José Antonio Griñán: Una Vida en la Política Andaluza Marcada por el Caso ERE

05.11.2025

José Antonio Griñán Martínez nació en Madrid en 1946. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla e inspector técnico de Trabajo y Seguridad Social desde 1970. Casado y padre de tres hijos, cuenta con una amplia experiencia tanto en los gobiernos central y andaluz como en el Congreso y en el Parlamento andaluz.

Trayectoria Política

Griñán es el único de los ocho ex altos cargos condenados por malversación -a excepción del exdirector de Trabajo Juan Márquez, cuyo ingreso en prisión suspendió la Audiencia de Sevilla al haber visto rebajada su pena por el Tribunal Supremo a tres años de privación de libertad― que no ha entrado en la cárcel para cumplir sus condenas. Presidente de la Junta de Andalucía desde abril de 2009, anteriormente fue vicepresidente segundo y máximo responsable económico de la Junta de Andalucía (2008-2009).

Entre los cargos que ha desempeñado en su trayectoria política destacan los de ministro de Trabajo y Seguridad Social (1993-1996), ministro de Sanidad y Consumo (1992-1993), consejero de Salud de la Junta de Andalucía (1990-1991). En el ámbito parlamentario, ha sido diputado a Cortes por Córdoba durante las legislaturas V, VI y VII, en el periodo 1994-2004 y dentro del Congreso desempeñó, entre otras funciones, las de portavoz del Grupo Socialista en la Comisión de Política Social y Empleo, así como la presidencia de este órgano. En 2004 y 2008 fue elegido parlamentario andaluz por Córdoba y en 2012 por Sevilla. Actualmente es secretario general del PSOE-A y presidente del PSOE.

Profesor de Derecho del Trabajo, su primer cargo fue el de viceconsejero de Trabajo en Andalucía en 1982. Pero su carrera política se consolidó verdaderamente cuando fue nombrado consejero de Salud en el primer Gabinete de Chaves, desde donde en 1993 dio el salto al Gobierno central como ministro de Trabajo. Volvió a la política andaluza en 1994, esta vez como consejero de Economía, área a la que más tarde añadiría las competencias de Hacienda tras la salida de Magdalena Álvarez.

Una amistad interrumpida: Chaves vio en su gran amigo Griñán al candidato perfecto para una transición tranquila en Andalucía. Griñán le sustituyó en la Junta, pero ambicionó la presidencia del PSOE porque, como vio durante sus años en segunda fila, las bicefalias no funcionaban y no quería tutelas. Fue el inicio del fin de su amistad, recuperada tan solo hace unos años tras compartir sinsabores por los ERE.

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Pese a carecer de experiencia orgánica, el nuevo líder socialista supo leer las condiciones políticas y el descontento con su partido para aplazar las elecciones autonómicas a marzo del 2012 y separarlas de los comicios generales. Los socialistas no ganaron en las urnas, pero gobernaron gracias a la coalición con IU. Griñán también tenía una idea del futuro del partido muy alejada de la que orquestaba el 'Antiguo Testamento', como se conocía a la vieja guardia, y se apoyó en gente más joven como Mario Jiménez o Díaz.

El Caso ERE y las Consecuencias Judiciales

En el 2013, José Antonio Griñán anunció de forma sorpresiva que dejaba la Junta de Andalucía para evitar el continuo desgaste que la institución sufría a cuenta del caso de los ERE fraudulentos, convertido en arma arrojadiza por el PP sesión tras sesión en el Parlamento. Llevaba apenas cuatro años en el cargo, al que llegó tras el nombramiento de su amigo Manuel Chaves como ministro y después de unos largos años al frente de la Consejería de Economía y Hacienda, enfrascado en peleas por la financiación autonómica.

Pero su esfuerzo resultó en balde, y la ola de los ERE se lo llevó por delante poco después al ser imputado por la jueza Mercedes Alaya en el caso de corrupción. De esta etapa se deriva la responsabilidad penal que ahora dirime la Audiencia de Sevilla, al entender que tuvo que conocer las irregularidades que se cometieron con las ayudas sociolaborales, y de las que alertó la Intervención de la Junta, y aun así no les puso freno.

José Antonio Griñán ha sido condenado este martes a 6 años de cárcel y a 15 de inhabilitación por el 'caso de los ERE'. Griñán es el único de los ocho ex altos cargos condenados por malversación que no ha entrado en la cárcel para cumplir sus condenas.

La Audiencia de Sevilla ha decidido suspender durante cinco años la ejecución de la pena de seis años de cárcel impuesta al expresidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, por un delito de malversación en el caso de los ERE, debido al cáncer que padece. El exdirigente socialista, de 77 años, no entrará, por tanto, en prisión para cumplir esta condena.

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La defensa de Griñán solicitó el pasado 22 de diciembre que el tribunal suspendiera la ejecución de su pena, esgrimiendo el artículo 80.4 del Código Penal, que establece que “los jueces y tribunales podrán otorgar la suspensión de cualquier pena impuesta sin sujeción a requisito alguno en el caso de que el penado esté aquejado de una enfermedad muy grave con padecimientos incurables”.

Las magistradas asumen la petición del expresidente andaluz y argumentan en su resolución que la concesión de ese beneficio “es una potestad discrecional del juez o tribunal”, y señalan que “en ese ámbito de discrecionalidad se debe atender a que el penado “se encuentre aquejado de una enfermedad muy grave con padecimientos incurables”.

En este sentido, las juezas de la Sección Primera de la Audiencia de Sevilla se apoyan en el último informe de la médico forense, fechado el 15 de junio, en el que desaconsejaba su ingreso en un centro penitenciario debido a la “enfermedad grave e incurable” que padece.

“El tribunal en casos como el presente, referidos a cuestiones médicas, se ve sometido a los criterios técnicos del experto en la materia cuyos conocimientos son esenciales para poder resolver sobre el fondo de las cuestiones jurídicas planteadas”, se lee en el auto, en el que las magistradas concluyen que “es por ello, que a la vista del informe de la médico forense, experta en la materia, esta sala no puede sino acordar la suspensión de la ejecución de la pena privativa de libertad por plazo de cinco años”.

El escrito también recalca cómo ni la Fiscalía Anticorrupción, ni la acusación particular, ejercida por el PP, se han opuesto a la suspensión de la condena solicitada por Griñán.

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Con esta decisión se pone punto y seguido a un periplo judicial para evitar el ingreso en la cárcel que el antiguo presidente andaluz inició el 19 de noviembre de 2019, cuando la Audiencia Provincial de Sevilla hacía público su veredicto y lo condenaba a seis años de prisión por malversación -un delito por el que él confiaba en ser absuelto- y 15 años de inhabilitación por prevaricación por su implicación en la trama de ayudas fraudulentas de la Junta de Andalucía.

Griñán recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo que el 26 de julio de 2022 confirmaba su pena. Su defensa interpuso después un incidente de nulidad ante el mismo tribunal y un recurso de casación ante el Constitucional, mientras su familia solicitaba al Gobierno un indulto parcial, para dilatar la ejecución de la pena, pero las magistradas de la Audiencia Provincial dieron el pasado 22 de diciembre 10 días a los siete ex altos cargos condenados a penas privativas de libertad, incluido Griñán, para que ingresaran en un centro penitenciario, en cumplimiento de sus condenas respectivas.

Fue entonces cuando el presidente de la Junta solicitó la suspensión de la ejecución de su pena en virtud del artículo 80.4 del Código Penal, alegando que padecía un cáncer de próstata y que se le había prescrito un tratamiento de radioterapia incompatible con su estancia en prisión.

Un diagnóstico que avaló la médico forense en la primera entrevista que tuvo con Griñán el pasado mes de enero y que asumieron la Fiscalía y el PP. Como recuerdan las magistradas en su auto, la Audiencia decidió entonces suspender su entrada en prisión hasta que terminara el tratamiento médico.

Cuando este concluyó, el pasado mes de mayo, se solicitó a la forense un nuevo informe sobre la evolución del exdirigente andaluz para que determinara si el nuevo tratamiento establecido tras concluir la radioterapia (tratamiento farmacológico y ejercicios rehabilitadores) era compatible con su ingreso en prisión.

Tras un primer dictamen que Anticorrupción no consideró concluyente, el último sí fue claro en que era conveniente que Griñán no entrara en la cárcel dado que padecía una “enfermedad grave e incurable”, los parámetros que requiere el 80.4 del Código Penal para su aplicación.

Reacciones y Perspectivas

El expresidente de la Junta, sin embargo, sigue reivindicando su inocencia, y está pendiente de que el Constitucional resuelva sobre su recurso. En diciembre, el exmandatario daba por hecho que entraría en la cárcel y reconocía que ya era un preso en su propia casa, que, tras la confirmación de su condena por el Supremo, apenas abandonaba, afectado como estaba por la repercusión mediática y el desgaste personal y reputacional de un caso cuya investigación comenzó hace ahora 14 años.

Antes de conocerse la decisión del alto tribunal, el exdirigente socialista estaba convencido de que no entraría en la cárcel. "Del Tribunal Supremo solo espero la absolución", dijo en una entrevista con Diario de Sevilla. Este convencimiento radicaba en la postura que tomó Alberto Barreiro en el proceso de instrucción, ya que este magistrado del Supremo no vio malversación en las decisiones tomadas por Griñán en Hacienda.

Lo mismo defendieron las juezas Ana Ferrer y Susana Polo en el voto particular de la sentencia definitiva, considerando "un salto al vacío" condenar al expresidente por malversación con las pruebas que había en el proceso. Las esperanzas del expresidente en lograr este objetivo se difuminaron cuando la Fiscalía rechazó la petición.

Ahora, explican quienes le conocen, tiene previsto volver a escribir para profundizar en esa mezcla de biografía y ensayo sobre su pensamiento político. Hay que recordar que el libro, publicado la pasada primavera, no se explaya en la etapa política que se juzga en el caso de los ERE.

Las últimas semanas, este político, tímido y con fama de cambiante, las ha pasado leyendo un libro de Félix Grande sobre una familia en la Guerra Civil y la posguerra, La balada del abuelo Palancas. Y también el relato de Sergio del Molino sobre la figura de Felipe González y su victoria en 1982. Al expresidente, que lo hizo ministro de Sanidad y de Trabajo, le está muy agradecido no solo por la firma del indulto que ha solicitado su familia, sino también por las declaraciones en las que asegura que volvería a contar con Griñán en su gabinete si tuviera que armarlo hoy mismo.

Ángeles Férriz, vicesecretaria general de la formación, hizo el miércoles la defensa pública más aguerrida de Griñán y el resto de exdirigentes condenados que se ha oído en años. "Como compañeros y amigos, nos causa un inmenso dolor la decisión de la Audiencia de Sevilla", aseguró la política jiennense, que defendió que Griñán ha sido víctima de una "cacería política".

"Había una obsesión del PP por ocultar y enterrar lo que se había conseguido en 37 años, el legado protagonizado por servidores públicos que se han dejado la piel para hacerlo posible", incidió Férriz, que con su defensa de Griñán da pistas sobre el cambio de actitud del PSOE andaluz respecto a sus exdirigentes.

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