No Soporto a Mi Marido Después del Nacimiento de Mi Hijo: Razones y Soluciones
Que los bebés caen como un meteorito en una pareja es una realidad que solo se comprende en toda su dimensión cuando se vive en primera persona. Da igual que lo hayan advertido los libros, los 'reels' de Instagram, las madres y las suegras, las amigas. Un hijo aterriza en tu salón y toda la casa acaba patas arriba.
A esta hecatombe le puso nombre el psiquiatra francés Bernard Geberowicz en un libro de explicativo subtítulo: 'El baby-clash'. Al salir del hospital, llega el momento de recolocarse en multitud de planos (social, sexual, emocional, laboral...) pero, ojo, la reestructuración de los individuos y de la pareja se tiene que hacer en medio de las demandas de la nueva criatura y con un sueño que casi siempre es atroz. No parecen, a priori, los mejores mimbres para construir un nuevo camino, pero es el que hay. Y claro, llegan los baches.
A veces, las parejas sortean las grietas y otras, acaban rotas. Alicia Jiménez acaba de cumplir 50. Con 28 se casó; con 29 tuvo a su primera hija; y con 30 se divorció. Nunca pensó en criar a la niña en solitario, pero tomó la decisión cuando la bebé no había cumplido su primer año. "Nuestra relación era rara, pero yo no tenía mucho con lo que comparar y la veía normal. Cuando nació nuestra hija me di cuenta de cosas que antes no sabía o no quería ver", cuenta.
Alicia aclara que el embarazo fue deseado por ambos, aunque ella, que es educadora infantil, tuvo más iniciativa para formar una familia. "Cuando nació la niña él seguía haciendo su vida igual. No asumió la responsabilidad y si nos íbamos de vacaciones con amigos, por ejemplo, él se iba de fiesta y yo me quedaba en casa. Era un poco 'piterpán'", sostiene.
La idea de una separación con una criatura de pocos meses sujetó a duras penas el matrimonio, pero la relación se fue enfriando de modo irreversible. "Le convencí para ir a terapia, pero solo acudió a una sesión. Probamos a irnos de vacaciones solos, pero quiso que durmiésemos en dos camas separadas... Siempre fue poco cariñoso, pero aquello era demasiado. Di el paso y fui a un abogado", recuerda Alicia. Ahí se cayó el mito del amor romántico, en virtud del cual ella deseaba ser su mujer para toda la vida y tener más hijos. Eso sucedió, pero con otro hombre. "Hemos crecido en direcciones diferentes. Supongo que habríamos acabado separándonos igual, pero habríamos tardado más. Tener a mi hija me hizo abrir los ojos", concluye.
Lea también: ¿Cuándo comienza la vida?
El Desgaste por la Crianza: Principal Motivo de Divorcio
Según el IV Observatorio de Derecho de Familia AEAFA (Asociación Española de Abogados de Familia), publicado en 2022, las principales razones por las que una pareja se divorcia son: el desgaste que provoca el estrés de la crianza de hijos y/o el trabajo (motivo muy habitual en el 32% de los casos, dicen los propios abogados); el desenamoramiento (24%); la infidelidad (21%); las dificultades económicas (17%); y las discrepancias en la educación de los hijos (14%).
Estos datos que revela la encuesta que AEAFA realizó entre los letrados señalan que Alicia es solo un ejemplo. Yo Dona ha hablado con tres mujeres más que ponen voz a los porcentajes. María José Morcillo también tiene 50 años y, también fue ella quien tomó la iniciativa de formar una familia. Su embarazo fue deseado.
"Cuando nace un hijo todo se desajusta. Creo que yo me adapté mejor, encajé a la niña en mi vida. A él le vino grande la responsabilidad de la paternidad y la pérdida de la libertad que disfrutaba. Cuando tenía un año y medio iniciamos nuestra separación", cuenta al otro lado del teléfono. A ella su trabajo de oficina la mantenía fuera de casa casi todo el día y él, bombero, podía adecuar sus libranzas. "Durante el primer año de vida fue él quien más se ocupó de la niña. Trabajaba el fin de semana y entonces yo le relevaba. El tiempo que él tenía libre se iba a hacer deporte con sus amigos. Creo que se saturó. Ese tiempo fuimos más compañeros de piso que un matrimonio", recuerda.
Reconoce que su relación dio un vuelco y entraron en crisis, un caldo de cultivo propicio para que él conociese a otra. "Intentamos encontrar espacios para nosotros, pero era tarde para reconstruir la pareja. Teníamos una niña muy pequeña. Yo lo intenté todo, pero no pudo ser". Así terminaron 15 años de relación.
"Más que Unir, un Hijo Desune a la Pareja"
Olga Panadero tiene ahora 53 años y su hijo acaba de hacer 23. En su primer cumpleaños sus padres ya estaban separados. Ellos, como los otros ejemplos de este reportaje, tenían una relación previa longeva. "Yo plateé tener un hijo, pero estuvimos diez años antes sin querer ninguno de los dos. Viajábamos, salíamos... Cuando llega un hijo todo esto cambia", afirma.
Lea también: ¿Cuándo Empezar a Cobrar el Complemento?
Recién estrenada la paternidad, él quiso dejar el trabajo, montar un negocio, rejuvenecer. "Ese no es momento para iniciar proyectos arriesgados. Tienes una boca que mantener. Mi marido en realidad vivía una crisis permanente que se evidenció cuando llegó una responsabilidad tan grande. Creyó que su vida se acababa", analiza.
Así fue como Olga se cansó de cuidar de un bebé y también de un adulto ella sola. Y decidió separarse. "Yo he esperado 20 años para hacer cosas que deseaba y ahora estoy feliz. Un bebé está por encima de tus prioridades. Tener a mi hijo y divorciarme han sido las mejores decisiones de mi vida", concluye.
Un 'Infierno' Particular del que Pocos Hablan
Mónica Felipe Larralde, experta en género y salud, y autora de 'De pareja a trío' (Ob Stare, 2014), escribió este libro a raíz de su propia experiencia personal a la que después añadió las de otras mujeres a las que acompaña como profesional. "Quise poner voz a lo que pasa pero pocos nombraban. Cuando nace un bebé estás en tu infierno particular pero nadie dice ni pío. Por fuera, solo se ven familias maravillosas", dice.
Como evidencian testimonios como el de Olga y María José, la llegada de un niño desencadena cambios esenciales. "Uno de ellos es tu escala de valores y lugar en el mundo. Si un miembro de la pareja continúa muy centrado en el trabajo y el otro no, pueden generarse conflictos. Quizá no soportes adquirir un rol de cuidador, con un chándal sucio todo el día y la casa hecha un desastre, y prefieras seguir con el papel de profesional, más prestigioso socialmente", explica.
La construcción social del eterno adolescente es más común en los hombres, según esta experta. "En esos casos la paternidad les viene grande. Cuando llegan a casa, encuentran a una mujer cansada y malhumorada que solo quiere soltarle al bebé para poder ducharse. Eso es difícil de sostener".
Lea también: Guía completa del inicio del embarazo
El área íntima, no necesariamente sexual, es otra de las facetas que sufre un buen revolcón: "A muchas mujeres les cuesta volver a la sexualidad que tenían antes y prefieren otra intimidad más sensual, quizá sin penetración, sobre todo al principio. El hombre suele vivirlo como un rechazo o un castigo".
Mónica Felipe Larralde 'receta', ante todo, comunicación honesta. "Las mujeres a veces quieren que sus parejas entiendan todo sin poner palabras, pero no siempre funciona. Es necesario que sean explícitas y utilicen una comunicación asertiva. Lo ideal es que esto sea previo a la llegada de un hijo. Un bebé es una bomba", sostiene. "Hay que pararse a hablar y hacer un trabajo de autoconocimiento para saber quién soy y qué necesito. Reconozcámoslo: el amor ahí no es suficiente", zanja.
"Cambió Radicalmente Cuando Tuvimos al Niño"
Raquel Caro tiene 49 años. Hace 21 nació su hijo y ese fue un momento crucial en su matrimonio. Su relación era larga, se conocían perfectamente, pero "algo hizo clic" cuando llegó el bebé y su marido se transformó de modo sorprendente. "Antes le gustaba estar con gente, salir y divertirse, pero después sólo quería estar en casa y trabajar", explica.
Ella, en cambio, prefería seguir con su vida de siempre incorporando, claro, a su hijo a la ecuación. "Ni siquiera venía a eventos familiares como bodas o comuniones. Iba yo sola con el niño a todas partes", recuerda. Ella, de corazón urbanita, accedió a su deseo de vivir en un unifamiliar en las afueras, lo que acrecentó el aislamiento que su marido deseaba. "Yo quería que mi hijo viviera, saliese, hiciese actividades, viese a familia y amigos... Pensé que yo estaba haciendo algo mal, que no era una buena esposa, pero le planteé la separación. Él prefirió seguir", explica.
Desde que el niño cumplió 3 años, prácticamente vivían como compañeros de piso. No dormían juntos. Tampoco cenaban en familia. Raquel y su hijo andaban por un lado; él, por otro. El pequeño hizo los 6 y ella pensó que no era necesario esperar más para divorciarse. Y así hicieron.
"Cuando accedió a separarse, sentí que me quitaba 30 kilos de encima. Él sigue en esa casa, pero yo me trasladé de nuevo a Barcelona. Le dejé la nevera llena, con instrucciones de dónde había que hacer la compra, y hasta contraté a una señora de la limpieza para la casa. Cuando comenzamos una relación de pareja solemos hacerlo con mucha ilusión y ganas por lo general por ambas partes. Sin embargo es bastante frecuente que con el tiempo esas ‘ganas’ y esa ‘chispa’ pasen a algo mucho menos efusivo y pasional, aunque no por ello dejemos de amar y querer estar con nuestra pareja. Desde Avanza Psicólogos explican que suele tratarse de un sentimiento mutuo y que «se os haya acabado la paciencia a ambos». Algo para lo que no todos estamos preparados.
Y explican que algo relativamente frecuente es querer a una persona pero no soportarla, en este caso la pasión y el amor habrán derivado en cariño. Además señalan como causas de que esto ocurra, las crisis de la edad (de los 40 y 50 especialmente) y el nacimiento de los hijos, «Cuando nacen los hijos, el marido, la esposa, la pareja, pasan a no ser la prioridad. Incluso está descrito un síndrome de repulsión súbita, que se refiere a la reacción que sentimos al descubrir ‘algo’ en nuestra pareja que nos genera un rechazo inmediato e irrevocable.
Respecto a esas señales que pueden indicar que empiezas a no estar a gusto con tu pareja, desde la web codigonuevo.com señalan buscar la confrontación de manera persistente, «cualquier mínimo asunto te molesta y saltas a genera un conflicto con tu pareja». Hablan además de los silencios sean incómodos, es decir que en lugar de que sea un momento íntimo y de disfrute, se convierta en que no tenemos nada de lo que hablar.
No es raro que cuando hablas con personas que acaban de tener un hijo te digan: “casi nos separamos”, “nos hemos peleado como nunca”,etc. Se dice mucho eso de que tener hijos te cambia la vida, pero nosotros añadiríamos que también te cambia la pareja. La llegada del bebé supone tener que reformular la relación de pareja, ya que nos vemos obligados a re-estructurar el tiempo (individual y de pareja), la sexualidad, la convivencia, las relaciones con amigos, las relaciones con nuestras familias.
La nueva mamá experimenta toda una serie de cambios corporales y psicológicos durante el embarazo y después del parto. Su cuerpo se inunda de hormonas que la hacen estar muy emocional y afectan a su estado de ánimo. El papá se puede sentir como un rey destronado, ya que su pareja pasa la mayor parte de su tiempo con el bebé. El bebé tiene la atención constante de la madre y el padre fácilmente puede sentir que su pareja le presta mucha menos atención que antes. La madre, cansada por menos horas de sueño y todas las necesidades que hay que cubrir del bebé, no entiende esta actitud negativa y rencorosa del padre.
¿Qué Hacer al Respecto?
Es importante adelantarnos. Prepararnos si en estos momentos estamos pensando en buscar un bebé o ya está en camino. Pensar que a nosotros no nos pasará, simplemente puede provocar que nos pille desprevenidos. Hablad previamente sobre cómo os organizaréis. Buscad a familiares, amigos o gente de apoyo que os pueda echar una mano con las tareas de casa, las comidas, la ropa, la limpieza, etc. Ahora os parece que habrá tiempo para todo, pero creednos, se necesita ayuda para criar un bebé.
Papis, leed, informaros sobre el embarazo, el parto, la lactancia, los cambios que implican en vuestra compañera. Pensad que es una etapa que pasará. Los primeros 3 años son los más demandantes por parte del niño/a. Esto nos ayuda a situarnos temporalmente y no ponernos derrotistas. No neguéis los cambios en la relación. Ya no sois dos y quedaros anclados en lo que era, simplemente hace que no pongáis en marcha soluciones.
Salva al otro cuando lo veas desbordado. La ventaja de ser dos es que podemos intercambiar papeles. Buscad algún momento de pareja. Deja de mirarte el ombligo y piensa que tu pareja también está pasando por muchos cambios. Si lo miras así, esto te puede ayudar a hacer acercamientos y tener detalles mutuos que os unan. Organizaros para que cada uno tenga un mini espacio para relajarse. Salir a correr, tomar un baño, quedar con un amigo/a para tomar un café. Somos como una olla exprés y necesitamos válvulas que nos permitan dejar ir presión. Estos pequeños detalles que implican 30-60 minutos, nos ayudan a desestresarnos y volver con más energía.
Pensad que criar un hijo/a es una carrera de fondo, no un sprint. Tener un hijo/a es un momento maravilloso, pero también es agotador física y psicológicamente. Por esta razón es importante que no escondamos que la parte dura también está.
El Vínculo Madre-Bebé y la Separación
La separación puede afectar significativamente al inicio de la relación madre-bebé. En palabras de algunas mujeres son patentes los daños que ocasionan la separación al nacer y el que ello se prolongue por varias horas o días. El cuerpo no pasa por el trabajo necesario para alumbrar un hijo y el cerebro humano no llega a reconocer que el nacimiento ha tenido lugar. Incluso una cesárea necesaria puede resultar perjudicial para el vínculo madre-bebé.
Nuestra sociedad tiene sus propias reglas en cuanto a maternidad. Esto es algo que queda patente cuando una mujer se convierte en madre, da lo mismo si es primeriza o si ya tiene más hijos. Al intentar expresar sus sentimientos, el entorno niega a la mujer su dolor insistiendo en que lo importante es que están vivos. A la larga las mujeres callan y guardan sus sentimientos por miedo al rechazo de la sociedad.
En un buen número de hospitales no está reconocido ni interiorizado como problema real que las interferencias en el momento del parto pueden impedir o dificultar el establecimiento del vínculo. Por ello, muchos hospitales no cuidan con mimo ni garantizan que en todos los nacimientos haya un contacto precoz madre/bebé. La enfermedad del recién nacido suele derivar en la separación madre-bebé y, en consecuencia, el normal desarrollo de la relación se ve obstaculizado. Además, la enfermedad del bebé puede producir ansiedad y preocupaciones en la madre que tampoco facilitan el establecimiento del vínculo.
Todas estas dificultades son significativas de la realidad en la atención al parto sin que se valoren suficientemente en la actualidad.
La llegada del bebé ha provocado más discusiones y peleas en tu pareja? ¿Alguna vez has sentido (o sigues sintiendo) incomprensión o frustración? ¿Crees que tu pareja y tú ya no os entendéis? No te preocupes, esta situación es muy habitual entre los nuevos padres. ¿Cuáles son las causas? ¿Se puede prevenir? ¿Qué puedes hacer para superarla?
Los loquios, los dolores posteriores y, en ocasiones, la tristeza posparto no son las únicas malas sorpresas tras el parto. Otro problema posparto muy extendido que aparece en los nuevos padres tras la llegada del bebé es... ¡el de las peleas! Teniendo en cuenta que la falta de sueño es máxima para todos los padres tras el nacimiento de un bebé, no es de extrañar que el cansancio sea la principal causa de estas tensiones en la mayoría de las parejas. Sin embargo, no todos los padres vivirán esta situación de la misma manera y, en función de su duración e intensidad, puede incluso acabar en la separación.
La carga mental y la sensación de estar haciendo más de lo que les corresponde en la crianza y las tareas domésticas pueden provocar frustración en uno o ambos miembros de la pareja. Aquí es donde es importante distinguir la pareja "romántica" de la pareja "parental". En el primer caso, la relación se basa en sentimientos románticos, en el segundo, la atención se dirige muy a menudo a los hijos, y ya no a la pareja o a uno mismo.
La llegada de un bebé también puede reavivar problemas de la infancia que quizá no se hayan resuelto o que se hayan querido ocultar. "Unos meses después del nacimiento de nuestro hijo, creo que tuvimos una crisis de pareja posparto que casi acaba en separación. Pero pensamos que no podía acabar así. Así que nos tomamos un descanso, dimos un paso atrás, hablamos mucho y nos escribimos para decirnos cómo nos sentíamos de verdad. No me había dado cuenta de que yo controlaba totalmente todo lo que tenía que ver con nuestro bebé y de que seguía culpando a mi marido por no hacer lo suficiente. Se sentía desanimado, no estaba a la altura de su nueva función de padre y se sentía excluido emocionalmente. Mientras que yo me sentía abandonada a mi suerte e incomprendida. Y nada me importaba en realidad, excepto mi hijo. Por supuesto.
Como nos dijo Eve Simonet al hablar de su documental sobre el posparto: "El conocimiento es poder." Además de los talleres de preparación al parto y a la vida como padres (que lo ideal es hacer con tu pareja), la cita del cuarto mes con la matrona es una gran oportunidad para hablar de cómo os imagináis como pareja en vuestra nueva vida con el bebé. Es una oportunidad para hacer preguntas sobre el parto y para hablar como pareja de cómo puede ser la situación.
Puede parecer banal, pero es un primer paso hacia la vida real con el bebé: ¿cuáles serán las funciones si la madre le da el pecho en todas las comidas? ¿Cómo organizaréis las noches? Etc. Por supuesto, en este momento solo serán opiniones y la realidad puede ser diferente una vez que nazca el bebé. Aun así, es una forma de abordar el tema y un buen momento para conocer la opinión de tu pareja, con calma...
La comunicación parece evidente, pero cuando te encuentras en una situación tensa, puede que te resulte imposible dialogar, que te parezca demasiado tarde o que ya no se pueda superar. En estos casos, recibir la ayuda de un tercero para que el diálogo vuelva a ocupar un lugar primordial en vuestra relación puede ser clave para mejorar la situación.
Si el bebé no duerme toda la noche y tu pareja no puede relevarte tanto como te gustaría, plantéate pedir ayuda a un familiar 1 o 2 noches a la semana, durante un tiempo. O bien unas horas durante el día, para que puedas dormir y recuperarte un poco. Tener tiempo para ti mismo o para estar con tu pareja te ayudará a levantar el ánimo y a recuperar esos lazos que te hacen sentir mejor. Una comida sin interrupciones y "aún caliente" con tu pareja puede sonar muy básico, pero este momento compartido puede ayudar a reencontrarse, crear vínculos y recuperar la intimidad. Si no puedes recurrir a tu familia, mira a ver si un amigo puede echarte una mano durante unas horas. Recuerda que una pareja contenta hace un padre y una madre felices...
Es evidente que la clave para hacer la vida cotidiana más agradable es limitar la carga mental. Para evitar la sobrecarga y los consiguientes sentimientos de resentimiento, sentaos juntos y pensad en vuestras prioridades: no podréis cumplir toda la lista, pero no pasa nada. Por último, a veces se pueden anticipar pequeñas cosas para facilitar el día a día, sobre todo en caso de que acabes teniendo prisa o debas hacer frente a imprevistos.
Sí, por supuesto. Alrededor del 60 % de las parejas pasan por esta etapa de las peleas después del parto y el 20 % se separa tras ella. Ya sea en divorcio o en separación, cada vez son más los padres que deciden separarse cuando tienen un hijo pequeño. De ahí la importancia de saber que no estáis solos en esta etapa.
Principales Razones de Divorcio Después del Nacimiento de un Hijo (Según AEAFA, 2022)
| Razón | Porcentaje |
|---|---|
| Desgaste por la crianza y/o trabajo | 32% |
| Desenamoramiento | 24% |
| Infidelidad | 21% |
| Dificultades económicas | 17% |
| Discrepancias en la educación de los hijos | 14% |
tags: #no #soporto #a #mi #marido #despues