¿Dónde Nació Hernán Cortés?

18.11.2025

Hernán Cortés, una de las figuras más controvertidas de la Edad Moderna, fue el militar que inició la conquista española de la actual México a principios del siglo XVI. Se trata de uno de los nombres más destacados de la historia del territorio peninsular actual.

Cortés llegó al mundo en una población denominada Medellín, que más adelante prestaría su nombre a otras localidades de Sudamérica, incluyendo la segunda ciudad más grande de Colombia. Nació en la villa de Medellín (Badajoz), del señorío de los Portocarrero, en algún año comprendido entre 1482 y 1484.

Actualmente, con 2.237 habitantes registrados en el año 2024, este municipio situado a 88 kilómetros de Badajoz y otros 45 de Mérida cuenta con un gran elenco de ruinas romanas, conservadas en distintos niveles. Desde 2007 se han realizado diferentes intervenciones arqueológicas, recuperando detalles de la estructura y otros elementos decorativos de gran relevancia, como sus columnas y piezas escultóricas. En su momento, sus asientos contaban con una capacidad para 3.200 espectadores, que visitan miles de turistas cada año.

Sus padres, Martín Cortés de Monroy y Catalina Pizarro Altamirano, eran de ascendencia hidalga y disponían de unas rentas modestas pero suficientes. El futuro conquistador no padeció en su juventud agobios, hambre, ni amenazas; vivió sin ostentaciones, pero también sin las estrecheces con las que convivían muchos de sus paisanos.

Su padre pretendía que estudiara y para ello lo envió a Salamanca a casa de su hermanastra Inés Gómez de Paz. Ahora bien, no parece que llegara a pisar las aulas de aquella señera universidad, sino que estuvo en uno de los muchos estudios privados que había en la ciudad universitaria. No obtuvo ni siquiera el título de bachiller, aunque existe, sus conocimientos eran más o menos equivalente a este grado académico.

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Tras pasar tres o cuatro años en la ciudad del Tormes, bajo la tutela de su tío político, abandonó sus estudios y regresó a Medellín. Sus progenitores se resignaron, sin ocultar su entristecimiento, convencidos de que sería imposible cambiar la terca voluntad de su intrépido hijo.

En 1504 se embarcó rumbo a La Española en la nao de Alonso Quintero, sin embargo, por motivos que desconocemos, regresó a la Península a finales de ese mismo año, para reembarcarse dos años después. En diciembre de 1506 estaba de nuevo en la isla, una fecha muy tardía que explica su escasa promoción social. Vivió -o malvivió- como asistente de la notaría de Azua, cuya titularidad la ostentaba Diego Velázquez.

En 1511 viajó a la vecina isla de Cuba como secretario del teniente de gobernador Diego Velázquez, adquiriendo en breve plazo un gran prestigio social y una buena posición económica. En los primeros años mantuvo unas buenas relaciones con el gobernador, gozando de su apoyo y protección. Disfrutó de un buen repartimiento de indios que usó lo mismo en la extracción de oro que en la cría de ganado. Todo ello le reportó una cierta fortuna y un gran prestigio social que a la postre le sirvieron para consolidar su liderazgo.

Entre 1514 y 1515 se desposó con una de las pocas españolas casaderas que había en la isla, Catalina Suárez Marcayda, fallecida siete u ocho años después en circunstancias extrañas. Diego Velázquez interpretó que el metelinense era la persona que necesitaba para encabezar la expedición que planeaba, y cuando se quiso dar cuenta del peligro de traición era ya demasiado tarde.

El 10 de febrero de 1519 Cortés zarpó con 11 barcos, 508 hombres, 16 caballos y 14 cañones. Tras diez días de navegación llegaron a la isla de Cozumel, donde se encontró con Jerónimo de Aguilar, superviviente de un naufragio, que hablaba la lengua de los mayas. Éste y Malintzin, una mujer que le fue regalada en Tabasco y que hablaba náhuatl y maya, se convertirían en sus interlocutores con el mundo mexica.

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Prosiguieron su viaje hacia San Juan de Ulúa fundando, pese a la prohibición de Velázquez, la ciudad de Veracruz. Cortés, que conocía bien la legislación castellana, dimitió de sus cargos, a sabiendas de que el cabildo veracruzano le investiría como capitán general. Consumada la traición, envió a dos emisarios a la corte para tratar de justificar sus acciones. Estando en Veracruz, tuvo noticias de la existencia de la confederación mexica y de un tlatoani llamado Moctezuma Xocoyotzin.

Las huestes avanzaron sobre Tlaxcala, un pueblo celoso de su libertad que planteó una gran resistencia. Finalmente, viendo que no podían derrotar a los extranjeros, se aliaron con ellos, aprovechando la ocasión para vengarse de sus viejos enemigos mexicas. Tras el pacto con Tlaxcala, permanecieron allí apenas tres semanas, el tiempo suficiente para reponer fuerzas y reorganizarse.

En su ruta hacia la capital mexica, pasaron por la ciudad sagrada de Cholula, que fue sometida a sangre y fuego. Desde allí, a primeros de noviembre de 1519, se encaminaron a la capital, al tiempo que el tlatoani Moctezuma decidía dejarlos entrar en la urbe. Una opción que no fue descabellada, pues pensó que sería más fácil acabar con ellos dentro que en un combate en campo abierto.

El de Medellín lo tenía todo bajo control hasta que llegó el segoviano Pánfilo de Narváez, enviado por Diego Velázquez para someterlo. No fue un problema la derrota del segoviano, aunque sí la rebelión indígena que sufrió Pedro de Alvarado en Tenochtitlán, aprovechando su ausencia. Retornó a toda prisa, pero era ya demasiado tarde. Acorralados, en la noche del 30 de junio de 1520 decidieron huir precipitadamente de la capital.

Siete días después, cuando todo parecía estar perdido, se produjo la sorprendente derrota mexica en la batalla de Otumba. Las huestes consiguieron alcanzar Tlaxcala, desde donde prepararon el asedio de la gran ciudad de Tenochtitlan que, bien defendida por Cuauhtémoc, fue tomada el 13 de agosto de 1521, tras un cerco de setenta y tres días. Se estima que en el asedió murieron más de cien mil defensores, cifra elocuente del padecimiento de los asediados.

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La caída de la capital no fue el final de la conquista pues, tanto al norte como al sur había infinidad de pueblos no sometidos a la confederación, que no estaban dispuestos a reconocer la autoridad de los extranjeros. El de Medellín no tardó en ponerse manos a la obra para completar su conquista, dominando en pocos años un extenso territorio de aproximadamente unos 300.000 km2. Asimismo, mostró un especial interés por la exploración del océano Pacífico, lo que entonces se conocía como el «Mar del Sur».

En 1525 estaba «pacificado» todo el territorio, pese a lo cual se sintió agraviado y desplazado del poder político por los funcionarios llegados desde la Península, viéndose obligado a acudir personalmente a la Corte a reivindicar sus derechos. Lo que todavía no sabía era que detrás de esos recortes políticos estaba la propia Corona quien pretendía preservar la Nueva España dentro de los territorios de realengo.

En Castilla, Cortés consiguió que el monarca le otorgara el título de marqués del valle de Oaxaca y el cargo de capitán general, aunque sin funciones gubernativas. El 15 de julio de 1530 estaba de regreso en las costas veracruzanas, estableciéndose en Cuernavaca desde donde exploró el área del golfo de California. Otra vez, en 1540, decidió regresar a España a proseguir la defensa de sus derechos.

Lo hizo pensando en regresar pronto a Nueva España, la tierra que le dio honra, fama y fortuna, pero las circunstancias hicieron que no viera cumplido este objetivo. La enfermedad que padecía, probablemente disentería, evolucionó demasiado deprisa y, pese a que se acercó a Sevilla con la intención de reembarcarse, la muerte le sorprendió en Castilleja de la Cuesta el 2 de diciembre de 1547.

Sus restos llevados a México por disposición testamentaria y reposan, actualmente, en el Hospital de Jesús (antes de la Purísima Concepción), en México D.F. Cortés introdujo el cultivo de nuevas plantas, estableció la ganadería y creó el cultivo de la caña de azúcar. En 1528 introdujo en España el cacao, las patatas y algunas legumbres como las habichuelas.

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