Alfonso I el Batallador: Biografía de un Rey Guerrero

05.11.2025

Nuestra historia está protagonizada por personas anónimas pero también por grandes personajes que pasaron a los libros de historia. En este contexto emerge una de las figuras más importantes de la Reconquista, Alfonso I de Aragón, más conocido como Alfonso el Batallador. Bajo su reinado, Aragón sufrió una “pequeña” revolución que le llevó a duplicar su territorio.

Se le recuerda, en particular, por la toma de Zaragoza, por su complicado matrimonio con la reina Urraca I (la primera mujer que ostentó, sin ser consorte, el título de reina de León) y por sus correrías por Andalucía.

Nos hallamos en los inicios del siglo XII, momento en el que la Reconquista alcanza su punto álgido y los reinos cristianos han recuperado (y consolidado) grandes extensiones de terreno. Ciudades tan importantes como Toledo, Zaragoza y Valencia sucumben en estos años al empuje de los ejércitos cruzados, mientras el poder musulmán se descompone tras la desaparición del Califato y la proliferación de los reinos de taifas; tan solo la llegada de los almorávides va a detener el avance de los reinos del norte.

Estudiar este período de nuestra historia tiene una cierta dificultad. Por un lado, las fuentes son escasas y parciales: las crónicas que han sobrevivido han de estudiarse con la oportuna cautela. Por otro lado, la situación política de los reinos cristianos es sumamente enrevesada: la autoridad real todavía no se ha impuesto y el poder de los nobles es considerable, sucediéndose las intrigas palaciegas a un ritmo desorbitado. Los historiadores son conscientes (o deberían serlo) de esa dificultad, pero al lego le cuesta comprender el encaje institucional, es decir, el tablero político de la Península en el siglo XII, que no puede analizarse desde una perspectiva actual, pues nada tendría sentido.

Castilla, León, Portugal, Aragón… cuyas lindes son difusas y sujetas a constantes cambios, se van construyendo en estas décadas.

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José María Lacarra y su Biografía del Batallador

En 1978, el gran historiador José María Larraca publicó una de las biografías más interesantes sobre la figura del monarca aragonés. La editorial Urgoiti recupera este trabajo y lo acompaña con un completo estudio preliminar a cargo del profesor Fermín Miranda García. La obra del prestigioso medievalista, de marcado carácter divulgativo, ahonda en la figura del rey, pero también en el contexto político en el que se enmarca.

Así lo explica el autor: “El estudio de una personalidad que ha alcanzado un puesto destacado en la vida pública deberá, forzosamente, incluir dos aspectos muy diversos: el estudio del hombre, de la psicología del personaje, de sus reacciones humanas -en lo que nos sea dado alcanzar-, y el estudio de su obra, de su actuación como gobernante, si se trata, como en este caso, de un rey cuya gestión personalísima fue decisiva para la formación de Aragón y para la trayectoria que había de seguir después los reinos peninsulares”.

Como suele ser habitual en los libros que la editorial Urgoiti rescata del olvido, en esta nueva edición del clásico de José María Lacarra tanto hay que destacar el trabajo del historiador navarro sobre el monarca aragonés, como el no menos interesante estudio de Fermín Miranda sobre el autor. En España somos poco dados a ensalzar la labor de nuestros especialistas, razón por la que Lacarra apenas es conocido fuera de los círculos académicos, a pesar de la importancia que tuvo en la historiografía de nuestro país y, sobre todo, en la articulación de una historia de los reinos de Aragón y de Navarra alejada de mitos y leyendas.

De los trabajos que publicó el historiador navarro a lo largo de su vida, Urgoiti se ha decantado por uno de sus textos más divulgativos. La biografía de Alfonso el Batallador está pensada para llegar a un público amplio, que pueda apreciar la relevancia del monarca en el curso de la Reconquista.

Durante sus treinta años de reinado (1104-1134), Aragón pasó de ser un pequeño reino, cuyas fronteras se circunscribían a lo que hoy sería el partido judicial de Jaca, a convertirse en una potencia peninsular equiparable a León.

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Lacarra da cuenta de la relevancia de su biografiado en estos términos: “Si Aragón es lo que ha sido en la historia de España, se debe ante todo a Alfonso el Batallador. La gran extensión que en el curso de breves años alcanzó el reino vino a alterar también el papel que en la Reconquista peninsular jugaban los distintos territorios cristianos. Hasta entonces el reino de Castilla-León se atribuye la dirección de la Reconquista […]. En poco más de doscientas páginas, escritas con un lenguaje sencillo, tenemos la oportunidad de conocer a uno de los personajes más interesantes de la Edad Media española, cuya figura, olvidada por la inmensa mayoría, fue esencial en la articulación de la Reconquista. Su biografía es, además, apasionante, y no solo porque nos permite recuperar uno de tantos períodos de nuestro pasado que han sido relegados.

José Mª Lacarra (1907-1987) fue uno de los más destacados medievalistas españoles del siglo XX. Especializado en la historia de los reinos de Aragón y Navarra, se interesó por la edición crítica y el estudio de los fueros medievales, así como de las instituciones medievales de ambos reinos. Formado en el Centro de Estudios Históricos junto a Sánchez Albornoz, desde 1940 regentó la cátedra de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza. Fundó el Centro de Estudios Medievales de Aragón, impulsó la Institución Príncipe de Viana y las Semanas de Estudios Medievales de Estella. Promovió, además, revistas como los Estudios de Edad Media de la Corona de Aragón, o Aragón en la Edad Media.

La "Hueste de España": Incursión en al-Ándalus

La incursión del rey aragonés Alfonso I el Batallador en al-Ándalus, conocida como la "Hueste de España", se convirtió en una de las campañas más audaces de la Reconquista. Entre septiembre de 1125 y junio de 1126, el monarca aragonés lideró una expedición que lo llevó desde Zaragoza hasta las puertas de Granada, marcando un hito en la historia militar del Reino de Aragón.

El rey Alfonso I, conocido por su fervor religioso y espíritu guerrero, tomó la decisión de emprender esta campaña tras recibir una petición de ayuda de los mozárabes granadinos, cristianos sometidos al dominio almorávide. Estos últimos habían endurecido las condiciones de vida para los no musulmanes, provocando una situación insostenible para las comunidades mozárabes.

En un contexto de éxitos militares recientes, como la conquista del valle del Ebro y la consolidación de su dominio en el Maestrazgo turolense, Alfonso I decidió responder al llamado mozárabe. La expedición se organizó con rapidez, reclutando entre 5.000 y 8.000 hombres, incluyendo caballeros e infantería.

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Para ocultar su verdadero objetivo, Alfonso I dirigió inicialmente sus tropas hacia Valencia, pasando por Daroca, Teruel y Monreal. En octubre, las fuerzas aragonesas llegaron a Valencia, donde realizaron pequeñas incursiones y saquearon la comarca. En noviembre, el ejército llegó a Baza, donde intentaron tomar la ciudad sin éxito. Posteriormente, sitió Guadix durante un mes, pasando allí las navidades sin mayores dificultades. A principios de enero de 1126, el ejército alcanzó la localidad de Nívar, a escasos kilómetros de Granada.

El monarca esperaba que los mozárabes locales cumplieran su promesa de rebelarse y facilitar el acceso a la ciudad. El gobernador de Granada, Abul Tahir, optó por no confrontar directamente al ejército aragonés, pero reforzó las defensas de la ciudad y solicitó apoyo militar.

Finalmente, Alfonso I decidió abandonar el intento de tomar Granada y replegarse. A pesar de no lograr su objetivo principal, la expedición no fue un fracaso absoluto. Aunque no logró establecer un principado cristiano en Granada, la campaña de Alfonso I demostró su capacidad para liderar incursiones en territorios profundamente musulmanes, desafiando el dominio almorávide en la península.

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