cuadro pintado por Diego Velázquez en el año 1618.
Matrimonio y Primeras Obras
El 23 de abril de 1618, Diego Velázquez se casó con Juana Pacheco, la hija de su maestro. La joven, de tan solo 15 años, profesaba un profundo amor a su esposo, de tan solo 19 años.
De este matrimonio nacerán dos hijas, Francisca e Ignacia, ambas sevillanas, y durará cuarenta y tres años, hasta la muerte de Velázquez en agosto de 1660.
Diego y Juana tuvieron dos niñas: Francisca e Ignacia, que fueron bautizadas en Sevilla.
De aquellos primeros años de aprendizaje de Velázquez se conservan algunas obras de temática costumbrista: Vieja friendo huevos (Galería Nacional de Escocia, Edimburgo), El aguador de Sevilla (Apsley House de Londres) y El almuerzo (Museo Hermitage, San Petersburgo).
En esa época, Velázquez también realizó composiciones religiosas entre las que destacan la Adoración de los Reyes (Museo del Prado, Madrid).
El Aguador de Sevilla, cuadro pintado por Diego Velazquez en 1620.
Velázquez en la Corte de Felipe IV
Poseedor por entonces de un gran bagaje artístico, el joven y ambicioso Diego decidió viajar a Madrid, convertida en la nueva capital de España, adonde llegaría en 1622 con el objetivo de conseguir un puesto que le permitiera acceder al más alto de los mecenazgos: la corte real.
De regreso a su Sevilla natal, Velázquez se dio cuenta de que la ciudad del Guadalquivir se le estaba quedando pequeña y volvió de nuevo a Madrid, aunque esta vez con algunas cartas de recomendación para los funcionarios de la corte.
Y esta vez sí que se abrieron para él las puertas de palacio gracias a la influencia de Gaspar de Guzmán y Pimentel, Conde Duque de Olivares, valido del joven Felipe IV, de 17 años, y tal vez el hombre más poderoso de España.
Olivares, también sevillano, era un gran aficionado al arte y consiguió un permiso del soberano para que el artista pudiera pintarle un retrato.
Felipe quedó tan fascinado con el resultado de la obra que de inmediato designó al artista sevillano como su retratista real.
A partir de entonces, y ya con la obligación de vivir en palacio, Diego Velázquez tenía que retratar a todas aquella personas que formaban parte del círculo más íntimo del monarca: la reina, los príncipes e incluso el propio Olivares.
De aquella época destacan un retrato del Conde Duque (en la Hispanic Society de Nueva York) y El triunfo de Baco (Museo del Prado, Madrid), también conocido como Los Borrachos.
El triunfo de Baco, cuadro pintado por Velázquez en el año 1628.
Viaje a Italia y Consolidación Artística
En el año 1628, Rubens, el famoso maestro flamenco, llegaría por segunda vez a Madrid en misión diplomática, y no tardaría en trabar una profunda amistad con Velázquez.
Sería el propio Rubens quien animó a Velázquez a trasladarse a Italia para perfeccionar su arte.
Así, tras conseguir el permiso real, el 26 de junio de 1629, Velázquez embarcó en Barcelona rumbo a Italia, donde visitó Verona, Venecia, Ferrara, Bolonia, Loreto, Roma y Nápoles.
Durante su estancia en el país transalpino pintó dos de sus grandes obras: La túnica de José (Monasterio de El Escorial) y La fragua de Vulcano (Museo del Prado).
La fragua de Vulcano, cuadro pintado por Velázquez en 1630.
Obras Maestras y Legado
Cuando Velázquez regresó a Madrid, tras su fructífero periplo italiano, pintaría algunas de sus obras de temática religiosa más famosas: Cristo después de la flagelación (National Gallery, Londres) y el Cristo Crucificado (Museo del Prado).
Velázquez retomó entonces su trabajo como pintor de cámara y entre los años 1634 y 1635 el maestro sevillano realizó, para decorar el gran Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, en Madrid, una serie de cinco retratos ecuestres de Felipe III, Felipe IV, las esposas de ambos y el príncipe heredero.
La rendición de Breda, cuadro pintado por Velázquez en el año 1635.
En junio de 1651, tras regresar de un segundo viaje a Italia (durante el cual se cree que pintó su único desnudo femenino, La Venus del espejo, que puede verse en la actualidad en la National Gallery de Londres), Felipe IV encumbró a Diego Velázquez en la corte nombrándolo aposentador real, un cargo de gran importancia.
El cometido de Velázquez sería encargarse de preceder a los monarcas en sus viajes, preparándoles un adecuado y cómodo alojamiento.
Las Hilanderas, pintura de Velázquez del año 1656.
Las Meninas, cuadro pintado por Diego Velázquez en el año 1657.
Muerte y Reconocimiento Póstumo
El 16 de octubre de 1659 llegó a Madrid el mariscal duque de Agramont, embajador extraordinario de Luis XIV, para pedir para su señor la mano de la serenísima infanta doña María Teresa de Austria, hija de los reyes de España.
Durante el mes de marzo de 1660, Diego Velazquez, en función de su cargo de aposentador real, tuvo que preparar el alojamiento de los monarcas para el viaje que debían emprender hacia Irún para entregar a su hija en la frontera francesa.
Tras cumplir diligentemente con su tarea, Velázquez regresó a Madrid el 8 de junio con mareos, palpitaciones y ardor de estómago.
Nada más enterarse de la noticia, el rey le envió sin dilación a su médico particular, pero el viernes 6 de agosto de 1660, Velázquez moría a consecuencia de su dolencia.
El cuerpo del pintor sería enterrado con todos los honores en la parroquia de San Juan Bautista, una iglesia que fue destruida por las tropas napoleónicas en 1811, motivo por el cual los restos mortales del genial artista sevillano se han perdido para siempre.
Gran parte de su obra iba destinada a las colecciones reales y pasó luego al Prado, donde se conserva. La mayoría de los cuadros pintados en Sevilla, en cambio, ha ido a parar a colecciones extranjeras, sobre todo a partir del siglo XIX.
Sin embargo no fue hasta el siglo XIX que alcanzó el status de leyenda, cuando los impresionistas lo convirtieron en referente. Desde entonces Velazquez es aclamado como «el mejor pintor de la historia».
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