Domiciano: Biografía del Emperador Romano
Domiciano, cuyo nombre completo era Tito Flavio Domiciano, nació en Roma el 24 de octubre del año 51 d. C. Era el tercer hijo del emperador Vespasiano y Domitila la Mayor.
Primeros Años y Familia
Las décadas de guerra civil que azotaron al Imperio a lo largo del siglo I a. C. habían contribuido enormemente a la decadencia de la vieja aristocracia romana, que será gradualmente sustituida en el poder por una nueva nobleza provincial durante la primera parte del siglo I d. C. Ya en el año 66, habían muerto tanto la madre como la hermana de Domiciano, mientras que su padre y su hermano lideraban los ejércitos de Germania y Judea. Durante la I guerra judeo-romana, Domiciano pasó al cuidado de su tío Tito Flavio Sabino, que era praefectus urbi de Roma.
Recibió una educación privilegiada, digna de un joven procedente de la clase senatorial. Estudió retórica y literatura. Sus primeras obras publicadas fueron poemas, así como Tratados sobre la ley y administración.
Características Físicas y de Carácter
Domiciano era de elevada estatura, semblante modesto, tez sonrosada y ojos grandes, aunque débiles. Era hermoso y apuesto, sobre todo en la juventud, aunque tenía los dedos de los pies muy cortos. Al parecer, su calvicie le avergonzaba tanto que en etapas posteriores trató de disimularla con el empleo de pelucas.
La naturaleza de su carácter se vio agravada por su tendencia al aislamiento del resto del mundo. Podemos pensar que esto fuera consecuencia de su infancia, transcurrida lejos de sus familiares más cercanos.
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Matrimonio e Hijos
Fracasada su carrera política y militar, el futuro emperador centró su atención en los asuntos que afectaban a su vida doméstica. Vespasiano, aunque en un principio se opuso a esta unión, cedió al ver lo beneficiosa que era para ambas familias. Al parecer el matrimonio fue feliz, aunque se vio obligado a tolerar constantes acusaciones de adulterio. Nacería el único hijo de la pareja en el año 73, un varón del que se desconoce el nombre fallecido en el año 81. Sin embargo, la haría volver; quizá por amor o con el objeto de acallar los rumores que le relacionaban con su sobrina, Julia Flavia. Tras suceder en el trono a su hermano, otorgó a su mujer el título honorífico de Augusta y forzó al Senado a deificar a su hijo.
Ascenso al Poder
El regreso de su hermano Tito triunfante en Judea puso de manifiesto la insignificancia de Domiciano, tanto militar como políticamente. Por otra parte, estas concesiones confirmaban que Tito era el heredero del Imperio. Ejerció un consulado ordinario en el año 73 y cinco consulados suffectus en los años 71, 75, 76, 77 y 79, sustituyendo casi siempre en el puesto a su padre o a su hermano a mediados de enero. Por otro lado, y si bien sus cargos eran más formales que materiales, esos puestos sirvieron sin duda para que Domiciano adquiriese una valiosa experiencia tratando con el Senado.
La eficacia de Tito como coemperador de su padre garantizó que, tras la muerte de este último el veintitrés de junio del año 79, se produjera una sucesión pacífica y con pocos cambios. El veinticuatro de agosto del año 79, el volcán Vesubio entró en erupción, enterrando bajo metros de ceniza y lava las ciudades de Pompeya y Herculano. Por todo ello, Tito pasó gran parte de su reinado tratando de restaurar las propiedades de las víctimas.
Es muy probable que el afecto fraternal fuera mínimo, hecho nada sorprendente, ya que apenas se conocían entre ellos.
El Reinado de Domiciano
Como emperador, Domiciano puso pronto fin a la falsa fachada de democracia republicana establecida por su padre y estimulada durante el reinado de su hermano. En su opinión el Imperio debía ser gobernado por una monarquía divina dirigida por él, es decir, gobernada por un déspota benevolente. Al margen de su poder político, estimaba que su papel como emperador abarcaba los aspectos de la vida cotidiana de la sociedad romana. Al embarcarse en una serie de ambiciosos proyectos económicos, militares y culturales destinados a restablecer la gloria que experimentó el Imperio durante el reinado del emperador Octavio Augusto, señaló el camino hacia una nueva época de prosperidad imperial dirigida por el gobierno de los “Cinco buenos emperadores”. Según Suetonio, la burocracia imperial jamás se desempeñó de manera tan eficiente como durante el emperador Domiciano.
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En cuanto a los cargos públicos, no hubo casi ningún tipo de favoritismo por motivos familiares, sino que se distribuyeron entre sus hombres de confianza. Los miembros de la corte imperial habitaron en Alba o Circeo hasta que se completó la construcción del plació Flavio, emplazado en el monte Palatino.
Política Económica y Construcciones
La tendencia del emperador a supervisar los detalles administrativos se hizo evidente en su política financiera. Domiciano revalorizó la moneda al aumentar en un 12% el contenido de plata presente en el denario. Gran parte de este dinero sirvió para costear la reconstrucción de la capital imperial, cuyos dañados edificios habían sufrido el incendio del año 64, el año de los cuatro emperadores, y el incendio del año 80. Durante su gobierno se erigieron o completaron más de cincuenta nuevas estructuras, número solo superado por los edificios construidos bajo la administración de Augusto. Entre estas nuevas edificaciones destacan un odeón, un estadio y un imponente palacio construido por el maestro arquitecto Rabirio. Restauró el templo de Júpiter, cuyo techo revistió de oro.
Entretenimiento y Donativos
A fin de contentar a la plebe, la administración imperial invirtió cerca de 135 millones de sestertii en donativos o congiariae. El emperador subvencionó los viajes que desde cualquier parte del Imperio efectuaban los competidores, y costeó los premios. Se introdujeron innovaciones en el programa de entretenimientos; tales como las simulaciones de enfrentamientos navales, las batallas nocturnas y los combates de gladiadores protagonizados por mujeres y enanos.
Religión y Moral
Domiciano creía firmemente en la religión romana tradicional. Dirigió una intensa política con el objeto de resucitar las antiguas costumbres y restablecer la moral romana. A finales de su gobierno, el edificio sería ampliado y consagrado a Jupiter Custos. Sin embargo, la deidad favorita del emperador era la diosa Minerva. Además, en su honor se fundó la Legio I Minervia. Domiciano también resucitó la práctica del culto imperial, caída en desuso durante el reinado de Vespasiano. Se confirieron honores a su hermano y se completó el templo de Vespasiano y Tito, dedicado a su padre y hermano.
Los proyectos de construcción constituyen la parte más ostensible de la política religiosa efectiva durante su gobierno, aunque el emperador también se preocupó en hacer que se cumpliera la ley religiosa y la moral pública. Se restauró “la Lex Julia de adulteriis coercendis”, en virtud de la cual se exiliaba a los adúlteros. Castigó con el exilio o el asesinato a los autores de escritos difamatorios, especialmente cuando dichos escritos iban dirigidos contra él.
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En consecuencia, se prohibieron las apariciones públicas de los mimos. Éstas eran consideradas hijas de la comunidad, y esta ofensa constituía en esencia un incesto. Las religiones extranjeras se toleraban en la medida que no interfirieran en el orden público y que pudieran ser asimiladas a la tradicional religión romana. Entre las deidades veneradas destacaban Serapis e Isis, identificadas con Júpiter y Minerva respectivamente.
Algunos historiadores actuales señalan que no existen pruebas suficientes de una verdadera opresión religiosa ejercida durante su gobierno. Para el historiador Dión Casio, Clemente y su esposa Flavia Domitila fueron acusados de ateísmo y condenados. Clemente fue ejecutado y Domitila desterrada a la isla de Pandataria.
Relación con el Senado
La autoridad del Senado se había visto muy mermada en el Imperio. Esta forma de gobernar permitía la existencia de un régimen autocrático de facto, al tiempo que mantenía los aspectos formales del sistema republicano. Sin embargo, Domiciano y otros emperadores no se valieron de la diplomacia a fin de alcanzar este reconocimiento, sino que emplearon la fuerza. Domiciano trató de realizar alguna concesión al Senado. Considerando que durante los gobiernos de su padre y su hermano se concentró el poder consular en manos de la Familia Flavia.
Domiciano al ofrecer el consulado a opositores potenciales pretendía ponerles en peligro a ojos de sus partidarios. Tanto Tácito como Suetonio mencionan en sus obras una escalada de persecuciones hacia el final de su gobierno. El hecho de que algunos de estos hombres fueran asesinados entre los años 83 y 85, desacreditan la parte de la obra de Tácito en la que el historiador da testimonio de la existencia de un reino del terror a finales de gobierno. Domiciano, aunque incapaz de obtener el apoyo de la aristocracia, trató de neutralizar la oposición procedente de las facciones senatoriales hostiles a través de diversos nombramientos consulares.
Su autocrático estilo de gobierno acentuó la pérdida de poder senatorial.
Campañas Militares
Las campañas militares que tuvieron lugar durante su gobierno fueron de naturaleza defensiva, pues el emperador rechazaba la idea de la guerra expansionista. Administró el ejército como había hecho con el resto de ramas gubernamentales, con una incómoda y constante intervención. Se hizo considerablemente popular entre los soldados tras permanecer junto a ellos tres años de campaña y aumentar un tercio su salario.
Se desplazó a la Galia a finales del año 82, con la pretensión de renovar el censo. Ordenó el reclutamiento de la Legio I Minervia para reforzar el ejército de Germania Superior y luchar contra esta tribu germánica. Se construyeron más de 75 kilómetros de carreteras para descubrir los lugares donde se ocultaba el enemigo. Se organizó un elaborado triunfo en su honor en Roma y él mismo se otorgó el título de Germanicus.
El historiador Tácito confeccionó el informe militar más detallado del periodo de los Flavios. Dedica gran parte de la obra a la campaña realizada por éste en Britania entre los años 77 al 84. El general Agrícola alcanzó en el año 82 territorios y combatió a tribus hasta entonces desconocidos para su nación. Agrícola dio refugió a un monarca irlandés exiliado por su pueblo a fin de usarle como excusa para tomar la isla. Al año siguiente, el general Agrícola formó una flota y avanzó hasta Forth, que era un río ubicado en Caledonia. A fin de ofrecer una firme cobertura defensiva al avance, se construyó la enorme fortaleza de Inchtuthil.
Aunque los romanos infligieron una aplastante derrota a las fuerzas indígenas, dos terceras partes de las huestes caledonias lograron escapar y esconderse en los pantanos escoceses. Poco después de que Agrícola regresara a Roma, el Imperio romano entró en guerra en Oriente con el reino de Dacia. A medida que se fueron requiriendo refuerzos en el este, Domiciano comenzó a retirar a las legiones que estaban desplegadas en suelo britano.
De estos pueblos, los más poderosos eran los sármatas y los dacios. El emperador se trasladó de inmediato a la provincia a la cabeza de un ejército. Delegó el mando al prefecto Fusco que obtuvo una victoria. El emperador regresó a la capital imperial con la finalidad de celebrar su triunfo. Sin embargo, la victoria no sería definitiva ya que, a principios del año 86, Fusco se embarcó en una fatídica expedición en territorio dacio, de la que derivó la completa destrucción de la Legio V Alaudae en Tapae.
El emperador regresó a Mesia en agosto del año 86. Ordenó dividir la provincia en Baja y Alta Mesia y trasladó tres nuevas legiones a la frontera del río Danubio. Durante el resto del gobierno de Domiciano, el territorio dacio se mantuvo relativamente pacífico como reino cliente del Imperio.
El uno de enero del año 89, el gobernador de Germania Superior, Lucio Antonio Saturnino, y las dos legiones estacionadas en Maguncia, la XIV Gemina y la XXI Rapax, se rebelaron contra el Imperio con la ayuda de los chatii. Los oficiales senatoriales despreciaban las estrategias militares de su emperador. En cualquier caso, la revuelta se limitaba estrictamente a la provincia de Saturnino; aunque la noticia del levantamiento rebelde pronto se conoció en los territorios vecinos. Trajano acudió desde Hispania y el propio Domiciano inició su marcha a la cabeza de los pretorianos. La suerte hizo que un deshielo evitara que los chatii cruzaran el Rin a fin de acudir en ayuda de Saturnino. Los rebeldes fueron aplastados rápidamente y sus líderes cruelmente castigados.
Muerte y Sucesión
El emperador fue asesinado el dieciocho de septiembre del año 96 a consecuencia de una conspiración palaciega urdida por un grupo de oficiales de la corte. Suetonio ofrece una detallada descripción del homicidio, afirmando que el líder de los conspiradores era el chambelán imperial Partenio. Los autores materiales del crimen fueron un liberto de Partenio, llamado Máximo, y Esteban, mayordomo de la sobrina del emperador, Flavia Domitila. No se ha determinado con total certeza la participación de la Guardia Pretoriana, liderada por Norbano y Petronio Segundo.
La Historia romana de Dión Casio, cita a Domicia Longina entre los conspiradores. Dión sugiere que el asesinato fue un acto improvisado. Sin embargo, los escritos de Suetonio implican la existencia de una conspiración bien organizada. El día del asesinato se cerraron las puertas de los cuartos de los sirvientes imperiales. El personal del emperador se llevó la espada que este ocultaba debajo de su almohada.
El día señalado por el astrólogo, preguntó a un mancebo la hora. El muchacho, incluido en el complot, le respondió que era más de mediodía. Aliviado, el emperador se dirigió a su escritorio donde tenía planeado firmar algunos decretos. Llegado el momento, ocultó en él un puñal, e hizo pedir una audiencia al emperador para denunciarle una conspiración. Introducido en su cámara, mientras Domiciano leía con espanto el escrito que acababa de entregarle, lo hirió en el bajo vientre. Esteban y el emperador continuarían combatiendo en el suelo hasta que el resto de conspiradores consiguieron dominarle y asestarle varias puñaladas.
Consumido el fuego se mezclaron sus cenizas con las de su sobrina Julia, depositadas en el Templo Flavio. Si seguimos el Fasti Ostiense, el Senado proclamó emperador a Nerva el mismo día del asesinato de Domiciano. Dión Casio afirma que antes de cometer el crimen, los conspiradores debatieron cuál sería el sustituto del último Flavio.
Nerva se muestra como un político diplomático y maleable, capaz de sobrevivir a numerosos cambios de gobierno. El sucesor de Domiciano fue uno de los asesores de mayor confianza de los Flavios. Su consulado parece estar encauzado a mostrar la estabilidad de su régimen. Nerva fue uno de ellos, no solo a causa de sus dotes administrativas, sino también porque el emperador sospechaba de él, haciendo que no tuviera nada que perder si participaba en la conspiración.
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