La Reencarnación: Un Viaje del Alma a Través de Múltiples Vidas

18.11.2025

La idea de la reencarnación de las almas experimenta un aumento de popularidad en Occidente, de la mano de movimientos religiosos de impronta New Age y de doctrinas propias de religiones orientales (budismo, hinduismo).

¿Qué es la Reencarnación?

La doctrina de la reencarnación, es decir, la vuelta en un cuerpo y el volver a nacer o también la trasmigración de las almas (metempsicosis), es una de las más antiguas respuestas a esa pregunta. Se encuentra entre los así llamados pueblos primitivos, entre los antiguos egipcios, entre los celtas, en la filosofía griega (órficos, Pitágoras, Empédocles, Platón, Plotino), en el poeta latino Virgilio, entre los gnósticos cristianos, entre los maniqueos y los cátaros y entre la Cábala judía.

En este artículo, exploraremos a fondo uno de los temas más fascinantes abordados en la Cábala: la reencarnación o rotación de las almas, conocida en hebreo como Gilgul Ha-Neshamot. En esta conversación entre Nacho Newman y Mario Sabán, profundizamos en este concepto místico, que no solo explica la continuidad de la vida después de la muerte, sino también la evolución y rectificación del alma a través de sus diferentes encarnaciones.

El Concepto de Gilgul en la Cábala

El concepto de Gilgul no es únicamente una creencia, según explica Mario Sabán. La reencarnación no es algo en lo que los cabalistas crean en un sentido dogmático o religioso, sino que es algo que, de acuerdo con su experiencia espiritual, puede vivirse y experimentarse directamente. Sabán menciona: "Quién no ha experimentado la rotación de su alma no puede impartir una clase sobre la rotación, porque es como explicar algo teórico por donde no ha pasado la experiencia del alma".

De acuerdo con la Cábala, la rotación de las almas ocurre porque el alma tiene una misión que cumplir. En este sentido, la vida humana es solo una parte de un proceso mucho más grande y complejo, que abarca muchas vidas. El alma rota, reencarna, hasta que ha completado su proceso de rectificación, o lo que en hebreo se conoce como tikún.

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La Estructura del Alma Según la Cábala

Para comprender a fondo el proceso de reencarnación o rotación, es importante primero entender la estructura del alma según la Cábala. Sabán explica que el alma está dividida en varios niveles, algunos de los cuales están más conectados con el mundo material y otros con el mundo espiritual.

Los Niveles del Alma

  • Néfesh: Este es el nivel más bajo del alma y está vinculado con el cuerpo material o animal. En términos cabalísticos, Néfesh está relacionado con nuestras necesidades físicas, nuestros instintos y nuestra capacidad de funcionar en el mundo físico. Es la parte del alma que se conecta más estrechamente con el cuerpo humano.
  • Rúaj: Este nivel del alma está relacionado con la psique o el espíritu. Está condicionado por el ADN, la herencia genética y los condicionamientos materiales. A diferencia de Néfesh, que es puramente material, Rúaj tiene un componente espiritual, pero sigue estando fuertemente influenciado por los factores terrenales.
  • Neshamá: Es la parte más elevada del alma y la que realmente “rota” en el proceso de reencarnación. Neshamá es la parte del alma que entra en el cuerpo alrededor del día 40 de la concepción. Esta es la chispa divina que el alma lleva consigo a cada vida, y es la que impulsa el proceso de rectificación.
  • Jaiá: Corresponde a la energía que puede ingresar a mi alma, procedente de la energía de una raíz común de almas.
  • Iejidá: El nivel de alma que corresponde con la unificación total con toda la energía asignada a nuestro universo y el Infinito.

Mario Sabán menciona que la Neshamá es la parte del alma que entra en el cuerpo para comenzar su trabajo de rectificación. Este proceso no puede realizarse fuera del mundo material. Es necesario encarnar para poder hacer el tikún. Esta parte del alma no está sujeta a las limitaciones del cuerpo físico, y puede, por tanto, rotar de una vida a otra, llevando consigo la experiencia acumulada de vidas anteriores.

¿Qué es la Rectificación o Tikún?

La Cábala sostiene que cada alma viene a este mundo con una misión específica: rectificar una parte de la creación. Este proceso de rectificación se llama tikún y es la razón por la cual el alma necesita encarnar en cuerpos físicos. La rectificación implica corregir errores de vidas pasadas, pero también potenciar las virtudes que el alma ya posee.

El Propósito de la Reencarnación

La reencarnación no es solo un ciclo interminable de nacimiento y muerte. Cada vez que un alma reencarna, lo hace con un propósito claro: rectificar aquello que quedó incompleto en vidas anteriores. Sabán explica que no es solo cuestión de corregir errores, sino también de continuar desarrollando las cualidades espirituales que el alma ya ha adquirido. “El tikún tiene dos partes: la rectificación de los desequilibrios y la potenciación de las virtudes”, afirma Sabán.

Este proceso de rectificación solo puede llevarse a cabo en el mundo material. El alma no puede hacer su tikún en el mundo espiritual; por eso, está obligada a encarnar en cuerpos físicos. Esto refleja una de las ideas centrales de la Cábala: el mundo material no es un castigo o una prisión, sino un lugar donde el alma puede realizar su trabajo más importante.

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Almas que Ya Han Completado su Rectificación

Un tema que Mario Sabán menciona de manera interesante es el de las almas que ya han completado su proceso de rectificación. Estas almas, aunque han terminado su tikún, no están exentas de volver a encarnar. Sin embargo, su misión es diferente. En lugar de venir a corregir, estas almas vienen a enseñar.

“Hay almas que ya han terminado su rectificación, pero regresan para enseñar”, menciona Sabán. Estas almas han alcanzado un nivel alto de perfección, y su propósito en futuras encarnaciones no es corregir, sino ayudar a otros en su proceso de rectificación. De esta manera, la evolución espiritual no se detiene con la rectificación personal, sino que puede extenderse hacia la enseñanza y el servicio a otros.

Miedo a la Muerte y la Rectificación

El miedo a la muerte es uno de los temas recurrentes cuando se habla de la reencarnación. Muchas personas creen que, una vez que han completado su tikún, significa que su vida física ha llegado a su fin. Sin embargo, Mario Sabán aclara que completar la rectificación no significa necesariamente la muerte física. En lugar de ello, la vida puede continuar, pero con una nueva misión.

Sabán menciona que mucha gente le pregunta si al completar su rectificación van a morir. “Hay mucha gente que me escribe y me dice: ‘Tengo miedo, creo que terminé mi rectificación, ¿quiere decir que voy a morir?’”. Sabán responde que no necesariamente. Después de la rectificación, el alma tiene la tarea de potenciar las virtudes que ya ha desarrollado. Por lo tanto, la vida no termina con la rectificación, sino que puede continuar con un nuevo propósito.

La Influencia de las Vidas Pasadas en la Vida Presente

Uno de los principios fundamentales de la Cábala es que las vidas pasadas influyen en la vida actual, aunque no siempre seamos conscientes de ello. Sabán explica que, incluso si no recordamos conscientemente nuestras vidas anteriores, nuestras acciones en esta vida están fuertemente influenciadas por lo que ocurrió en encarnaciones previas.

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Aquellos que no recuerdan sus vidas pasadas, en realidad están experimentando su vida pasada a través de las circunstancias de su vida actual. Las situaciones que enfrentamos, los patrones repetitivos y los desafíos que encontramos en esta vida son, en muchos casos, el resultado de lo que quedó incompleto en vidas anteriores. Sabán menciona que las vidas pasadas marcan la identidad del alma y, aunque no siempre seamos conscientes de ello, están presentes en nuestra vida diaria.

La Memoria de Vidas Pasadas

Existen algunas personas que pueden recordar sus vidas pasadas de manera consciente. Sabán explica que tener esta memoria puede ser de gran ayuda para acelerar el proceso de rectificación. Es como tener “información espiritual anticipada”, lo que permite que el alma entienda mejor los desafíos que enfrenta y pueda resolverlos de manera más rápida y eficiente.

Al recordar vidas pasadas, el alma puede encajar mejor las piezas del rompecabezas de su vida actual y avanzar más rápidamente en su proceso de rectificación.

La Espiritualidad como Experiencia

Una de las ideas más importantes que Mario Sabán menciona en su charla es que la espiritualidad no es algo en lo que uno crea, sino algo que se debe experimentar directamente. La Cábala enseña que no se debe creer ciegamente en nada, sino buscar la experiencia espiritual directa que confirma las enseñanzas.

Sabán dice: “Uno no puede creer en nada. Por eso dice la Cábala: duda de ti mismo hasta el día de tu muerte”. Esta afirmación refleja la importancia de la autoexploración espiritual en la Cábala. Cada individuo debe buscar su propia conexión con su alma y con el mundo espiritual, en lugar de aferrarse a creencias que no han sido confirmadas por la experiencia personal.

En este sentido, la reencarnación y la rotación de las almas no son simplemente dogmas religiosos, sino conceptos que cada persona puede experimentar en su vida a través de la meditación, el estudio y la introspección.

La Predestinación y el Libre Albedrío

Otro tema complejo que surge en la conversación es el de la predestinación y el libre albedrío. Aunque la Cábala enseña que todo está predeterminado, también reconoce que los seres humanos tienen la capacidad de tomar decisiones. Sabán menciona que, aunque todo está predeterminado, “uno tiene que pensar que vive decidiendo”.

Este equilibrio entre el destino y la elección es uno de los temas más profundos en el pensamiento cabalístico. Por un lado, la Cábala enseña que el alma tiene un destino y un propósito específico que cumplir en cada vida. Por otro lado, también enseña que cada persona tiene el libre albedrío para tomar decisiones y elegir su camino.

La Importancia de la Comida en la Espiritualidad

En un momento de la charla, Sabán menciona algo que puede parecer sorprendente para muchos: la comida también tiene un papel en la evolución espiritual del alma. Según Sabán, cuando comemos no solo estamos alimentando nuestro cuerpo, sino que también estamos “agregando información” a nuestra alma.

“La comida no es solo algo físico”, dice Sabán. “Cuando comemos, estamos programando la información de nuestro cuerpo”. En la Cábala, se enseña que todo lo que hacemos, incluyendo los actos más simples como comer, tiene un impacto en nuestra alma y en su proceso de rectificación.

El Cristianismo y la Reencarnación

¿Es verdad que el cristianismo ha rechazado siempre la reencarnación? Según algunos autores, parecería que no. En la literatura a favor de la reencarnación habitualmente se pretende que el cristianismo primitivo ha conocido y aceptado la doctrina de la reencarnación. Se resaltan, por ejemplo, las palabras de Cristo sobre Juan el Bautista: «Si lo queréis aceptar, él es aquel Elías que debía venir» (Mt 11, 14). ¿Sería, por tanto, Juan Bautista una reencarnación de Elías? Orígenes, el mayor teólogo del siglo III, mostró ya lo que la exégesis contemporánea confirma, es decir, que este caso, como otros textos similares, nada tiene que ver con la reencarnación.

Por otra parte, precisamente Orígenes es fácilmente citado como testigo cristiano de las creencias de la reencarnación. Pues bien, el estudio detallado de los textos de Orígenes muestra claramente que rechaza explícitamente la metempsicosis (trasmigración de las almas). Un texto del Concilio Vaticano II contiene al menos un rechazo implícito de la reencarnación; se trata de la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium (n. 48). Ahí se habla del «único curso de nuestra vida terrena», con intención de rechazar la idea de la reencarnación.

Por lo que yo sé, la Iglesia nunca ha condenado explícitamente la reencarnación, no porque considere que es una doctrina compatible con la fe cristiana, sino, bien al contrario, porque la reencarnación contradice tan manifiestamente los principios de esta fe, que una condena nunca ha parecido necesaria.

Argumentos Teológicos Contra la Reencarnación

El juicio de todos los teólogos católicos es absolutamente claro: las teorías modernas de la reencarnación son incompatibles con la esperanza cristiana en la vida nueva y eterna, y contradicen no sólo versículos específicos de la Sagrada Escritura o alguna afirmación dogmática aislada de la Iglesia, sino que van contra las ideas esenciales de la fe cristiana, situándose en contraste con el conjunto de esa fe.

Un primer argumento procede de la visión bíblica del tiempo y de la historia. Mientras casi todas las demás religiones se representan el tiempo bajo la imagen circular de un eterno retorno y ven los acontecimientos como una repetirse cíclico de un acontecimiento primordial, la Biblia pone el acento sobre la unicidad y la irrepetibilidad del actuar de Dios en la historia. Especialmente la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo son algo que ha sucedido de una vez por todas.

La categoría bíblica fundamental de una vez por todas sirve análogamente para la vida humana. A cada persona se le ha otorgado un período de tiempo único. También se dice muy claramente: del mismo modo que Jesucristo se ha ofrecido una sola vez, igualmente «está establecido que los hombres mueran una sola vez, después de lo cual viene el juicio» (Hb 9, 27 s.). Únicamente esta unicidad del vivir y del morir da a la vida su tensión y su seriedad. La vida no es un juego descomprometido, en la vida se deben tomar decisiones definitivas.

Un segundo argumento se refiere a la concepción cristiana de la unidad de alma y cuerpo. Según esta visión, alma y cuerpo no son dos realidades que se han acercado y se han juntado. El alma es la forma sustancial del cuerpo y el cuerpo es la expresión y el símbolo real del alma. Por tanto, el hombre es «corpore et anima unus». Por ello la esperanza cristiana en el más allá no concierne sólo a la inmortalidad del alma, sino a todo el hombre, tal y como dice la fe en la resurrección de la carne, es decir, del cuerpo.

En relación con esta forma de pensar unitaria, las teorías de la reencarnación son expresión de un dualismo extremo, que debe llevar a plantearse una doble pregunta: ¿Se puede garantizar la identidad del alma, y la persona, si se manifiesta sucesivamente bajo diversas formas corpóreas?

El tercer y último argumento se coloca en el centro de la fe cristiana. El mensaje central del Evangelio es que la realización del hombre no es obra nuestra ni fruto de nuestro propio esfuerzo, sino, más bien, don de la gracia de Dios. En el cristianismo no vale, como en la doctrina del Karma, la ley de la obra personal y la recompensa, sino el principio de la gracia.

Lo que esto significa se revela en la parábola de los viñadores. Especialmente Pablo afirma varias veces de un modo muy claro que no somos justificados por nuestras obras y realizaciones, sino por la fe en la gracia de Dios en Jesucristo (Rm 3, 20-28).

La Reencarnación en las Religiones Orientales

El común denominador de las teorías hindúes, que, sin embargo, en los detalles particulares son muy diferentes, es la doctrina del Karma (=acción, obra). Según esta doctrina, el destino de cada persona en esta vida y en la futura está determinado por las consecuencias de precedentes o actuales buenas o malas obras. La doctrina de la reencarnación es, por tanto, una doctrina de la justa recompensa o de la compensación reparadora. En su interior se encuentra la idea de justicia.

Sin embargo, no se debe pensar que, con las nuevas teoría de la reencarnación, se haya vuelto a tomar contacto con la antigua sabiduría de la espiritualidad oriental. Al contrario, entre las teorías de la reencarnación orientales (hinduista y budista) y las occidentales modernas hay una diferencia fundamental. Para la religiosidad oriental, el ciclo de volver a nacer es algo temible, del que se quiere escapar y liberar. En el pensamiento occidental, por el contrario, la posibilidad de la reencarnación significa una nueva ocasión positiva, para realizar todas las posibilidades humanas y recuperar una vida fracasada y equivocada, para lo que una vida única sería demasiado breve. En este caso la reencarnación no es peso, sino consuelo por la apertura de posibilidades posteriores. No se encuentra bajo el signo de la redención de la sed de la existencia, sino de la autorrealización en la existencia.

Es más, se encuadra en el típico optimismo occidental sobre el progreso, que, desde el momento en que tiene más o menos todos los medios externos para la existencia, mira hacia un alargamiento espiritual de la conciencia y hacia una cada vez más amplia manifestación de la chispa divina en el mundo y en el hombre. Desde este punto de vista, a menudo hoy la teoría de la reencarnación se une con las nuevas teorías de la evolución, que parten de una dinámica de autoorganización y de autotransformación del universo que se trasciende cada vez más (F. Capra, H.

La Perspectiva Hindú de la Reencarnación (Punarjanma)

La reencarnación o punarjanma es un concepto puntal en la filosofía y la religión hindúes. La idea de la reencarnación es tan antigua como la humanidad. De acuerdo con el Vedanta, la muerte es la separación del cuerpo físico y el astral o sutil.

intelecto, y regresa a su estado causal o karana citta. deseos, es decir, todo lo que conforma la personalidad humana. del cuerpo muerto a través de udana, uno de los cinco aires vitales. Esto constituye la muerte física.

De acuerdo con las Upanishads, tales como Brihadaranyaka o Chandogya, el alma pasa a través de cinco fuegos antes de reencarnar definitivamente. manera literal. Se dice en estos textos que los sentidos toman el liderazgo y entonces el alma es ofrecida al Sol. Este es el primer fuego o Dyu Loka. En segundo lugar, el alma es ofrecida a una nube, o Parjanya Loka. Este es el segundo fuego. En un momento dado, la nube se deshace en lluvia, y el alma cae a la tierra, alcanzando las raíces de una planta. En algún momento, un hombre se alimenta de grano o plantas, y el alma pasa a su cuerpo, habitando en una pequeña célula, que se convierte finalmente en un espermatozoide. Eventualmente, en el momento de la concepción, el padre transmite a la madre el espermatozoide, el cual en contacto con el óvulo se convierte en un niño. fuego.

Todo esto sucede, por supuesto, de acuerdo con los karmas particulares del alma que transmigra. Dependiendo de sus acciones, el alma puede renacer en un cuerpo divino, humano o subhumano.

(pureza) Rajas (pasión) y Tamas (inercia). son los sáttvicos. Los Rajásicos que son muy apegados al mundo, por sus propios deseos vuelven a encarnar rápidamente en la tierra, en formas humanas. de los sentidos, de manera indolente y perezosa, y causando el mal, son enviados a matrices de bestias, para que satisfagan sus deseos de manera más efectiva. especialmente tamásico y odiador pueden nacer como Asuras en los mundos más oscuros. Por supuesto, estos nunca son destinos eternos.

Devayana o el camino divino. Pitryana o el camino de los ancestros. Es dicho también en la Gita y otras Escrituras que es el último `pensamiento el que determina el próximo nacimiento.

antepasados, va a los antepasados, aquel que piensa en su familia, reencarnará como un miembro de dicha familia, y así. escoger su destino al morir. se ajusta a su estado de consciencia y más les puede ayudar en su proceso espiritual.

Las Escrituras ponen el énfasis en lo difícil que es llegar a conseguir un cuerpo humano. que una vez que uno es humano, pasarán 100.000 vidas antes de interesarse por la vida espiritual.

Reflexiones Finales

Lo que impulsa a muchos de nuestros contemporáneos a creer en la reencarnación es el sentimiento de que una única vida terrestre es demasiado breve para sostener el paso de una decisión que tiene alcance eterno. Al mismo tiempo existe el sentimiento de que nuestros actos humanos, tan fuertemente condicionados por muy diversas circunstancias, no pueden tener ese carácter definitivo que la tradición bíblica les atribuye.

A primera vista, este modo de ver las cosas parece más indulgente con las debilidades humanas, aunque, en realidad, es de una dureza inhumana, pues de hecho hace recaer sobre el hombre el peso de una liberación, que sólo puede recibirse de Dios. Efectivamente, desde esa perspectiva, es el hombre solo quien debe llevar a buen término la propia vida. ¿Quién puede afirmar que obtendrá un resultado mejor la próxima vez? ¿No seguirá estando, igual que ahora, sometido a debilidades? Y aunque consiguiese escapar a ciertas carencias que le oprimen en la existencia presente, ¿quién podrá prepararle contra nuevas dificultades, quizá más graves que las de ahora?

Realmente de este modo no se escapa de la idea alucinante de interminables existencias sucesivas, con altos y bajos infinitamente variables, sin posibilidad de salida, desde el momento en que, para poder salir, es necesario que el hombre fuese capaz de una vida completamente lograda, íntegra, perfecta. ¿Cómo podría lograrlo en mil vidas mejor que en una sola, si en todas y cada una depende de sus solas fuerzas? ¿Quizá lo que no se quiere es precisamente salir del círculo de la propia vida?

¿No provendrá la creencia en la reencarnación de un rechazo profundo a dejarse salvar? Lo que decide nuestra suerte eterna no es la suma de las acciones, la cantidad de nuestros esfuerzos, la calidad de nuestros éxitos, sino solamente esto: que hayamos abierto la puerta a Aquel que llama y que quiere entrar para darnos la vida eterna. Pero para oír a Aquel que está a la puerta (cfr.

Si la reencarnación no tiene espacio en el cristianismo, esto es debido a que la vida en Cristo es el fin definitivo. Haberle encontrado significa que no tiene sentido proseguir en una larga búsqueda, de vida en vida, tras una realización última y lejana. El fin está ya presente (cfr. 1 Co 10, 11). La larga búsqueda del hombre ha terminado. Dios ha encontrado al hombre. Después de este encuentro, ¡ya no hay más que buscar!

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