Cuna del Todopoderoso Origen
Durante el reciente Foro del Pensamiento Latinoamericano realizado en San Miguel de Tucumán, muchos de los disertantes unieron la situación de Suramérica con el trágico destino que amenaza una vez más a los griegos, nada menos que a ellos que pasan por ser -para la tradición europea y para muchos de sus más eminentes filósofos- la cuna de la civilización occidental.
La colina de Ares, también conocida como el Areópago, es un rincón de Atenas desde el que podrás disfrutar de unas vistas espectaculares de toda la ciudad. Ya sabrás que los antiguos griegos creían en los 12 dioses del Olimpo, siendo el todopoderoso Zeus su rey. Muchos de ellos tuvieron varios hijos, no siempre dentro del matrimonio (la fidelidad brillaba por su ausencia…).
Según dice la leyenda, el hijo de Poseidón intentaría violar a la hija de Ares… ¿A quién se le ocurre meterse con la hija del dios de la guerra (Ares)? Ares no dudó en asesinar al culpable, enfadando a Poseidón. El resto de dioses declararon a Ares inocente por sus actos, ya que el asesinado había cometido un crimen espantoso (intento de violación).
Según la historia, la colina de Ares se convertiría en el tribunal supremo de la antigua ciudad de Atenas hacia el siglo VIII a.C. Sus miembros se llamaban “areopagitas”, de origen aristocrático. Eran antiguos magistrados principales (denominados Arcontes) y tenían un cargo vitalicio. Cabe aclarar que el Areópago no era el único tribunal de Atenas, si no que existía la Boule y la Ekklesia.
Cuna de la civilización occidental y hogar de nuestros dioses favoritos. Resulta que la colina de Ares también jugó un papel importante para la religión. En el año 51, San Pablo llegó a Atenas. Su discurso más importante tuvo lugar en la colina de Ares, a donde había sido invitado previamente. El apóstol Pablo contaba cómo había encontrado un altar dedicado a un tal “Dios desconocido”, mientras paseaba por la ciudad. Aunque el mensaje del apóstol San Pablo no fuera tan bien recibido como a él le hubiera gustado, sí que sirvió para que algunas personas se convirtieran.
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El Areópago es un lugar abierto, y por tanto, visitable las 24 horas del día de manera gratuita. Cabe mencionar que también tendrás unas vistas espectaculares de la Acrópolis de Atenas, la cual se ilumina elegantemente de noche. La colina de Ares se encuentra en el centro de Atenas, muy cerca de la plaza Monastiraki. Tendrás que subir por unas escaleras y luego una cuesta, para la cual te recomiendo un calzado cómodo y que no resbale. El orígen de este término lo encontramos en las palabras “Areios Pagos”. “Areios” viene de Ares, el dios de la guerra.
En uno de esos momentos de flojedad, descanso o reposo que se producen en estos eventos (y que son a menudo los más fructífero) me encuentro tomando un café con Jorge Aleman, a quien quiero y admiro. Me dice: “Lo de Grecia es increíble. La propia Europa se empecina en destruir a los griegos, a los de hoy que heredan a los de ayer en quienes Occidente encuentra su origen, el surgimiento de la tragedia, Homero, la filosofía. ¡Si Heidegger resucitara y viera esto! Pobre, se muere otra vez.
Todos conocemos la cuestión griega. Sin embargo, no todos llegan a tematizar con rigor el tema complejo de las razones del poderío alemán en la etapa actual del occidente capitalista. La historia tiene innumerables tramas y está en perpetua redefinición. Si alguien creyó que Alemania fue destruida en la segunda guerra llamada mundial tendrá hoy que revisar esa certeza.
Algo verdadero aún late en esa poderosa frase de Heidegger que ubica a Alemania en el centro del acontecer histórico de Occidente, “en el dominio originario de las potencias del ser. Justamente, si la gran decisión de Europa no debe caer sobre el destino de la aniquilación, sólo podrá centrarse en el despliegue de nuevas fuerzas histórico-espirituales, nacidas en su centro”.
Heidegger dicta este curso ante un auditorio de jóvenes nacional-socialistas. en 1953, en plena Alemania del “milagro alemán”, habrá de publicarlo sin ningún cambio. Aquí, un joven Jurgen Habermas señalará que las palabras del Herr Rektor de Friburgo empujaban a los estudiantes a aceptar mansamente eso que luego les exigirían como oficiales. Se trata de un importante texto de Habermas sobre el deseo de Alemania de olvidar: “No es la principal tarea de los que se dedican al oficio del pensamiento la de arrojar luz sobre los crímenes que se cometieron en el pasado y mantener despierta la conciencia de ellos? En lugar de eso, la gran masa de la población, con los responsables de entonces y de ahora a la cabeza, sólo quiere oír hablar de rehabilitación”.
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Por decirlo claro: nunca hubo un milagro alemán. El milagro alemán era una absoluta necesariedad para el occidente capitalista. Ese milagro (que sirvió, entre otras cosas, para demostrar que el atraso permanente de los países periféricos o subalternos se debía a su debilidad espiritual, o que impulsó el argumento racista de la pereza latina ante el dinamismo creativo de los germanos) fue obra del imperio que surge más integrado, poderoso después de la guerra, Estados Unidos. El Plan Mar- shall se crea para Alemania.
Ahí, en el centro de Europa, está esa nación que debe ser cuidada, protegida por Occidente. De esta forma, luego de la caída del Muro, luego de la reunificación, Alemania consolida cada vez más su poder económico, su hegemonía sobre Europa. Hoy, la führer Merkel supera el poderío del führer Hitler. Pero la führer Merkel es más astuta que el desbocado führer de 1933. No tiene nada contra los judíos. Al contrario, son sus aliados. No tiene nada contra los norteamericanos.
Sería largo trazar la historia de la rehabilitación del orgullo alemán. Hoy los “malvados” de los films ya no son los nazis, son los fundamentalistas del Islam y los inmigrantes indeseados. Los deudores también, claro. Aun no se han hecho films sobre deudores malvados, aun no hemos visto a los gloriosos marines entrar en las casas de los deudores, con sus cascos luminosos, sus metralletas imponentes y sus fusiles Barrett M82 fabricados por la Barrett Firearmas Company. Aun no. Pero acaso no falte mucho.
Por ahora, como Merkel en Grecia, entran, no como guerreros sino como mercaderes, siguiendo el viejo consejo que George Canning diera sobre Suramérica. Y aquí radica la gran diferencia entre la astuta Merkel y el desbocado Hitler. La Canciller del Cuarto Reich, la Canciller de Acero, entra y conquista por medio del dinero, no de las SS, ni de los oficiales que salían de las clases de Heidegger, ni de la aviación de Goering, ni de ese pueblo (“los verdugos voluntarios”) que entregaba su vida o tomaba la de sus enemigos por la gloria de su fuhrer y los mil años del Tercer Reich.
Pero ¿Grecia? ¿Cómo Alemania, en el centro de Occidente, no salva a Grecia, su remoto pero siempre presente origen? Grecia es la casa, el gran hogar, el punto de honor espiritual que siempre se ha exhibido con orgullo. Entre 1830 y hasta cerca de su muerte, Hegel, en tanto Rector de la Universidad de Berlín, en tanto filósofo del estado prusiano, dicta sus olímpicas Lecciones sobre la filosofía de la historia universal.
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Los banqueros también se ocupan de Grecia, pero no parecieran ser hombres cultos pues desean destruirla, expulsarla del euro que da unidad al presente europeo. Ninguno parece comprender que Europa salva a Grecia o mata su juventud, su origen. Una Europa sin Grecia es una Europa bastarda, sin linaje, errabunda. ¿No es la errancia una de las modalidades de la existencia impropia o inauténtica en Heidegger? ¿No es la errancia algo propio de los judíos?
Pero la jefa Merkel sabe que ahora los judíos tienen un poderoso Estado que les impide esa triste errancia mendicante a través de los pueblos. También los palestinos, como la jefa Merkel, saben que ahora los judíos tienen ese poderoso Estado, pero lo saben de otro modo, lo saben desde el dolor. ¿Es entonces hoy el Estado de Israel, antes que Grecia, el que representa el espíritu europeo? Sí, ya que el espíritu europeo se ha trastocado en el espíritu del capitalismo y el espíritu de este sistema de utilización del dinero en tanto arma de conquista no hay que buscarlo en Homero ni en Parménides ni en Platón.
¿Olvidó la jefa Merkel el discurso que dio Heidegger cuando asumió (respaldado por las SA de Rohm) el rectorado de Friburgo? En esa dramática encrucijada, el Maestro de Alemania dijo: “El inicio es aun. No está tras de nosotros como algo ha largo tiempo acontecido. El inicio, en tanto es lo más grande (…) está ya allí como el lejano mandato de que recobremos de nuevo su grandeza” El inicio está en el futuro, pasó sobre nosotros y nos reclama, nos exige que seamos tan grandes hoy como lo fueron ellos en el pasado. Las conquistas de nuestras tropas no sólo deben ser materiales, territoriales, sino sobre todo espirituales. (Esto lo dice en Introducción a la metafísica.)
Las tropas hitlerianas, según el Heidegger del rectorado, debían asaltar Europa para llevar con ellas, para entregarles a los olvidadizos de la grandeza del inicio, la magnificencia del espíritu helénico. Y concluye así: “Pero el esplendor y la grandeza de esta puesta en marcha (Aufbruch) sólo lo comprenderemos plenamente cuando hagamos la grande y profunda reflexión con la que la vieja sabiduría griega supo decir : ‘Todo lo grande está en medio de la tempestad’” (Platón, República, 497, d, 9). Heidegger utiliza a Platón para despertar el espíritu guerrero de su auditorio.
Además, en honor de ese auditorio constituido por jóvenes que ya vestían el uniforme pardo de las SA, el Maestro introduce la palabra Sturm, que traiciona el lenguaje de Platón pero expresa el de las milicias que admirativamente lo escuchaban: las Sturm Abteilung (tropas de asalto). El genial y hábil filólogo sabía que en alemán Sturm era tanto tormenta como asalto. Así, tal como escribirá el profesor Dieter Muller a su hijo en una carta mortal: “Heidegger -ante nuestros espíritus estremecidos- acababa de crear el eje Atenas-Berlín”.
Hoy ese eje, el del gran inicio que es aun, ya que es la grandeza que la nación hitleriana debe conquistar, está destrozado. El inicio ya no es. Berlín no sólo reniega de Atenas, la humilla.
En contraposición, llegar a un lugar de más de 20 siglos de antigüedad siempre produce respeto. Ahí delante, en la suave ondulación que dejan los montes de la Baja Galilea, está Nazaret. En la ciudad, destaca sobre tejados rojos la cúpula oscura de la Iglesia de la Anunciación. Las campanas de las distintas iglesias, los minaretes, los monjes y peregrinos que se mezclan en la calle con una población que es de mayoría musulmana, confieren un poderoso ambiente de religiosidad.
Nazaret es la cuna de la cristiandad, el lugar donde transcurrió la infancia de Jesús. A solo dos horas en coche desde Tel Aviv, la segunda mayor ciudad de Israel, Nazaret es un destino perfecto para pasar un fin de semana. Además, según los evangelios, es el lugar donde comenzó todo para la cristiandad: “Al sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven prometida a un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la joven era María”.
Un paseo por cada uno de estos lugares no es solo descubrir el patrimonio de Nazaret, sino, también viajar con la Biblia hasta muchos siglos atrás. Al andar por las calles de la Ciudad Vieja, pasamos por el mercado de Nazaret, en el que se descubre, entre patios y jardines bien cuidados, todo Oriente Próximo desde los sentidos: incienso, especias, tejidos coloridos, el alboroto de las rutinas cotidianas. A nuestra vista, alzada, la cúpula de la Iglesia de la Anunciación, uno de los lugares más venerados del mundo cristiano. Se trata de una iglesia bizantina que se construyó en el lugar donde según la tradición, el ángel Gabriel anunció el nacimiento de Jesús.
Dentro de la iglesia se puede visitar la Gruta de la Anunciación, la antigua cueva donde se anunció a la Virgen María que pronto sería madre. Cerca, se encuentra la Iglesia de San José, justo donde el padre de Jesús tenía su taller de carpintería.
Hay muchas más iglesias y lugares sagrados en Nazaret. En realidad, se trata de un viaje a los escenarios bíblicos. Por eso, al visitar la Iglesia Ortodoxa Griega de la Anunciación, estamos, o al menos se cree, en el pozo donde María sacaba agua cada día. Parece ser que no hay confusión ninguna, porque Nazaret solo tiene una fuente natural. Las rutinas diarias en un lugar con tanta historia acaban teniendo una significación más allá de lo cotidiano; pero si lo que queremos es saber cómo se vivía en los años que Jesús habitó aquí, podemos visitar el Nazareth Village, una atracción que escenifica tal cómo era y se vivía en la zona hace 2.000 años.
Si ascendemos hasta lo más alto de la ciudad, donde se encuentra la Basílica de Jesús Adolescente, de construcción relativamente reciente, dispondremos de una vista panorámica de Nazaret. A veces, no hay nada mejor que alejarse para ver mejor: a nuestros pies, 20 siglos de antigüedad, las suaves colinas que rodean el lugar donde Jesús comenzó a andar.
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