El Origen del Toro de Lidia: Un Legado Histórico y Cultural

23.11.2025

El Toro de Lidia, también conocido como “Toro Bravo”, es un animal que ha ganado fama mundial por su temperamento y la mística que lo rodea. Su origen y crianza han generado curiosidad y debates a lo largo de la historia.

Antepasados y Evolución

Está muy extendida la idea de que el toro de lidia desciende directamente del primitivo uro salvaje, que viviría libremente en la naturaleza en grandes manadas y de donde, antiguamente, se tomarían o cazarían para la celebración de los espectáculos taurinos. El uro, que se extinguió en Europa en la Edad Media, es el antepasado salvaje de todas las razas bovinas domésticas existentes hoy. Estas manadas habrían constituido la base para formar, a lo largo del siglo XVIII, las primeras ganaderías de toros de lidia.

Los primeros datos históricos y referencias escritas sobre el toro aparecen en Asia Menor y Egipto. El Toro de Lidia desciende del Uro o toro salvaje de la Edad Media y tuvo su cuna en España. El ADN mitocondrial del toro de lidia ha legado numerosos enigmas difíciles de descifrar, ya que se ha encontrado cuatro linajes maternos domésticos, los tres de Oriente Próximo y el del Norte de África, y ocho clases que no están en el ADN del resto de bovinos. Así se transforma en la especie que más diversidad aporta al conjunto.

En torno al toro existen numerosas pinturas rupestres en que abundan las representaciones de toros desde el V a III milenio antes de Cristo. La fauna predominante en la península Ibérica durante el Paleolítico estaba compuesta de caballos, toros, ciervos, jabalíes y otras especies. El hombre europeo del paleolítico inferior, que era cazador de piezas gigantescas y peligrosas, entre las que se encontraba el uro o toro salvaje, era nómada y vivía errante en persecución de los animales que significaban su sustento. Después, en los milenios V y IV sobreviene un período en que el hombre alterna la caza con la ganadería y la agricultura, hasta hacerse sedentario y depender únicamente de estas dos últimas actividades.

Julio Cesar hace 2.000 años, describía el uro que habitaba en la selva Hercinia, en Germania, a orillas del Danubio, subrayando su carácter indómito, su bravura y ligereza, y el divertimento que constituía su caza para los jóvenes. Era un animal enorme y peligrosísimo que poblaba los bosques de la Europa Central y Nórdica.

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El Nacimiento del Toro de Lidia

Sin embargo, el origen del toro de lidia ha sido muy distinto, encontrándose en las explotaciones ganaderas de entonces, que estaban destinadas a la cría de bueyes para las labores agrícolas y/o a la producción de ganado vacuno para carne. Estas ganaderías, denominadas boyales, que exis­tían desde la Edad Media en muchos lugares de España, tenían carácter extensivo, es decir, ocupaban grandes dehesas donde los animales pastaban en libertad. En Andalucía, durante los siglos XVII y XVIII, existieron un gran número de estas gana­derías boyales, de las que, como se ha comentado antes, se entresacaban algunos animales para ser lidiados en los festejos taurinos. Estas ganaderías eran propiedad fundamentalmen­te de la Nobleza, de las Órdenes Religiosas de Sevilla y Jerez y de agricultores de grandes extensiones de tierras; tierras que generalmente tenían en arrendamiento y cuyos propie­tarios eran, en su mayoría, los Ayuntamientos, la Nobleza y la Iglesia.

Por esta circunstancia precisamente, las vacadas nobiliarias y monásticas se abastecían, en gran medida, con los diezmos de las tierras que tenían arrendadas, ya que, era costumbre que los arrendatarios cediesen, a los propietarios de las tierras, la décima parte de las crías nacidas cada año. Su aparición está íntimamente ligada a la del toreo a pie, a comienzos del siglo XVIII y a la popularidad que éste alcanza, ya que, la demanda de reses que se produce al celebrarse un número cada vez mayor de las nuevas corridas de toros hace aumentar el valor económico de éstos, que pasa a ser muy superior al que tenían si eran destinados a carne o a las labores agrícolas. De los tres tipos de ganaderías boyares mencionadas, las nobiliarias y las monásticas no tuvieron gran importancia en el futuro de las ganaderías de las reses de lidia, extinguiéndose, prácticamente todas, a principios del siglo XIX, siendo, en cambio, las vacadas ligadas alas grandes explotaciones agrarias, las que han constituido el origen de las ganaderías del toro de lidia actual.

De ahí que, los primeros ganaderos de toros de lidia, en la segunda mitad del siglo XVIII, como los hermanos Rivas, el Conde de Vistahermosa, Vicente José Vázquez y José Rafael Cabrera, fuesen a la vez grandes agricultores. Las ganaderías de toros de lidia surgen, por lo tanto, como un subproducto de las explotaciones agropecuarias. Con anterioridad, se corren toros pero no criados en ganaderías específicas ni de hecho existe el toro de lidia. Mientras que, en Andalucía las primeras ganaderías de toros de lidia surgen de las ganaderías boyares, en otras regiones de España se originarán a partir de las ganaderías destinadas a la obtención de carne.

Castas Fundacionales y Selección Genética

Estas primeras ganaderías, dedicadas ya exclusivamente a la cría del toro de lidia, constituyen lo que se ha denominado tradicionalmente ganaderías o castas fundacionales por derivar de ellas todas las ganaderías de lidia que ha habido desde entonces, aunque, lógicamente, en esa época existieron otras ya extinguidas. Estas castas, cuyos animales presentaban características morfológicas y comportamiento particulares, han sido general­mente designadas con el nombre de sus fundadores o con el de su región de procedencia. De éstas, la casta navarra, castellana, jijona y morucha, a pesar de haber llegado a alcanzar un gran esplendor, pronto empezaron a declinar desapareciendo, casi en su totalidad, en el transcurso del siglo XIX y comienzos del XX.

A partir de estas castas fundacionales, los diversos ganaderos que, desde entonces, se han dedicado a la cría del toro de lidia han ido seleccionando, en función de los criterios morfológicos y de comportamiento que han considerado más oportunos, los animales que mejor se adaptasen a estas características, obteniendo se animales de comportamiento y aspecto muy diverso a partir de un mismo origen, lo cual es especialmente significativo en los pelajes de los animales. Esto se pone de manifiesto en el caso de las ganaderías derivadas de la Casta Vistahermosa de donde proceden encastes con animales que casi siempre lucen capas negras (encaste Murube), o cárdenas (encaste Saltillo) con otros muy vario pintos (Domecq o Núñez). A veces, la utilización de sementales con un pelaje genéticamente domi­nante ha originado un prototipo cromático característico en la ganadería y, por lo tanto, en el encaste.

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Otras veces, la aversión de los ganaderos a algunos pelajes o determinadas modas o creencias generalmente infundadas, como asociar un determinado comportamiento a un tipo concreto de pelaje, han hecho que desaparezcan de muchas ganaderías ciertas capas. Independientemente de los aspectos morfológicos, los encastes que han ido aparecien­do lo han hecho conforme han ido surgiendo reses con las mejores condiciones para interpre­tar el toreo de cada momento.

El Toro de Lidia en la Cultura y Tradición Española

Como en la cultura Grecorromana, el toro está igualmente muy ligado a las raíces de la cultura hispana. Es el animal más emblemático, hasta el punto de simbolizar la fiesta popular, y su figura fecunda todas las artes, desde las pinturas rupestres pasando por los toscos verracos ibéricos, hasta las tendencias más modernas de la cultura española, representado en dibujos, grabados, pinturas, esculturas y por supuesto en nuestra literatura.

Las corridas de toros son una de las tradiciones más antiguas y polémicas de España, con raíces que se extienden a otras culturas de la Península Ibérica y más allá. A menudo vista como una mezcla de arte y deporte, esta práctica ha generado tanto admiración como crítica a lo largo de los años. El espectáculo que hoy conocemos como corrida de toros tiene orígenes que podrían remontarse a la antigua Creta, donde el taurocatapsia, una ceremonia en la que los jóvenes realizaban acrobacias sobre el lomo de toros, era parte de importantes rituales.

Durante la Edad Media, la nobleza española practicaba la caza de toros como un ejercicio de entrenamiento para la guerra. Con el tiempo, estos eventos se transformaron en espectáculos públicos. En el siglo XVIII, Felipe V intentó prohibir las corridas de toros por considerarlas un mal ejemplo para el público y un riesgo innecesario. Sin embargo, la prohibición fue impopular y no duró mucho. Durante este período, la corrida evolucionó de ser un espectáculo de caballería a pie, que es la forma en que se realiza en la actualidad. Con el paso del tiempo, las corridas de toros se institucionalizaron y reglamentaron. Las plazas de toros permanentes empezaron a construirse en las principales ciudades de España y América Latina, donde la tradición taurina echó raíces profundas, especialmente en México, Colombia y Perú.

En las últimas décadas, las corridas de toros han enfrentado crecientes críticas y oposición por parte de grupos defensores de los animales y sectores de la sociedad que las consideran una forma de crueldad animal. La historia de las corridas de toros es compleja y multifacética. Mientras que para algunos representa una tradición cultural rica y una forma de arte, para otros es un vestigio de tiempos pasados que ya no tiene lugar en la sociedad moderna. Lo que es indudable es que las corridas de toros han jugado un papel significativo en la cultura española y han influido en numerosas facetas de su identidad nacional.

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La Crianza Actual del Toro de Lidia

Actualmente, la producción de la raza de lidia se extiende por España, Portugal, sur de Francia, México, Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela. Uno de los principales aspectos que se deben tener en cuenta para la cría de estos ejemplares, que poseen un promedio de 500 a 600 kg de peso, es lugar especifica de crianza. Estos entornos de crianza se confinan principalmente en sierra o monte y zonas desfavorecidas de la Península Ibérica. Los ganaderos de los Toros de Lidia son los herederos de un modelo de gestión basado en la tradición y en el conocimiento moderno de la explotación agraria. Estos además de conocer con todo detalle las caracterizas para lograr una crianza noble del Toro, poseen un profundo conocimiento y respeto al medio ambiente.

Muchas preguntas intentan desenredar la complicada estructura que convierte a este herbívoro en una fiera. Variados estudios científicos también intentan develar este comportamiento. ¿Por qué embiste el toro? Sus estudios están centrados en la parte invisible de este animal y su interés es dilucidar cual sería la chispa que enciende la bravura en él. “Este animal genera rápidamente cortisol, una hormona que aumenta la disponibilidad de glucosa y la pone en juego en la sangre para darle energía. Lo siguiente que ocurre es la eficiencia del Toro de Lidia para producir endorfinas”. Esta conjugación química única diferencia al Toro de Lidia por sobre otros ejemplares en su forma de acometer. “Las ganaderías duras tienen un nivel inferior de serotonina, la hormona que inhibe la agresividad. Así, los ganaderos seleccionan por lo que ven y moldean al toro bioquímica y genéticamente”.

Aspectos de la Crianza

  • Reproducción: Se habla de un toro por cada 50 hembras. Estas son tentadas de becerras con caballo y con capote. Las que demuestran “bravura”, pasan a ser madres, y las que son desestimadas, van al matadero. Su periodo de gestación es de 9 meses. El destete se suele hacer con 6 u 8 meses.
  • Alimento: Basado en cereales (trigo, centeno y cebada principalmente), leguminosas-grano (habas, guisantes), forrajes (alfalfa, avena), y piensos compuestos (de origen vegetal y animal). En las explotaciones donde hay encinas, los toros también comen bellotas, y las hojas de este árbol.
  • Muerte: En 2009 se realizaron 1.877 “festejos taurinos”, de los que 1.443 corresponden a corridas de toros.
  • Precio: De 2.000 a 12.000 euros por cada toro, en función del tipo de “espectáculo” (plaza de primera, de segunda, de tercera o festejos de pueblos).

El Debate Ético y el Bienestar Animal

En el espectáculo taurino de origen antiguo, se juega un ritual sagrado entre 2. Aquí se funda esta única relación paradójica entre la vida y la muerte. En 2010, el Parlamento catalán -a propuesta de la Iniciativa Legislativa Popular antitaurina en Cataluña- podría dar un paso más en la prohibición de una práctica que desconcierta, y también en la protección de este animal.

Para José Enrique Zaldívar, veterinario por la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidente de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia (AVAT), es un animal doméstico “porque su existencia y supervivencia depende exclusivamente de la especie humana, la que se ha ocupado de su selección y de su alimentación. No sobreviviría a su libre albedrío, no es un bovino salvaje”. Su crianza parece estar ligada de manera inexorable a la lidia, o a ciertos espectáculos taurinos. “El hombre crea al toro de lidia; no nace por generación espontánea”, asegura Zaldívar. Pero no todos los toros son iguales. Cambian su pelaje, su cornamenta y su estructura corporal en función de la ganadería.

Sin embargo, las seis directrices adoptadas por los 174 países de la OIE desde mayo de 2005 no incluyen el manejo del toro de lidia, aunque aborden el bienestar animal en el transporte por vía marítima, por vía terrestre, por vía aérea, el sacrificio de animales para consumo humano, la matanza de animales con fines profilácticos (protección de una enfermedad), y el control de la población de perros vagabundos. Ya lo anunciaba el artículo III-121 de la Constitución europea: “los animales son seres con capacidad de sentir emociones y los países de la UE deben poner el máximo empeño en proporcionarles unas buenas condiciones en relación al bienestar, pero respetando ritos religiosos y tradiciones culturales”.

“El caso del toro de lidia se encuadra dentro de este último punto. Siempre y cuando no haya choque entre tradiciones culturales y leyes de bienestar animal, éstas últimas deben cumplirse como en cualquier otro tipo de animal. En caso de choque entre ambos aspectos, prevalece la tradición cultural. Lo cual permite que se realicen las corridas”, asegura Dalmau. En España, las comunidades autónomas establecen las leyes al respecto.

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