El Origen de la Democracia: Un Viaje a la Antigua Atenas

28.10.2025

En un momento en el que la palabra democracia está en boca de muchos, tres autores griegos se han atrevido a contarnos en el lenguaje del cómic los principales hechos que dieron lugar a la democracia más antigua, la nacida en Atenas durante el s.V a.C.

La democracia, esa palabra que, a día de hoy, políticos de todo signo luchan por apropiarse para mejor defender sus idearios, se compone de los términos del griego clásico demos (pueblo) y krátos (gobierno), a los que se añade el sufijo -ia (cualidad). La democracia supone, por tanto, el «gobierno del pueblo».

Esto ha hecho que, durante siglos, se haya considerado la democracia griega como el origen de las que actualmente rigen en occidente. Aunque, siendo estrictos, deberíamos hablar de democracia ateniense, más que griega, ya que fue en dicha ciudad-estado (o polis) donde nació.

La Grecia Antigua y la Evolución hacia la Democracia

La Grecia antigua a la que nos referimos estaba compuesta por diversas polis debido a lo complicado de las comunicaciones, que mantenían prácticamente aislado cada núcleo de población, independientemente de que los habitantes de todos ellos mantuviesen identidades culturales similares. De entre estas, Atenas fue la que más creció, entre los siglos IX y VIII a.C., económica y socialmente. En aquella Atenas vivieron, además, los principales filósofos y pensadores de la época, aquellos que erigieron los cimientos de nuestra cultura.

Pero la democracia ateniense tuvo una evolución lenta en la que se fueron incorporando medidas en virtud de los gobernantes de cada ciclo histórico.

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Solón y las Primeras Reformas Legales

El primer paso hacia la democracia lo dio Solón, estadista ateniense que inició, en 594 a.C., una importante reforma legal. Los grandes mercaderes llevaban años imponiendo estrictas condiciones económicas a los campesinos. Unas condiciones nacidas del primer código legal de la ciudad, redactado en 621 a.C. por Dracón. Las leyes de aquel código resultaban desoladoramente restrictivas para los campesinos. No en vano, el término draconiano ha llegado hasta nuestros días gracias a Dracón.

De ahí la importancia de la reforma de Solón que, entre otras cosas, suprimió la esclavitud contraída por deuda y la de todos los ciudadanos atenienses, a la par que suavizó las cantidades económicas que los campesinos pobres se veían obligados a pagar.

Solón otorgó derechos políticos a todos los ciudadanos atenienses en virtud de su riqueza, que fue el baremo para dividir en cuatro grupos a la sociedad. Pero incluso el grupo de más bajas rentas tenía derecho al voto. No obstante, los gobiernos oligárquicos que se sucedieron tras la muerte de Solón se emplearon a fondo en contrarrestar las reformas que este impuso.

Clístenes y la Consolidación de la Democracia

Tendría que llegar el año 508 a.C. para que un nuevo gobernante, Clístenes, retomase el testigo de Solón mejorando sus premisas. Él fue quien cambió la distribución de los ciudadanos según su riqueza por otra que refería a su tribu. Así, cada una de las diez tribus en que quedó dividida la sociedad ateniense contaba con miembros de los diferentes sectores socioeconómicos.

Pero el cambio más importante que introdujo Clístenes fue el de establecer la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Y, como en las democracias modernas, aquella contaba con tres órganos de gobierno.

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Los Órganos de Gobierno en la Democracia Ateniense

La democracia ateniense ya contaba con tres órganos de gobierno diferenciados que atendían el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial:

  • La Ekklesía o Asamblea: era el órgano soberano del gobierno. Un poder legislativo donde los miembros no eran elegidos, sino en el que participaban libremente todos los varones mayores de 20 años. Todos los varones. Ni mujeres, ni esclavos (sí, continuaba existiendo la esclavitud), ni residentes extranjeros eran admitidos en la Asamblea donde los votos se realizaban a mano alzada. Una democracia directa y no representativa, por tanto.
  • La Boule o consejo de los Quinientos: era el órgano encargado no solo de llevar a la práctica las decisiones de la Ekklesía, sino también de proponer a esta los temas a tratar. Estaba formado por 500 hombres, a razón de 50 por cada una de las diez tribus en las que se había dividido la sociedad. Cada uno de estos 500 hombres era seleccionado por sorteo en sus respectivas tribus, y tenía la obligación de ejercer su cargo durante un año.
  • La Dikasteria: la conformaban los tribunales populares. Un poder judicial que contaba, como la Boule, con 500 hombres, mayores de 30 años en este caso y también seleccionados por sorteo. La peculiaridad principal de aquel germen del actual poder judicial radica en que cualquier ciudadano mayor de 20 años podía llevar un caso ante el tribunal y ejercer como acusación o como defensa, hasta alcanzar una sentencia que debía ser aprobada por el gobierno de la mayoría.

Limitaciones y Críticas a la Democracia Ateniense

Sin duda, la democracia ateniense, que aún denominamos griega, fue pilar de las actuales. Pero, lejos de ser perfecta, como muchas voces afirman, no debemos olvidar que mantenía vigente la esclavitud. Filósofos como Platón o Aristóteles llegaron a criticar sus fallas. Platón consideraba que la elección de puestos por sorteo implicaba dejar cargos gubernamentales en manos de personas poco capacitadas. Aristóteles que se trataba de otra oligarquía encubierta por tener como prioridad máxima el beneficio de unos pocos.

El Contexto Histórico y Social de la Democracia en Atenas

Siendo los griegos, como dice Finley “quienes descubrieron no sólo la democracia, sino también la política”, y al ser la democracia ateniense la que la suerte ha querido se preserven las más amplias referencias, concluimos que, cualquier proyecto de estudio, investigación o análisis que pudiera versar sobre la democracia, por lógica evidencia, habría de tener como marco inicial de referencia histórica los orígenes de la polis griega, y como singular escenario espacial de su implantación y desarrollo, la Ciudad Estado de Atenas en los siglos V y IV a.

Aun sin tener este trabajo un marcado carácter de indagación histórica, nuestra labor de investigación no puede ser ajena al devenir cronológico de la historiografía, ni al continuo discurrir de los hechos y acontecimientos sociopolíticos que, en la llamada Edad Oscura, sobrevinieron en lo que entonces se conocía como la Hélade.

Al hablar de Grecia y de la civilización griega asumimos la idea de que los griegos tenían un sentimiento de pertenencia común a un mismo colectivo, no sin reconocer las particulares características por las que podían distinguirse cada una de sus ciudades estado. “Hablaban la misma lengua, honraban a los mismos dioses, se divertían con los mismos deportes y con los mismos juegos de ingenio.

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Con la quiebra del imperio micénico no sólo fenece la dinastía real gobernante, sino que es la propia monarquía la que perece para no resurgir nunca más.

Los modelos de integración social y política surgidos de la destrucción de los palacios-estado abrieron el camino a un nuevo tipo de gobierno estatal en Grecia, la ciudad-estado (pólis), surgido en el siglo VIII.

En el siglo VIII a. C., las comunidades griegas se conformaban bajo el influjo de dos clases de ciudadanos; de una parte, los aristócratas, que bien de forma colegiada o personal bajo la figura del basileús, concentraban en torno a ellos la totalidad de los poderes públicos, ejerciendo el poder económico de una manera egoísta e interesada.

Los órganos de gobierno, aun con marcadas diferencias en función de las características específicas de cada una de las ciudades estado ya establecidas, mantenían una común estructura en sus principios fundamentales que las hacía muy similares.

La Democracia en la Actualidad

Aunque distintas formas de organización democrática han existido durante la Edad Media, el gran resurgir de la democracia se ha dado en los tiempos modernos. A partir, principalmente, del siglo XVII y XVIII, se empiezan a instaurar procesos asamblearios en países como Estados Unidos, Suiza, Reino Unido, Canadá, Holanda o Nueva Zelanda. La democracia moderna ha estado vinculada económicamente al surgimiento y predominio del capitalismo moderno. Se ha dado un fenómeno en el que ambas formas de organización (económico-liberal y político-democrática) han operado como dos caras de una misma moneda.

Aunque, el final de la Primera Guerra Mundial supuso una victoria temporal para la democracia en Europa -puesto que se conservó en Francia y se extendió temporalmente a Alemania-, fue tras el fin de la Segunda Guerra Mundial que las democracias en Europa occidental establecieron gobiernos representativos que reflejaban la voluntad general de los ciudadanos. En otros países, como España o Portugal, por poner dos ejemplos, estos procesos tardaron más en materializarse.

El Parlamentarismo y los Principios Relativistas

El parlamentarismo consiste en convencer a unos y otros de una verdad, de una estrategia a seguir. Por lo que sus procesos se sustentan en una duda radical con respecto a la verdad. La democracia no cree en valores ni verdades absolutas.

De este modo, la filosofía parcial o totalmente relativista que domina el pensamiento moderno y contemporáneo sirve, también, de contrapartida intelectual a la realidad política estipulada por la democracia.

Clístenes y la Lucha contra la Tiranía

Según la tradición, detrás de la acción había una querella personal: Harmodio habría rechazado una coacción amorosa de Hiparco o bien el tirano habría impedido que su hermana participara en la procesión religiosa. Sin embargo, el tiranicidio de Hiparco no desencadenó por sí solo esta gran transformación política. Ésta se venía gestando desde hacía décadas, en el marco de una serie de conflictos sociales que habían sacudido los fundamentos de la sociedad ateniense.

Desde mediados del siglo VIII a.C., Atenas estuvo regida por un puñado de familias aristocráticas. Ellas eran las propietarias de las tierras, controlaban las instituciones de gobierno -los arcontes, que ejercían el poder ejecutivo y militar, y el tribunal del Areópago- y componían la fuerza militar que defendía la ciudad.

Pero en los siglos VII y VI a.C. se multiplicaron las tensiones sociales a causa del nuevo poder que fueron adquiriendo los grupos de comerciantes urbanos y el resentimiento de muchos por la explotación que sufrían a manos de la clase terrateniente. Surgió así la demanda de que las magistraturas, hasta entonces reservadas a los aristócratas, fueran accesibles al resto de la población.

La gran reforma política impulsada por Solón, elegido «legislador y mediador» de Atenas hacia 594 a.C., dio satisfacción a estas exigencias, estableciendo, entre otras cosas, una asamblea de los ciudadanos (Ekklesía) abierta a las clases medias, aunque las familias aristocráticas seguían conservando sus privilegios en el Areópago.

Clístenes pertenecía a la noble familia de los Alcmeónidas, una de las que habían regido tradicionalmente la política ateniense. Era hijo de Megacles, quien estaba marcado por una cierta «madición» causada por su padre, también llamado Megacles.

Tras el asesinato de Hiparco por Harmodio y Aristogitón, Hipias redobló la represión, ordenando incluso el desarme de los ciudadanos. Clístenes y su familia se alinearon entonces plenamente con el bando opuesto a la tiranía. Desde el exilio organizaron una primera expedición contra el tirano, que fracasó.

Tras la expulsión de la tiranía quedaron dos partidos en Atenas, como dice Heródoto: «Clístenes, de la familia de los Alcmeónidas, de quien se dice que supo sobornar a la Pitia, e Iságoras, hijo de Tisandro, de una casa verdaderamente ilustre [...]. Ambos eran los caudillos de las dos facciones en la ciudad».

Los dos partidos representaban dos opciones políticas contrapuestas. Clístenes, buscando el apoyo de la plebe, propuso una serie de reformas políticas de signo democrático que daban un poder muy importante a cada una de las diez tribus en que quedaría dividido el pueblo.

De tal manera, la oligarquía, encarnada por Iságoras y apoyada por los tradicionalistas espartanos, hubo de ceder finalmente. Los exiliados fueron llamados a Atenas y el pueblo votó, al fin, las reformas de Clístenes. De este modo, entre los años 507 y 501 a.C., Clístenes puso en marcha una profunda reforma del Estado ateniense.

La idea era aliviar los conflictos sociales mediante una transformación radical de la organización religiosa y política que restara influencia a los clanes nobiliarios. Así, Clístenes introdujo una nueva división del pueblo en diez tribus; aumentó los miembros de la Boulé, el Consejo o Senado creado por Solón, hasta quinientos, cincuenta por cada tribu; dio mayor poder a la Asamblea general (Ekklesia), y promovió la designación a las magistraturas por sorteo.

El Auge y la Decadencia de Atenas

De todas las polis griegas clásicas, Atenas fue la más destacada. Allí aparecieron los principales pensadores, filósofos y autores que darían origen a nuestra cultura. Aunque los atenienses no solo cambiaron la historia con palabras: también se convirtieron en un factor decisivo para Occidente mediante la guerra, con su decisiva contribución a la hora de detener el avance de los persas.

En la Grecia arcaica, la orografía montañosa de la región, junto con lo complicado de las comunicaciones, determinó que los diversos núcleos de población helena permaneciesen aislados entre sí. Aunque se desconoce el origen de los aqueos, que ya habitaban en el Peloponeso hacia el siglo XIV a. C., los registros arqueológicos demuestran que Atenas fue una de sus poblaciones importantes un siglo más tarde.

Clístenes, en 508 a. C., culminó las reformas democráticas que, aunque con vaivenes, rigieron la vida de Atenas hasta la llegada de los romanos. Para buscar una mayor cohesión, Clístenes redistribuyó la población del Ática en diez tribus, asegurándose de que en cada una se mezclasen diferentes sectores sociales y políticos.

Al llegar el siglo V a. C., el de Pericles, la urbe alcanzó su esplendor. Las guerras médicas cimentaron aún más el orgullo y la identidad atenienses. Pero su decadencia llegó a finales de aquel siglo, a raíz de los enfrentamientos civiles del Peloponeso contra Esparta.

En resumen, el origen de la democracia se encuentra en la antigua Atenas, donde figuras como Solón y Clístenes sentaron las bases para un sistema político que, aunque con limitaciones, influyó profundamente en el desarrollo de las democracias modernas.

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