Fred C. Trump: El Padre que Moldeó el Imperio y la Visión de Donald Trump
Donald Trump ha cultivado la imagen de un magnate hecho a sí mismo, pero detrás de esa historia está su padre, Fred C. Trump. Fred Trump no solo le proporcionó a Donald capital y conexiones, sino que ayudó a dar forma a su particular visión del mundo, basada en el dominio, el control de la imagen y el rechazo a la vulnerabilidad. Su relación estratégica era cercana, pero emocionalmente distante.
Los Primeros Años de Fred Trump y su Éxito en Bienes Raíces
Fred Trump fue un promotor inmobiliario, nacido en Brooklyn, que se hizo rico construyendo viviendas modestas para familias de clase media y trabajadora en los barrios periféricos de la ciudad de Nueva York. Frugal, metódico y profundamente conservador en los negocios, Fred amasó una importante fortuna mientras mantenía sus operaciones estrictamente controladas.
La Dinámica Familiar y la Influencia en Donald
Donald, el cuarto de cinco hermanos, se adaptó rápidamente a ese entorno. «Fred llegó a temer la debilidad de sus hijos por encima de todo», escribió Mary Trump, la hija de Fred Jr. Fred animó a Donald a competir y a ganar. Cuando Donald Trump tenía veinte años, estaba profundamente involucrado en Trump Management, la operación inmobiliaria de la familia.
El Respaldo Financiero y las Afirmaciones de Donald
Ese apoyo no fue solo emocional. Una investigación del New York Times descubrió que durante décadas Fred Trump canalizó al menos 413 millones de dólares (ajustados a la inflación) a las empresas de Donald. En un caso, Fred Trump compró fichas de casino por valor de 3,5 millones de dólares en una de las propiedades de Donald en Atlantic City, proporcionando efectivamente un rescate sin siquiera hacer una apuesta. A pesar de este extenso respaldo financiero, Donald ha afirmado con frecuencia que su éxito se debió a un modesto «préstamo de un millón de dólares».
La Dinámica Emocional y el Legado de Fred Trump
Según Michael D’Antonio, Fred «no creía en los elogios». Ese patrón continuó incluso después de que Donald se convirtiera en el centro de atención. Aunque Fred se mantuvo en un segundo plano, continuó apoyando las empresas y la imagen de su hijo. Pero cuando Fred Trump comenzó a sufrir de demencia en la década de 1990, el equilibrio de poder cambió. Documentos legales sugieren que Donald tomó medidas para consolidar el control sobre las finanzas de la familia, incluida la obtención de un poder notarial. Después de la muerte de Fred en 1999, estalló una disputa entre Donald y sus parientes, particularmente los hijos de Fred Jr., por cuestiones de herencia.
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El Impacto en la Carrera Política de Donald Trump
Donald Trump ingresó a la política con un estilo que reflejaba los valores que aprendió en casa: golpear fuerte, nunca disculparse y proyectar fuerza a toda costa. Fred Trump dejó atrás algo más que edificios y cuentas bancarias. Dejó un legado de creencias: que la imagen importa más que la verdad, que el éxito justifica cualquier táctica y que la contención emocional es una virtud, no una desventaja.
Ver a Donald Trump con claridad es entender al hombre que lo moldeó, no solo al promotor inmobiliario que firmó los cheques, sino al padre que estableció las reglas de cómo se definen la fuerza, el poder y el valor.
Los Orígenes de la Familia Trump: Friedrich Drumpf y el Sueño Americano
El destino es caprichoso. En 1885 llegaba a la Casa Blanca el demócrata Grover Cleveland, un presidente atípico por ser el único que ha tenido dos mandatos no consecutivos, que además vetó una ley que pretendía restringir la entrada de extranjeros al país. Aquel mismo año arribaba a la joven nación un inmigrante alemán de 16 años llamado Friedrich Drumpf. Traía sólo una maleta y no sabía una palabra de inglés, pero su talento innato le llevó a cumplir el sueño americano y levantar un imperio económico, regentando hoteles y restaurantes que funcionaron como prostíbulos durante la fiebre del oro. Amasó una fortuna y regresó a su patria con la intención de quedarse para siempre, pero el gobierno germano le expulsó por eludir el servicio militar obligatorio. Aquella decisión cambiaría el rumbo de la historia. La presencia de la saga Trump en estas tierras ha sido de todo menos discreta y convencional desde que pisaran por primera vez el nuevo mundo. Al pasado del abuelo se suma el del padre, Fred Jr., que recientemente ha sido vinculado con los grupos del Ku Klux Klan de los años 20 de Nueva York.
La periodista Gwenda Blair es la autora del libro The Trumps: Three Generations That Built An Empire, actualizado en una reciente edición como The Trumps: Three Generations of Builders and a Presidential Candidate, donde investiga el origen de este linaje y sus negocios durante tres generaciones. En una entrevista con EL ESPAÑOL, Blair explica que visitó Alemania y los lugares clave en la vida de este inmigrante. "Hablé con los familiares que aún quedan allí, y también estuve en las ciudades americanas donde trabajó", relata.
De Drumpf a Trump: Un Cambio de Nombre Estratégico
Tras una larga enfermedad, su padre, el bisabuelo Christian, moría en 1877 con 48 años, dejando a la familia en la ruina. Cuando aprendió el oficio, tras dos intensos años, volvió a su pueblo natal. Allí, este joven, ya con 16, se dio cuenta de que aspiraba a algo que la vieja Europa ya no podía darle, riqueza. Además, hasta Baviera llegaban entonces los cantos de sirenas de una nueva tierra de oportunidades que se abría paso al otro lado del Atlántico. Allí lo esperaba Nueva York, ciudad que la historia uniría para siempre a su apellido. Pero no al de Drumpf. El 16 de octubre, como muchos inmigrantes, se inscribió en el registro norteamericano, donde lo anotaron incorrectamente, u optó por asimilarlo a un sonido más inglés, como Frederick Trumpf, que acabaría derivando en Trump.
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Vivió un par de años en la casa de su hermana Katharina, que había emigrado antes que él. Pero el primero de los Trump anhelaba más. En 1891, se marchó a la costa oeste, a Seattle, donde compró con sus ahorros un restaurante en el centro de la ciudad, en una zona donde en la época abundaban casinos, salones y burdeles, el red-light district conocido como Lava Beds.
"No creo que exactamente sea correcto llamarlo proxeneta”, apunta Gwenda Blair. “Él abrió restaurantes y otros establecimientos. Cualquiera que los hubiera tenido hubiera hecho lo mismo", valora. La autora considera que el abuelo Trump “tuvo la habilidad de medir el mercado y ver hasta dónde podía llegar sin sobrepasar la ley”. “Era un hombre de negocios que facilitaba el acceso a mujeres.
En 1892 Trump adquiere la ciudadanía estadounidense y vota en sus primeras elecciones, cogiéndole el gusto a eso de las campañas electorales, como veremos más adelante. Allí adquirió un terreno, el primero de la familia, y levantó su primer hotel -o pensión- Trump. La operación estuvo rodeada de ciertos problemas legales, pero nada que no pudiera solucionar para en 1896 presentarse a unas elecciones a juez de paz, que ganó por un margen de 32 a 5. Premonitorio. Un periódico local describía su negocio como apto “para los hombres solteros del Ártico, con excelentes alojamientos, así como el mejor restaurante, pero no aconsejable para mujeres respetables que vayan a dormir, porque son susceptibles de escuchar sonidos depravados que ofendería su sensibilidad”. La fórmula se repetía en sus locales.
El Regreso a Alemania y el Establecimiento en Nueva York
Tras la aventura americana, Frederick Trump dio por concluido su sueño. Vendió sus inversiones y regresó a Alemania en 1901. Una vez más, le funcionó el olfato y se adelantó al final de la fiebre del oro y el consiguiente declive de la prostitución. En opinión de la biógrafa, “demostró ser muy previsor y supo retirarse justo antes de que aquello empezara a decaer y los mineros se marcharan”. “Y no se contagió de la fiebre del oro.
Una vez de vuelta a su pueblo natal, se casó con su antigua vecina Elizabeth Christ, la abuela de Donald. Regresaron a Nueva York, donde abrió una barbería y regentó un hotel y un restaurante. Allí tuvieron a su primera hija, Elizabeth. Pero al poco, la nostalgia sumió a su esposa en una depresión, y en 1894 volvieron a Alemania con la idea de envejecer allí.
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"Es muy llamativo, pero por muy poco la segunda generación Trump podría haber sido alemana", sugiere la autora. ¿Podría Donald ser ahora mismo presidente de Alemania? "Desde luego que podría, o eso o algo importante. Esos son los asombrosos accidentes de la historia. En aquella época el servicio militar era obligatorio en Alemania hasta los 35 años, justo la edad a la que regresó el abuelo Trump. Su ayuntamiento trató de ayudarle, en un intento de conservar en el pueblo la fortuna de aquel hijo pródigo, valorada en 80.000 marcos, medio milllón de dólares de hoy.
Finalmente, el abuelo del nuevo presidente murió a los 49 años, en Queens, durante la epidemia de gripe española. “El segundo Trump también mostró destreza. No vivió la fiebre del oro y le tocó la gran depresión, pero supo sacar provecho de los programas de ayudas federales y subsidios de la época que buscaban levantar la economía. Él transmitió a su Donald todo sobre negocios y cómo ser competitivo. Le enseñó la frase de ‘ganar lo es todo, no hay límites’.
Controversias y Legado de Fred Trump
Al margen de la faceta empresarial que recoge en este libro, sobre el padre del futuro presidente de los EEUU, fallecido en 1999, aparecieron en septiembre de 2015 noticias inquietantes. Justo cuando su hijo daba los primeros pasos de su carrera política, la prensa desenterró de la hemeroteca del New York Times un artículo publicado el 1 de junio de 1927 que relacionaba a Fred Trump con el Ku Klux Klan. Aunque no fue acusado oficialmente, Fred Trump fue uno de los siete arrestados durante el incidente. Donald Trump más tarde negaría la relación de su padre con el KKK, aunque no pudo desmentir por completo aquel suceso.
El propio New York Times publicaba una conversación con el magnate en septiembre de aquel 2015. “Es totalmente falso. Nunca pasó. Y la noticia decía que no hubo cargos, nada. Mencionarlo en los medios es injusto, porque no hubo cargos. No sé contra los otros, pero no contra mi padre. Así que incluso asumiendo que fue él, que yo incluso lo dudo, nunca escuché nada de eso. No es justa la mención. Lo cierto es que aunque el nombre coincide con el de su padre, y el censo revela que vivió en el barrio donde se produjo el suceso, según la información no se le acusó de nada, aunque fue detenido.
Pero Frederick Trump también fue una víctima del rechazo por razones de nacionalidad. Tras casarse con una joven escocesa llamada Mary Anne MacLeod, retomó el negocio inmobiliario con su madre, la viuda de Friedrich, una mujer orgullosa de su origen germano, algo que espantaba a muchos de los clientes del negocio, judíos. Mientras tanto, la madre, a sus 80 años, organizó un viaje de vuelta a Kallstadt con varios de sus nietos, no con Donald, que heredó la mentira sobre Suecia, y hasta la incluyó en su biografía El arte del trato. Un periodista en Vanity Fair le preguntó a Donald Trump en 1990 si no era cierto que en realidad era de origen alemán, a lo que el millonario respondió que "en realidad, era muy complicado". “Mi padre no era alemán; los padres de mi padre eran alemanes... suecos, y realmente de toda Europa...".
"Durante la reunión, Donald estuvo bastante reservado”, contó Wedel en varias entrevistas, si bien el empresario se entusiasmó cuando vio fotografías de sus abuelos y de la modesta casa de su abuelo. Reconciliado ya con su pasado, Trump es consciente de que no será el primer inquilino de la Casa Blanca de ascendencia alemana. La familia de Dwight Eisenhower se llamaba originalmente Eisenhauer y provenía de Karlsbrunn, cerca de la frontera germano-francesa.
El papel de Donald Trump en la historia americana está aún por escribir. Lo que nadie podrá borrar ya es su ascendencia. Y aunque no le emocione, sin saberlo, probablemente el futuro presidente de los EEUU tiene más de Kallstadt en su interior de lo que cree. Y es que no deja de ser irónico que a los habitantes de este pueblecito se les conozca cariñosamente como Brulljesmacher, una palabra que en el dialecto regional significa fanfarrón.
La de la familia Trump es la típica historia de película americana. Casi de sobremesa de sábado. Un emigrante alemán (nacido en 1905 en un pequeño pueblo) se instala en el Bronx, donde crece simulando ser sueco porque sus vecinos son judíos y ser alemán no era cómodo. Empieza de muy joven a trabajar, decide construir casas en zonas poco pobladas de Nueva York, como su propio barrio. Y poco a poco hace una fortuna que lo convierte en uno de los hombres más ricos del país. La encarnación del sueño americano: su hijo, Donald, heredero multimillonario, logra ser presidente de Estados Unidos.
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