Emilio Gutiérrez Caba: Biografía de un Actor Emblemático

24.11.2025

Con los actores pasa que en general unos te gustan a rabiar, otros ni fu ni fa y otros directamente te repelen. Añadiría una cuarta categoría: los que te acompañan a lo largo de la vida y ya da igual lo que pienses de ellos. Este es el caso de Emilio Gutiérrez Caba, uno de los actores españoles más reconocidos y miembro de una mítica saga familiar.

Este lunes, 26 de septiembre, cumple 80 años Emilio Gutiérrez Caba. La vocación por los escenarios le viene de su bisabuelo, Pascual Alba, y la han ido heredando sus abuelos, sus padres Emilio Gutiérrez e Irene Caba Alba, sus dos hermanas Irene y Julia y ahora su sobrina-nieta Irene Escolar. Él, humildemente, lo atribuye a que es un oficio, como antiguamente pasaba con los tapiceros u otros artesanos, que se va trasmitiendo de generación en generación.

Nació en Valladolid por casualidad, ya que su madre, que falleció cuando contaba solo 18 años, estaba de gira teatral, pero se crio en Madrid. Hizo sus primeros pinitos sobre las tablas en el instituto San Isidro, donde se educó, y posteriormente estudió filosofía y letras en la universidad. Pero lo suyo era la actuación, vocación que consolidó debutando en el teatro en 1962 con la compañía de Lily Murati.

A partir de ahí desarrolló una carrera muy prolífica en cine, televisión y sobre todo teatro, donde fundó su propia compañía en 1968 con la actriz María José Goyanes y ha destacado interpretando clásicos como La Orestíada, César y Cleopatra u Olvida los Tambores, entre otras muchas obras.

En la década de los 60 adquirió popularidad interviniendo en filmes muy comerciales, como Carola de día, con Marisol, Tengo 17 años, con Rocío Dúrcal o Qué hacemos con los hijos, donde hace el papel de vástago de Paco Martínez Soria. Pero posteriormente dio un giro a su carrera y comenzó a interpretar papeles con mas contenido, con directores como Mario Camus en La Colmena, Carlos Saura en Goya en Burdeos e incluso Almodóvar en Qué he hecho yo para merecer esto, con Carmen Maura. Una labor que se vio reconocida con dos premios Goya al mejor actor de reparto.

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También le proporcionó gran fama la televisión, donde comenzó actuando en las famosas Historias para no dormir de Ibáñez Serrador y ha participado en series tan conocidas como La saga de los Rius, Teresa de Jesús, Amar es para siempre o Lo que escondían sus ojos por citar solo algunas. La edad no ha sido un obstáculo en su carrera, ya que últimamente y al borde de los 80 se ha prodigado en plataformas como Hbo o Amazon Prime, donde ha actuado en La templanza y García en 2021.

No es fácil que pasen las décadas y cada nueva hornada de cineastas siga pensando en ti para algún papel grande, mediano o pequeño. Es posible que su igualmente notable actividad en teatros y en platós de televisión contribuya a esa sensación de que está y ha estado siempre ahí, incansable pero nunca cansino. Es posible también que en ello influya ser parte de una saga con presencia casi centenaria en el celuloide. Su madre Irene, madre también de las enormes Irene y Julia Gutiérrez Caba, empezó antes de la guerra civil y su tía Julia Caba Alba fue una favorita de Edgar Neville y Luis García Berlanga con una filmografía que supera el centenar de cintas desde los años cuarenta.

Seis décadas delante de las cámaras dan para mucho, para algún taquillazo y unos cuantos fracasos, para rodajes idílicos y auténticos infiernos, para papeles de galán y de abuelete, para encarnar a pipiolos y auténticos villanos; de todo ello hay en las Memorias de cine de Gutiérrez Caba que cumplen lo prometido en el título ciñéndose a la gran pantalla y ahorrándonos además los inevitables años de infancia. Del gozoso anecdotario, empezaremos con los chismes de dos rombos muy bien escritos. Caso de las dificultades del primerizo que se tortura imaginando que no sabrá cómo ocultar su excitación en las escenas de cama.

Realmente se detiene en pocas relaciones sentimentales si bien si dedica varias páginas a su breve pero intensa historia con la actriz italiana Pier Angeli, de cuya esquizofrenia toma conciencia cuando le sobreviene un brote en Madrid y la apartan de su lado de forma definitiva. Rocambolesca fue, en cambio, una escena en 1973 con la imponente Ornela Mutti en Cebo para un adolescente. La actriz no era capaz de sollozar como pedía el guion y acabó reclamando una buena botella de champán (“nada de cava del Penedés”) para conseguirlo.

Impresiona la relación tan extensa de directores fundamentales, de varias generaciones, con los que ha colaborado. Augura al final del libro que los años que le quedan le tocará hacer de abuelo provecto; eso, añade, si el cine sigue existiendo y se acuerdan de él.

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Nació durante una gira teatral; toda su familia se ha dedicado siempre al teatro y al cine, por lo que su infancia y adolescencia transcurrieron en un ambiente que determinó su vocación artística. Realizó sus estudios teatrales en el Instituto San Isidro de Madrid y formó parte de su grupo escénico. Desde 1979 ha estrenado obras de autores clásicos como Gil Vicente, Calderón, Shakespeare, Joyce y Juan Ruiz de Alarcón, y no ha dejado de intervenir en piezas de autores contemporáneos como Álvaro del Amo, Jorge Díaz, Fermín Cabal y Juan García Larrondo.

En su carrera cinematográfica, en la que debutó en 1963, acumula ya más de ochenta películas. Miguel Albaladejo y Álex de la Iglesia le rescataron de un semiolvido, dándole papeles destacados por los que recibió varios premios: en 2001 consiguió un Premio Goya al mejor actor de reparto por La comunidad, de Álex de la Iglesia, en la misma noche en la que su hermana Julia se alzaba con la estatuilla de mejor actriz de reparto, y repitió en 2002 en la misma categoría por El cielo abierto, de Miguel Albaladejo.

Con toda su familia en el mundo de la interpretación, desde que su bisabuelo Pascual Alba se subiera a los escenarios en 1868, parecía inevitable que Emilio Gutiérrez Caba se dedicara a ese oficio. Y lo hizo hace ya casi sesenta años. Aunque siendo niño, y aprovechando la presencia de sus padres en compañías de renombre, hizo alguna aparición esporádica en la escena -“para ganarme algunas pesetas”- no sería hasta los veinte años cuando optó por profesionalizarse. Se le abrieron casi inmediatamente las puertas del teatro, del cine y de la televisión. La decisión no dejaba de tener sus riesgos.

Por delante tenía a sus hermanas mayores, Irene y Julia Gutiérrez Caba, que le llevaban doce y diez años. Para entonces su madre, la gran Irene Caba Alba, ya había fallecido. En el teatro se mantenían las grandes compañías privadas que, si lograban un buen éxito, trabajaban ocho meses en Madrid y otros tres recorriendo toda España. Las empresas privadas dominaban la mayoría de los teatros en todas las ciudades. Los teatros nacionales producían sus montajes en el María Guerrero y en el Español. Y fue en el primero, con el Teatro Nacional de las Juventudes Los títeres, donde Emilio apareció de la mano de Ángel Fernández Montesinos.

A lo largo de estas décadas ha estrenado casi cuarenta montajes teatrales a las órdenes de los directores más importantes, como José Luis Gómez, Pilar Miró, Manuel Collado Álvarez, José María Morera o Mario Gas. Su unión profesional con María José Goyanes, con el marido de la actriz como productor, fue fructífera en las taquillas españolas, como también lo fue su unión, en dos ocasiones, con su hermana Julia y su cuñado Manuel Collado.

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Eran también años en los que la censura condicionaba los contenidos, sobre todo en la pujante industria cinematográfica. El novel actor, ya con veinte años, era lo que siempre se ha denominado un galán. Así que los productores vieron que podría hacer personajes como tal en las películas de entretenimiento y escaso contenido argumental. Claro que, después de unas primeras apariciones, Emilio intervino en dos películas que entraron en el apartado del llamado ‘cine de culto’: Nueve cartas a Berta, 1965, de Basilio Martín Patino y La caza, 1966, de Carlos Saura. Después vendría una serie de filmes de gran aceptación entre el público español.

Adolfo Marsillach, por mediación de Julia Gutiérrez Caba, le hizo pruebas para trabajar en Televisión Española en la serie Fernández, punto y coma, 1963, que había escrito y que realizó Pedro Amalio López. El resultado fue satisfactorio y ahí empezó su carrera en ese medio, que había aparecido en España solo siete años antes.

Emilio ha mostrado su devoción por las mujeres de su familia en el libro El tiempo heredado. “Realmente las importantes, entre comillas, han sido ellas así que hablo de ellos - Manuel Caba, Emilio Gutiérrez, Manuel Collado, Gregorio Alonso- de una manera un tanto marginal. Mi abuelo adoraba a su esposa y durante toda su vida aceptó un papel secundario.

En 2018, sin abandonar su carrera profesional, Emilio fue elegido presidente de AISGE, la entidad que recauda los derechos de imagen de los intérpretes y presta ayuda a los que atraviesan por dificultades económicas. Su actividad durante los duros meses de inactividad profesional provocados por la situación sanitaria, ha sido providencial para muchos artistas. El año 1995 desapareció, con 65 años, la gran Irene Gutiérrez Caba. Julia sigue en activo a la par que el hermano menor.

Se produjo un salto generacional en la saga con José Luis Escolar, hijo de Irene, que no se ha dedicado a la interpretación, aunque sí a la producción cinematográfica. Emilio es hoy la memoria de esta extensa familia que resulta imprescindible a la hora de analizar el género chico, el teatro privado, el cine y la televisión en España.

A sus 81 años, Emilio Gutiérrez Caba (Valladolid, 1942) no para. Mientras encarna a Galdós en una función de teatro en Madrid, acaba de participar en el festival Cosmopoética en Córdoba y ha publicado recientemente sus Memorias de cine (Cátedra). Bisnieto, nieto, hijo y hermano de actores y actrices, su trayectoria llena más de medio siglo de historia del cine, el teatro y la televisión en España. Desde que debutara en películas que han alcanzado la categoría de obras maestras como Nueve cartas a Berta (Basilio Martín Patino, 1966) o La caza (Carlos Saura, 1965), su aspecto de tipo serio y tímido, de buena persona, no ha dejado de ocupar pantallas y escenarios, más como actor de reparto en el cine y como protagonista en el teatro.

Recuperándose todavía de una covid, que tuvo sus secuelas en una afección pulmonar, reconoce que no ha utilizado sus memorias en clave de ajuste de cuentas, como suelen hacer otros colegas. Sentado en una terraza de Madrid para charlar con elDiario.es, Gutiérrez Caba es abordado educadamente por unas admiradoras que piden una foto con el actor. De hablar pausado y reflexivo, con una voz inconfundible y muy bien modulada, el actor atribuye al trabajo y a la suerte, “como Woody Allen”, haber mantenido una carrera constante que le ha permitido ocupar un puesto de relieve en su profesión.

Ganador de dos goyas como mejor actor de reparto y de infinidad de premios, aplaudido por públicos de diferentes edades y elogiado por la crítica, Gutiérrez Caba confiesa sin falsa modestia: “Quizá alguna vez haya echado de menos interpretar más papeles protagonistas, pero digamos que mi físico y mi fisonomía estaban un poco reñidos con el cine que se ha rodado en este país. De todos modos, no me voy a quejar, como hacía el mítico José María Rodero, de haber rodado pocas películas porque he intervenido en algo más de un centenar de filmes”. Tras la risa que sucede a esta afirmación, Emilio argumenta que por las páginas de su libro desfilan anécdotas y reflexiones solamente de los largometrajes que le parecían más relevantes a la hora de relatar una historia o unas experiencias.

Desde la perspectiva de seis décadas de trayectoria, repasa cómo se ha ido transformando el oficio de actor. “Es vergonzoso”, comenta, “pero hoy contratan más a un actor o una actriz por el número de seguidores en redes sociales que por su currículo, su calidad o su formación”. “Esta actitud de los jefes de casting deriva de una lamentable banalización de la cultura que se ha convertido en algo frívolo, sensacionalista y fugaz. Se trata de un fenómeno muy peligroso porque, por un lado, la valía de los productos culturales cada vez es más floja y, por otra parte, queman a los profesionales, que están mal pagados, explotados y con frecuencia convertidos en juguetes rotos.

Añora Gutiérrez Caba, con una nostalgia rebelde para defender aquello que sirve del pasado, los tiempos en los que un estreno de cine se convertía en un acontecimiento cultural de primer orden. “Hoy todo se frivoliza y la cultura debe tener también un aspecto digamos solemne y no sólo jugar a la banalidad y a la inmediatez. Aparte de actor, me considero un buen espectador de cine de los que puedo ver una película en mi casa sin levantarme de la butaca. Desgraciadamente esa concentración se ha perdido hoy en la forma mayoritaria de consumir cine”.

Respetado por sus colegas como un artista reivindicativo y de ideas progresistas, Emilio (al que no le gusta la palabra intérprete como sinónimo de actor porque considera la actuación como una obra de creación) preside AISGE, una entidad dedicada a la salvaguarda de los derechos de imagen y de propiedad intelectual de estos profesionales. “Que el artista sea crítico con el poder debería ser un imperativo moral”, manifiesta rotundo, “porque forma parte de nuestro compromiso con la sociedad”. Ahora bien, se muestra escéptico con el supuesto triunfo de la huelga de los guionistas en Estados Unidos contra los productores y vaticina peores sueldos y más paro entre los escritores y también entre los actores, una situación agravada por el impacto de la inteligencia artificial. “Sólo cabría como remedio”, agrega, “una rigurosa regulación legislativa en todos los países, pero las leyes suelen avanzar más lentas que los cambios tecnológicos”.

De momento echa la vista atrás, como en sus amenas memorias, y reconoce la fortuna que tuvo su generación de haber accedido a la profesión en la época que irrumpió la televisión. A la vista de una carrera tan larga y provechosa cabe preguntarle a este actor amable, menudo de estatura pero grande de talla, con escaso ego y mucha lucidez, quiénes fueron sus maestros. Piensa un poco la respuesta y recuerda a dos amigos de los que conserva un magnífico recuerdo: los cineastas José Luis Dibildos y José María González Sinde. “Como compañeros de reparto”, señala, “tuve la suerte, y volvemos al valor de la suerte, de trabajar junto a Fernando Fernán-Gómez, José Bódalo, Alfredo Mayo o Ismael Merlo, por citar algunos ejemplos. Fíjate que cuando rodamos La caza, que yo era un veinteañero, les pedía permiso a Mayo o a Merlo para hacerles una foto”.

Su aire de joven noble e idealista y un tanto atormentado puso rostro a buena parte del llamado nuevo cine español, que revolucionó las pantallas en los sesenta, para mostrar la cotidianidad de un país gris, mediocre y reprimido bajo una dictadura. Trabajando más en el teatro que en el cine durante una etapa ya democrática, la figura del menor de los tres hermanos Gutiérrez Caba (tras las actrices Irene y Julia) volvió a brillar de la mano de una renovada hornada de directores de cine como Álex de la Iglesia o Miguel Albaladejo. A sus órdenes logró dos Goyas consecutivos a Mejor actor de reparto (2000 y 2001) por La comunidad y El cielo abierto, respectivamente.

Con su rol de un malvado vecino en La comunidad rompió Emilio una cierta aureola para encarnar sólo papeles de chico bueno. Hoy, a la altura de su veteranía, admite que los roles de malvado suelen ser más lucidos. “Me vino bien”, comenta, “romper con los estereotipos y, sin duda alguna, los papeles de malo tienen más enjundia. Aunque la mayoría quiera negarlo, la maldad suele encantar a mucha gente.

En el recorrido panorámico que significan sus memorias destacan algunos pasajes que ejemplifican la evolución de la sociedad o las situaciones tan distintas a las que ha de enfrentarse un actor. Así las cosas, recuerda en un estilo muy gracioso las peripecias para pasar la noche junto a Elsa Baeza, su compañera de reparto en Nueve cartas a Berta, en un hotel en Salamanca, donde se rodó aquella película. Algo que puede sonar como alucinante para las nuevas generaciones, fue la tónica represiva habitual durante cuatro décadas. Otra anécdota, en este caso muy conmovedora, fue la confusión de una señora que no se percató de que unos curas que merodeaban los alrededores de una iglesia de Madrid eran en realidad actores del rodaje de El sacerdote (Eloy de la Iglesia, 1978). Impresionados por la desesperación de aquella mujer que acababa de perder un hijo en un accidente laboral, Emilio y sus colegas no tuvieron más remedio que consolar a aquella madre como si hubieran sido sacerdotes.

A propósito de Elsa Baeza, el libro Memorias de cine incluye también la relación amorosa de su autor con la actriz italiana Pier Angeli que falleció después por una sobredosis de barbitúricos aquejada de una enfermedad mental que el actor español desconocía. “No tuve más amores cinematográficos”, dice a modo de explicación un Gutiérrez Caba que arrastra una leyenda de atractivo seductor.

Cuenta Emilio que en los próximos días verá a Elsa en El Escorial, donde el actor representará una función de Galdós enamorado, con María José Goyanes, en un montaje con dirección de Alfonso Zurro. La obra, estrenada recientemente, aborda los amores entre Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán a partir de su correspondencia, si bien sólo se conservan las cartas que la escritora envió a su amante. Está satisfecho de haber regresado con el personaje de Galdós a las tablas del teatro tras las secuelas de la covid y, como tantos otros grandes actores y actrices, Emilio Gutiérrez Caba no vacila al afirmar que en su profesión la verdadera valía se demuestra en un escenario. “Es evidente que cine, televisión o teatro requieren de actitudes distintas y plantean retos diferentes. Ahora bien, enfrentarte durante un par de horas, en directo, a cientos de personas en una sala supone la prueba de fuego para un actor”.

Nacido durante una gira teatral, toda su familia se ha dedicado siempre al teatro y al cine, por lo que su infancia y adolescencia transcurrieron en un ambiente que determinó su vocación artística. Realizó sus estudios teatrales en el Instituto San Isidro de Madrid y formó parte de su grupo escénico. Desde 1979 ha estrenado obras de autores clásicos como Gil Vicente, Calderón, Shakespeare, Joyce o Juan Ruiz de Alarcón y no ha dejado de intervenir en piezas de autores contemporáneos como Álvaro del Amo, Jorge Díaz, Fermín Cabal o Juan García Larrondo.

Hay actores que por muchos años que pasen siempre serán recordados, ya que siguen trabajando y triunfando, como por ejemplo Emilio Gutiérrez Caba, un artista de Valladolid que arrancó su carrera hace más de 60 años y le ha llevado a conseguir dos premios Goya. En su último proyecto, se une a Belén Rueda para protagonizar la película Fenómenas, un film que cuenta la historia de un equipo de investigación especializado en fenómenos paranormales.

Emilio Gutiérrez Alba | getty Los Gutiérrez Alba, una familia de actores desde el S.XIX Emilio Gutiérrez Caba (80) nació en 1942 en Valladolid en el seno de una familia de artistas. Su bisabuelo Pascual Alba comenzó en el S.XIX un linaje de actores que llega hasta la actualidad, ya que tras él llegó su abuela Irene Alba y posteriormente sus padres Emilio Gutiérrez e Irene Caba Alba. Todos ellos despuntaron en la interpretación, aunque sus hermanas Irene y Julia también se dedican a ello. Incluso su sobrina-nieta Irene Escolar brilla como actriz actualmente.

De hecho, su nacimiento fue bastante destacado porque lo hizo en Valladolid durante una gira en la que participaba su madre. Más allá de lo que se puede creer, no se metió en el mundo de la interpretación por presión familiar, sino que esto le sirvió de ayuda para triunfar. Lo comentó en una entrevista para la revista de la UCM, donde aseguró que tampoco "claramente" no se habría dedicado a esto de no ser por ellos. "Hay una formación inconsciente, que se produce al estar rodeado de personas que se dedican al teatro que en el resto de familias seguramente no existe. Esa orientación probablemente no se habría dado. No es que en mi casa me orientaran conscientemente hacia eso, pero si hubiera nacido en casa de un ingeniero industrial probablemente no habría sido actor", recalcó.

Emilio se unió en 1962 en una compañía de artistas y un año después consiguió un papel para la obra de teatro de Peter Pan. En 1963 también dio su primer paso en el cine, aunque el película que le abrió las puertas fue Nueve cartas a Berta (1966). A este le han seguido muchos otros films como No somos ni Romeo ni Julieta, La colmena, Memorias del ángel caído, entre otros. Se llevó dos premios Goya seguidos: en 2001 por La comunidad y en 2002 por El cielo abierto. En 2007 fue nominado de nuevo por La torre de Suso, aunque no hubo suerte.

Su hermana Julia sigue trabajando a los 94 años después de una prolífica carrera en el cine, teatro y televisión que le llevó a ganar en el 2000 a ganar el Goya a Mejor actriz de reparto por You're the One (una historia de entonces). No obstante, uno de sus papeles más recordados fue el de Carmen, la entrañable madre de Lucía (Belén Cuesta) en Los Serrano. Tal es el éxito que Julia y Emilio tienen que en 2020 se llevaron los dos el premio Feroz de Honor. Ambos se subieron al escenario y pronunciaron un emotivo discurso dedicado especialmente a su otra hermana, Irene, que falleció en 1995: "Éramos solo tres hermanos, ahora solo somos dos, pero creo que nuestra hermana Irene merece un recuerdo".

Emilio ha hablado en muchas ocasiones sobre su familia o su brillante carrera artística, sin embargo, siempre ha sido muy discreto cuando se trata de su vida privada. No se conoce ninguna pareja del actor a excepción del breve matrimonio que tuvo Diana Polakov, una actriz y modelo que triunfó sobre todo en los 70. Poco se sabe sobre este enlace más allá de que en 1973 se dieron el 'sí, quiero' en un enlace civil en Londres. No obstante, la pareja fue muy breve porque en solo treinta días rompieron y nunca más volvieron a verse. Ni el actor ni la modelo han explicado nunca lo que sucedió, pero él ha aclarado que está escribiendo unas memorias y posiblemente lo cuente ahí.

En 1980, cuando se aprobó el divorcio en España, acudieron a los juzgados para formalizar el fin del romance. El actor nunca ha tenido hijos, aunque tampoco ha aclarado si hubiera querido o no. En una entrevista conXL Semanal, reflexionó sobre este tema y apuntó: "Lo del hijo que te suceda es una chorrada. Además, puede salirte un hijo muy desgraciado o uno que es muy mono de niño, pero que de mayor es un drogadicto; pueden pasar cosas terribles".

Emilio Gutiérrez Caba deja un increíble legado artístico y más de 200 películas a sus espaldas.

Filmografía Destacada de Emilio Gutiérrez Caba
Año Título Tipo
2023 Fenómenas Película
2022 ¡García! Serie
2021 Way Down Película
2021 La Templanza Serie
2016 Neruda Película
2001 La Comunidad Película
1966 La Caza Película

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