¿Dónde nacen los tiburones blancos? Reproducción y misterios
El gran tiburón blanco es una de las criaturas más fascinantes y temidas de la naturaleza. Su sola mención provoca terror entre los bañistas y ha sido durante años injustamente atacado y masacrado por su inmerecida fama de insaciable devorahombres. El jaquetón se caracteriza por tener el cuerpo robusto, con forma de huso y terminado en una cabeza cónica. Su dorso es de un color gris oscuro que contrasta con su blanco vientre.
Posee dos aletas dorsales, siendo la primera más grande, y dos pectorales. Su piel es áspera y está cubierta de una especie de escamas duras llamadas dentículos dérmicos. Tiene varias filas de dientes grandes y triangulares, de bordes aserrados tan afilados como cuchillas y tan pronto como uno se desgasta o rompe otra pasa a ocupar su lugar.
Al carecer de vejiga natatoria tiene que estar en constante movimiento ya que si parase de nadar se hundiría y moriría. Uno de sus sentidos más desarrollados es el oído ya que tiene unas células en su morro y laterales que le permiten detectar las corrientes electromecánicas, las vibraciones y los sonidos de baja frecuencia.
El tiburón blanco se encuentra distribuido a lo largo de las regiones boreales, templadas, subtropicales y tropicales de ambos hemisferios. Suele encontrarse en la plataforma continental, cerca de la costa, en Sudáfrica, costa oeste y noreste de Norteamérica, Nueva Zelanda, Japón, China, Sudamérica, Australia y mar Mediterráneo.
Su peculiar biología tampoco ayuda a la hora de preservar la especie y le hace muy vulnerable a la sobreexplotación debido a su baja tasa de reproducción y su no muy larga vida (alrededor de 30 años). La explotación comercial del tiburón blanco se basa en algunas partes de su cuerpo, como los dientes, mandíbulas y aletas, que son muy valorados por coleccionistas sin escrúpulos de todo el mundo.
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El tiburón blanco busca en las aguas templadas sus zonas de reproducción y cría. Es, junto a la orca, uno de los mayores depredadores marinos y su espectro de presas es muy amplio y variado. Suelen alimentarse de grandes peces (atún, bacalao, pez espada ...), tortugas, focas, leones marinos, otros tiburones, pequeñas ballenas y algún que otro delfín. Curiosamente suelen rechazar a las nutrias y las aves marinas como alimento.
Su metabolismo es muy rápido y eso les hace tener siempre un gran apetito. Al contrario de lo que se suele pensar, los tiburones blancos son animales sociales con patrones de conducta bastante complejos, aparentemente "hablan" unos con otros mordiendo y cogiéndose con las mandíbulas suavemente (de ahí sus numerosas marcas y cicatrices. Los jaquetones suelen vivir cerca de la costa, aunque se les ha llegado a ver a más de mil metros de profundidad.
Los tiburones blancos son capaces de recorrer grandes distancias y aunque recientes estudios parecen demostrar que son animales nómadas, también se ha demostrado que algunos viven regularmente en sus zonas favoritas (golfo de Spencer, Australia; islas Farallon, California y Dyer Island, Sudáfrica) para alimentarse.
¿Cómo se reproducen los tiburones blancos?
A pesar de englobarse en el grupo de los peces -todos son ovíparos y ponen huevos para que el macho los fecunde expulsando su esperma sobre ellos-, el tiburón, al igual que las rayas, realizan la reproducción de una forma diferente: mediante un proceso de copula y de fecundación interna.
En el caso de los tiburones blancos prefieren las aguas cálidas para reproducirse, por lo que esperan a primavera o verano para hacerlo. Tanto la fecundación, como la gestación de los embriones se realiza en el interior del vientre materno. A las cuatro semanas aproximadamente eclosionan y salen las crías, que se alimentan de los huevos que aún están por nacer y de sus ‘hermanos’ más débiles. Este proceso se denomina canibalismo intrauterino y consiste en que solo queden los más fuertes.
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Como su gestación es lenta, las crías tardan en abandonar el cuerpo de la madre un año y suelen hacerlo a través de un parto del que salen tan solo 3 ó 4 tiburoncillos de unos 12 decímetros de largo. En ese momento, y para evitar ser devoradas por su progenitora, huyen y comienzan su vida en solitario. Aunque pronto alcanzarán la madurez y podrán reunirse con otro grupo.
Hay varias formas en las que las hembras dan a luz a sus crías. Algunas especies ponen huevos (ovíparos). Otros tiburones son ovovivíparos: los huevos se desarrollan y eclosionan dentro de la madre. Y otros, son vivíparos, el embrión se desarrolla dentro del útero de la madre al igual que los mamíferos y las crías nacen completamente desarrolladas.
Rituales de cortejo
Los tiburones martillo protagonizan una particular danza cuando quieren buscar pareja. Acuden al baile para nadar juntos en formación, los machos por fuera y las hembras en el centro. Los machos escogen las hembras más grandes y se van nadando juntos. Al anochecer, cada pareja desaparece para emparejarse.
No siempre la cópula es un ritual elegante. Los tiburones de punta blanca macho se organizan en grupo para acechar a una hembra. La inmovilizan mordiendo su aleta pectoral: En ese momento dejan de nadar y chocan contra el fondo. Comienza el apareamiento que debe durar el menos tiempo posible, ya que durante este proceso el macho no puede respirar mientras sujeta la aleta de la hembra con la boca.
Misterios y desafíos en el estudio de la reproducción del tiburón blanco
Aunque parezca mentira, nadie ha documentado hasta ahora a un tiburón blanco apareándose, y mucho menos pariendo, lo que convierte a la vida sexual de estos escualos es uno de los grandes interrogantes de la vida marina.
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Teniendo todo ello en cuenta, es lógico que la publicación de un vídeo en el que se mostraba una supuesta cría recién nacida de tiburón blanco en aguas de California haya causado un gran revuelo en las últimas semanas. En las imágenes, captadas por el cámara y oceanógrafo Carlos Gauna, se aprecia lo que parece ser una cría de muy corta edad.
Y no solo eso, también se aprecia perfectamente una sustancia lechosa que se desprende de su cuerpo y que los científicos creen que podría ser restos de la sustancia uterina que producen las madres durante la gestación de las crías.
Las imágenes son parte de un trabajo de investigación sobre tiburones firmado por el propio Gauna y Phil Sternes, científico experto en tiburones de la UC-Riverside, cuyas conclusiones han sido publicadas recientemente en la revista Environmental Biology of Fishes.
Gauna afirma que había observado anteriormente en la zona grandes hebras de tiburón blanco que parecían preñadas y que la supuesta cría recién nacida apareció dentro del periodo de tiempo en el que suelen parir.
"Ampliamos las imágenes, las pusimos a cámara lenta y nos dimos cuenta de que la capa blanca se estaba desprendiendo del cuerpo mientras nadaba"- asegura Sternes en un comunicado de la Universidad de California en Riverside.
Sin embargo, en este mismo portal también reconoce que es probable que esta sustancia blanquecina se deba a una patología en la piel del escualo, mientras que otros científicos creen que el ejemplar podría tener ya algunas semanas de vida. Pero lo que sí es cierto es que se trata de imágenes de un ejemplar muy joven, cuyo análisis ayudará a arrojar luz sobre uno de los misterios insondables del gran tiburón blanco: ¿dónde se reproducen?
El principal escollo: es muy difícil seguirles el rastro
“Los tiburones blancos recién nacidos son el Santo Grial de la investigación oceanográfica”, explica a National Geographic España Charlie Sarria, investigador de tiburones pelágicos en la Asociación CONDRIK. Según este biólogo marino experto en escualos, se cree que el apareamiento de esta especie se produce en aguas abiertas, aunque debido a los pocos datos disponibles, los científicos suelen realizar correlaciones con algunas especies cercanas, como los marrajos.
“Como no se saben cuáles son las zonas de reproducción, es muy complicado realizar un seguimiento de las hembras. Además, el parto se produce muy rápido y las crías no reciben ningún tipo de cuidado de la madre”.
Así, para conocer los movimientos de estos escualos, los científicos siguen las señales acústicas o vía satélite de marcas electrónicas que previamente hay que fijar en las aletas dorsales, un proceso muy delicado y costoso de llevar a cabo, habida cuenta de que en muchas zonas estos peces prácticamente no salen a la superficie.
Además, las marcas aportan datos de localización, pero no de estado de gestación, con lo que los científicos estudian aplicar algunos métodos alternativos, como marcajes conectados con el útero o la cloaca, un procedimiento extremadamente difícil de llevar a término, pues requeriría atrapar a una hembra preñada con el consiguiente peligro, tanto para la madre como para la cría.
No pueden vivir en cautividad
Otra de las dificultades para estudiar el comportamiento reproductivo de estos animales es que no es posible criarlos en cautividad. Y es que estos escualos no soportan vivir tras un cristal. Algunos ejemplares se niegan a comer, otros se golpean contra el cristal, y muchos acaban muriendo. Así, estos peces no duran más que unos pocos días en cautiverio.
Única alternativa: interpretar otros datos
Dicho esto, la única fórmula que tienen los científicos para investigar el comportamiento reproductivo de los tiburones es a partir de la inferencia de otros indicadores, como restos de cadáveres o las hembras localizadas en avanzado de gestación, explica Elena Fernández Corredor, oceanógrafa y bióloga marina del Institut de Ciències del Mar, a National Geographic España.
Unas concentraciones que, sin embargo, están asociadas a zonas de alimentación, no a grupos de reproducción. Un indicador más eficaz de una posible zona de cría es la presencia de ejemplares juveniles, que suelen frecuentar zonas costeras, como el caso del supuesto neonato hallado en California. Sin embargo, aun así se trata de meras conjeturas.
“Para considerar una zona como área de cría deben demostrarse las siguientes circunstancias: que se encuentran tiburones juveniles con más frecuencia, que estos se encuentran en una zona en repetidas ocasiones a lo largo de los años y que demuestran vivir allí por períodos prolongados. Demostrar todo ello implica un enorme esfuerzo científico y económico, además de una gran inversión de tiempo”, concluye Sarria.
Sabemos que tardan en dar a luz
Lo poco que se conoce hasta la fecha sobre la vida reproductiva de estos escualos apunta a que tienen un ciclo reproductivo lento, que suele durar alrededor de un año. Además, el intervalo entre partos puede llegar a los 3 años, ya que las hembras adultas necesitarán reservas energéticas para volver a dar a luz. Estas alcanzarán la madurez sexual entre los 14 y los 33 años de edad.
A diferencia de otras especies de tiburones, como el alitán (Scyliorhinus stellaris), el gran tiburón blanco es ovovivíparo. Esto es, pone nuevos, pero estos permanecen dentro del cuerpo de la hembra hasta que el embrión está completamente desarrollado. Se estima que las hembras dan a luz entre 2 y 17 crías que después de nacer, se alimentan de los huevos no fecundados.
"Los intervalos de las estimaciones son muy amplios, pues muchos de los datos se obtienen por capturas accidentales", apunta Sarria, quien incide en que el éxito reproductivo de poblaciones viables depende en ocasiones de factores ambientales, pues muchas de esas áreas de reproducción se encuentran en zonas poco accesibles o en lugares afectados por la contaminación y la sobrepesca.
Amenazas y conservación
Con tantas dificultades para salir adelante, estas magníficas criaturas marinas no solo no suponen una amenaza, sino que, de hecho, están amenazadas. La UICN (Unión para La Conservación de la Naturaleza), los clasifica dentro de la categoría de ‘vulnerables’, una por encima de ‘en peligro’.
La sobrepesca y la degradación del hábitat están diezmando las poblaciones de estos escualos en todo el mundo, especialmente en el Mediterráneo, donde podría desaparecer pronto, según alerta Sarria.
“Recientes estudios advierten de que el incremento de las temperaturas del océano ocasionará la migración del atún rojo a aguas más frías. Sin grandes túnidos ni cetáceos de los que alimentarse el tiburón blanco parece que tiene los días contados en el Mare Nostrum”, concluye.
La única esperanza, según el experto, se encuentra en el Canal de Sicilia, donde se han documentado avistamientos de todos los tamaños, incluidos posibles neonatos y juveniles.
El estudio en profundidad de estas probables zonas de cría no solo podría desvelarnos nuevas sorpresas sobre la enigmática vida reproductiva de estos escualos, también será de vital importancia para recabar nuevos datos que permitan proteger a la especie.
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Tipo de reproducción | Fecundación interna |
| Proceso | Ovovivíparo (los embriones se desarrollan en huevos dentro de la madre) |
| Canibalismo intrauterino | Las crías más fuertes se alimentan de los huevos no eclosionados y de las crías más débiles |
| Número de crías por parto | Entre 2 y 17 |
| Intervalo entre partos | Aproximadamente 3 años |
| Madurez sexual | Entre los 14 y 33 años |
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