¿Dónde Nace el Nilo Azul? Descubre el Misterio del Lago Tana
El lago Tana es el lugar donde nace el Nilo Azul, ese «otro» Nilo que se une al Nilo Blanco en Jartum, la capital de Sudán, para convertirse en el mítico río Nilo que llega a Egipto. El Nilo Azul nace en el bello lago de Tana, al norte de Etiopía.
Durante mucho tiempo se creyó que Tis Isat, las cataratas del Nilo Azul, eran el lugar donde este nacía. Esa era la tesis de algunos locos aventureros o exploradores en busca de gloria que llegaron hasta allí hace uno o dos siglos. Pero no.
No todos los nacimientos de río son bravos y apoteósicos, con cataratas mediante 😊 En realidad, yo no pude ver la fuente del Nilo Azul en sí. Las gentes del Lago Tana tienen reticencias a mostrarla. Dicen que «no vale nada» o que es de difícil acceso. Y que evitar el exceso de visitas es una forma de conservarlo.
Lo que sí pude ver es el lugar donde se unen las aguas del Nilo Azul con las del Lago Tana, marcado por un cambio de color muy visible. Algo es algo, aunque en la siguiente foto sea difícil apreciarlo.
La Magia del Lago Tana
Pero la magia del lago Tana no se detiene en este dato y realidad geográficos. En sí mismo es un lugar fantástico y de medidas impresionantes.
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El Lago Tana se sitúa a casi 1.800 metros de altitud, tiene 84 km de largo y 66 km. de ancho. Este lago está poblado por más de 30 islas. Islas que parecen montones de vegetación a la deriva, aunque están quietas. Y algunas de ellas tienen monasterios.
Monasterios de la Iglesia Ortodoxa Etíope de los siglos XIII y XIV, en los que hay enterrados antiguos emperadores. De uno de estos monasterios se cuenta que la mismísima Virgen María recaló para descansar de su vuelta de Egipto. No sé tú, pero yo no tenía ni idea de que fuera tan viajera esta mujer! (desde el respeto).
¿Qué Ver y Hacer en el Lago Tana?
Lo mejor que se puede hacer, pues, es alquilar una barquita en los muelles de Bahar Dar, una ciudad deliciosamente tranquila y que cumple muy poco con los tópicos de ciudad-caótica-africana. Bueno, un poco sí, je, je.
Con esa barquita llegarás a las islas y sus monasterios. Siempre pidiendo permiso (y/o pagando) por dar una vuelta, saludar a los monjes y admirar los manuscritos que aún manejan en sus lecturas y meditaciones.
También hay que ver las pinturas (unas antiguas, otras modernas) que adornan sus paredes, la peculiar arquitectura, y las toscas campanitas que cuelgan del tejado y llenan de música el ambiente cuando sopla un poco de viento.
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Cada monasterio del Lago Tana tiene su aquél, siendo distintos, aunque recorrerlos todos puede que no tenga mucho sentido. Visitando dos o tres, podrás llevarte anécdotas difíciles de olvidar.
Recuerdo a un monje extremadamente delgado que nos enseñaba las reliquias que guardan en el monasterio donde habita. Nos dijo que se mantiene vivo con un puñado de grano durante todo el día, y así durante 40 días. Luego vuelve a una dieta semi-normal, pero al cabo de poco tiempo vuelve a esta ¿penitencia? Uf, duros votos los de esa gente.
Seguramente los que siguen esta tremenda dieta estén emulando a los primeros ermitaños cristianos que llegaron y decidieron establecerse aquí. Buscando huir del mundanal ruido.
Recuerdo a aquel otro monje que estaba con su «incunable» sentado al fresco, leyendo las escrituras. Le pedimos permiso para hacerle unas fotos y accedió a ello. Al cabo de unos minutos hizo un gesto lleno de autoridad (sin ser por ello brusco) para indicar que se había terminado el tiempo concedido.
Cuentan que hay monasterios habitados por monjas. Están en otras islas o viven separadas de los monjes (como siempre, vaya), pero no vimos ninguna.
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Una puesta de sol, seguramente preciosa, pondrá fin a ése día perfecto. No sé qué tienen los lagos y la navegación en aguas calmas, que me dejan totalmente relajada y feliz. Cierro los ojos y… sí, recuerdo esa sensación allí 😊
Las Cataratas del Nilo Azul
Durante mucho tiempo se creyó que Tis Isat, las cataratas del Nilo Azul, eran el lugar donde este nacía. Descubrir el nacimiento del Nilo Azul (río Abay en etíope) trajo de cabeza a muchos, siendo uno de los misterios a resolver en el continente africano. Y durante mucho tiempo se confundió con las cataratas que se encuentran unos kilómetros más allá del lugar correcto. Las de Tis Isat.
No habiendo visitado (aún) las Cataratas Victoria, ni las de Iguazú, estas fueron mis primeras cataratas grandes. Enormes, espectaculares, sobrecogedoras, hipnotizantes. Todos estos adjetivos y muchos más creo que les hacen justicia.
El Camino a las Cataratas del Nilo Azul
De camino a las cataratas del Nilo Azul el paisaje y el ambiente resultaron mágicos. Dejando el vehículo a pie de carretera, sin adivinarse aún ni un pequeño rastro de estos enormes saltos de agua, emprendemos una caminata por un sendero o camino de mulas.
Era día de mercado en Tis Abay, la población que acabábamos de dejar atrás. Constantemente nos cruzábamos con gente que, cargadas con sus mercancías (miel, por ejemplo), se dirigían al mismo.
Su porte, aderezado con las telas que se producen allí y que les sirven de ligeros mantos, sus finos rasgos, su delgadez, su ritmo tranquilo pero constante… les hace parecer personajes bíblicos. Personajes de otra era.
Pedro Páez, el Primer Europeo que Vio las Cataratas
¿Sabías que el primer europeo que anduvo por estas tierras era un español, misionero jesuíta para más señas, que se llamaba Pedro Páez? Pedro Páez procedía de un pueblecito de la que hoy es la Comunidad de Madrid.
Le costó muchos tiempo y esfuerzo llegar a Abisinia, incluyendo unos siete años de cautiverio en el sur de la Península Arábiga, y tener que remar como galeote en un barco.
Pensando en sus andanzas, en la relación que estableció con los nativos (aprendió la lengua, se dedicó a ayudarles cuando estaban enfermos incluso arriesgando su vida para ir de aquí a allí, etc.), y en la emoción que le embargó la primera vez que vio este espectáculo natural, el lugar se me hace más grande.
Confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver el rey Ciro, el gran Alejandro y Julio César. Parece que pocas cosas han cambiado desde que Pedro Páez estuvo aquí, pero claro, a la izquierda hay una presa hidroeléctrica que es la responsable de que las cataratas ya no lleven tanta agua como antes.
El Primer Puente de Piedra Construido en Etiopía
Pero, siguiendo con el relato, íbamos por ese camino de mulas bajando entre rocas y haciendo sitio a los que van al mercado. Hasta que aparece un puente de piedra que cruza un curso de agua muy encajado en una especie de canal de rocas volcánicas.
El agua viaja muy rápido y de forma violenta. Es el Nilo Azul, recién salido del lago Tana como aquel que dice. Este es el puente que se construyó por orden del emperador Sunseyos en 1626. Un artesano portugués venido de la India fue el que dirigió las obras. Unos diez años después de que Pedro Páez andara por allí.
El puente es rústico y precioso. Encaja perfectamente en ese paisaje de paredes de roca negra, con ocho ojos. Parece que da la bienvenida al camino que queda hasta las cataratas, que aún siguen sin intuirse.
Cruzarlo no es fácil en época de lluvias. Está muy embarrado y sobre todo resbaladizo. Lo compartimos con las mulas y las buenas gentes del lugar, avanzando.
Ya cuesta arriba, siguiendo la ladera por un caminito muy estrecho, entre hierba, árboles y arbustos llenos de flores, y también entre algunos vendedores de telas típicas que «acechan» a los viajeros y turistas que hasta aquí llegan (no vimos a nadie más, por cierto), seguimos.
Después de un repecho un poco más empinado, continuando el sendero por un tramo bastante más horizontal, de repente empiezo a oír el fragor del agua. No se ven las cataratas, sólo llega el sonido, y algo en mi estómago se empieza a mover.
Las Cataratas del Nilo Azul en Todo su Esplendor
Y lo fue. Primero sólo una, luego otra, y luego ya me encontré de frente con ese gran salto de agua marrón por la cantidad de barro y limo que arrastra con las lluvias. Saltos de entre 30 y 45 metros de altura.
Tis Isat. Este es el nombre amhárico de las cataratas. He leído varias traducciones y no sé cuál será la más acertada, así que las pongo todas: vapor de agua, humo de agua, agua humeante, humo sin fuego.
Cualquiera de ellas transmite esa poesía que las lenguas milenarias utilizan para describir la naturaleza. Otra cosilla que hemos perdido los «modernos», me temo. La nube de millones de gotitas que flota constantemente en la base de las cataratas es, supongo, el origen de este nombre.
Allí se alojan los arco iris los días de sol. Ya sólo quedaba sacar fotografías, sentarse en la hierba y mirar embobada, como cuando te quedas mirando al fuego. Son momentos en los que se te puede olvidar hasta pestañear.
Aún resuenan en mi cabeza las voces de algunos amharas que a una distancia prudencial nos observan. Voces guturales que casan perfectamente con el ruido del agua, como si siempre hubieran estado ahí…
Información Práctica para Visitar las Cataratas del Nilo Azul
Para llegar a las cataratas del Nilo Azul, lo mejor es contratar una excursión organizada en 4×4. Se tarda aproximadamente una media hora en llegar desde Bahir Dar.
El sendero es precioso, llevándote a través de un estrecho camino y un puente edificado por los portugueses a principios del siglo XVII por orden del emperador Sunseyos, siendo el primero que se construyó en el país.
Un puente rústico y precioso que se fusiona perfectamente con el paisaje, entre paredes de roca negra. A lo largo del camino seguramente te encuentres con etíopes cumpliendo con sus quehaceres diarios de ganadería y agricultura, y si es día de mercado, podrás ver cómo van cargados con sus mercancías dirigiéndose al mismo.
Conforme te vayas acercando a la catarata, empezarás a escuchar el potente trueno del agua, que siempre va acompañado de los cánticos de los niños más pequeños.
Hay dos opciones para hacer la ruta hacia las cataratas: la primera puede hacerse desde el lago Tana, que es el lugar donde se encuentra el nacimiento del Nilo Azul. La segunda opción es desde la ciudad de Bahir Dar. Es aconsejable viajar de manera organizada.
El autobús es el transporte más popular: hay autobuses que salen desde Bahir Dar o dese la estación de Tis Abay. El itinerario dura una hora más o menos y los horarios son a las 6, a las 9, a las 12 y a las 15 h.
Puedes comprar dos tipos de billetes. Uno que vale 1 € y que te permite sacar fotos y otro de 4 € que permite grabar vídeos.
En términos geográficos, las cataratas del Nilo Azul son el punto exacto en que el río del mismo nombre sufre una caída de 45 metros, alcanzando una profundidad de hasta 40. Vale la pena recordar que el Nilo Azul es un río que sigue su curso hasta Sudán, donde se une al Nilo Blanco.
Conclusión
Descubrir el nacimiento del Nilo Azul en el lago Tana y contemplar las majestuosas cataratas de Tis Isat es una experiencia inolvidable en Etiopía. Sumérgete en la historia, la cultura y la belleza natural de este fascinante destino.
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