De la Muerte Nace la Vida: Significado y Reflexiones
La muerte, un tema tabú en muchas sociedades, a menudo se evita por superstición o temor a causar dolor. Sin embargo, reflexionar sobre la muerte puede enriquecer nuestra comprensión de la vida.
Un proverbio italiano dice: "Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja". Este recordatorio sobre la inevitabilidad de la muerte invita a reflexionar sobre el significado de la existencia y qué permanece después de ella.
La Búsqueda de Significado en la Vida Después de la Muerte
Las primeras civilizaciones incorporaron creencias animistas, creyendo que todo en la naturaleza tenía un espíritu inteligente inmortal. Esta idea sentó las bases para la noción de la vida después de la muerte, ofreciendo esperanza y sentido a la existencia terrenal.
De este modo, se dice que la vida después de la muerte aporta confort en momentos de duelo, dado que los fallecidos no marchan, sino que nos esperan «al otro lado». Según esta concepción, en cualquier momento nos los volveremos a encontrar.
Perspectivas Filosóficas e Históricas
A lo largo de la historia, filósofos y profetas han articulado diversas perspectivas sobre la vida después de la muerte. En la Antigua Mesopotamia, se creía que los muertos eran enviados a un mundo subterráneo. La mitología Egipcia trazó la transición a la post-vida como un camino intrincado con rituales y pruebas.
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Posteriormente, el judaísmo, el cristianismo y el islam introdujeron conceptos como el paraíso, el infierno, la resurrección y el juicio divino. Hoy en día, la perspectiva dualista, representada por René Descartes, sugiere que la mente es independiente del cuerpo físico, prevaleciendo el alma tras la muerte.
Los escépticos, sin embargo, se basan en la falta de evidencia empírica para la vida después de la muerte, argumentando que la consciencia es producto de procesos neurobiológicos en el cerebro. Existencialistas como Jean-Paul Sartre enfatizan que la muerte es el fin inequívoco de la existencia humana, considerando la vida después de la muerte como una ilusión.
El Duelo y la Socialización de la Muerte
Hasta el siglo XVIII, en Europa, las personas estaban familiarizadas con la idea de su propia muerte y era uno mismo quien organizaba una ceremonia pública donde los familiares y amigos, incluido niñas y niños, se ponían alrededor de la cama del moribundo.
Aunque la individualización del duelo es un fenómeno que lleva años produciéndose, la pandemia lo ha acusado de manera excepcional. Miles de familias han visto negada la posibilidad de celebrar rituales, de despedirse de sus seres queridos.
La forma de sobrellevar el duelo depende de muchas cosas: el tipo de muerte, la relación que se tenía en vida con la persona fallecida, si ha habido despedida en vida o no, y las funciones que asumía en el día a día ese ser querido.
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Taboada alerta de la importancia de la forma en la que se afronte el primer duelo por fallecimiento, pues esta condicionará el resto de muertes que se vivan: “No asumir el cambio de una forma adaptativa puede derivar en problemas de salud mental, siendo lo más suave una depresión”.
Tabúes y Mitos Alrededor del Duelo
Claudia Pradas recuerda que un duelo conlleva siempre un trauma, incluso si la muerte es previsible. Más que un tabú, existen mitos alrededor del duelo, como la teoría de las fases (negación, ira, negociación, depresión y aceptación), que pueden frustrar a quienes experimentan el duelo de manera diferente.
La tristeza no es siempre, en contra de lo que se suele pensar, la única emoción ante una muerte. Tampoco la protagónica. A veces, de hecho, el enfado, la incomprensión, la culpa e incluso el alivio son los sentimientos principales. Cada duelo, repite Taboada, es diferente.
Pero para evitar el bloqueo y poder aceptar la pérdida, la psicóloga insiste en la importancia de dos cosas: naturalizar la muerte y celebrar rituales. Rituales negados
De su comparativa entre la manera de socializar la muerte en la cultura española y la boliviana, Arnez saca la conclusión que ninguna de ellas es idónea. En el contexto español, la muerte ha quedado relegada al ámbito hospitalario, y socialmente solo se acepta en caso de vejez o enfermedad.
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Sin embargo, en Bolivia, según el trabajo académico de la socióloga, es un proceso que se hace más público y resulta más duradero a través de rituales repetidos, vestimentas y discursos; y resulta más común que la muerte suceda en el hogar que en un hospital.
A juicio de Arnez, el número de rituales debe estar condicionado a la forma en la que los dolientes deseen llevar el fallecimiento del ser querido. De hecho, para Laura, el velatorio y el entierro era casi un trámite obligado, pero no siente que sea algo que a ella le sirviera.
La percepción de los rituales tiene un punto subjetivo y uno más social. A ello hacen alusión las expertas cuando introducen el factor de la laicidad en la sociedad española: el cambio generacional está trayendo una desvinculación de las creencias religiosas, y con ello de los ritos que se han vinculado tradicionalmente a estas.
Sin embargo, a juicio de las expertas, en la sociedad actual los rituales se han ido acortando, simplificando e individualizando, pero no solo eso: el entorno exige, consciente o inconscientemente, que pases tu duelo lo antes posible. La muerte es vista como un castigo y el duelo es percibido casi como una enfermedad.
Este concepto de la muerte explicaría el motivo de que se receten pastillas para sobrellevar el duelo, una táctica desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud porque “bloquea el duelo”, explica Taboada. También se podría justificar por el rechazo a la no funcionalidad del sistema capitalista: “Entra en el saco de la sobremedicalización en salud mental; te mando una pastilla para que vuelvas a ser productivo lo antes posible”, expone Pradas.
Para Clara, más que un tabú de la muerte y el duelo, hay un tabú a mostrar tristeza. “Y también hay repartidores de carnés de qué te puede poner triste y qué no te puede poner triste. Y durante cuánto tiempo es aceptable que estés triste”, reflexiona.
La Importancia de Educar en el Duelo
Las expertas coinciden en la necesidad de educar en la muerte desde las etapas más tempranas. Si no se incluye la muerte en educación, no se está educando para la vida. Los niños se enteran de todo, y es importante explicarles la muerte con sensibilidad y herramientas adecuadas a su desarrollo.
“La idea es ‘hacer que los niños no se enteren’, pero los niños se enteran absolutamente de todo”, defiende Taboada. Por eso, desde la sensibilidad y con las herramientas, discursos y materiales acordes a su desarrollo, se les debe explicar la muerte.
Loureiro lo detalla: “Si le decimos que su abuelo se va a ir al cielo, el niño lo que va a pensar es que el abuelo está volando y que va a volver. Si le decimos que está en un lugar mejor, se va a plantear dónde se está mejor que en casa. También hay que hacerles entender que no todas las personas enfermas mueren. Partimos de la premisa de que hay que contarles siempre la verdad, con unos recursos pedagógicos acordes a su edad, pero la verdad”. Y no hay que evitar la palabra muerte, por mucho que cueste pronunciarla, añade Taboada.
Para Arnez, la falta de educación en muerte durante la infancia es uno de los motivos que explican la transformación social de los duelos, su pérdida de colectivización. “Si desde pequeño no has vivido ningún tipo de duelo, y tampoco te han querido explicar la muerte porque se ve como algo negativo, como algo traumatizante e incómodo, no vas a saber cómo abordar el tema”.
La Muerte como Parte de la Vida
La cultura occidental a menudo convierte la muerte en un drama, pero la realidad es que la muerte es una parte natural de la vida. El miedo a la muerte surge del apego a la vida y la identificación con el ego ilusorio.
Sin embargo, los místicos coinciden en que el alma no muere, sino que regresa a su origen. Tener miedo a la muerte es como si un pez tuviera miedo de morir ahogado. Esencialmente, porque nosotros somos como esa gota. Venimos del océano. Somos el océano. Y al morir nos fundimos con el océano.
Irónicamente, la muerte es lo que le da sentido a la vida. En vez de entristecernos y de llorar por el tiempo que ya no podremos compartir con el muerto, celebremos y alegrémonos por el que sí pudimos disfrutar de su compañía.
La muerte se presenta como un problema incómodo, pero, a la vez, inevitable, que inquieta y, al mismo tiempo fascina: basta pensar en su presencia en las películas, la música, las novelas. La muerte en versión fantasy atrae de manera especial al público juvenil actual. De ello dan la pauta las representaciones y narraciones ligadas al más allá, al vampirismo o al terror.
Esta represión es una peculiaridad propia de la cultura occidental: a partir de la revolución industrial, el tema de la muerte fue colocado en «cuarentena»[1], en una suerte de limbo, aunque, de ese modo, la muerte, como toda realidad reprimida, hace sentir de forma aún más inquietante su propia sugestión.
Estos tan espontáneos como inútiles intentos de tomar distancia de la propia muerte son puestos apropiadamente en evidencia en la literatura por la novela de León Tolstói titulada La muerte de Iván Ilich: el protagonista, que cursa una enfermedad, ve en ella restringirse progresivamente sus espacios vitales y advierte, junto al dolor, una inexorable separación del mundo de los vivos, cuyos encuentros están siempre marcados por la banalidad y por la habladuría que resalta Heidegger.
Pero Iván Ilich reconoce que, hasta ese momento, él también había sido como ellos, había tenido información de la muerte, pero de la muerte de los otros: «El ejemplo de silogismo que había estudiado en la Lógica de Kizevérter: “Cayo es hombre, los hombres son mortales, luego Cayo es mortal”, le pareció toda su vida correcto con relación a Cayo, pero no con relación a sí mismo.
Reflexiones Filosóficas sobre la Muerte
Pierre Teilhard de Chardin, Martin Heidegger y Edgar Morin han dado vida literaria al tema de la muerte del hombre en el último siglo. Reflexionar sobre nuestra muerte es reflexionar sobre nuestra vida. La muerte es una dimensión de la vida.
Para Martin Heidegger, filósofo existencialista, la muerte es el acontecimiento esencial en la aventura humana. La muerte es un misterio, la consideramos como el momento de decir adiós a todo, es el viaje de irás y no volverás. ¿Por qué nacimos, si vamos a morir?
Pierre Teilhard de Chardin estudia profundamente el tema de la muerte relacionado con el cristianismo. Teilhard de Chardin era pensador, filósofo, sacerdote y jesuita. La muerte es el acontecimiento esencial en la aventura humana.
Morin, sociólogo, pensador, filósofo y político dice que el hombre comienza las creencias religiosas a partir de enterrar a los muertos, magia, brujería, espiritismo, chamanes, creencias en la otra vida, resurrección, inmortalidad… nacen del intento humano de resolver el problema de la muerte.
Otros autores iniciaron ya más adelante la síntesis de ATP y la síntesis de ADN. La vida permanentemente es asediada por la muerte, que es parte de la vida.
Todos vamos a morir, tarde o temprano, ¿qué novedad, verdad? Aunque parezca una afirmación obvia, la mayoría de los mortales vivimos haciendo todo lo posible por esquivar dicho suceso por varios motivos.
Martin Heidegger planteó en su obra "Ser y Tiempo" que la conciencia de la muerte es fundamental para comprender la naturaleza del ser humano. Para él, la vida auténtica es aquella que asume la finitud, reconociendo la muerte como una posibilidad siempre presente y cierta, pero indefinida en su momento.
La finitud también ha sido abordada por Jean-Paul Sartre, que nos habla de la "náusea" que surge en el instante de enfrentarnos con la realidad de una existencia sin propósito inherente.
Por su parte, Albert Camus exploró la idea del "absurdo", donde la vida, en su fugacidad, parece desprovista de sentido. Sin embargo, es precisamente esta falta de sentido lo que lleva a Camus a afirmar la importancia de vivir con pasión y rebeldía.
Si vamos a intentar pensar la finitud y el sentido de la misma, no podemos evadir a Kierkegaard, aunque anterior a Heidegger, también anticipó algunos de estos asuntos al reflexionar sobre la angustia y la desesperación. Para él, la finitud de la vida es una fuente de ansiedad, pero también una convocatoria a encontrar lo eterno en lo temporal.
Como señala al respecto el profesor Francesco Campione, fundador del Instituto di Tanatologia de la Universidad de Bolonia: «Hoy en el 70 % de los casos los funerales tienden a reducirse, tras la ceremonia ritual en la iglesia, a una rápida y eficiente operación de eliminación de un residuo sólido urbano».
Nuestra civilización se está volviendo analfabeta en cuanto a este y a otros temas ligados a la calidad de vida, y así, su cultura está cada vez más impregnada de muerte. En cambio, otras sociedades y culturas, erróneamente consideradas «primitivas», tienen mucho que enseñar a Occidente sobre estos temas, recordando un patrimonio sapiencial las más de las veces desatendido.
Por tanto, a pesar de todo, las negaciones hablan siempre de lo que niegan y, tal vez de forma más inquietante, reafirman su innegable presencia. Es la raíz de lo que Heidegger llama «la angustia de muerte», el desconcierto frente a la nada que se procura llenar desesperadamente con el activismo, enfrentando problemáticas concretas, visibles y, por tanto, de alguna manera gestionables[21].
El único personaje verdaderamente presente es la muerte, que con el paso del tiempo ocupa cada vez más los ambientes de la morada del enfermo, tanto en sentido físico como espiritual, hasta revelarse como la verdadera dueña de la casa: nadie más está en condiciones de entrar en contacto con su morir progresivo[23].
Cada cosa compartida con el amigo muerto está muerta también, deja la herida abierta de la nostalgia; todo lugar amado se ha vuelto de pronto odioso; una sombra de muerte desciende sobre todo el mundo; pero, por encima de todo, aquello que Agustín había expresado de sí mismo con el amigo ya no podrá compartirlo con ningún otro, aquella parte de él bajó también a la tumba.
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