Manuel de Falla: Un Genio Musical Nacido en Cádiz
El 23 de noviembre de 1876 vio la luz en Cádiz Manuel de Falla, sin duda, uno de los compositores españoles más destacados de la primera mitad del siglo XX. Por la época en la que nació Manuel de Falla y Matheu, Cádiz aún era una referencia atlántica, engarce marino de Oriente y Occidente.
Jaime Pahissa la evocó así al inicio de su biografía del músico gaditano: Cádiz era una ciudad colonial, es decir, ligada a las inmensas colonias americanas de España, y a las del Pacífico; el puerto para el camino de América hacia Occidente, y para el de las Filipinas y las Marianas y las Palaus y las Carolinas, hacia el lejano Oriente. Por eso se establecieron en la ciudad, desde tiempos antiguos, gentes de otros países como de otras regiones de la misma España. En Cádiz hay gran número de apellidos catalanes, como los hay también vascos, y de fuera de España.
En su familia no había agobios financieros, pero tuvo que sufrir otro tipo de problemas. Cuando era joven, durante la epidemia de cólera de 1885, murieron su abuelo materno y una de sus tías mas allegadas y poco después dos de sus hermanos. La muerte cercana a edades tempranas, era algo normal en aquella época, pero a Manuel le afectó profundamente y marcó su carácter para siempre.
Su expediente escolar muestra sus aptitudes en caligrafía y en matemáticas, sin hacer ninguna mención a la música, algo normal en la época. Sus primeros paso profesionales tampoco se dirigieron hacia la música sino hacia la literatura. A los 16 años, compuso su primera obra para piano. En efecto, aún sin cumplir diez años, Falla estudia piano con Eloísa Galluzzo, quien no tardaría en abrazar la vocación religiosa al ingresar como Hermana de la Caridad en un asilo de ancianos.
Fruto de su inicial inquietud literaria fueron las revistas manuscritas que Falla crea, con la colaboración de algunos amigos, entre los años 1889 y 1891: El Burlón y El Cascabel.
Lea también: Crónica Social según Rosa Villacastín
Primeras Relaciones y Viajes
Falla comenzó sus estudios musicales a muy temprana edad, con lecciones de solfeo de su madre, que era pianista, y de su abuelo. En 1896 se estableció en Madrid, después de una época de frecuentes viajes, pero siempre con base en Cádiz. En Madrid, se matriculó en el Conservatorio y al año siguiente consiguió la certificación del equivalente a tres años de solfeo y cinco de piano.
Compuso varias obras; piezas vocales, para piano y violonchelo. En 1896, Manuel de Falla ingresó en el Conservatorio de Música de Madrid, donde estudió piano con el compositor José Tragó. Este diría de su alumno que era "un joven muy estudioso, muy concienzudo; de buenos talentos artísticos y al cual seguramente le está esperando un prometedor futuro en este difícil arte".
En 1899, el joven Falla estrenó sus primeras obras (entre ellas Romanza, Melodía, Sonata en sol y Serenata andaluza). En 1900, la situación financiera de su familia había cambiado drásticamente y era él quien la mantenía. Durante el lustro siguiente Falla consiguió dos importantes premios, uno convocado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y otro como panista financiado por la firma Ortiz y Cusso.
Sin embargo ninguno de ellos le aportó suficientes ingresos y decidió trasladarse a Francia. Su vida dio un nuevo cambio cuando el Rey Alfonso XIII le concedió una beca para que pudiera seguir residiendo en Paris. Fue gracias a la mediación de su amigo Isaac Albéniz. En 1901, conocería al músico Felipe Pedrell, que influiría de manera determinante en la evolución de su obra.
La imaginación y la sensibilidad del joven Falla le llevaron a crear un mundo a su medida, un edén, una utopía: la ciudad de Colón, que él puebla y gobierna en su fantasía a la par que la defiende del mundo exterior. Relata Roland-Manuel en su biografía del compositor: Durante seis años desempeña seriamente los deberes de los diversos cargos que le impone el gobierno de su metrópoli. El consejo municipal, los redactores de los diarios, los académicos y los administradores de las sociedades penetran en el Edén por la puerta del armario.
Lea también: El nacimiento de Einstein en Ulm
Con la adolescencia, despertará la definitiva vocación. En la carta a Roland-Manuel escrita en 1928 Falla comenta de forma vívida su «caída» en la composición cuando contaba diecisiete años de edad: A partir de ese momento algo como una convicción tan temerosa como profunda me impulsaba a dejarlo todo para dedicarme completamente al estudio de la composición. Y esta vocación se hizo tan fuerte que llegué a sentir incluso miedo, ya que las ilusiones que despertaba en mí estaban muy por encima de aquello que yo me creía capaz de hacer. No lo digo desde un punto de vista puramente técnico sino en cuanto a la INSPIRACIÓN, en el verdadero y más alto sentido de la palabra; esa fuerza misteriosa sin la cual no se puede realizar nada verdaderamente útil, y de ello yo me sentía incapaz.
A sus veinte años Falla vivía a caballo entre Cádiz y Madrid. Dos ámbitos musicales diferenciados reclamaban su atención. En su ciudad natal, el salón de música de la casa familiar de Salvador Viniegra -violonchelista aficionado, tenaz impulsor de la vida musical gaditana y, en algún modo, mecenas de jóvenes aspirantes a músicos- sirvió de escenario a alguno de los estrenos (entre 1897 y 1899) de sus primeras obras, caso de Melodía y también de Romanza, ambas para violonchelo y piano, dedicadas por Falla a Salvador Viniegra. A la par, y en calidad de alumno libre, Falla realiza los estudios musicales en el Conservatorio de Madrid, donde tendrá a José Tragó como maestro de piano, finalizándolos en 1899 tras obtener el primer premio de piano de dicho centro.
En 1902, Falla estrenó la zarzuela Los amores de la Inés, la única de las zarzuelas que compuso que logró estrenar. Unos años después, en 1907, el músico se afincó en París donde conoció a grandes artistas como Debussy, Ravel, Albéniz o Picasso. En esta época empezó la composición de algunas de sus obras maestras, como Noches en los jardines de España y La vida breve. Conoce y se influye de Debussy, Dukas y sobre todo Ravel, especialmente de sus aspectos técnicos y presupuestos estéticos.
Estos compositores se acaban influyendo mutuamente y Falla les muestra aquello que aprendió de Albéniz. Sin embargo, a pesar de la influencia francesa, no perdió su fidelidad con la música tradicional andaluza. En 1908 compuso las Cuatro piezas españolas y ese mismo año conocería al compositor ruso Igor Stravinsky y al pintor Ignacio Zuloaga.
El músico español viajó a Londres, Suiza e Italia, donde ofreció varios conciertos. En aquellos años se estrenaron obras suyas en España, en París y en Milán. Pero su salud no era excesivamente buena, y los duros inviernos de 1910 y 1911 la debilitaron aún más, lo que incrementó su fe (Falla era un ferviente católico). Los inviernos de 1910 y 1911 fueron especialmente crudos y Manuel de Falla, como buen gaditano, no estaba acostumbrado. Lo pasó mal. Ello unido a nuevos problemas de salud, le encaminó hacia círculos religiosos, en concreto “Los Apaches”, de Viñes y Léon Bloy.
Lea también: Descubre el lugar de nacimiento de El Puma
Poco después, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Falla regresó a Madrid donde estrenó las Siete canciones populares españolas, en 1915 El amor brujo en Madrid y en 1916 Noches en los jardines de España. Tres años después, en 1919, estrenó el ballet El sombrero de tres picos en el Alhambra Theatre de Londres.
Traslado a Granada y Amistad con Lorca
En 1920, Manuel de Falla se trasladó definitivamente a Granada, donde entabló amistad con artistas e intelectuales como Fernando de los Ríos y Hermenegildo Lanz, ambos miembros de una famosa tertulia: El rinconcillo. Falla se movería por círculos artísticos e intelectuales desde muy joven, y trabaría una profunda amistad con el poeta Federico García Lorca desde que fijó su residencia en la ciudad de Granada en el año 1920.
Ese mismo año se estrenaría en París su obra Noches en los jardines de España. Poco después, ambos decidieron emprender una serie de viajes por la provincia de Granada a la caza de canciones populares como Las tres hojas, una canción que Garcia Lorca grabaría en un disco junto a la cantante argentina Encarnación López "La Argentinita".
Falla era además un gran amante del cante jondo, y junto con su amigo García Lorca y el pintor Manuel Ángeles Ortiz organizó en 1922 un Concurso de Cante Jondo que se celebró en la Plaza de los Aljibes de la Alhambra. En 1923 funda la Orquesta Bética de cámara y participó en una representación de los «títeres de cachiporra» organizada por Lorca.
Los años siguientes estuvieron repletos de conciertos y homenajes, y en 1928 Falla fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Granada. En cuanto a sus sentimientos políticos, el músico recibió con entusiasmo la noticia de la proclamación de la II República en 1931, y fue nombrado primer director de la Junta Nacional de Música.
Pero como católico practicante, Falla vería con pasmo y horror los ataques sufridos por las iglesias en esos años. De hecho, no dudó en expresar su desagrado en público por el hecho de que las autoridades no intervinieran con más contundencia para frenarlos. Manuel de Falla, junto a Federico García Lorca, José Segura, Antonio Luna y R.
Guerra Civil y Exilio
Con el estallido de la Guerra Civil, Falla intentó salvar a sus amigos, fueran del bando que fueran. De hecho, el músico acudió al Gobierno Civil cuando su amigo Federico García Lorca fue detenido, aunque no logró su liberación. En una carta a José María Pemán afirmaba que la causa de sus problemas era la quema de iglesias en Cádiz, en sus palabras una «blasfemia colectiva».
Sin embargo, gracias a su intervención, Falla consiguió salvar la vida de Gerda Leimdörfer, la esposa judía del rector de la Universidad de Granada, que, sin embargo, fue fusilado por las tropas sublevadas el 23 de octubre de 1936. En 1937 compuso un himno marcial para las tropas sublevadas y el 1 de enero de 1938 y sin su conocimiento previo, lo nombraron director del Instituto de España en Salamanca.
Al término de la Guerra Civil, en 1939, Manuel de Falla marchó voluntariamente al exilio a Argentina y nunca más volvió a España. Sus últimos años los dedicó a intentar terminar su obra Atlántida, que nunca pudo finalizar (la acabaría su discípulo, Ernesto Halffter).
Legado Musical de Falla
Falla es sin duda uno de los más relevantes compositores españoles. La guerra civil nos privó de un Falla que pudo haber sido mucho más prolífico. Falla no tiene tanta abundancia en su repertorio en comparación con otros, pero según los críticos, tiene tal grado de perfección que lo hace importante en la historia de la música.
Manuel de Falla no fue un compositor excesivamente prolífico, pero sus creaciones tuvieron tal grado de perfección, según los críticos, que sin duda ocupan un lugar privilegiado en la historia de la música. Obras como El amor brujo, El sombrero de tres picos o Noches en los jardines de España son piezas que se han adscrito al "nacionalismo musical", estilo que compartió con autores de la talla de Isaac Albéniz, Enrique Granados, Joaquín Turina o Joaquín Rodrigo.
Falla también ejerció una gran influencia sobre el conocido como Grupo de los Ocho (un grupo de compositores españoles de principios del siglo XX) y la Generación del 27.
Entre sus piezas más importantes están El amor brujo, El sombrero de tres picos o Noches en los jardines de España. Su obra para piano no es extensa pero sí significativa.
Obras destacadas para piano:
- Cuatro piezas españolas: Primera obra de madurez pianística. Comenzó a componerla en 1907 en Madrid, y la acabó ya en París en 1908. Fue estrenada en noviembre de ese año por el pianista Ricardo Viñes en la Sociedad Nacional de Música, quien le sugirió al compositor que compusiera sus Noches en los jardines de España. Aún sufre la influencia de Albéniz, a quien están dedicadas y muere el año siguiente; pero esto ya se empieza a difuminar, y con ello la exuberancia de su escritura pero sin dejar ir la flexibilidad y pasajes virtuosísticos de Albéniz. Ya observamos cierta influencia de los compositores franceses que acaba de conocer, quienes estaban interesados en el proyecto y proponen al editor Durand que publique.
- Cubana: con gracia indecisa y descuidado encanto.
- Montañesa: con sentimiento de nostalgia y sin expresión rítmica marcada.
- Fantasia Bética: A pesar de ser una obra notable sólo figura en pianistas españoles. Se compone por encargo de Arthur Rubinstein, quien la estrenó en Nueva York en 1920. El título alude a Bética, antigua Andalucía en tiempos de Imperio Romano. En ella estiliza los caracteres folclóricos y modos de la música española tradicional.
- Pour le tombeau de Paul Dukas (1935): Obra breve, densa y simbólica, homenaje al maestro francés.
- Homenaje. Pour le tombeau de Claude Debussy (1920): Obra breve para guitarra, pero que también transcribió Falla para piano. Es breve pero sutil y rica en evocación.
tags: #donde #nació #Manuel #de #Falla #biografia