Zinedine Zidane: El Nacimiento de una Leyenda del Fútbol
Zinedine Yazid Zidane nació el 23 de junio de 1972 en La Castellane, una ciudad portuaria de inmigrantes al sur de Francia.
De ascendencia argelina, es el tercero de los cinco hijos de Smaïl y Malika, que se conocieron allí tras él haber abandonado Aguemoune debido a la guerra de la Independencia en la Argelia francesa. Él era empleado de un almacén y vigilante nocturno, y ella, ama de casa.
Durante su niñez, Zidane jugaba a la pelota con los niños del barrio aunque también practicaba bádminton y judo. Sus afectos lo conocían por Yazid, cosa que cambió cuando ingresó al circuito profesional.
Desde su casa, en Marsella, seguía al Olympique, en particular, a Enzo Francescoli, delantero uruguayo que jugó solamente entre 1989 y 1990, pero ayudó al club a conquistar su sexto título en Francia y se ganó el asombro de muchos. En realidad, por entonces Zidane soñaba con algo más pequeño: una camiseta de su ídolo.
A los trece años fue descubierto por un cazatalentos y a los catorce partió de su casa a la Association Sportive de Cannes. Allí vivió, durante un tiempo, en el departamento de un directivo del club.
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En mayo de 1989, con dieciséis años, debutó en la primera del AS Cannes. Si bien no anotó ningún gol, el presidente del club intuyó (hoy podría decirse supo) que estaba asistiendo a una maravilla y aumentó su sueldo de setecientos a cinco mil euros.
Zidane se lo dio casi entero a su familia y con lo restante se compró unos Levi’s 501. El incentivo económico se repetiría. En la autobiografía de su padre aparece, por ejemplo, esto que le contó a la distancia: «Papá, ¿sabes qué me ha dicho mi entrenador? Que si marco un gol en el próximo partido, me dejará ir a la mejor tienda de ropa de Cannes a comprar todo lo que me guste».
Luego de cuatro temporadas, pasó al Girondins de Bordeaux, donde se dio a conocer por ser subcampeón de la UEFA en 1996 al resto de Europa. A partir de entonces, todo comenzará a tomar otra dimensión que terminará por hacerlo dueño de un fútbol irresistible.
Volvamos a 1996, al despegue continental de Zizou -como pasó a llamarse en el ambiente del fútbol-, sus primeros pasos en la selección y su desembarco en la Juventus. Debía estar a la altura de la liga italiana y de la sombra del compatriota Michel Platini (desde 1982, y por cinco años, la máxima estrella del club, ganador de demasiadas copas y de tres Balones de Oro consecutivos).
Las comparaciones demoraron un poco el lucimiento de Zidane, pero lo que se vislumbraba era como una sinfonía que se deslizaba, que crecía concentrada y reservada; una composición que terminaría por conquistar allí dos títulos de Serie A, una Supercopa de Italia y otra de Europa; aunque también perdería dos finales de la Champions League.
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Zidane fue la gran arma ofensiva de la Juventus desde 1996 hasta 2001, puliendo un talento grácil, una especie de fútbol edificado a gestos. «En Italia, en la Juve, entendí por primera vez lo importante que es ganar», dijo durante una entrevista ya retirado.
Entre tantas finales disputadas, la Vecchia Signora le ganó la Copa Intercontinental a River Plate en 1996, al River de Francescoli. Al respecto, muchos años después Zidane diría: «Me ponía contento por un lado, aunque un poco triste porque para él era casi el final de su carrera. Pero él, muy bien conmigo, me dio su camiseta. En el vestuario intercambiamos dos palabras sobre la vida y el fútbol, fueron unos minutos nada más, pero muy importantes para mí».
Cuando le pregunto a Francescoli (hoy director deportivo de River) si pudo distinguir algo de su propio juego en Zidane, responde: «Es muy difícil, por la admiración que tengo por Zizou, hablar de eso. Más allá del gesto de ponerle Enzo a su hijo por lo que él había visto de chico en Marsella, la verdad, creo que me ha superado en muchas cosas, en el control de pelota orientada, la visión de juego; y, además de su físico y de su técnica, tiene talento».
Al principio y al final de la respuesta, como si fueran cabos, menciona que el alumno ha superado al maestro. Así lo dice la primera vez, y la segunda reformula: «desde hace tiempo, yo lo admiro a él». Enfatiza en el talento. Dice que es su gran condición. El talento y, suma, la perseverancia.
En 1998, con veintiséis años, jugó su primer mundial. En apenas el segundo partido fue merecedor de una tarjeta roja. Así lo contaba El País: «La gran estrella de Francia no supo medir su enfado, pisó a un rival y fue expulsado».
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Pero la cosa sigue: se reincorpora para cuartos, la selección francesa llega al último partido contra Brasil y, con dos goles suyos de cabeza, conquista la victoria.
Durante el 2000, año en el que se consagró campeón de Europa con Les Bleus y, para muchos, el inicio de lo mejor de su carrera, las cosas en la Juventus se empantanan. Cambia el técnico, el equipo no encuentra cauce, las derrotas se acumulan.
La que sigue es una historia de amor: empezó con una servilleta que Florentino Pérez (presidente del club español) le pasó al francés durante una cena en la que coincidieron. Se leía: «¿Quieres jugar en el Real Madrid?». La servilleta volvió: «Oui».
En 2001, tras un tiempo de negociación y convirtiéndose en el fichaje más caro de la historia del fútbol hasta entonces (setenta y cinco millones de euros), se anuncia: Zinedine Zidane, el mediocampista del momento, pasaría a lucir los colores merengues y ganaría, con esa camiseta, casi todo lo que puede ganarse.
Para llegar a moverse y pensar así, como si jugara al ajedrez, Zizou estudió posiciones, trucos, toma de decisión. En una entrevista, replicada tantas veces que ya no es posible identificar la original, el francés habla de Maradona, de un video que vio en el que el astro argentino pateaba al travesaño y la pelota volvía, y él seguía jugando y pateaba otra vez, y la pelota volvía, y él seguía jugando.
Zidane cuenta que eso lo fascinó y que lo intentó bastante pero nunca pudo lograrlo. También ha dicho que de Roberto Carlos (defensor brasileño) sacó la mejor forma de pegarle al balón.
Real Madrid, entonces. El club al que le daría una Liga, dos Supercopas de España, una Champions, una Supercopa de Europa y la Copa Intercontinental. El club en el que probarían suerte sus hijos y el que dirigiría años después. Existe una especie de romance, decía, entre el Madrid y Zizou.
Allí engalanó una manera de jugar y se convirtió en algo digno de ver. Su capacidad de desconcertar, o su regate, como si la pelota tuviera magnetismo con sus pies, o ese gol. Un gol de volea casi imposible en la final de la Champions League de 2002 contra el Bayer Leverkusen. «¡Gol!, ¡viva la madre que te parió, viva! ¡Gol del Madrid!», grita el relator mientras Zidane se abraza con sus compañeros. Para ilustrar: en YouTube esta jugada aparece con música clásica de fondo.
El Real Madrid brillaba y Zizou disfrutaba junto con Ronaldo, Raúl, Figo y Beckham. Fue una época de oro para el club, tanto es así que acentuó el contraste con la selección francesa que, luego de aquella Eurocopa y un deslucido Mundial 2002, comenzó a entrever más derrotas.
Entonces, en 2004, tomó la decisión: tras noventa y tres partidos y una década, Zidane dejaría de jugar para su país.
Ahora estamos en 2006, antes del mundial, en su anunciado último encuentro con la camiseta del Madrid. El Bernabéu estalla, los madridistas levantan pancartas: «Gracias, maestro, por hacer el fútbol más grande». El estadio está repleto de carteles con el número 5. Comienza la copa del mundo y el francés confirma que, cuando acabe, se retirará.
Viene haciendo un mundial bellísimo, para algunos, incluso mejor que el que lo consagró campeón. Es simpático y cruel, como casi siempre se recuerda lo bajo. De su información accesible, el pisotón del 98 y la secuencia contra Marco Materazzi, jugador de Italia, en aquella final son las únicas dos manchas de un prontuario inmaculado.
Último partido de su carrera. Le dice a Materazzi que luego quisiera intercambiar la camiseta con él. El italiano (nos enteramos hace poco) responde: «No, prefiero a tu hermana». Zizou le cabecea el pecho, el árbitro no lo ve pero se lo comunican, lo expulsa, él abandona el campo de juego, pasa por al lado de la copa sin siquiera mirarla y se va al vestuario, solo. Y así termina.
Sus colegas, sin embargo, rescatan todo lo demás. Minutos antes de la expulsión, el italoargentino Mauro Camoranesi le había dicho: «Si vos te retirás del fútbol después de hacer un mundial como este, ¿todos nosotros qué tendríamos que hacer?».
Años después amplió: «Ese día no ensució nada, porque fue el mejor del mundial. Me emociono cuando hablo de él porque es un jugador que es difícil que se repita.
Otros compañeros y rivales también expresaron su admiración. Paolo Maldini, legendario defensor del Milan, una vez dijo: «Zidane es uno de los mejores jugadores del mundo. Tiene una gran visión del juego y es muy peligroso en el ataque».
Su excompañero Alessandro Del Piero comentó: «Es un jugador increíblemente talentoso y es un placer jugar con él. Siempre parece estar un paso por delante».
El exarquero de la Juventus Gianluigi Buffon afirmó: «Una visión del juego difícil de igualar».
«Es el tipo de jugador que puede cambiar un partido en cualquier momento», expresó Edgar Davids, otro ex-Juventus; y Pavel Nedvěd: «Zidane es un jugador que lo tiene todo».
Ronaldo: «Zidane es el mejor futbolista con el que he jugado en mi carrera»; y Beckham: «Es un líder natural».
Su ídolo, Francescoli, dice hoy mientras escribo: «Marcó un momento, pero un jugador que tiene lo que tenía él, a pesar de todos los cambios en el fútbol, podría haber jugado en mi época, como en la suya, como ahora, sin ningún problema».
Su retiro abrió paso a otra etapa que también daría, y con creces, sus frutos. En 2016, con cuarenta y dos años de edad, diecinueve de casado y cuatro varones, luego de ser asistente y entrenador del Real Madrid Castilla (equipo filial), de estudiar e ir a ver los entrenamientos de otros clubes (entre ellos, el Olympique, por entonces dirigido por Marcelo Bielsa), Zidane inició su camino como director técnico del Real Madrid.
Durante esa primera gestión, los números no hicieron más que mejorar. Le ganó al Barcelona, le ganó al Atlético, le hizo ganar al merengue su undécima Copa de Europa. Como sucede a veces en las historias de amor: Zidane se fue. Su tiempo allí finalizó a mediados de 2021. Es el segundo entrenador con más títulos de la historia del club.
De doscientos sesenta y tres partidos solo perdió treinta y seis, y ganó once títulos. Lo supera Miguel Muñoz, que ganó catorce, pero en casi el triple de encuentros. Quizá lo más pomposo sean siempre las tres Champions seguidas, pero su trabajo fue sostenido y consistente.
Hoy está entre los nombres más deseados para dirigir a Les Bleus, aunque no hay nada dicho. Ya sea para rememorar o pensar a futuro, cada vez que se lo menciona parece que se hablara de una obra de arte. Es muy posible que, en esa amalgama de foco y percepción, en esa lucidez para pensar y esa gracia para actuar, incluso en su temperamento (sobre todo en su temperamento), Zidane sea una reliquia mutante. Algo común y noble, un niño con un sueño, desdoblado en algo extraordinario que no perdió la nobleza. Algo así como una estatua de bronce en movimiento.
Zinedine Zidane (23-06-1972) es un entrenador de fútbol que dirige al Real Madrid Club de Fútbol de la primera división de la Liga Santander de España. Nacido en Marsella, Francia, fue futbolista de reconocido nivel.
De ascendencia argelina, Zidane es el pequeño de los cinco hermanos que componen la familia Zidane: Farid (fallecido), Lila, Djamel y Nourredine. Su padre, Smaïl, emigró a Marsella en los años 60, donde conoció a su esposa Malika. Zinedine comenzó a jugar al fútbol en el conflictivo barrio de La Castellane.
La familia Zidane se sustentaba por el sueldo del padre, que trabajaba en un supermercado. Zinedine era admirador del futbolista uruguayo del Olympique de Marsella Enzo Francescolli - una de las razones de que uno de sus hijos tenga dicho nombre-.
A los catorce años marchó a Cannes, donde vivió en la casa de Jean Claude Elineau, uno de los dirigentes del club. Fue allí donde daría comienzo a su carrera como futbolista profesional, cuando debutó con el primer equipo del Cannes a los dieciséis años de edad(mayo de 1989), a falta de un mes para cumplir los diecisiete.
En 1992 marchó rumbo al Girondins de Burdeos, donde se consagró como uno de los mejores mediocampistas franceses del momento en uno de los más importantes clubes del país.
Dos años después debutaría con la selección de Francia ante Chequia, y el legado de Zidane comenzaba a erigirse. Este fue el mejor escaparate posible para Zidane, el cual disputó la final de la Copa de Europa en 1998 ante el que sería su futuro club, el Real Madrid. Un año antes lo harían ante el Borussia Dortmund de Ottmar Hitzfield, y ambas finales se saldaron con derrota. A pesar de ello, su estancia en Italia fue más que satisfactoria, logrando dos Scudettos (1997, 1998), una Supercopa de Europa (1996) y una Copa Intercontinental (1996).
Con el inicio del milenio se avistaban cambios en las oficinas centrales del Real Madrid. Florentino Pérez se convirtió en Presidente del club tras prometer el alocado fichaje de Luis Figo, futbolista que pertenecía al Fútbol Club Barcelona. Con él llegaron una serie de fichajes en los años venideros que conformaron una de las plantillas más exuberantes de la historia del fútbol, la denominada era del "Madrid de los galácticos". Zinedine Zidane fue el segundo de los fichajes que conformarían dicha plantilla de estrellas con un sobrenombre que a ellos mismos no les agradaba.
Allí, Zinedine Zidane formaría una estrecha relación con Florentino Pérez, el cual ha mostrado desde el inicio su admiración por el francés. Dejaba cinco años en la Juventus de Turín en los que la consecución de una Liga de Campeones habría sido el culmen a un gran lustro en Italia. En su primera temporada lograría alzarse campeón tras vencer al Bayer Leverkusen en Hampden Park, donde regaló uno de los mejores goles en la historia del fútbol.
Fue tras un pase proveniente de Roberto Carlos, que llegó apurado a línea de fondo al pase en largo que le había enviado Solari. Zidane se encontraba en la frontal del área, aparentemente sin peligro alguno. El brasileño golpeó el balón que trazó una parábola descendente, encontrando la bota zurda del francés, que, tras apoyas su pierna derecha, perfiló el cuerpo para dibujar una trazada perfecta en la cual el balón se estrelló contra la red en forma de volea. Este gol fue el segundo y el definitivo del partido, tras el primero de Raúl y el empate de los germanos. De esta manera, el Real Madrid se convertía en ganador de la novena Champions League.
Tras lograr la Champions League de la temporada 2001-2002 el Real Madrid ganó la Liga al año siguiente, al igual que la Supercopa de España, la Copa Intercontinental y la Supercopa de Europa. Después llegaron años de sequía en los que la plantilla estaba siendo cuestionada. Vicente del Bosque se marchó del club con polémica y el Real Madrid comenzaría una etapa de reconstrucción, donde las grandes estrellas que habían brillado en Chamartín acabaron marchándose.
Zinedine Zidane debutó con la selección francesa en 1994, con veintidós años, cuando todavía jugaba en Francia para el Girondins de Burdeos. Vistió la camiseta azulada de Francia en ciento ocho ocasiones, anotando treinta y un goles. Ha disputado tres Eurocopas (proclamándose campeón en 2000) y tres Mundiales (ganando el de Francia 98'). Su último partido como profesional fue en la final de la Copa del Mundo de Alemania 2006, ante Italia. No fue la mejor despedida posible de los terrenos de juego para Zinedine, pues se marchó expulsado del terreno de juego tras propinar un cabezazo en el pecho de Materazzi.
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