Dejar Volar a los Hijos: Consejos para Padres

31.10.2025

Llevaste durante nueve meses a uno o más bebés dentro ti, cuando nacieron los alimentaste desde el minuto uno, has sentido sus éxitos tuyos toda la vida, has sufrido sus fracasos incluso más que ellos, esos días de rutina que parecía que nunca iban a acabar se han terminado, tu hijo, ese bebé al que enseñaste a caminar y hablar ha decidido seguir su vida físicamente lejos de ti, lo llaman “ley de vida” pero tú no puedes evitar sentirte triste y que algo ha cambiado para siempre, piensas que con nadie estará mejor que con mamá y/o papá, que necesitas tanto de él como él de ti.

Pero ahora viene lo doloroso, tras las vacaciones has pasado mucho tiempo junto a tu peque, de viaje, en la playa, piscina… habéis hecho un montón de planes juntos sin separaros un segundo. Todas las mamás y papás que trabajan tarde o temprano tendrán que volver a la rutina.

Las despedidas y el momento de decir adiós en muchas ocasiones pueden resultar un momento complicado. ¿Cómo enfrentarse a esta nueva situación? ¡Con alegría! Esta semana os damos una serie de consejos para que tu vuelta al trabajo tras las vacaciones, sea lo más llevadera posible tanto para ti como para tu bebé.

Consejos para Afrontar la Separación y Fomentar la Autonomía

Como padres, puede que estemos acostumbrados a desempeñar un papel protector y orientador. Es natural desear lo mejor para nuestros hijos, que no los queramos dejar sufrir aunque sean adultos. Pero debemos aceptar que sus decisiones y elecciones pueden no coincidir con nuestras expectativas. Y eso está bien.

Cuando crecen, nuestra función cambia: en lugar de guiar, debemos acompañar. A medida que se avanza a la adultez, el vínculo se transforma, y adaptarse a este nuevo lazo puede ser desafiante. Tal vez, su estilo de vida no coincide con lo que esperabas o no estás a gusto con la relación que hoy tienen.

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Para liberar el peso emocional por los hijos mayores, es necesario no asumir responsabilidades que ya no corresponden, establecer límites de forma asertiva y dedicar tiempo y atención a nuestro propio bienestar. Veamos más consejos.

1. Acepta que crecieron y son personas autónomas

Es natural, como padres, sentir el impulso de proteger y guiar a tus hijos. Quieres lo mejor para ellos y deseas que tengan una vida plena, saludable y satisfactoria. Sin embargo, es fundamental dejarlos volar.

Reconoce que ya son personas independientes, con su propia vida, opiniones y valores. Al aceptar esta realidad, empezarás a liberarte del sufrimiento por lo que no compartes o no entiendes.

2. Deja de asumir responsabilidades que ya no te corresponden

A veces, sin darnos cuenta, asumimos cosas que ya no son nuestras. Identifica las áreas en las que sueles intervenir o en las que sientes la tentación de hacerlo. ¿Te haces cargo de algunos de sus gastos? ¿Le llenas el congelador de comidas caseras para que no vivan de domicilios? ¿Resuelves sus trámites?

Es momento de soltar un poco las riendas, recuerda que ayudar no significa resolver. A menudo, lo mejor que puedes hacer es estar presente y ofrecer tu apoyo emocional sin interferir en exceso.

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3. Establece y comunica límites de forma asertiva

La asertividad es esencial para una comunicación efectiva. Tómate un tiempo para pensar en tus límites. ¿Qué comportamientos no te dispones a tolerar? ¿Qué actitudes te lastiman? Quizás te incomoda algún mal trato o sientes angustia porque tus hijos no te visitan con frecuencia.

Es importante expresar estos límites de manera clara y respetuosa. Usa frases como «me siento mal cuando…», para comunicar tus sentimientos sin acusar. Hazlo en un momento de calma, no en medio de un conflicto, para que la conversación sea más provechosa.

4. Permite que tomen decisiones y cometan errores

En ocasiones, el sufrimiento por los hijos adultos surge de los errores que cometen. Tu hijo se equivocará y, por más que te esfuerces por protegerlo, no podrás evitarlo. Es un ser humano y necesita experimentar las consecuencias de sus decisiones para crecer.

5. Mantén un diálogo abierto, pero no esperes que te lo cuenten todo

Fomenta un ambiente de confianza donde se sientan cómodos compartiendo lo que quieran, pero entiende que sus vidas son suyas y no siempre compartirán cada detalle. Escucha sin juzgar y respeta su privacidad: es esencial para construir una relación sólida.

6. Dedica tiempo a tu bienestar

Para dejar de sufrir por los hijos adultos debes empezar a cuidar de ti. A veces nos olvidamos de nuestras propias necesidades, mientras nos preocupamos por los demás. Dedica tiempo a hacer cosas que disfrutes y te hagan bien, ya sea pasear, leer, hacer ejercicio o pasar tiempo con amigos.

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7. Conversa con otros padres de hijos adultos

Hablar con otros papás en situaciones similares resulta muy útil. Compartir experiencias, preocupaciones y consejos ayudará a sentirte menos solo/a. Descubrirás que otros enfrentan desafíos parecidos y esto puede ofrecerte nuevas perspectivas, además de apoyo emocional.

8. Busca actividades en común

Tener actividades en común con tus hijos mayores es una gran manera de fortalecer el vínculo entre ustedes. Piensa en hobbies que puedan disfrutar, como cocinar juntos, hacer una caminata o ver series. La clave es pasar tiempo de calidad y disfrutarse, lo que les permitirá hablar, reír y compartir experiencias.

9. Practica la empatía

Trata de ponerte en los zapatos de tus hijos. Comprender sus desafíos y decisiones te ayudará a ver las cosas desde sus perspectivas. La empatía puede aliviar la frustración y contribuye a un apoyo más efectivo.

¿Cómo Afrontar la Separación Diaria?

Despídete de forma adecuada:

  • Sonríe y dile adiós de forma amable. Una cara triste o de preocupación la percibirá y hará la despedida más dolorosa.
  • Da mucho amor. Dale mucho cariño con un gran abrazo y beso con mensajes positivos. Frases como ¡Pásalo genial! ¡Esta tarde vamos al parque! ¡Diviértete y aprende mucho!

Despedida corta:

No la demores. Entrar, salir, volver a irse… solo hará más complicada la situación.

Sé positiva:

La separación de nuestros hijos es algo natural. Durante estos periodos se hacen más autónomos y les ayudamos a fomentar su independencia.

Usa la tecnología:

Si cuando te vas tu hijo se queda triste o llorando, dile que le llamarás cuando llegues al trabajo o de camino. Pero hazlo. También puedes llamarle a lo largo del día, o enviar un audio o vídeo a la persona que este con él para que pueda enseñárselo. Le hará mucha ilusión y se sentirá cerca de ti en la distancia.

Organízate:

Prepara las cosas la noche anterior, como la comida o la ropa.

Refuérzale:

Dejarle un objeto como una foto familiar o su peluche favorito puede ayudar a consolar a nuestro hijo.

¿Qué debemos evitar en las despedidas?

  1. Irte a escondidas: Aunque creas que evitando el momento despedida no sufrirá tanto, no es así. Ya que en ocasiones puede hacer que se sienta abandonado.
  2. Mentir: No es recomendable mentirles con cosas como ¡ahora vengo! Mentir a nuestros hijos tiene efectos en ellos. Nuestros hijo repetirá nuestras acciones, por lo que hay que evitar la mentira.
  3. Sentirte culpable: Cuando ves que tu hijo llora, está triste y lo pasa mal por vuestra separación no debes sentirte culpable. Tu profesión la has ganado a base de esfuerzo y te hace sentirte realizada y mantener a tus hijos económicamente.

El Duelo de Dejar Ir

Por falta de autorrealización: hay padres o madres que han dedicado toda su vida a sus hijos, sobre todo pasa en mujeres, que se han olvidado de otros roles de su vida, ser pareja, trabajadora, mujer, amiga...

Cuando algunas especies de aves, como las golondrinas o los pájaros carpinteros hacen los nidos a sus polluelos, lo hacen en una rama o en un lugar alto para que sus progenitores puedan oír si están en peligro y acudir a socorrerlos cuanto antes, entienden que no saben volar y que sin ellos podrían morir fácil, pero una vez que aprenden a volar dejan sus nidos para no volver nunca, les dejan marchar.

Si tu hijo ha aprendido a volar, está preparado para irse, necesitó de ti mucho tiempo y en muchas situaciones pero ya no, y aceptarlo es un gran paso.

Mantén el Contacto

Puedes continuar teniendo una relación cercana con ellos, mediante visitas, llamadas, mensajes, videollamadas.. Todos en algún momento de nuestra vida hemos mirado con deseo y anhelo algo de lo que carecemos y el resto tiene.

Ofrecer tu apoyo sin sacrificar tu bienestar, aceptar su autonomía y mantener un diálogo abierto es clave para liberarse del sufrimiento relacionado con los hijos mayores.

¿Qué Hacer si la Relación No es Buena?

Pensar «mi hijo no me habla», «mi hijo me rechaza» o «mi hijo no me quiere ver» es muy doloroso. Las relaciones familiares son complejas y, en ocasiones, están marcadas por malentendidos, heridas y expectativas no cumplidas.

Muchos padres atraviesan momentos de desconexión con sus hijos adultos. A veces, estas distancias nacen de diferencias en las perspectivas de vida o incluso de conflictos que quedaron sin resolver. Tómate un momento para reflexionar cómo llegaron a este punto.

Si tienes la oportunidad de comunicarte con tu hijo o hija, hazlo desde un lugar de empatía. Escuchar sus sentimientos sin juzgar puede ser un paso fundamental para abrir el diálogo. En ocasiones, lo que se necesita es un espacio donde expresen sus emociones sin temor a ser juzgados. Pero también es importante poner límites saludables en la relación, para cuidar tu bienestar emocional y fomentar un vínculo más sano.

Por otra parte, si sientes que la situación es muy difícil de manejar, considera la opción de buscar ayuda profesional. Por ejemplo, un terapeuta de familia brinda un entorno seguro para abordar los conflictos y mejorar la comunicación.

El Equilibrio entre Proteger y Sobreproteger

En las últimas décadas ha surgido una preocupación creciente por la seguridad, el bienestar y el éxito de niñas y niños -también de adolescentes-. Desde el ámbito de la Psicología y la Pedagogía, se observa con frecuencia la dificultad de algunos menores para enfrentarse a la frustración, tomar decisiones o resolver conflictos sin la intervención adulta inmediata. Estudios recientes vinculan la sobreprotección infantil con mayor ansiedad en la adolescencia.

Ansiedad parental: El miedo a que las hijas o hijos sufran puede llevar a evitar cualquier situación que implique un posible riesgo o frustración. En contextos donde hay una actitud de control constante o vigilancia excesiva es posible observar estos signos con mayor frecuencia.

¿Cómo educar a nuestros/as hijos/as sin sobreproteger?

'Proteger es un acto de amor. Desde la Psicología, sabemos que criar con equilibrio implica confiar en las capacidades de nuestras hijas e hijos, permitirles explorar, equivocarse, levantarse y construir su propia identidad.

  1. Identificar si estamos actuando desde el miedo, la ansiedad o la culpa nos permite ser más conscientes de nuestros comportamientos. La autocompasión es una herramienta poderosa para una crianza saludable. “Me doy cuenta de que a veces te freno porque tengo miedo, pienso que puedo no hacer lo correcto, pero en realidad tú eres capaz.
  2. Permitir que niñas y niños asuman pequeñas responsabilidades desde edades tempranas fortalece su autoestima y sentido de competencia.
  3. Sentir miedo, tristeza o rabia es parte del desarrollo emocional. Acompañarlos cuando las sientan, dándoles permiso para sentirlas y respetando lo hacen. “Puedes llorar si lo necesitas.
  4. El error no es fracaso, sino parte del proceso de aprendizaje. Permitir equivocarse y que aprendan de ello es clave para el desarrollo de la resiliencia. “Sé que te sientes mal por el error.
  5. “Sé que te estás divirtiendo, y entiendo que te cueste parar. Acordamos un horario y es importante cumplirlo.
  6. “Me doy cuenta de que necesito aprender nuevas cosas para acompañarlo mejor.

Estar Presente: Más Allá de la Presencia Física

Estar físicamente en un sitio determinado no es suficiente. Un buen padre es aquel que está presente, es decir, que saborea cada momento con sus hijos e hijas, dejando de lado su smartphone y viviendo con atención.

1. Recurriendo a métodos para reducir el estrés

Precisamente la mencionada técnica es uno de los recursos que recomiendan los expertos para saber si estamos ‘en el aquí y ahora’ y, lo que aún es más importante, para conseguir volver a dicho estado cuando nuestra mente ha echado a volar. No en vano, son muchas las investigaciones que afirman que reduce la ansiedad, potencia el funcionamiento cognitivo, mejora la autoestima y frena los prejuicios de toda índole.

Cuando podamos permitírnoslo, Klow sugiere que empecemos centrándonos en nuestra respiración, que en sí misma puede atenuar el estrés, regular la presión sanguínea y ayudar a controlar las emociones. Un procedimiento que dificultará que desviemos la atención hacia otras señales internas y permitirá que nos centremos en la experiencia actual, en lugar de quedarnos en el pasado o saltar al futuro sin saborear el presente. “El cuerpo siempre está en el momento”, explica, y notar lo que ocurre en él puede ser un ancla para permanecer en el ‘aquí y ahora’. Un reto a cuya consecución también pueden ayudar otras prácticas como la meditación y el yoga.

2. Apartándonos de cualquier posible distracción

No obstante, los autores son conscientes de que existen padres y madres tan ocupados que ni siquiera pueden encontrar un rato para proceder con ejercicios de respiración consciente. Por no hablar de la imposibilidad de incluir clases de las mencionadas disciplinas en sus horarios diarios. Pero antes de que caigamos en el desánimo, nos proponen una solución más rápida y sencilla: dejar a un lado nuestros teléfonos móviles y otros dispositivos, centrarnos en lo que están haciendo los menores y aportarles respuestas específicas.

3. Comprometiéndonos de manera firme con los niños

Y es que proporcionar explicaciones, sobre todo durante las primeras fases de la infancia, es muy importante. Pero no hablamos de contestar con un simple “muy bien” o un “buen trabajo”, plantea el también terapeuta matrimonial y familiar Raffi Bilek. Por el contrario, nos anima a darnos cuenta de lo que hacen los niños y a comprometernos con ellos, en vez de tener nuestro cuerpo en un sitio mientras que nuestra mente se encuentra en otro.

4. Practicando constantemente para preparar nuestra mente

Por último, como todo aquello que merece la pena, no hay que olvidar que se trata de un desafío que requiere de mucha práctica. “La presencia es centrarse en el ahora mismo, en vez de tener la conciencia en algo en el futuro, o preocuparse por el pasado”, puntualiza David Klow. “Es entrenar nuestra mente para que se centre en la profundidad del momento en lugar de huir hacia otro plano”.

Admite haber escuchado a muchos adultos hablar sobre el problema que supone perderse la crianza. “Describen que sienten que sus hijos e hijas crecen en un abrir y cerrar de ojos”. Un planteamiento que para él sugiere “que no han asimilado plenamente las vivencias a lo largo de los años mientras ocurrían”.

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